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EN RECUERDO DE HANNAH SZENES

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     Siempre he admirado a los intelectuales y poetas que tuvieron (y tienen) el coraje de bajar de sus torres de marfil e implicarse, comprometerse, con la realidad política y social de su tiempo, por muy adversos que éstos sean, por muy fuertes que soplen los vientos. Esto me ocurrió al conocer la historia de Hannah Szennes (1921-1944), una joven poetisa judía húngara, heroína de la lucha antifascista y, por ello, víctima de la barbarie hitleriana. Para mí, fue una historia tan desconocida como emotiva, un testimonio de valor y sacrificio del cual en estas fechas se ha cumplido el 73º aniversario de su asesinato.

     Hannah Szenes había nacido en Budapest en 1921, en el seno de una familia judía asimilada, culta y de clase media, un año después de la llegada al poder del dictador  Miklós Horthy, que, entre 1920 y 1944 estableció en Hungría un régimen ultranacionalista, antisemita y profundamente anticomunista. Estudió en un colegio protestante en el cual los católicos tenían que pagar el doble del coste de los estudios y los judíos, el triple. No fue hasta los 17 años cuando se reafirmó en su olvidada identidad judía y empezó a estudiar hebreo, momento que coincide con los sangrientos sucesos de la Kristallnacht en la Alemania nazi (1938).

     Bien pronto sintió la discriminación a la que eran sometidos los judíos y, ante el auge del antisemitismo en Hungría, se convirtió en una joven sionista y, por ello, estaba firmemente convencida que la emigración a la tierra de Israel, entonces la Palestina bajo Mandato británico, era la única solución de futuro para su pueblo amenazado en Europa por la negra y sangrienta sombra del fascismo. De este modo, en septiembre de 1939, unos días después de que estallase la II Guerra Mundial, emigró a Palestina (“Estoy en casa”, escribirá en su Diario). Allí estudia y trabaja  en la Escuela Agrícola de Nahalal y en el kibutz Sdot Iam en Cesarea, tiempo en el que inició su poemario en hebreo en el que plasmó su profundo amor por las tierras y paisajes de Palestina.

     Pero el Próximo Oriente no era ajeno a la tempestad bélica que incendiaba toda Europa a pesar de que el avance nazi-fascista de las tropas de Rommel había sido frenado en las tierras egipcias de El Alamein. Los judíos residentes en Palestina eran conscientes del riesgo cierto de aniquilamiento que pesaba sobre sus hermanos atrapados en la Europa ocupada por la barbarie hitleriana. En consecuencia, un grupo de ellos se ofrecieron como voluntarios a las autoridades británicas para ser entrenados con objeto de ser lanzados en paracaídas sobre Italia, Rumanía, Eslovaquia, Yugoslavia y Hungría y así infiltrarse tras las líneas enemigas, ayudar a la Resistencia, organizar sabotajes y proporcionar información a los aliados. Y la joven Hannah fue una de las voluntarias, su compromiso personal los resumía así en su Diario: “somos los únicos que podemos ayudar y no tenemos siquiera el derecho de dudar […] Es mejor morir con la conciencia tranquila que volver a casa sabiendo que no intentamos nada”. La joven poetisa, solidaria con el holocausto que estaba sufriendo su pueblo, no dudó en dar un paso adelante para combatir de frente al nazismo, encarnación del mal absoluto. En una carta dirigida a Yehuda Braminski, le confiesa: “Me voy con alegría, por mi libre voluntad y siendo totalmente consciente de las dificultades. Veo mi partida como un privilegio y también como un deber”.

     Finalmente, en marzo de 1944, Hannah y su grupo de combatientes judíos fueron lanzados en paracaídas sobre los bosques de Yugoslavia. Allí se unieron a los partisanos de Tito y combatieron a las tropas nazis de ocupación. Durante esta época, en los bosques de Srebrenica trágico lugar donde ocurrieron las matanzas de varios miles de bosnios musulmanes en 1995 durante la reciente guerra de la exYugoslavia,  Hannah escribió uno de sus más combativos poemas, “Bendita la llama”, en el que animaba a los judíos de la Europa ocupada a rebelarse contra los opresores nazis.

