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LA CRISIS QUE NOS CAMBIÓ

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     Resulta evidente que la crisis global iniciada en 2008 ha socavado los cimientos de nuestro modelo de Estado del Bienestar y esta devastación ha tenido un soporte ideológico, el neoliberalismo, que ha dado muestras de una codicia desmedida, abanderando así un agresivo fundamentalismo antisocial. Este fenómeno ha sido analizado por Naomi Klein en su libro Doctrina del shock, obra en la que condena de forma contundente los abusos de lo que llama “capitalismo del desastre” y nos recuerda que fue Milton Friedman, el ideólogo de la “doctrina del shock”, el que aconsejó a los políticos que aprovecharan los momentos inmediatamente posteriores a una crisis, bien fuera ésta producido por ataques terroristas, desastres naturales u otras catástrofes, para aplicar políticas impopulares tales como restricciones de libertades, ajustes presupuestarios, privatizaciones, desregulaciones de precios o supresión de programas públicos de contenido social, antes de que la gente pudiera reaccionar, consejos que muchos de ellos cumplieron con su fervor neoliberal. Igual que ahora, más recientemente, el miedo al terrorismo internacional y a la inmigración está propiciando el cierre de fronteras en determinados países de la civilizada Unión Europea y dando origen a preocupantes rebrotes de xenofobia y racismo alentados desde sectores de la extrema derecha.

     Hasta el Papa Francisco ha denunciado los efectos perversos del neoliberalismo al criticar “las ideologías que promueven la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera, negando el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común”, una tiranía que carece de ética, que exalta el dinero y el poder y que denigra la vida y dignidad de las personas.

     Volviendo la vista atrás sentimos que durante la crisis se hicieron las cosas muy mal ya que, como Keynes dijo, “la expansión y no la recesión es el momento idóneo para la austeridad fiscal” y, en esta misma línea, Krugman recordaba que recortar el gasto público cuando la economía se halla en depresión, la deprime todavía más, razón por la cual la austeridad debe esperar a que se produzca una fuerte recuperación económica, y no al contrario, lo cual desmiente el falso mito de la “austeridad expansionista” defendido por las políticas conservadores como único camino para salir de la crisis.

     Hemos sufrido una grave crisis gestionada por unos malos gobernantes, lo cual recuerda el texto de Tomás Moro en su célebre Utopia cuando decía que “quien no sabe regir a su pueblo sino despojándole de todas las comodidades de la existencia, no tiene ningún derecho a gobernar hombres libres, y es conveniente que se retire dada su ineptitud, pues toda incapacidad conduce al odio y al desprecio del pueblo”. Y toda esta situación, esta avasalladora avance de las agresivas políticas antisociales del neoliberalismo coinciden con una profunda debilidad de la socialdemocracia a nivel internacional, desnortada y confusa tras perder gran parte del apoyo de los colectivos sociales que eran sus tradicionales apoyos electorales al no haber sido capaz de defender con firmeza y convicción una alternativa coherente y creíble frente al azote de la devastación neoliberal que hemos sufrido.

    Por lo que se refiere a España, tal y como señalaba Noam Chomsky en la introducción del libro de Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar en España, estamos asistiendo a lo que define como una “guerra de clases unilateral”, esto es, a la agresión de la clase capitalista hacia las clases media y trabajadora, las cuales resultan cada vez más proletarizadas. Por su parte, Vicenç Navarro piensa que la única alternativa es que esta guerra (recuperando el concepto de lucha de clases) sea bilateral y que la mayoría de la ciudadanía, la que deriva sus rentas del trabajo se rebele por todos los medios, siempre y cuando no sean violentos, a fin de parar/revertir aquella agresión, y de ello hemos tenido claros ejemplos en las movilizaciones en defensa de la sanidad y la enseñanza pública o en la lucha de los pensionistas reclamando unas pensiones dignas. Es por ello que, según Vicenç Navarro, nos hallamos en un momento terminal de aquella Transición “profundamente inmodélica, que nos dio una democracia profundamente limitada y un bienestar sumamente insuficiente”, por lo que resulta necesario caminar hacia una Segunda Transición que abra nuevos cauces hacia una democracia más completa y un mayor bienestar social.

     A partir de ahora, ya nada será igual a la realidad previa a 2008, a los tiempos anteriores a esta crisis que nos cambió. La duda es siempre la misma: si caminamos, con todas sus dudas e incertidumbres hacia un futuro más justo y equitativo o aceptamos resignadamente los designios de quienes pretenden hacer retroceder el reloj de la historia a las condiciones sociales y de explotación económica del s. XIX. De nosotros depende.

 

     José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 20 enero 2019)

 

 

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20/01/2019 16:25 kyriathadassa Enlace permanente. Economía global No hay comentarios. Comentar.

EL LEGADO DE AMOS OZ

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    Con profunda tristeza he sentido el fallecimiento el pasado 28 de diciembre del escritor israelí Amós Oz, al que siempre he admirado no sólo por su calidad literaria sino también por su firme compromiso ético y político, desde sus posiciones pacifistas de izquierda, a favor de lograr una ansiada paz justa en el conflicto árabe-israelí que durante tantas décadas lleva ensangrentando las tierras de Oriente Medio. Su lucidez y compromiso dejan huérfano al movimiento pacifista de Israel en un momento en que tan necesarios resultan los referentes éticos, y Amós Oz sin duda lo era.

    De su legado intelectual y político quisiera recordar dos ideas claves que perdurarán en el tiempo. En primer lugar, su firmeza a la hora de combatir todo tipo de fanatismos, tan abundantes en el Próximo Oriente, tanto si estos eran de signo islamista radical como también los que enarbola el untranacionalismo judío, razón por la cual era un firme opositor de las políticas del gobierno de Benjamín Netanyahu, cada vez más escoradas a la derecha. Estos días he vuelto a releer las reflexiones recogidas en su libro Contra el fanatismo (2003), en el cual ofrece una lúcida visión sobre la naturaleza de las distintas formas de este espectro amenazador. Para entender lo que significa la vieja lucha entre la civilidad y el fanatismo, hay que recordar que el germen de este mal no es patrimonio exclusivo de nadie y que puede brotar en cualquier lugar ya que, como nos recordaba, “el fanatismo es más viejo que el Islam, que el cristianismo, que el judaísmo. Es más viejo que cualquier ideología o credo del mundo”, pues toda persona llevamos dentro de nosotros, latentes, actitudes fundamentalistas e intolerantes que, en determinadas circunstancias, pueden aflorar y apoderarse de nuestro pensamiento y conducta. La semilla del fanatismo brota siempre que se adopta una actitud de superioridad sobre los demás, siempre que se exige la total adhesión a unas ideas o creencias determinadas y de ello se derivan nefastas consecuencias entre ellas, “regímenes totalitarios, ideologías mortíferas, chovinismo agresivo, formas violentas de fundamentalismo religioso”.

    Amos Oz, que se definía como “experto en fanatismo comparado” dada su condición de judío nacido en Jerusalem en 1939, en el entonces todavía Mandato británico de Palestina, volvió sobre este tema de nuevo en su obra Queridos fanáticos (2018), en la que profundiza en las características de la intolerancia, “cuya semilla se cultiva en los campos del radicalismo”, en el germen del fanatismo surgido en actitudes de “profundo desprecio” hacia el prójimo. En contraste, reivindicaba la diversidad y la riqueza humana y cultural que supone el vivir en vecindad con personas de creencias y culturas diferentes, una cuestión de absoluta actualidad para nuestras sociedades, cada vez más multiculturales y multiétnicas.

    La segunda idea esencial del legado de Oz, apellido que en hebreo significa “coraje” y él bien que lo tuvo a lo largo de toda su vida, es su compromiso militante a favor de la paz pues tenía claro que una forma de combatir el fanatismo es la capacidad para resolver con valentía y visión de futuro conflictos enquistados como es el de Oriente Medio. Oz, que desde 1967 había defendido la existencia de un Estado Palestino y que fue fundador de la asociación Shalom Ajshav (Paz Ahora) en 1978, planteaba avanzar hacia “zonas de acuerdo”, siquiera sean “de acuerdo parcial”, que permitan llegar a “compromisos dolorosos”, pues éstos supondrán renuncias tanto para israelíes como para palestinos. No existen fórmulas milagrosas para resolver este conflicto, pero el camino es claro: existencia legal e internacionalmente reconocida de dos Estados, Israel y Palestina, ambos con la capital compartida en Jerusalem, la eliminación de todos los asentamientos judíos en territorio palestino, las modificaciones fronterizas consiguientes. y disposiciones especiales para los casos de Jerusalem y los Santos Lugares, como se apuntan en los Acuerdos de Ginebra de 2003. Pero para ello son necesarios estadistas de talla en ambos bandos que sean capaces de llegar algún día a aquella “paz de los valientes” por la que soñó y murió Yitzhak Rabin.

    La posición valiente de Amós Oz como referente del pacifismo de izquierdas en estos temas hizo que los sectores más reaccionarios de la sociedad israelí le acusasen de “traidor” y que incluso recibiera frecuentes amenazas de muerte. Por esta razón escribió otra de sus obras de título provocador: Judas (2015) ya que, como en alguna ocasión había reconocido, “es un orgullo que algunos israelíes me llamen traidor por oponerme a la ocupación”.

    Amos Oz, ejemplo de intelectual comprometido, confesaba que “es difícil ser profeta en la tierra de los profetas”, pero su legado debería ser escuchado para empezar a construir un futuro de paz y justicia entre palestinos e israelíes, dos pueblos obligados a convivir en una tierra sagrada para ambos, en una tierra que les es común por tantos motivos emocionales, históricos y religiosos. Este es el legado de Amós Oz, que, con su tesón, compromiso político y coraje moral, ha sido considerado como la conciencia ética y el mayor humanista de Israel. Añoraremos su ausencia.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 6 enero 2018)

 

 

 

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06/01/2019 13:53 kyriathadassa Enlace permanente. Oriente Medio No hay comentarios. Comentar.

