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CRISTIANOS ANTE EL PROCÈS CATALÁN

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     En el conflicto político originado en Cataluña como consecuencia del procés independentista, la voz de la Iglesia católica apenas se ha dejado oír. Es por ello que resultan interesantes las reflexiones recogidas en el documento Es posible renovar la convivencia, elaborado conjuntamente por los colectivos Cristianisme i Justìcia, vinculado a la Fundació Lluís Espinal de Barcelona y EntreParéntesis del Centro Fe-Culturas-Justicia de Madrid, en un intento de tender puentes y buscar soluciones consensuadas ante un conflicto que, como bien señalan, no debería nunca haber salido del debate político y que produce una gran incertidumbre ante el futuro inmediato de Cataluña y el temor a que aumente fractura social surgida entre partidarios y detractores del procès.

       Estos colectivos cristianos, vinculados ambos a los jesuitas, consideran que dicha fractura se ha producido como consecuencia de la falta de liderazgo político, sobre todo, durante los anteriores gobiernos de Rajoy y Puigdemont, unido a los “agravios viscerales” azuzados tanto desde los sectores independentistas como por parte del rígido bloque formado por PP-C’s, pues ambos bloques, con sus “tácticas cortoplacistas”, impidieron el diálogo y el conflicto se desbordó, sobre todo, a partir de los sucesos del 1 de octubre del pasado año. Y es que estamos asistiendo a una bronca confrontación entre dos nacionalismos exacerbados, el catalán y el españolista que fomentan actitudes excluyentes y que “utilizan la identidad en su vertiente más intolerante”. Por ello, estos colectivos cristianos progresistas se lamentan de se haya ido difuminado la idea de la España plural, de un Estado que “no es homogéneo” sino que se configura “desde múltiples pertenencias, culturas y nacionalidades”, todo lo cual supone una oportuna crítica a los intentos recentralizadores de la derecha españolista y, a la vez, una apuesta por un modelo territorial federalista cooperativo, en la línea de las ideas que defiende José Antonio Pérez Tapias.

      El documento se lamenta también de la falta de respeto al marco legal, elemento esencial para la convivencia y la estabilidad de todo Estado social y democrático de Derecho, vulnerando tanto la actual Constitución como el vigente Estatut de Cataluña, aun siendo conscientes de que ambos requieren, en un futuro inmediato, una profunda reforma. También reprocha el documento otra obviedad: el que se haya concedido un excesivo papel al poder judicial, que no ha servido para resolver el conflicto, sino que lo ha agriado todavía más y es que, como decía Carl Schmidt, “no es bueno judicializar la política, porque la política no tiene nada que ganar y la justicia puede perderlo todo”.

      Ante esta grave crisis política con crecientes derivadas sociales, el primer objetivo que proponen es evitar que el conflicto se enquiste y para ello, es imprescindible tender puentes que recuperen, siquiera sea tímidamente, como ahora intenta el gobierno de Pedro Sánchez, recuperar el diálogo con la Generalitat y que ésta renuncie a la unilateralidad, respetando el actual marco legal, lo cual no impide reconocer la legitimidad democrática de la opción independentista y el derecho a promoverla mediante la demanda de cambios necesarios en el ámbito legislativo.

     Se insiste igualmente utilizar la vía de los tribunales de justicia “con mesura” dado que las acusaciones de “sedición” y “rebelión” resultan ciertamente desproporcionadas tal y como piensan muchos juristas, asociaciones de derechos humanos y Amnistía Internacional.  También plantea que no sean reprimidos estos delitos tipificándolos como “terrorismo” lo cual, además de reiterar que es desproporcionado, supone un “agravio” para con las víctimas de atentados terroristas. Reclaman también la libertad para quienes están en prisión preventiva hasta su juicio, “ajustando la acusación a delitos proporcionales” dado que su encarcelamiento “eleva el muro del enfrentamiento y dificulta posibles salidas” ya que, estos líderes políticos y sociales son y serán interlocutores necesarios para buscar las soluciones futuras al problema político de Cataluña.

     Ha llegado el tiempo de la audacia política, de que los dos bloques salgan del “modo victoria o humillación” y superen las actuales posiciones, en muchos casos maximalistas. Sólo así se podrá renovar la convivencia, tan seriamente dañada en estos últimos meses, recuperar espacios de diálogo político y abrir “una ventana de oportunidades” por la que entren la luz y las soluciones al conflicto catalán. En ello confiamos.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 7 octubre 2018)

 

 

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