     En junio de 1944, desoyendo las advertencias de sus amigos guerrilleros, Hannah decidió pasar a su Hungría natal con la intención de salvar al mayor número posible de judíos, entre ellos, a su madre y a su hermano. Pero, tras ser traicionada por un informador, fue detenida y torturada por la policía fascista húngara y por la Gestapo nazi, a pesar de lo cual nunca obtuvieron de ella ninguna información relevante. Tras un simulacro de juicio en el que se negó a pedir clemencia, el 7 de noviembre de 1944 fue fusilada en su Budapest natal: como señala Jordi Font, que ha estudiado su vida y su obra, se negó a que le vendaran los ojos y prefirió ver la cara de sus asesinos hasta el último momento. Tenía 23 años.

     Hannah, poetisa y combatiente, murió al igual que 700.000 judíos húngaros deportados al campo de exterminio de Auschwitz. Su madre y su hermano se salvaron, al igual que los cinco millares de judíos que deben la vida a la valiente actitud de Ángel Sanz Briz, aquel joven diplomático zaragozano, entonces destinado en la embajada española de Budapest. Hannah asumió su fatal destino con coraje y, durante su encarcelamiento, escribió un poema que emociona: “Ahora, en julio, cumpliría veintitrés años / Escogía número en un juego arriesgado / El dado rodó. He perdido”.

     En estos días en que se ha cumplido el aniversario de su asesinato, su ejemplo de compromiso y valor tiene un especial significado, ahora que la amenaza sombría y negra del fascismo pretende resurgir en Hungría, en donde avanza el partido fascista Jobbik y la derecha autoritaria magiar pretende rehabilitar el legado político del dictador Horthy, cuando el Gobierno de Viktor Orbán y su partido Fidesz, impulsar políticas de claro signo reaccionario y xenófobo.. El sacrificio de Hannah Szennes nos recuerda a todos una lección, la misma que plasmó en otro de sus poemas: “Y sabed que el precio del camino / de la justicia y el valor / no es bajo”. Y es cierto, siempre es duro defender la justicia y la dignidad ante enemigos tan poderosos y brutales. Pero es imprescindible, ayer, hoy y siempre.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 12 noviembre 2017)

 

 

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12/11/2017 19:05 kyriathadassa Enlace permanente. Mundo Judío No hay comentarios. Comentar.

EL NAUFRAGIO DE EUROPA (y II)

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     Una vez desplazada la frontera europea a Turquía para que ésta controle el flujo de refugiados, la Unión Europea (UE) ha ido tomando otra serie de medidas con objeto de reducir la inmigración irregular, garantizar el control de fronteras, desarrollar vías de migración legal y conseguir un Sistema Europeo Común de Asilo (SECA). Si hasta entonces el conocido como Sistema Dublín, asignaba la responsabilidad de tramitar las soluciones de asilo al primer país europea al que llegaban los refugiados y en el cual debían de permanecer, la crisis migratoria de 2015 evidenció que ello imponía una desproporción e injusta presión para Grecia e Italia, lo cual hizo necesarios los Acuerdos de Reubicación y Reasentamiento impulsados por la Comisión Europea en septiembre de 2015. Estos acuerdos tenían el ambicioso objetivo de reubicar a 160.000 refugiados desde Italia y Grecia en los distintos países de la UE según cupos estatales, además de reasentar a 20.000 persona desde campos de refugiados existentes en países vecinos a los conflictos como Turquía y Jordania.

     Pese al rotundo fracaso de los Acuerdos de Reubicación y Reasentamiento, como señalaba Cristina Manzanedo, con ellos se pretendía, por vez primera, gestionar de forma común a nivel europeo un sistema de distribución equitativa de los refugiados entre los distintos países de la UE. No obstante, cuando el pasado 26 de septiembre expiró el plazo bienal de los mismos, resulta obvio que no se han cumplido sus objetivos y se ha evidenciado una grave falta de voluntad política en el seno de la UEpara hacer frente a esta crisis humanitaria, hasta el punto de que Hungría se ha negado a recibir refugiados y el resto de los países, tras negociar a la baja los cupos propuestos, han incumplido, todos, el número de refugiados asignados. El caso de España es revelador puesto que, durante 2016-2017 acogió tan sólo al 11,4% de las 17.300 personas que le correspondían según dichos Acuerdos. Esta situación ha hecho que Intermon-Oxfam denunciase ante la Comisión Europea estos flagrantes incumplimiento y que la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) calificase de “estrepitoso fracaso” el proceso de reubicación y reasentamiento.