EL CAMBIO CLIMATICO LO CAMBIA TODO

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     La XXI Conferencia sobre Cambio Climático celebrada en París en 2016 fue decisiva para afrontar el gravísimo problema del calentamiento global que afecta a nuestro planeta. Allí se ratificó el conocido como Acuerdo de París en el cual se fijaron una serie de medidas para lograr la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y, de este modo, como se señalaba en su artículo 2º, “reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático en el contexto del desarrollo sostenible y de los esfuerzos por erradicar la pobreza”. Este Acuerdo, del cual se ha desentendido con la irresponsabilidad que lo caracteriza el presidente norteamericano Donald Trump, pretende limitar el aumento de la temperatura media global del planeta por debajo de los 2º C con respeto a los niveles pre-industriales y hacer esfuerzos para limitar dicho aumento a 1,5º C, así como el de lograr emisiones netas de carbono cero en la segunda mitad de este siglo para así conseguir un equilibrio entre las emisiones  y la absorción de las mismas, en lo que se conoce como “Neutralidad en carbono” o “nueva economía hipocarbónica”, objetivo éste que ya contemplan las legislaciones de Francia, Islandia, Nueva Zelanda o Suecia.

     Estos objetivos que pretenden frenar el cambio climático, tema éste que debería ser contemplado en el texto de la Constitución, plantean la necesidad de avanzar hacia una transición energética gradual y ordenada, hacia otro modelo de desarrollo que no hipoteque el futuro medioambiental de nuestro planeta y que, consecuentemente, sea sostenible. Ello va a suponer el fin de los combustibles fósiles, como es el caso del carbón y, también, un cambio radical en el sector del automóvil que, en los próximos años deberá de ir abandonando los carburantes convencionales de gasoil o gasolina. El cambio es necesario, más aún, inaplazable, si no queremos que los negativos efectos del cambio climático sean irreversibles.

     Estas son las consecuencias derivadas del Acuerdo de París y que se irán haciendo efectivas en un futuro inmediato. Para ello, los países firmantes, como es el caso de España, se comprometieron a elaborar legislaciones específicas en materia de cambio climático y en este contexto es donde se sitúa el actual Proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética elaborado por el Gobierno de Pedro Sánchez. Dicho Proyecto de Ley pretende reducir en el 2030 un 26% las emisiones contaminantes respecto a los niveles de 2005, así como impulsar las energías renovables (eólica y solar fotovoltaica), temas éstos en los que existe un amplio consenso político y social.

Pero junto al voluntarismo de las instituciones y la existencia de un marco legislativo adecuado, estos objetivos de nada valen si no se cuenta con la implicación activa de los sectores económicos afectados. Por ello resulta destacable el Manifiesto por la Transición Energética firmado el pasado mes de mayo por 32 empresas pertenecientes al Grupo Español de Crecimiento Verde (GECV) en el que solicitaban, además de la aprobación sin dilaciones de una Ley de Cambio Climático y Transición Energética, la aplicación efectiva de una fiscalidad verde con arreglo al principio de “quien contamina, paga”, la eliminación gradual de los subsidios a los combustibles fósiles y avanzar hacia los objetivos de descarbonización fijados para 2030 y 2050. Asimismo, el GECV reclama la creación de un organismo independiente semejante al Comité del Cambio Climático del Reino Unido para garantizar el cumplimiento de los compromisos climáticos y otro objetivo, no menos importante, como es el de alinear los flujos financieros con los objetivos del Acuerdo de París: en este sentido, el citado Manifiesto, propone reorientar los flujos de capital hacia inversiones sostenibles y ello explica el creciente auge que en el ámbito empresarial están teniendo las energías renovables, de lo cual Aragón es un claro ejemplo.

    Tampoco olvidamos que en la lucha contra el cambio climático la ciudadanía consciente tiene un papel decisivo ya que este problema es percibido como una de las mayores amenazas mundiales. En el caso concreto de España, según las conclusiones de la encuesta realizada por El Real Instituto Elcano titulada Prioridades en materia de política exterior (2018) del Real instituto Elcano, se señala que “el cambio climático es la prioridad en materia de política exterior, por encima de la lucha contra el terrorismo yihadista” y es por ello que, como recordaba Lara Lázaro Touza, “la ciudadanía está muy concernida con el cambio climático como amenaza global”.

     Ciertamente, el Acuerdo de París y la legislación climática que lo desarrolla, así como la transición hacia una economía de menores emisiones contaminantes son, sin duda, el mayor reto al que se enfrenta la Humanidad desde la Revolución Industrial por los impactos económicos, sociales y medioambientales que conlleva. Un reto en el cual la Humanidad se juega, nos jugamos, nuestro futuro.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 23 diciembre 2018)

 

 

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28/12/2018 11:46 kyriathadassa Enlace permanente. Economía global No hay comentarios. Comentar.

EL NUEVO HUMANISMO

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     Europa salió de los tiempos de tinieblas del Medievo gracias al Humanismo del Renacimiento. Fue entonces cuando, recuperando los valores de la cultura clásica, este movimiento filosófico, intelectual y cultural, reemplazó la visión teocéntrica imperante por el antropocentrismo, esto es, por dar valor y significado al ser humano como medida de todas las cosas, a la vez que impulsaba una moralidad altruista y un anhelo de construir un mundo más justo para el conjunto de la humanidad: ahí están, por ejemplo, las ideas de pensadores como Tomás Moro y su célebre Utopía, obra en la cual plasma el sueño de una sociedad ideal, justa y solidaria.

     Este espíritu humanista, símbolo de modernidad, ha formado parte de la identidad de la cultura europea durante cinco siglos y ha servido también para conformar los valores esenciales de la actual Unión Europea, tal y como recordaba el filósofo holandés Rob Riemen, articulando así un modelo sociedad progresista y solidaria que ha sido capaz de superar la herencia de los dramáticos conflictos armados que, en tiempos pasados, ensangrentaron al continente europeo.

     No obstante, hoy en día parece que este humanismo, que representa lo mejor de los valores que dignifican al ser humano, está siendo ignorado, incluso atacado desde distintos ámbitos, aludiendo a él de forma despectiva como un ingenuo “buenismo”, tal y como se ha puesto de manifiesto en temas tan candentes como la reciente crisis migratoria y la actitud de acogida hacia las personas que llegan a nuestra Europa soñando con construir un futuro mejor alejado de guerras y de miserias. Estos ataques a los valores humanistas provienen tanto de los emergentes movimientos xenófobos, racistas o abiertamente fascistas, como de un rampante y deshumanizado neoliberalismo adorador del “Dios Dinero”, todo lo cual ofrece un panorama preocupante y peligroso, por lo que representan y por el riesgo futuro que tras ellos se intuye. Y es que en estos tiempos los valores humanistas, como señalaba Jorge Riechmann, se hallan “aplastados bajo la avalancha de la basura mediática, el consumismo nihilista y la degeneración de la democracia”.

    Pese a estas amenazas, los valores del Humanismo siguen vivos, afortunadamente, en estos tiempos de crisis e incertidumbres, como lo ponen de manifiesto la labor de multitud de ONGs que, inspiradas en el espíritu de solidaridad, justicia y acogida, intentan paliar infinidad de dramas sociales y personales. Es por ello que se habla de la existencia de un Posthumanismo y éste toma diversas formas tal y como señalaba Rosi Braidotti, pues todas ellas parten de “tradiciones emancipatorias”, entre las que cita el antifascismo, los humanismos socialistas, el feminismo, el pensamiento descolonial y los ambientalismos.

    En este contexto, es donde hay que situar la importancia creciente del Humanismo ecológico, aquel que ve el mundo no como un lugar de saqueo y expolio, sino como un lugar que debemos preservar y en consecuencia, el ser humano deja de ser un dominador del medio ambiente, sino su guardián y celoso administrador para preservarlo para las generaciones futuras. Y dentro del mismo, se hallaría también el Ecosocialismo y el Ecofeminismo, concepto en el cual se englobaría, como señala Carmen Magallón, “la tríada devaluada por la historia”, esto es, la defensa de las mujeres, a la naturaleza y a la paz, cuyos valores reivindica. Ya lo decía Francia Márquez, líder de los derechos medioambientales en Colombia frente a los abusos y destrozos y efectos devastadores de las industrias mineras sobre el medio ambiente en su país al señalar que “somos parte de la naturaleza, no sus dueños”.  Son en estos planteamientos, radicalmente distintos a los de la política dominante, donde la conciencia femenina aporta una visión alternativa, necesaria y progresista, al igual que ocurre con  el Feminismo pacifista desde que se fundase en 1915, en pleno fragor de la I Guerra Mundial, la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad.

   Por todo ello, hoy más que nunca resulta necesario reivindicar un nuevo Humanismo, en sus diversas facetas y enfoques, que haga frente a los principales retos que amenazan a la Humanidad. En esta línea, el teólogo José Ignacio González Faus manifestaba que “una forma de trabajar por la justicia, además de incorporar el feminismo y la ecología a este nuevo Humanismo, sería también “la lucha contra el desafuero del consumismo”. En consecuencia, necesitamos, como apuntaba Roy Scranton, “formas nuevas de pensar sobre nuestra existencia colectiva” y sólo así podremos superar estas amenazas puesto que, como advertía Jorge Riechmann, “nos jugamos que en el futuro del mundo predominen las desigualdades, los autoritarismos y la destrucción de la naturaleza, o por el contrario, la solidaridad, los derechos, la inclusión y la participación”. Todo un reto para el nuevo Humanismo.

 

José Ramón Villanueva Herrero

Publicado en: El Periódico de Aragón, 25 noviembre 2018.

 

 

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26/11/2018 17:28 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

"TRUMP-AZO" EN IRÁN

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     Entre los múltiples despropósitos y torpezas del presidente norteamericano Donald Trump en materia de política internacional uno de los más graves ha sido la ruptura el pasado 8 de mayo del Acuerdo nuclear con Irán cuyas consecuencias futuras resultan imprevisibles.