     Significativo resulta el caso de Alemania que en agosto de 2015 declaró una política de puertas abiertas y, por ello, en dicho año acogió a 441.800 refugiados, hecho que supuso un agrio debate político así como un preocupante ascenso de las fuerzas políticas de corte xenófobo no sólo en el país germano sino también en otros Estados de la UE, así como el cierre progresivo de fronteras en algunos de ellos. Así las cosas, tuvo lugar la Cumbre de Malta (noviembre 2015) la cual intentó dar respuesta (y control) a los movimientos migratorios como una responsabilidad compartida por parte de los países de origen, tránsito y destino. No obstante, el Plan de Actuación aprobado en La Valetta suponía un chantaje inmoral ya que la UE supeditaba la cooperación al desarrollo y la ayuda a los países del Sur al control por parte de éstos de los movimientos migratorios: así se creó el Fondo Fiduciario de Emergencia para áfrica dotado de 1.880 millones de euros.

    Más adelante, el Nuevo Marco de Asociación en Materia de Migración de la Comisión Europea (7 junio 2016) pretendió mejorar la Declaración de La Valetta y así buscar resultados concretos en el control de los flujos migratorios a cambio de poner “todos los instrumentos posibles a su servicio: ayuda al desarrollo, comercio e inversiones”, a la vez que propiciaba pactos migratorios a medida que permitían deportaciones ilimitadas tal y como contempla el Acuerdo UE-Afganistán (octubre 2016).

     A modo de balance, las políticas migratorias de la UE han sido criticadas con dureza por CEAR pues son el lamentable reflejo de una Europa “seriamente enferma”, que evidencia un profundo déficit democrático, consecuencia de una ausencia de valores. Es por ello que, ante este “profundo viraje hacia la deshumanización”, en expresión de Estrella Galán, resunta patente la necesidad de “refundar Europa” para que recupere su alma y sus valores fundacionales de solidaridad y defensa de los derechos humanos, esos valores que ahora parecen naufragar en las instituciones europeas.

     Por todo ello resulta imprescindible un cambio de rumbo en la nave de la UE el cual suponga un impulso a políticas estructurales (y no cortoplacistas como es el fracasado modelo del cierre de fronteras), que aborde las auténticas causas que han motivado la crisis migratoria de los refugiados, así como junto la imperiosa necesidad de tomar medidas concretas y urgentes: En primer lugar, la de reforzar las operaciones de rescate marítimo para salvar vidas de refugiados, un imperativo moral básico y, desde luego, instar al cumplimiento de los Acuerdos de Reubicación y Reasentamiento. Y, junto a ellas, tampoco debemos olvidar otras importantes cuestiones como: reforzar las vías de acceso legal a Europa acabando con el peligroso e inmoral negocio de los traficantes de personas, facilitar la reagrupación familiar y la posibilidad de solicitar asilo o visados humanitarios ; impulsar la ayuda humanitaria y la cooperación internacional (recordemos que, en el caso de España, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) se ha reducido del 0,4% del PIB en 2009 al 0,14% en el 2014); abordar las causas por medio de la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030 y la defensa de la solidaridad internacional y los derechos humanos de todas las personas, sin olvidar tampoco el apostar por una sociedad inclusiva, abierta y tolerante que sirva de freno al auge de las tendencias xenófobas y racistas que nos amenazan.

     Si Europa es capaz de asumir estas medidas recuperará su alma perdida, anegada en estos últimos tiempos por el vendaval del individualismo insolidario y así se evitará el naufragio de los valores que dan razón de ser a la UE, un naufragio que ya ha acabado  de forma trágica con las vidas de demasiadas personas que añoraban llegar a Europa soñando con un futuro digno y en libertad.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 5 noviembre 2017)

 

 

 

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05/11/2017 20:52 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

EL NAUFRAGIO DE EUROPA (I)

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     Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) hay en el mundo 65 millones de personas desplazadas (1 cada 25 minutos) por causa de los conflictos armados, cambio climático, pobreza, persecuciones por diversas razones o violaciones de los derechos humanos fundamentales. Ello ha hecho que, tan sólo en el año 2015 llegasen a Europa casi 1,2 millones de personas refugiadas lo cual, según Mariano Aguirre, ha supuesto “la crisis más seria que ha sufrido la Unión Europea (UE) desde su creación” y, más aún, como decía Zygmunt Bauman, estamos asistiendo “no a una crisis de refugiados, sino a una crisis de la humanidad”.