     El oficialmente llamado Plan de Acción Integral Conjunto fue firmado en julio de 2015 por Irán junto a otras seis potencias (EE.UU., Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania) tras 12 años de arduas negociaciones con el objeto de reorientar el programa nuclear iraní hacia fines civiles a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales que, desde 2006, se estaban aplicando contra el régimen de Teherán.

      El Acuerdo nuclear contaba con el respaldo unánime del Consejo de Seguridad de la ONU (Resolución 2231 de 20 de julio de 2015) y había abierto expectativas de distensión entre Irán y los EE.UU., así como de reformas internas en el régimen de los ayatollahs, y era sensación general que se estaba cumpliendo de forma correcta y así lo avalaban las 10 inspecciones sucesivas que confirmaron el efectivo cumplimiento por parte de Irán en lo referente al control de su programa nuclear. Sin embargo, la decisión de Trump, que rompe de forma brusca con la política conciliadora del anterior presidente Barack Obama, abre ahora todo un espectro de incertidumbres en la política internacional y, de forma especial en el convulso panorama de Oriente Medio.

     La polémica decisión de Trump, alentada con entusiasmo por parte de Arabia Saudí e Israel, obvia que el referido Acuerdo, tal y como señalaba Félix Arteaga, “solucionó alguno de los riesgos inmediatos de proliferación que generaba el programa nuclear y aplazó la solución de otros, incluido el desarrollo de misiles balísticos y la injerencia en asuntos regionales para más adelante a la espera de que el Acuerdo creara las condiciones de confianza necesarias para afrontarlos”.

    Pero la realidad inmediata nos conduce por caminos inciertos. A nivel interno de Irán, aunque el presidente Hassan Rohani se ha mostrado partidario de mantener los Acuerdos, la presión de los sectores más radicales del régimen (el ayatollah Alí Jamenei y los Guardianes de la Revolución) puede hacer que el país retorne (y acelere) a su programa nuclear y, además, sin la supervisión externa de los inspectores internacionales. A ello hay que añadir que la decisión de Trump no perjudica al sector radical iraní, el que sigue viendo a EE.UU. como “el gran Satán”, sino a los reformistas afines al presidente Rohani, aquellos que apostaron por un Acuerdo como elemento de cambio político y social interno.

     Otra deriva de la nueva situación creada por la irresponsabilidad de Trump es la actitud que pueda tomar Washington ante un previsible incremento de la tensión con Teherán y, en este sentido, no debemos olvidar que la Navy tiene, desde 2015, desplegados en la base española de Rota buques antimisiles con objeto de neutralizar un hipotético ataque iraní, hecho éste que pondría a España en la primera línea de un hipotético futuro incidente armado o conflicto con la República Islámica de Irán.

      Pero una de las consecuencias más graves de este “trump-azo” ha sido el negativo impacto que está teniendo en las relaciones transatlánticas como lo pone de manifiesto el creciente desencuentro entre EE.UU. y sus aliados europeos, y en especial en el caso de la Unión Europea (UE), la cual debe mantener una política autónoma frente a la deriva y desconcierto que, con esta decisión, está sumiendo a las relaciones internacionales las bravuconadas del actual y esperpéntico de la Casa Blanca las cuales, por otra parte,  pueden suponer la pérdida del apoyo de sus aliados europeos a los que, por otra parte, tanto desdeña. Este deterioro todavía se acentuará más si Trump lleva a cabo la amenaza de penalizar a gobiernos y empresas europeos que mantengan una relación normalizada con Teherán y no secunden a los EE.UU. en su política de nuevas sanciones contra Irán

     Hay que recordar igualmente que la ruptura unilateral del Acuerdo fue tomada por Trump desoyendo a sus asesores y en contra de la opinión y el consejo del resto de los países firmantes del mismo y supone todo un cúmulo de despropósitos que dinamitan la normalización de las relaciones diplomáticas y al afianzamiento de la necesaria confianza mutua en una región tan inestable como es el Oriente Medio. A ello hay que añadir que Trump, para agitar todavía más la situación internacional, ha anunciado recientemente que está dispuesto a poner fin al Tratado de Armas Nucleares de Rango Medio entre EE.UU. y Rusia, rubricado en 1987 entre los entonces presidentes Ronald Reagan y Mijail Gorbachov. Otra preocupante decisión, un “trump-azo”, que nos retrotrae a los tiempos, que ya teníamos superados, de la Guerra Fría.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 8 noviembre 2018)

 

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21/11/2018 16:12 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

HIPOCRESÍA POLÍTICA Y NEGOCIOS RENTABLES

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    El asesinato del periodista Jamal Ahmad Khashoggi, ha vuelto a poner de actualidad a Arabia Saudí, un país que siempre ha hecho gala de un absoluto y flagrante desprecio por los derechos humanos y en donde las ejecuciones públicas son práctica habitual.

     Como señalaba Jesús Núñez Villaverde, Arabia Saudí, desde su creación en 1932, más que un país es la propiedad privada de la familia reinante, los Al-Saud, la cual controla directamente todas las palancas del poder social, político, económico y militar del reino. A ello contribuye el hecho de que el poder autocrático de tan anacrónica monarquía se sustenta en la ortodoxia religiosa wahabí, una corriente del Islam surgida a mediados del s. XVIII como consecuencia de la alianza entre el predicador Muhammad Ibn Abd al Wahab y el líder tribal Muhammad ibn Saud y que tiene como objetivos purificar la religión, combatir las innovaciones, aplicar estrictamente la ley islámica (sharia), sin olvidar tampoco la obligación de los fieles de acudir a la guerra santa (yihad), no sólo contra los “infieles” cristianos, sino también contra los musulmanes chiíes, a los que el wahabismo considera como “renegados” de la ortodoxia islámica, cuestión ésta que explica el histórico enfrentamiento, no sólo religioso sino también geoestratégico, de Arabia Saudí con el  Irán chiita en todo el Próximo Oriente y de forma especial en el sangriento conflicto del Yemen.

      Además de lo dicho, hay que tener presente que es el wahabismo saudí el que financia a los núcleos del Islam más radicales a lo largo de todo el mundo y el que impone en las mezquitas de muchos países, también en Europa, a imanes wahabíes, lo cual, como proponía Tica Font, directora del Instituto Catalán de la Paz, debería de hacernos replantear la política de amistad con Arabia Saudí, así como la necesidad de suspender la venta de armas al régimen de Riad.

     En este contexto, asistimos a una nueva hipocresía de Occidente, desde la América de Trump a la Unión Europea (UE) y por supuesto también de España pues, siendo conscientes de lo que significa y cómo actúa el régimen dictatorial saudí, muchos gobiernos miran para otro lado para no poner en riesgo cuantiosas inversiones y contratos, bien sea en infraestructuras como el AVE Medina-La Meca, o en suculentos suministros de armas, dado que Arabia Saudí es el tercer país del mundo en  cuanto a gasto en material militar. Es por ello que países como Francia, Reino Unido y también España, olvidan que los fundamentos de la acción exterior de la UE de la cual forman parte se basan en la promoción y la consolidación de la democracia, el apoyo al imperio de la ley, la libertad de expresión y la protección de los derechos humanos, valores éstos que, en este caso, son absolutamente desoídos como si se predicasen en el desierto…saudí. Sólo Suecia ha tenido el coraje de congelar, por estos motivos, la venta de armas al gobierno de Riad, dando una lección de coherencia en la defensa de los valores de la UE. Por el contrario, resulta sonrojante el caso de España a raíz del polémico contrato de la venta de 400 bombas “de precisión” firmado por el anterior gobierno del PP y asumido (y defendido) por el actual ejecutivo del PSOE por medio de unas impropias y muy criticables declaraciones del ministro Josep Borrell, bombas que, a buen seguro, ya estarán ahora empleándose en la guerra del Yemen. Por todo ello, como declaraba Alberto Estevez, portavoz de Armas bajo control, el gobierno de Pedro Sánchez ha perdido la oportunidad de ponerse a la cabeza del mundo en el control de las exportaciones de armamento. Estos hechos demuestran que España ha cedido, una vez más, al chantaje de Arabia Saudí que considera las relaciones comerciales “como un todo” por lo que la cancelación de este contrato podría tener consecuencias en otros acuerdos como el de la construcción de las corbetas encargadas a la empresa Navantia.

    Y es que, todos estos contratos, por muy cuantiosos que sean, unido a la pasividad de tantos gobiernos democráticos ante la constante violación de los derechos humanos en Arabia Saudí, sirven para continuar legitimando a su régimen autocrático y sangriento. Y tan lamentable como todo lo anterior resulta el que deportistas del prestigio de Rafael Nadal y Novak Djokovic se hayan prestado a celebrar un partido de tenis previsto en Jeddah para el próximo 22 de diciembre con el objetivo propagandístico, abiertamente reconocido, de lavar la imagen internacional de la monarquía saudí, más desacreditada, si cabe, tras el asesinato de  Jamal Ahmad Khashoggi, un crimen que en poco tiempo se olvidará ante el poder y los intereses que generan los petrodólares saudíes.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 21 octubre 2018)

 

 

 

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21/10/2018 16:43 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

CRISTIANOS ANTE EL PROCÈS CATALÁN

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     En el conflicto político originado en Cataluña como consecuencia del procés independentista, la voz de la Iglesia católica apenas se ha dejado oír. Es por ello que resultan interesantes las reflexiones recogidas en el documento Es posible renovar la convivencia, elaborado conjuntamente por los colectivos Cristianisme i Justìcia, vinculado a la Fundació Lluís Espinal de Barcelona y EntreParéntesis del Centro Fe-Culturas-Justicia de Madrid, en un intento de tender puentes y buscar soluciones consensuadas ante un conflicto que, como bien señalan, no debería nunca haber salido del debate político y que produce una gran incertidumbre ante el futuro inmediato de Cataluña y el temor a que aumente fractura social surgida entre partidarios y detractores del procès.

       Estos colectivos cristianos, vinculados ambos a los jesuitas, consideran que dicha fractura se ha producido como consecuencia de la falta de liderazgo político, sobre todo, durante los anteriores gobiernos de Rajoy y Puigdemont, unido a los “agravios viscerales” azuzados tanto desde los sectores independentistas como por parte del rígido bloque formado por PP-C’s, pues ambos bloques, con sus “tácticas cortoplacistas”, impidieron el diálogo y el conflicto se desbordó, sobre todo, a partir de los sucesos del 1 de octubre del pasado año. Y es que estamos asistiendo a una bronca confrontación entre dos nacionalismos exacerbados, el catalán y el españolista que fomentan actitudes excluyentes y que “utilizan la identidad en su vertiente más intolerante”. Por ello, estos colectivos cristianos progresistas se lamentan de se haya ido difuminado la idea de la España plural, de un Estado que “no es homogéneo” sino que se configura “desde múltiples pertenencias, culturas y nacionalidades”, todo lo cual supone una oportuna crítica a los intentos recentralizadores de la derecha españolista y, a la vez, una apuesta por un modelo territorial federalista cooperativo, en la línea de las ideas que defiende José Antonio Pérez Tapias.

      El documento se lamenta también de la falta de respeto al marco legal, elemento esencial para la convivencia y la estabilidad de todo Estado social y democrático de Derecho, vulnerando tanto la actual Constitución como el vigente Estatut de Cataluña, aun siendo conscientes de que ambos requieren, en un futuro inmediato, una profunda reforma. También reprocha el documento otra obviedad: el que se haya concedido un excesivo papel al poder judicial, que no ha servido para resolver el conflicto, sino que lo ha agriado todavía más y es que, como decía Carl Schmidt, “no es bueno judicializar la política, porque la política no tiene nada que ganar y la justicia puede perderlo todo”.

      Ante esta grave crisis política con crecientes derivadas sociales, el primer objetivo que proponen es evitar que el conflicto se enquiste y para ello, es imprescindible tender puentes que recuperen, siquiera sea tímidamente, como ahora intenta el gobierno de Pedro Sánchez, recuperar el diálogo con la Generalitat y que ésta renuncie a la unilateralidad, respetando el actual marco legal, lo cual no impide reconocer la legitimidad democrática de la opción independentista y el derecho a promoverla mediante la demanda de cambios necesarios en el ámbito legislativo.

     Se insiste igualmente utilizar la vía de los tribunales de justicia “con mesura” dado que las acusaciones de “sedición” y “rebelión” resultan ciertamente desproporcionadas tal y como piensan muchos juristas, asociaciones de derechos humanos y Amnistía Internacional.  También plantea que no sean reprimidos estos delitos tipificándolos como “terrorismo” lo cual, además de reiterar que es desproporcionado, supone un “agravio” para con las víctimas de atentados terroristas. Reclaman también la libertad para quienes están en prisión preventiva hasta su juicio, “ajustando la acusación a delitos proporcionales” dado que su encarcelamiento “eleva el muro del enfrentamiento y dificulta posibles salidas” ya que, estos líderes políticos y sociales son y serán interlocutores necesarios para buscar las soluciones futuras al problema político de Cataluña.

     Ha llegado el tiempo de la audacia política, de que los dos bloques salgan del “modo victoria o humillación” y superen las actuales posiciones, en muchos casos maximalistas. Sólo así se podrá renovar la convivencia, tan seriamente dañada en estos últimos meses, recuperar espacios de diálogo político y abrir “una ventana de oportunidades” por la que entren la luz y las soluciones al conflicto catalán. En ello confiamos.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 7 octubre 2018)

 

 

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07/10/2018 18:26 kyriathadassa Enlace permanente. Política-España No hay comentarios. Comentar.

EL FINAL DE UNA ÉPOCA

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      Desde que en el 2008 estalló la crisis global ya nada es igual en nuestras vidas: cambios profundos y retrocesos graves han sacudido la economía, el sistema político y, en consecuencia, nuestra sociedad. Tenemos la sensación de que lo que hasta entonces era nuestro modelo de vida ha entrado en un declive (¿irreversible?) que está resquebrajando el Estado del Bienestar, Y esta situación de desencanto y pesimismo parece mostrarnos un futuro incierto ante lo que hasta ahora eran nuestras evidencias y seguridades, azotadas éstas por un triple vendaval.

      Un primer vendaval tambaleó la economía e impuso una implacable austeridad, un austericidio que, en opinión de Sian Jones ha provocado “un crimen social masivo”, unos recortes que se ensañaron de forma especial con los sectores más débiles de la sociedad y cuyos efectos siguen siendo patentes. Por otra parte, el mercado laboral no ofrece un futuro digno a nuestros jóvenes, las condiciones laborales parecen retrotraernos al s. XIX y los salarios se deterioran hasta el punto de que ha aparecido la figura del “trabajador pobre”, de aquel que pese a tener un empleo, se halla en el límite de la subsistencia dado que, en acertada expresión de Iñaki Gabilondo, los salarios se han “jibarizado”.

      Pese a que desde instancias gubernamentales se diga que “estamos saliendo de la crisis”, lo cierto es que la recuperación no llega a todos los hogares dado que esta crisis ha dejado profundas cicatrices, una fractura social que ha supuesto que la pobreza se haya cronoficado, que el empleo que se crea sea muy precario y que exista una lacerante falta de oportunidades para el futuro de la juventud, hasta el punto de que ya hemos asumido que, lamentablemente, nuestros hijos vivirán peor que nosotros. Por todo ello, se ha producido un vaciado de rentas de la clase media-baja a la alta, un fenómeno inverso de redistribución de la riqueza en beneficio de los poderosos de siempre.

     Un segundo vendaval, consecuencia del anterior, es el que ha producido un profundo y grave descrédito de las instituciones y de la clase política a la hora de enfrentarse a la crisis global dado que éstas no han sabido estar a la altura que las circunstancias requerían. Ello ha supuesto, como señalaba Carlos Taibo, una “pérdida de legitimidad” de nuestros representantes políticos ya que, “la mayoría de las decisiones importantes quedan en manos de poderosas corporaciones financieras” y es por ello que no hay más que recordar la actuación de la Troika o la imposición de la reforma del artículo 135 de nuestra Constitución. Es por ello que Arcadi Oliveres aluda a que vivimos en una democracia formal cada vez más vacía de contenido con atisbos de lo que ha dado en llamarse “fascismo social”, como lo es el hecho de conceder miles de millones a la banca a cambio de recortarlos de la educación, la salud, la dependencia, la vivienda o de obras públicas. Obviamente nos hallamos ante un déficit democrático, o una “democracia de baja intensidad”, como diría Boaventura de Sousa Santos ya que las decisiones importantes no las toman los gobiernos elegidos por la ciudadanía, sino los poderes económicos dominantes. Esta situación coincide con que, tras la caída del Muro de Berlín y el fracaso del llamado “socialismo real”, asistimos, como señalaba Jesús Sanz, a una “crisis de las utopías emancipadoras, lo cual se evidencia en una ausencia de un relato consolidado alternativo y es que, “otro mundo es posible” … pero todavía no hemos llegado a precisar cuál es la ansiada alternativa. Sin embargo, también es cierto que las consecuencias de la crisis global de 2008 han hecho que esté más vivo que nunca el debate en torno a las alternativas al sistema actual.

     Todas estas circunstancias han dado lugar a un tercer vendaval, el de la rebelión social, una rebelión indignada de los sectores que han padecido con mayor crudeza los efectos de la crisis y de ello son ejemplo la defensa de la defensa de la sanidad pública o las pensiones. Por ello, esta rebelión, sobre todo a partir del 15-M, ha abierto el camino para cambiar la situación actual, la cual pasa, necesariamente, por el impulso de una democracia más participativa dado que, como señalaba Amador Fernández Savater, el malestar sirve de combustible para la acción y actúa como energía de transformación social. Ciertamente, nos hallamos, tras estas tres tempestades, ante unos vientos de cambio en un mundo en rápida transformación…pero no sabemos hacia dónde nos conducirán. Esa incertidumbre es el sino de nuestros tiempos.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 20 septiembre 2018)

 

 

 

 

 

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20/09/2018 08:35 kyriathadassa Enlace permanente. Economía global No hay comentarios. Comentar.

EL VERDADERO SIGNIFICADO DE CUELGAMUROS

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     Nos hallamos en pleno debate político y ciudadano en torno a la exhumación del general Franco de la Basílica del Valle de los Caídos, del panteón de Cuelgamuros, edificio del Patrimonio Nacional en el que por espacio de más de 4 décadas se ha seguido honrando la memoria del dictador, un lugar de exaltación ostentosa del franquismo. Por ello debemos manifestar nuestro total rechazo a todos los intentos que, desde diversos ámbitos, han pretendido (y siguen pretendiendo) maquillar el mausoleo del dictador como “un lugar de reconciliación, unidad, paz y hermandad de todos los españoles”, algo tan dañino y falso para nuestros valores democráticos como los intentos de políticos de la vieja y nueva derecha, Pablo Casado o Albert Rivera, que insisten en “pasar página” sobre este tema, un tema de tanta importancia, simbolismo y justicia, por lo que resulta relevante el hecho de que el Gobierno de Pedro Sánchez se decidiera a exhumar (por fin)  los restos del general genocida.

     Pero si queremos conocer el verdadero significado, la auténtica razón de ser de Cuelgamuros, debemos leer con detalle el discurso pronunciado por Franco en la inauguración de tan faraónica obra, inauguración que, simbólicamente, tuvo lugar el 1º de abril de 1959, el “día de la Victoria”, en la terminología del régimen. Pese a haber pasado ya 20 años desde el final de la guerra, el discurso estuvo plagado de toda la retórica fascistoide de la dictadura. Varias ideas aparecen de forma repetitiva de aquel discurso que Franco calificó como lleno de “fuerza” y de “emotividad”.