    Ante esta situación, la respuesta de la Unión Europea (UE) ha sido decepcionante tanto por  la descoordinación entre los Estados miembros, como por sus planteamientos cortoplacistas. De este modo, como denunciaba de forma contundente Estrella Galán, secretaria general de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), este capítulo de la historia “ha puesto en evidencia el gran fracaso colectivo de Europa”, la cual no ha estado a la altura de las circunstancias dado que no fue capaz de hacer frente a las verdaderas causas de la crisis de refugiados ni tampoco puso en marcha soluciones estables con visión humanitaria para garantizar el cumplimiento de los compromisos jurídicos con el derecho de asilo y las personas refugiadas derivados del Estatuto de Refugiados de 1951 que todos los Estados de la UE habían firmado. Especialmente preocupante resulta que todas las medidas adoptadas por la UE iban enfocadas desde una perspectiva de “seguridad” y no desde el ámbito de los derechos humanos, razón por la cual Human Right Watch advertía de que “el miedo a ataques terroristas y a los flujos masivos de refugiados están llevando a muchos Gobiernos occidentales a reducir la protección de los derechos humanos”. Y es que, con la excusa de la seguridad y el control migratorio, la UE está violando impunemente los tratados internacionales, olvidando, con grave dejación de responsabilidad, que el derecho de asilo para las personas refugiadas es un derecho inalienable y no un gesto de gracia o generosidad sino que responde al cumplimiento de la legalidad y los compromisos firmados por los Estados miembros.

    Y, junto a este abandono de la defensa de los derechos humanos, también ha naufragado Europa al aplicar otras medidas tendentes a frenar el flujo migratorio mediante barreras  en Hungría, Bulgaria…o Ceuta y Melilla y, sobre todo, al externalizar la vigilancia y control de las fronteras exteriores de la UE a socios que no son precisamente un ejemplo de respeto de los derechos humanos y de sensibilidad democrática. Este es el caso del Acuerdo UE-Turquía de marzo de 2015 cuyo objetivo principal era la devolución a suelo turco de los migrantes y refugiados que llegaban a territorio europeo a través de Grecia. Por esta labor, Turquía, convertida en una nueva guardia pretoriana de las fronteras de la UE, recibió 3.300 millones de euros durante el período 2016-2017, además de otras concesiones políticas  como la anulación de los visados para los turcos que entrasen en territorio comunitario o la reanudación de las negociaciones de adhesión  de Turquía a la UE, siempre lentas y complejas y paralizadas en estos últimos años por la preocupante involución autoritaria del país otomano de la mano de su presidente Recep Tayip Erdogan. Dicho Acuerdo, como bien sabemos, ha contado con una fuerte y justificada oposición pues, con su firma, la UE, como denunciaba CEAR,  “ha dejado naufragar el derecho de asilo, un derecho fundamental básico”, a la vez que nos recordaba que se trata de un acuerdo ilegal por múltiples razones, entre ellas, que las expulsiones colectivas están expresamente prohibidas por el art. 4º del Protocolo 4 del Convenio Europeo de Derechos Humanos; que toda expulsión de un extranjero debe ser individual y necesita garantías legales según los arts. 12 y 13 de la Directiva de Retorno; que el Acuerdo vulnera el principio de no devolución del art. 33 de la Convención de Ginebra, que establece que nadie podrá ser devuelto a un país donde su vida corra peligro, a un país no seguro; que Turquía no está incluida en la lista de países seguros reconocidos por la UE, así como que dicho Acuerdo incumple el principio de no discriminación por país de origen, según el art. 3 de la Convención de Ginebra.

     Por todo ello, resulta indignante que, mientras Europa se empeña en convertirse en una fortaleza que cierra sus fronteras exteriores a los refugiados, se enorgullece de la libertad plena de circulación de capitales y mercancías, una hipocresía que delata con crudeza la injusticia que subyace en materia de política migratoria de la UE. Ciertamente, el Acuerdo con Turquía ha supuesto una reducción de la llegada de refugiados a Europa (364.000 en el año 2016) pero ello ha supuesto un cambio de las rutas de llegada, mucho más peligrosas y mortales y con un mayor coste económico para los refugiados.  De este modo, la anterior ruta de la costa turca a la isla griega de Lesbos, de tan sólo 9 km., mayoritariamente utilizada durante los años 2014-2015, ha sido reemplazada por la  del Mediterráneo Central (desde Libia a Italia) que, en su tramo más corto hasta la isla de Lampedusa tiene una distancia de 300 km.  El peligro de esta ruta es evidente y, de hecho, las muertes por naufragio en esta zona han aumentado en + 34% y, según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) y,  en el pasado año 2016, 1 de cada 23 personas que emprendían esa ruta ha muerto en el Mediterráneo.