    En primer lugar, Franco dejaba claro, por si quedaba alguna duda, que la construcción de Cuelgamuros era un homenaje a la memoria permanente de “nuestros Caídos” (con “C” mayúscula), expresión que se repite en varias ocasiones. En consecuencia, el general  tuvo un recuerdo para los combatientes del bando rebelde que murieron “con la sonrisa en los labios”, para los miembros de la Guardia Civil, para los caídos en “las cruentas batallas libradas contra las Brigadas Internacionales”, a las cuales, añade seguidamente, los rebeldes les hicieron “morder el polvo de la derrota”, mencionando igualmente a sus soldados, a aquellos que “sucumbieron a los rigores de los durísimos inviernos” o que “se vieron mutilados al helarse sus extremidades bajo los hielos de Teruel”. Tampoco olvidaba Franco a aquellos otros “caídos” civiles, recordando la “serenidad estoica de los mártires frente al fatídico paredón”, y esto lo decía el dictador obviando que el franquismo llevaba 23 años fusilando sin compasión y con mentalidad genocida, a todos sus adversarios políticos.

     Y junto a los “caídos por la Patria”, Franco aprovechó acto seguido para exaltar la memoria de los “mártires” de la persecución religiosa desatada durante la contienda: a los “sacerdotes martirizados”, a “tantísimas mujeres piadosas que sólo por serlo atrajeron las iras y la muerte de las turbas desenfrenadas” o la zozobra de los perseguidos “arrancados del reposo de sus hogares en los amaneceres lívidos por cuadrillas de forajidos para ser fusilados”. Como vemos, ni una sola mención, 20 años después del final de la guerra, a la reconciliación con la otra mitad de España, la que fue leal a la República, la que fue vencida, reprimida y humillada.

     La segunda idea esencial del discurso de Franco era la de la reafirmación de “la Victoria” (con “V” mayúscula) y la calificación de ésta como “Cruzada”, por lo que la guerra era, para el dictador, un ejemplo de “heroísmo” y “santidad”. Y más aún, Franco, instrumentalizando la religión al servicio del régimen, algo a lo que se sumó la Iglesia con fervoroso entusiasmo, llega a afirmar que sus victorias en el campo de batalla tuvieron mucho de “providencial” y “milagroso”.

    Estas dos ideas (homenaje y memoria a “nuestros Caídos” y rememorar la victoriosa “Cruzada”), son las razones que arguye para dar razón de ser a Cuelgamuros ya que todo ello “justificaría esta obra de levantar en este valle ubicado en el centro de nuestra Patria un gran templo al Señor, que expresase nuestra gratitud y acogiese dignamente los restos de quienes nos legaron aquellas gestas de santidad y de heroísmo”. 

    Como vemos, en el espíritu del dictador no tenía cabida la idea de la reconciliación, máxime cuando el odio acervo hacia los vencidos, hacia los que seguía calificando de la “anti España”, seguía tan intenso como siempre, como si todavía los estuviese combatiendo en los campos de batalla de aquella España cainita que desoyó la petición de “Paz, piedad y perdón” lanzada por el presidente Manuel Azaña en los momentos finales de la agonía de la República. Y más aún, advierte a aquellos que seguían sus consignas con la consabida “adhesión inquebrantable” de que “la anti España fue vencida y derrotada, pero no está muerta” que “la lucha del bien con el mal no termina por grande que sea la victoria”, y ese “mal”, ese “enemigo que no descansa”, llega a ser equiparado con el “diablo”.

    Este fue, en su origen y en el tiempo el verdadero espíritu de Cuelgamuros, el mismo que quieren perpetuar los nostálgicos del franquismo en nuestros días. Este espíritu fascista ni siquiera pudo ser maquillado por el Decreto Ley de 23 de agosto de 1957, mediante el cual se creó la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos y que hizo que fueran llevados a Cuelgamuros los restos de víctimas republicanas (sin el conocimiento ni autorización de sus familias) como símbolo de una pretendida “reconciliación” que nunca fue. Y es que, como señalaba Belén Moreno, esto no fue más que un intento propagandístico del régimen para transmitir una falsa imagen de reconciliación con la cual ganarse la simpatía de las democracias occidentales.

     Por todo lo dicho, nada mejor que recordar este discurso inaugural de Franco para dejar claro que Cuelgamuros, desde su origen, tuvo un claro significado político, cargado de ideología fascista y espíritu revanchista y por ello resulta inaceptable para cualquier democracia que se precie de serlo.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 26 agosto 2018)

 

 

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26/08/2018 20:24 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

LA CONCIENCIA DE ISRAEL

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     Resulta preocupante la aprobación el pasado 19 de julio de la Ley Básica del Estado-Nación Judío por parte del Parlamento de Israel, un ejemplo más de la deriva cada vez más derechista del gobierno de Binyamin Netanyahu, alentado por el apoyo entusiasta que le brindan los EE.UU. de Donald Trump. Y es que tan polémica ley, pretende imponer el predominio del carácter judío del Estado por encima del carácter democrático del mismo y, en consecuencia, supone una inaceptable exclusión para los ciudadanos árabes israelíes (el 21% de la población) y demás minorías no judías como es el caso de los drusos y los cristianos, además de otros aspectos muy negativos como la declaración del hebreo como único idioma oficial, excluyendo de tal condición al árabe, o el apoyo a los asentamientos judíos en territorio palestino, ya que la ley señala expresamente que el Estado los considera como “un valor nacional y actuará para promover su establecimiento y consolidación”, toda una pésima noticia que termina de volatilizar los anhelos de una paz justa entre Palestina e Israel.

     En consecuencia, nos hallamos ante una ley que ha recibido fuertes críticas no sólo de la Autoridad Nacional Palestina o la Liga Árabe, sino también desde la Iglesia Católica, del influyente Congreso Judío de América o desde la misma Unión Europea. También figuras destacadas del mundo de la cultura como Daniel Barenboim reconocía, tras la aprobación de tan polémica ley, que “me siento avergonzado de ser israelí”, dado que esta norma, que tiene rango constitucional, supone para el prestigioso músico, “una clara forma de apartheid”, fruto del nacionalismo y el racismo judío.

    Peso si alguien ha denunciado permanentemente la deriva autoritaria de la política y la sociedad israelí en los últimos años ha sido, sin duda, el escritor Amós Oz. Y es que Oz, pacifista de izquierdas convencido, a sus 80 años tiene todavía el coraje personal e intelectual de lanzar una fuerte crítica contra el fenómeno de la intolerancia que afecta a la realidad política y social de Israel, contra líderes como Netanyahu y los grupos que lo apoyan, los mismos que “reclaman las conquistas de las imaginarias fronteras bíblicas” a costa de negar la posibilidad de llegar a una paz justa y duradera con Palestina y, además, como el riesgo de perder en el camino los valores democráticos sobre los que se debería de sustentar Israel. De este modo, Amós Oz, empeñado en combatir el fanatismo, algo de lo cual en su tierra y, por extensión en todo Oriente Medio, van bien sobrados, como en su día hizo Émile Zola, lanza su particular “Yo acuso” a los políticos hebreos que están llevando al país a lo que, con tristeza, no duda en calificar como “un desastre de amplias dimensiones”.

     Sobre este tema, al cual Amós Oz ya dedicó su libro Contra el fanatismo (2004), vuelve de nuevo con la reciente publicación de su obra Queridos fanáticos (2018), en la que profundiza en las características de la intolerancia, “cuya semilla se cultiva en los campos del radicalismo”, en el germen del fanatismo surgido en actitudes de “profundo desprecio” hacia el prójimo. En contraste, reivindica la diversidad y la riqueza humana y cultural que supone el vivir en vecindad con personas de creencias y culturas diferentes, una cuestión de absoluta actualidad para nuestras sociedades, cada vez más multiculturales y multiétnicas.

     En consecuencia, el escritor, que fue fundador de la asociación pacifista Shalom Ajshav, insiste una y otra vez en que la solución sólo puede ser la búsqueda de la paz basada en la justicia dado que, como nos recuerda, las soluciones violentas no sólo derraman demasiada sangre inocente, sino que han demostrado ser “de una inutilidad escandalosa”, y bien que lo sabemos en aquella atormentada región del Oriente Medio. Es necesaria una respuesta, una alternativa, una creencia atractiva, unas promesas más convincentes”. Es por ello que la mejor forma de combatir el fanatismo es la capacidad de resolver con valentía y visión de futuro, conflictos enquistados como el de Oriente Medio. Amós Oz, que lleva defendiendo desde 1967 la necesidad de crear un Estado Palestino, en un tiempo en que, como recordaba con ironía, los pacifistas israelíes podían celebrar sus mítines y congresos “en una cabina telefónica”, plantea avanzar hacia “zonas de acuerdo”, siquiera sean “de acuerdo parcial”, que permitan llegar a “compromisos dolorosos” los cuales supondrán renuncias por ambas partes y ello pasa, sin duda, por la existencia legal e internacionalmente reconocida de “dos Estados para dos pueblos”, Palestina e Israel, ambos con capital compartida en Jerusalem, la vuelta al mapa de fronteras anteriores a 1967 con la devolución de todos los territorios ocupados por Israel y, por supuesto, el desmantelamiento de todos los asentamientos judíos ilegales en territorio palestino, tal y como se contempla en los Acuerdos de Paz de Ginebra de 2003. La posición valiente de Amós Oz en estos temas ha hecho que los sectores más reaccionarios de la sociedad israelí le califiquen de “traidor” y que incluso haya recibido frecuentes amenazas de muerte. Por esta razón escribió otra de sus obras de título provocador: Judas (2015) ya que, como en alguna ocasión ha reconocido, “es un orgullo que algunos israelíes me llamen traidor por oponerme a la ocupación”.

     Por ello Amós Oz reivindica para Israel una cultura laica, un país en donde la política y la sociedad son cada vez más rehenes de los partidos ultra ortodoxos judíos con el riesgo que ello supone para el futuro ya que advierte de “el peligro de una dictadura orientada por el nacionalismo religioso”. Y es que, el creciente auge de los ultraortodoxos en Israel, unido al nacionalismo reaccionario y belicista de Netanyahu, está propiciando una nueva diáspora, esta vez de los judíos laicos, para los cuales Israel está dejando de ser el ideal democrático con el que soñaron.