    Por todo lo dicho, resulta lamentable que Europa, la civilizada Europa, esté naufragando en materia de derechos humanos, algo que remueve las conciencias de  todos aquellos ciudadanos que, como Bauman, pensamos que nos hallamos ante una auténtica crisis de la humanidad.

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 29 octubre 2017)

 

 

 

 

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30/10/2017 14:36 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

ACECHA LA NUEVA DERECHA

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     Asistimos con preocupación al auge de partidos que, con es el caso del Frente Nacional francés, el Bloque Flamenco belga, el FPÖ austríaco o la AfD alemán, se definen como la Nueva Derecha, eufemismo tras el cual maquillan sus posiciones políticas de extrema derecha autoritaria, xenófoba y racista. Entre las causas de su avance electoral y social, Hans Schelkshorn, estudioso de este fenómeno emergente, señala el vacío de la ideología neoliberal, aplicada en la práctica tanto por los partidos de derechas como por los socialdemócratas y por ello señala que, “así como el fascismo fue una reacción al liberalismo desenfrenado”, la Nueva Derecha sería una “respuesta”, ciertamente reaccionaria y movida por el miedo, frente la globalización impulsada por el neoliberalismo rampante. A ello habría que añadir la llegada masiva a Europa en los últimos años de refugiados que huyen de zonas de conflicto o de miseria, detonante éste que ha supuesto un  auge electoral y un aumento de la base social de las ideas xenófobas: ahí está el caso de Alternativa por Alemania (AfD) que, en los comicios del pasado día 24 de septiembre, ha logrado un preocupante apoyo del 12,6 %  del electorado.

    Todas estas formaciones políticas tienen características comunes aunque adaptadas a las peculiaridades concretas de cada país. En este sentido, el citado Hans Schelkshorn señala que es un error definir a estos partidos como  “populistas”, afirmación que parece indicar que tras ellos se halla una política desideologizada, que se adapta a las opiniones y deseos del “pueblo”, lo cual supondría que los partidos de la Nueva Derecha carecen de una ideología concreta y definida. Bien al contrario, según dicho autor, ello supone “una peligrosa minimización” de lo que representan estos grupos puesto que claro que tienen ideología, y esta es tan acechante como peligrosa. Es por ello que, en opinión de Jan Werner Muller, tras estos partidos se oculta una ideología “que mina peligrosamente los principios y valores de las democracias del Estado de derecho, tal y como se han construido en Europa después de la II Guerra Mundial”. De este modo, la ideología de la Nueva Derecha se sustentaría sobre dos ideas esenciales: su cuestionamiento de la actual democracia liberal y el rechazo al proyecto de paz y progreso social que da razón de ser a la Unión Europea (UE).

     Por otra parte, la Nueva Derecha pese a asumir abiertamente postulados propios de la derecha autoritaria, ha intentado, con desigual fortuna, distanciarse de los aspectos más repulsivos  de los movimientos fascistas de la Europa de entreguerras del s. XX., de aquellos partidos antidemocráticos que enarbolaban entre sus objetivos el recurso a la violencia para alcanzar el poder y que exaltaban el racismo, todo lo cual, bien lo sabemos, tuvo trágicas consecuencias en nuestra historia reciente. Frente a los fascismos clásicos, los partidos de la Nueva Derecha afirman renunciar a la violencia para alcanzar el Gobierno y, en consecuencia, aceptan los resultados salidos de las elecciones democráticas. Por otra parte, inspirados por el pensamiento de Alain de Benoist, pretenden sustituir el antiguo racismo del fascismo clásico por un “etnopluralismo”, con la idea de promover el reconocimiento de diversas etnias y culturas, pero cada una en su correspondiente territorio, lo cual les lleva a defender la “unión étnica” de una nación. Todo ello tiene graves consecuencias puesto que al priorizar la interpretación étnica del concepto de “nación” y de “pueblo” por encima de los derechos humanos, cuestionan la universalidad de los mismos y se arrogan  el poder de designar quién pertenece (o no) al pueblo o nación y, de facto, excluir de la comunidad nacional a diversos colectivos tales como migrantes, gitanos, judíos, homosexuales, ateos, militantes de izquierda u otros sectores progresistas, de sus respectivas (e idealizadas) sociedades.