     Amós Oz, con palabras no exentas de tristeza reconocía que “Amo a Israel incluso cuando apenas puedo soportarlo…Temo al futuro…hoy muchos aúllan y pocos escuchan”. No obstante, la firmeza y la honestidad personal e intelectual de Amós Oz, han hecho del galardonado escritor israelí, eterno candidato al Premio Nobel de Literatura, que logre el mejor de los títulos, el mejor de los premios que se puede conceder a un intelectual comprometido, el de ser la conciencia ética de su pueblo, la conciencia de Israel.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 13 agosto 2018)

 

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13/08/2018 08:13 kyriathadassa Enlace permanente. Oriente Medio No hay comentarios. Comentar.

POPULISMOS FASCISTAS

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     Hace unos días, Pedro Luis Angosto escribía que nos hallamos ante uno de los momentos más peligrosos de la historia de la Humanidad desde que acabó la II Guerra Mundial. Tras esta contundente afirmación aludía a los negativos efectos de la globalización, tanto en cuanto ha supuesto un brutal ataque a la democracia, así como al resurgir de actitudes xenófobas y fascistas que, utilizando temas tan sensibles como la migración, y bien que lo constatamos diariamente, están captando adeptos entre una población cada vez más temerosa ante una supuesta e imaginaria "invasión" de nuestra civilizada Europa. Así las cosas, la situación se agrava mientras la derecha democrática coquetea con algunos de los postulados de la ultraderecha fascista y la izquierda europea se halla desarbolada, incapaz de articular un programa social y solidario que recupere los valores esenciales de la democracia y que sirva de dique efectivo ante semejante ofensiva reaccionaria.

     Por todo ello, densos nubarrones se ciernen sobre el futuro de nuestros valores y nuestro modelo de sociedad, amenazados por los que se han dado en llamar "populismos".  Pero el lenguaje no es inocente, y como indicaba con acierto Rosa María Artal, se recurre con frecuencia a "definiciones adaptadas para calificar los viejos fascismos". Este es el caso del empleo del término "populismo", y por ello, esta perversión del lenguaje, a menudo interesada, está vaciando de contenido lo que sin duda es una de las mayores amenazas que nos acechan, que ya las tenemos presentes, cual es lo que Artal califica como "el fascismo y sus asimilados"

     En esta misma línea se halla el pensamiento del filósofo holandés Rob Riemen. Si  su obra La nobleza del espíritu (2009) suponía una defensa de los valores humanos fundamentales, en El retorno eterno del fascismo (2010), ya denunciaba las formas modernas de fascismo, las cuales ya no tienen la parafernalia de los años 30, pero resultan igual de letales para nuestras democracias y, por ello, ponía el ejemplo del Partido de la Libertad holandés de Geert Wilders, paradigma de los nuevos neofascismos emergentes. Este mismo tema ha vuelto a ser tratado por Riemen en su último libro, titulado Para combatir esta era.  Consideraciones urgentes sobre fascismo y humanismo (2018), en el que alerta sobre la amenaza real que supone el fascismo, un fenómeno que "no es del pasado", y ante la cual no hay que utilizar términos o palabras alternativas como "populismo" o "extrema derecha", ya que definir estas actitudes como "populistas", como señala Riemen, "es tan sólo una forma más de cultivar la negación de que el fantasma del fascismo amenaza nuevamente a nuestras sociedades". Es por ello que una de las ideas esenciales del libro es la necesidad de llamar al fascismo por su nombre y así no engañarnos a nosotros mismos y ser plenamente conscientes de esta realidad.

     Resulta lamentable comprobar cómo olvidamos las lecciones trágicas de la historia y ello favorece el eterno retorno del fascismo, pues como señala el filósofo holandés, "los seres humanos somos tan irracionales como racionales y el fascismo es el cultivo político de nuestros peores sentimientos irracionales: el resentimiento, el odio, la xenofobia, el deseo de poder y el miedo". Y el retorno fascista está aquí: ya lo avisó con el auge electoral de Geert Wilders en su Holanda natal, pero luego llegó Trump, Alternativa por Alemania (AfD), un partido "orgullosamente fascista", convertido en la principal fuerza de la oposición en el Bundestag, o el avance de los neofascismos en el seno de la misma Unión Europea, a la cual están minando sus principios democráticos, solidarios y europeístas, tal y como ocurre con Hungría, Polonia, Eslovaquia o Austria, sin olvidar países de la importancia de Italia (recordemos las políticas anti-inmigración y xenófobas contra la población gitana de Matteo Salvini) o en la misma Francia, en donde, no lo olvidemos, uno de cada tres ciudadanos simpatiza electoralmente con el Frente Nacional de Marine Le Pen.

    Y qué decir de España, donde nuestra democracia todavía tiene que soportar ofensas como la concesión del funesto título de Condesa de Franco a la nieta del dictador o la polémica suscitada entre los sectores fascistas (políticos y sociológicos) por la futura exhumación de los restos de Franco de su faraónico panteón del Valle de los Caídos. Tras este tema, late, una vez más, los ecos de la España cainita franquista, apoyado con demasiada frecuencia por la pasividad, cuando no connivencia de sectores de la derecha democrática afines al PP, siempre tan cerril a la hora de impulsar de forma decidida políticas públicas a favor de la memoria democrática y, como ejemplo, ahí quedan las despectivas declaraciones de Rafael Hernando o Pablo Casado en torno a las exhumaciones del las víctimas del franquismo que todavía yacen, a millares, en infinidad de fosas comunes.

     Esta es el panorama general. Tiempo atrás, también José Saramago nos advirtió de las nuevas formas de fascismo emergentes y el escritor luso, con su clarividencia habitual se refería a ellas con estas palabras: "los fascistas del futuro no van a tener aquel estereotipo de Hitler o de Mussolini. No van a tener aquel gesto de duro militar. Van a ser hombres hablando de todo aquello que la mayoría  quiere oír. Sobre bondad, familia, buenas costumbres, religión y ética. En esa hora va a surgir el nuevo demonio, y tan pocos van a percibir que la historia se está repitiendo".  Estas palabras de Saramago que no deben sonar a fatalismo determinista, pues aún podemos garantizar un digno futuro para nuestros hijos si somos conscientes de esta realidad. Ese rayo de esperanza lo exponía Riemen  al señalar que "todavía podemos evitar que la situación política empeore mucho más. Podemos unirnos y tener una nueva cultura que recupere el espíritu de la democracia, que prospere en una nobleza de espíritu. La de Europa es una historia llena de lágrimas, pero también de hazañas. Es un sueño que no se rinde". Una vez más, el dilema es optar entre un futuro regido por la civilización humanista que ha construido Europa o la barbarie fascista, que tantas veces la ha ensangrentado enarbolando las odiosas banderas de los furibundos nacionalismos, siempre excluyentes, siempre totalitarios.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 21 julio 2018)

 

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13/08/2018 08:09 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

¿QUO VADIS, TURQUÍA?

 

     Muchas cosas han cambiado desde que Mustafá Kemal proclamara en 1923 la República de Turquía, instaurándose así un nuevo sistema político que ponía fin al caduco Imperio Otomano. Fue entonces cuando, mediante una serie de profundas reformas, se pretendió crear un nuevo estilo de ciudadano turco, republicano, nacionalista y secular similar al existente en otros países europeos. Estas reformas supusieron la adopción del alfabeto latino y el calendario gregoriano, los códigos legislativos europeos, se promovió la forma de vestir occidental y también, algo muy importante para un país de mayoría musulmana: la desaparición de la religión del ámbito educativo y de la judicatura. De este modo, la religión se puso bajo el control del Estado y  en 1928 se suprimieron los artículos de la Constitución de 1924 que conferían al islam el título de religión oficial de Turquía. De igual modo, se emancipó el papel social de la mujer, caso inédito en el ámbito musulmán de la época, permitiendo su plena inserción en el sistema educativo y laboral, concediéndole además el derecho al voto en las elecciones municipales en 1930 y para las generales en 1931, antes que muchos países de Europa, incluido el caso de España, donde el derecho al sufragio femenino se lograría en 1933.

     Desde aquellas reformas el país fue abriéndose hacia la democracia, pese a que en su historia reciente sufrió varios golpes de Estado, en concreto, en los años 1960, 1971 y 1982. Tras este último, la Junta Militar, mediante la Constitución de 1982, institucionalizó “la tutela militar del régimen político” para que éste no se desviase de las ideas que impulsaron las reformas laicas del kemalismo y las pusiera a salvo de una hipotética involución de signo islamizante.

     Turquía, que no participó en la II Guerra Mundial, al término de ésta, temerosa de las amenazas expansionistas de la URSS, se alineó decididamente en la órbita occidental durante la Guerra Fría, razón por la que ingresó en la OTAN en 1952, al igual que lo había hecho previamente en la Organización Europea de Cooperación y Desarrollo (OECD) en 1948, además de solicitar un acuerdo de adhesión a la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) por primera vez en el año 1959, la cual reiteraría más tarde en 1987 y en 2004.

   Pero todo este proceso de occidentalización de Turquía, país de un valor geoestratégico vital, considerado la “puerta” entre Oriente y Occidente, parece que ha llegado a su fin tras la llegada al poder en 2002 del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), desde entonces liderado por Recep Tayyip Erdogan, así como por la creciente islamización de la sociedad turca, un proceso que se ha ido agudizando gradualmente en los últimos años. En este sentido, durante su primera legislatura de gobierno del AKP (2002-2007), Erdogan se ganó un merecido prestigio internacional como uno de los principales impulsores, junto con el expresidente español Rodríguez Zapatero, de la Alianza de Civilizaciones, aquel bienintencionado proyecto mediante el cual, como señalaba Carmen Rodríguez López, se pretendía “mejorar la comprensión y las relaciones de colaboración entre naciones y pueblos de diferentes culturas y religiones, en particular, entre las llamadas sociedades islámicas y occidentales, y, en el proceso, ayudar a contrarrestar las fuerzas que promueven la polarización y el extremismo”. Pero poco después, lejos de estos ambiciosos objetivos, el gobierno del AKP fue perdiendo impulso en sus reformas democratizadoras y ya, en su tercera legislatura (2011-2015), con Erdogan como presidente de la República desde 2014, se atisbó un viraje hacia actitudes autoritarias. Desde entonces se ha ido restringiendo la libertad de expresión y manifestación, han aumentado los poderes del Ejecutivo para el control de las redes sociales, los medios de comunicación o sobre el Poder Judicial, limitando así la independencia de éste. También resulta preocupante en estos últimos años la agresiva política exterior turca con la intensificación de su presencia militar en Oriente Medio, como lo prueba su intervención armada en Siria, el establecimiento de una base militar en Qatar, sin olvidar tampoco su permanente represión sobre el pueblo kurdo.

    Esta involución democrática y esta agresividad militar, las ha ido intensificando el gobierno turco, cada vez más autoritario, sobre todo tras el fracaso del cruento golpe militar del pasado 15 de julio de 2016. Este suceso, considerado por Erdogan como “un regalo del cielo” para tener el pretexto ideal mediante el cual purgar a sus oponentes políticos, especialmente a los seguidores de Fethullah Gülen, los cuales han sido desde entonces depurados a millares del Ejército, la Administración y de los medios de comunicación. Esta situación ha hecho que el AKP haya roto el tradicional alineamiento pro-occidental de Turquía y, en contraposición, Ankara fuese mejorando sus relaciones con Rusia y con Irán, con la cuestión del conflicto de Siria como telón de fondo. Por su parte, el autoritarismo y los retrocesos democráticos del Gobierno turco, han deteriorado, lógicamente, sus relaciones con la Unión Europea, razón por la cual el Parlamento Europeo suspendió en noviembre de 2016 las negociaciones de adhesión entonces en curso.

   Así las cosas, tras la victoria del AKP en las elecciones presidenciales y parlamentarias del AKP del pasado 24 de junio, que han aupado de nuevo  a Erdogan a la presidencia de Turquía con amplios poderes ejecutivos frente al socialdemócrata Muharren Ince, el candidato del Partido Republicano del Pueblo (CHP), símbolo de la oposición laica, se confirma que el rumbo político del país parece querer dar la espalda a Europa y a la democracia y caminar hacia una creciente (y peligrosa) islamización. Por ello nos preguntamos, ¿Quo vadis, ¿Turquía?, ¿A dónde vas, Turquía?, y es entonces cuando recordamos la afirmación de Kemal Attaturk según la cual “los turcos nos hemos movido siempre y de una manera constante hacia Occidente […] para convertirnos en una nación civilizada, no hay otro camino”, palabras que no debería olvidar Turquía si quiere volver a transitar por la senda de la democracia y del progreso social.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 2 julio 2018)

 

 

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02/07/2018 10:31 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

EL ESPIRITU SAMURAI DE MILLÁN-ASTRAY

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     La figura del general José Millán Astray (1879-1954) ha sido noticia en estas últimas fechas por dos noticias relacionadas con este militar franquista y que han puesto de actualidad, cual, si del retorno de un espectro del pasado se tratara, a quien fue el fundador de la Legion española.

    La primera de ellas se refiere a la denuncia presentada por la Plataforma Patriótica Millán Astray que agrupa a exmiembros de la Legión, y la posterior sentencia del pasado 31 de mayo del Juzgado de lo Contencioso Administrativo nº 7 de Madrid que obligaba al Ayuntamiento de Madrid presidido por Manuela Carmena a mantener la denominación de la calle que recordaba a dicho general y que había sido suprimida por la corporación madrileña con arreglo a la correcta aplicación de la vigente Ley de Memoria Histórica. Dicha Plataforma llegó hasta el punto de presentar una denuncia policial contra la retirada de la placa de dicha calle, hecho éste que calificaba como “un delito de odio” y de “prevaricación”. Sin comentarios.

     La segunda noticia tiene que ver con las amenazas vertidas por la citada Plataforma Patriótica contra Alejandro Amenábar por el rodaje de su película Mientras dure la guerra, en la cual relata los últimos 6 meses de la vida de Miguel de Unamuno, desde el triunfo del golpe militar del 18 de julio de 1936, que inicialmente apoyó, hasta su muerte el 31 de diciembre de aquel trágico año. En dicho período se hace referencia al célebre encontronazo habido entre el intelectual vasco y el general Millán Astray en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de aquel  sangriento “I Año Triunfal” de los rebeldes y en el que, ante el grito de Millán Astray de  “¡Viva la muerte!, ¡Abajo la inteligencia!”, Unamuno, tras definir ese bramido de “necrófilo e insensato grito”, respondió con un premonitorio “Venceréis pero no convenceréis”, incidente éste al que la asociación de ex legionarios no sólo niega su veracidad sino que califica como producto de una “burda propaganda frentepopulista” (¡!),  a la vez que dejaban patente su preocupación de que Amenábar “persista en los viejos topicazos contra el fundador de la Legión”: una vez más, la libertad de expresión se ve amenazada por las presiones y la agresividad verbal de los grupos intolerantes.

     La figura de Millán Astray no cabe duda que está siendo de actualidad, al igual que otros personajes vinculados a la dictadura franquista siguen pesando, como una losa, sobre la memoria y la normalidad democrática española: recordemos la Querella 4591/2010 interpuesta ante los tribunales de justicia de la República Argentina con objeto de investigar los crímenes franquistas y sus responsables sean sancionados penalmente o el caso del torturador Antonio González Pacheco, más conocido como “Billy el Niño”.

     Dicho esto, quisiera hacer mención a un aspecto poco conocido de la biografía de Millán Astray cuál era su admiración por el militarismo japonés. Eran los años en que, tras la victoria militar de los rebeldes franquistas en los campos de batalla y con el mundo sumido en el fragor de la II Guerra Mundial, la euforia delirante del régimen ante las victorias de las potencias del Eje en Europa y más tarde en el Pacífico, le hicieron soñar con seguir la estela triunfal de las potencias fascistas. Y es que la dictadura franquista, y de un modo especial Millán Astray, no sólo admiraban a la Alemania de Hitler y a la Italia de Mussolini, sino, también, al expansionismo nipón en Extremo Oriente. De este modo, tal y como recordaba el historiador Florentino Rodao en su libro Franco y el imperio japonés. Imágenes y propaganda en tiempos de guerra (2002), en el discurso pronunciado por Millán Astray el 1 de enero de 1938 en Salamanca, éste proclamó a los cuatro vientos que no había “camino de salvación” sino en “el despertar de los grandes pueblos donde se yerguen sus Caudillos, los grandes Caudillos de la hora presente”, para nombrar acto seguido, y por este orden, a Mussolini, Hitler, Hiro-Hito, Oliveira Salazar, y el mismo Franco.

     Pero la admiración de Millán Astray por el Japón y su espíritu guerrero le venía de lejos. Cuando se reeditó en España en 1941 el libro de Inazo Nitobe Bushido. El alma de Japon, compendio del código ético de los samuráis que exigía devoción al deber, lealtad y honor hasta la muerte, éste fue prologado por el mismo Millán Astray, que pretendió con ello exaltar la figura del samurai como ejemplo de “entrega a la patria” y, por ello, reconocer que el modelo del mítico guerrero nipón le sirvió de inspiración no sólo en su carrera militar sino también a la hora de fundar la Legión en 1920, razón por la cual escribió en dicho prólogo: “En el Bushido inspiré gran parte de mis enseñanzas morales a los cadetes de infantería en el Alcázar de Toledo […] y también en el Bushido apoyé el credo de la Legión, con su espíritu legionario de combate y muerte, de disciplina y compañerismo, de amistad, de sufrimiento y de dureza, de acudir al fuego”. Y cierto es que el espíritu samurái fue calando en el fundador de la Legión, fuerza de choque que, tanto en la contienda colonial de Marruecos como en la posterior guerra de España de 1936-1939, se caracterizó por su extrema violencia y crueldad, como lo ponen de manifiesto la aceptación de algunas de las ideas del bushido, palabra japonesa que significa “el camino del guerrero”, entre ellas, el entusiasta culto a la muerte  (“el camino del samurái se encuentra en la muerte” recordaba el texto del Bushido). Estas ideas enlazan con la mitificación del “novio de la muerte” legionario, título adoptado como su himno, el mismo que cantaron a coro en la pasada Semana Santa de Málaga, tres de los entonces ministros del Gobierno del Partido Popular: Rafael Catalá, Juan Ignacio Zoido y hasta Íñigo Méndez de Vigo, hecho éste que, cuando menos, resulta una imagen esperpéntica.

     Los espectros del pasado retornan con demasiada frecuencia en nuestra historia de España. Millán Astray y su espíritu samurái es uno de ellos, pero no el único: ahí está, todavía, el faraónico panteón del Valle de los Caídos honrando, después de 40 años de democracia, a un general genocida.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 18 junio 2018)

 

 

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18/06/2018 14:44 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

HAMBRE DE TIERRAS

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     Una de las consecuencias derivadas de la crisis global iniciada en 2008 que desató la voracidad insaciable de este neoliberalismo rampante ha tenido efectos perversos en el ámbito del panorama agrario mundial. Así lo denunciaba Paolo de Castro en su libro Hambre de tierras (2012) en el que se indicaba cómo algunos Estados, diversos fondos soberanos y bastantes fondos de inversión e incluso fondos de pensiones, estaban adquiriendo miles de hectáreas en diversos países con criterios meramente especulativos, pensando que una demanda creciente de alimentos generaría altos precios y una rentabilidad notable y segura para sus inversiones. Esto es lo que ha dado en llamarse “acaparamiento de tierras” (land grabbing, en inglés), entendiendo por ello la adquisición de grandes extensiones de tierras, la cual habría sido aprobada sin consultar con la población local y sin la participación de ésta.

     Estas adquisiciones tienen lugar, fundamentalmente, en países del Tercer Mundo donde algunos gobiernos las vendían o alquilaban a multinacionales o fondos de inversión durante décadas y a un precio irrisorio. A modo de ejemplo, en 2008, una multinacional de Corea del Sur cerró un acuerdo con el Gobierno de Madagascar para la utilización exclusiva y a coste cero de 1,3 millones de hectáreas, esto es, la mitad de la superficie cultivable del país, con objeto de producir maíz y aceite de palma durante 99 años. Aunque finalmente dicho acuerdo no se hizo efectivo, puso en evidencia la intención de algunos países de aplicar lo que se conoce como “neocolonialismo agrícola” cuyo objetivo es asegurarse suministros estables y seguros a un coste reducido. Otros casos significativos en este proceso de acaparamiento de tierras se producen en países como Laos, Filipinas, Birmania, Vietnam o Camboya, donde el 70% de las adquisiciones de grandes extensiones agrarias son realizadas por corporaciones empresariales, incluso por fondos de pensiones, que se disputan la madera de los bosque y amplias superficies para la producción de cultivos energéticos (biocombustibles), de azúcar o de caucho natural.

     Todos estos hechos ponen en evidencia que la producción de alimentos y otros productos derivados de estas explotaciones agrarias extensivas se han convertido en un factor geoestratégico. De este modo, cuando se analiza el comercio alimentario mundial, no sólo se tiene en cuenta en términos políticos, aludiendo a las naciones dominan el mercado, sino también en el ámbito económico-comercial, es decir, qué empresas transnacionales son las que dominan el comercio agroalimentario. Tal es así que en el informe del Samsung Economic Research Institute de 2011, ya se hacía mención a que “es cuestión de interés nacional invertir en el incremento de la oferta alimentaria y en la constitución de canales de aprovisionamiento en el extranjero controlados directamente por el Gobierno surcoreano”.

     El acaparamiento de tierras tiene también un componente de inmoralidad, de falta de ética, tanto en cuanto supone que, en muchas ocasiones, estas adquisiciones crean enclaves de monocultivos, de productos agrícolas destinados exclusivamente a la exportación, productos que se cultivan en países donde parte de su población pasa hambre, población que no podrá acceder a ellos y que en consecuencia seguirá siendo víctima de una “inseguridad alimentaria” que, en situaciones extremas, puede poner en riesgo sus vidas.

     Además de lo dicho, esta “hambre de tierras” con las pretensiones indicadas se convierte, también, en un drama para las poblaciones de las zonas afectadas, pero también pueden resultar un pésimo negocio para los gobiernos, multinacionales o fondos de inversión que las acaparan: es que el egoísmo insaciable de éstos últimos genera, en la mayor parte de los casos, la oposición y tensión con la población local, produce repercusiones negativas en términos de reputación para sus promotores y, a todo ello hay que añadir la necesidad de este “neocolonialismo agrícola” de asegurar la producción por medio de medidas de seguridad que, a veces, rozan la “militarización” privada del territorio.

     Esta desmedida “hambre de tierras” supone un gran desafío para un mundo cada vez más globalizado y, también, para la creciente amenaza que supone tanto el cambio climático como la gestión (racional) de los recursos (limitados) naturales. En consecuencia, para evitar estos riesgos, Paolo de Castro considera que debería ser “condición esencial” el hacer una evaluación del impacto social y medioambiental previo a la aprobación de los Gobiernos afectados por estas inversiones: recordemos las brutales deforestaciones que se están produciendo en Indonesia como consecuencia de la expansión de los cultivos de aceite de palma. De este modo, resulta vital buscar un adecuado equilibrio entre la producción agraria y el mantenimiento de los ecosistemas y, para ello es preciso, como apuntan los agraristas conscientes, aumentar los niveles de conocimiento de la gestión eficiente de los recursos, en lo que se conoce con el concepto de “identificación sostenible de la producción”.

     A modo de conclusión, para quienes han seguido la sugerencia de Mark Twain de “comprad tierra, ya no fabrican más”, hay que recordarles que, en estos tiempos de globalización económica, lo importante no es la cantidad de suelo que se adquiere (o acapara), sino cómo se usa éste, qué destino se le da, así como los criterios de respeto medioambiental y ética social que los impulsan. Nos va en ello buena parte de la sostenibilidad de nuestro maltratado planeta Tierra.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 2 junio 2018)

 

 

 

 

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03/06/2018 18:25 kyriathadassa Enlace permanente. Economía global No hay comentarios. Comentar.

A DÓNDE IRÁ IRÁN

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     De nuevo las noticias trágicas ensombrecen el panorama de Oriente Medio. Al dolor producido por la masacre de palestinos cometida por el Ejército de Israel el pasado día 14 de mayo, unos hechos brutales e inaceptables desde todo punto de vista, también para quienes amamos la historia y la cultura judía, se une la profunda preocupación que en tan convulsa región supone la ruptura por parte de EE.UU. del Acuerdo Nuclear con Irán y la voluntad del presidente Trump de aplicar al régimen de Teherán “el nivel más alto de sanciones económicas”.

     Las consecuencias de tan nefasta decisión no se van a hacer esperar en un Oriente Medio sumido en una espiral de violencia y enfrentamientos sin fin. De hecho, es muy posible que afecte a los conflictos de Yemen, Siria en los cuales las tropas de Irán tienen presencia activa, así como una escalada de incidentes armados con Israel, máxime tras los recientes bombardeos lanzados el pasado 11 de mayo por el gobierno de Netanyahu, cada vez más reaccionario y belicista, contra objetivos iraníes en Siria, con el riesgo cierto de llegar a un enfrentamiento directo entre ambos países de consecuencias imprevisibles. Por otra parte, se incrementarán las fuertes tensiones geopolíticas y religiosas que enfrentan al Irán chiíta con los países musulmanes suníes liderados por Arabia Saudí que temen que tras el creciente potencial militar iraní se intente “restablecer un nuevo Imperio Persa” en Oriente Medio. Así las cosas, asistimos a un vendaval de retórica anti-iraní voceado por EE.UU. así como por Arabia Saudí, el principal adversario musulmán de Irán, el cual, en este tema, coincide con la belicosidad de Israel hacia el régimen de los ayatollahs y sus aliados, tanto en Siria como en el Líbano. Asistimos, pues, a una alianza tácita y funesta para la paz en Oriente Medio que aúna los afanes belicistas de EE.UU., Israel y Arabia Saudí contra la República Islámica de Irán de la cual sólo se pueden esperar fatídicas consecuencias.

     Pero la ruptura del Acuerdo Nuclear también va a tener importantes consecuencias en la política interna persa ya que va a debilitar, cuando no dinamitar de forma definitiva, las esperanzas reformistas depositadas en el presidente Hassan Rohaní, el cual, reelegido para un segundo mandato el 3 de agosto de 2017 con el apoyo popular de 24 millones de votos, pretendía, como señalaba Luciano Zaccara, “una continuidad en el camino de la moderación tanto a nivel interno como externo”, así como una cierta apertura del régimen y un mayor acercamiento a Europa. Por ello, la polémica decisión de Trump, cuando era unánime la opinión de que Irán estaba cumpliendo plenamente el Acuerdo Nuclear al que se llegó con la Administración Obama en 2015, va a propiciar el auge de los sectores más conservadores y anti-occidentales de Irán, contrarios a las reformas de Rohaní lo cual va a suponer una involución de la política persa, tras la cual se halla no sólo el Consejo del Discernimiento, presidido por Mahmud Hashemi Shahrudi, importante institución ejecutiva del régimen que también tiene funciones legislativas y que está controlada por los elementos más conservadores, sino también, la todopoderosa Guardia Revolucionaria (Sepah-e Pasdaran), la cual siempre ha mantenido una tensa relación con el Gobierno reformista de Rohaní.

     Esta radicalización de la política interna iraní va a tener también consecuencias negativas en los intentos, tímidos pero existentes, de democratización interna que abanderan emergentes movimientos populares como el que pretende liberalizar las rígidas normas del islamismo chií, entre ellos,  el de las acciones valientes de las mujeres de los “Miércoles Blancos”, promovidas por la activista Masih Alinejad en protesta por la obligatoriedad de vestir el hijab, así como los intentos de otros colectivos que reclaman  derechos civiles y libertades, tan escasos, todavía, en las tierras persas.

     No menos graves serán las consecuencias de la decisión de Trump para la economía de Irán pues ésta pretende malograr el objetivo de Rohaní de atraer al país inversiones extranjeras, sobre todo en el sector de la industria petrolífera, que mejorasen la situación económica del país y que permitieran crear empleo, una demanda tras la cual se hallaban muchas de las protestas populares de los últimos años. Y es que EE.UU. pretende impedir que las empresas de otros países, como es el caso de la Unión Europea, tengan acceso al mercado iraní, a la vez que, por otro lado, consigue potenciar el los negocios de su industria armamentística americana con acuerdos con países contrarios a Teherán, como es el caso del ratificado el pasado 24 de mayo de 2017 entre el presidente Trump y el rey Salman de Arabia Saudí, un acuerdo militar por valor de 110.000 millones de dólares que, según se dijo, tenía por objeto “frenar la amenaza” que, según ellos, supone Irán para la estabilidad de la región pero que, también, supuso un respaldo militar en toda regla para el régimen despótico saudí.

   Ante tan agitado panorama, pese al enorme error histórico cometido por la irresponsabilidad habitual que caracteriza a Trump, resulta vital mantener la vigencia del Acuerdo Nuclear, pues todas las demás alternativas posibles son radicalmente peores. Para ello es fundamental el papel que debe desempeñar la Unión Europea si es capaz de actuar de forma firme y unida como elemento moderador tal y como han afirmado recientemente tanto Emmanuel Macron como Angela Merkel para evitar que el conflicto se descontrole y así garantizar la estabilidad en la zona. El apoyo europeo resulta también imprescindible para intentar que la esperanza reformista que, todavía, representa Rohaní pueda frenar a los sectores más ultraconservadores y militaristas del régimen. De lo contrario, una vez abierta esta nueva “caja de Pandora”, las consecuencias pueden ser nefastas no sólo para Irán, sino también para la paz y la estabilidad en Oriente Medio y para el contexto geopolítico internacional. Aunque débil, existe aún esperanza. Confiemos.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 21 mayo 2018)

 

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21/05/2018 08:16 kyriathadassa Enlace permanente. Oriente Medio No hay comentarios. Comentar.

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