     Especialmente preocupante resulta el que esta Nueva Derecha acechante en estos últimos años ha ido abandonando la marginalidad política aupada por su ascenso electoral en varios países europeos. De hecho, tal y como ha ocurrido con el zarpazo electoral de la AfD que ha irrumpido en el Bundestag con 95 diputados que, aunque no llevan las camisas pardas de las milicias hitlerianas, sus ideas son tan sucias y pardas como las de aquellos. Y no sólo eso, sino que también resulta grave el hecho de que algunos de los postulados ideológicos de la Nueva Derecha han ido calando en la mentalidad y en los programas de partidos de la derecha democrática clásica y, de modo especial, en la ideología democristiana. Este sería  el caso de Víktor Orbán,  líder del partido Fidesz en Hungría,  quien con sus éxitos electorales pretende legitimar su creciente autoritarismo, a la vez que defiende lo que él llama “Estado aliberal”, el cual elude el cumplimiento los derechos humanos reconocidos por Hungría en diversos acuerdos internacionales y así justificar lo injustificable: su rechazo a acoger refugiados asignados por la UE, hecho éste que confirma los vientos de involución que soplan con fuerza en otros países del Este de Europa como Polonia, Eslovaquia, Bulgaria o Eslovenia, vientos que están arrasando los derechos humanos en esta Europa que creíamos civilizada, progresista y solidaria.

     También en España estamos asistiendo a un preocupante rebrote de estas ideas intolerantes, cuando no abiertamente fascistas: la grave situación generada por el problema político de Cataluña les ofrece el ambiente propicio  como por desgracia hemos constatado en los lamentables sucesos ocurridos al intentar boicotear la Asamblea de cargos públicos por la libertad, la fraternidad y la convivencia celebrada en Zaragoza el pasado domingo 24 de septiembre a propuesta de Unidos Podemos, llegando incluso a agredir a Violeta Barba, presidenta de las Cortes de Aragón.

     Este es el panorama actual de la Nueva Derecha que, con sus ideas e intenciones, unas abiertas, otras ocultas, acecha (y amenaza) nuestra convivencia, nuestros valores y nuestra democracia. Alerta.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 1 octubre 2017)

 

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02/10/2017 08:26 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

LOS MITOS DE LA GLOBALIZACION NEOLIBERAL

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     Vivimos en un mundo de contrastes económicos  brutales y los datos, fríos e implacables, lo demuestran.  A modo de ejemplo, en el año 2008, momento del estallido de la crisis financiera mundial, el desembolso para salvar los bancos privados en el conjunto de los países occidentales se elevó a la exorbitante cifra de 8.150.000 millones de dólares, esto es, 8,15 trillones de dólares. Ese mismo año, según  la FAO, para acabar con el hambre en el mundo se necesitaban 30.000 millones de dólares. Estos datos son estremecedores pues, como señalaba Manfred Max-Neef en  estudio titulado El mundo en ruta de colisión,  esos 8,15 trillones de dólares destinados a salvar a la banca privada hubieran permitido “generar 270 años de un mundo sin hambre”.

     Este es el mundo en el que vivimos, un mundo en el que nunca hay suficiente para los que no tienen nada pero en el que siempre hay suficiente para los que lo tienen todo. Un mundo que, como nos recordaba el Manifiesto del Foro Internacional de la Globalización de 2007, está abocado a una crisis de dimensiones planetarias con riesgo de colapso. A esta situación se ha llegado como consecuencia  de un modelo económico dominante que se basa en el crecimiento ilimitado a cualquier coste, el uso incontrolado de combustibles fósiles, la exaltación del consumismo desmedido y que ha traído como consecuencia la amenaza real del cambio climático y la disminución de los recursos esenciales para la vida en nuestro planeta (aguas, bosques, suelos, biodiversidad).

     Este es el panorama en que nos hallamos tras el galopar del sistema económico neoliberal, que,  cual si de un nuevo Atila se tratara, arrasa por donde pasa. Y, sin embargo, los poderes económicos dominantes nos lo presentan como un modelo ideal y sin alternativa posible. Por ello, resulta preciso, como señalaba  Max-Neff,  desenmascarar los 6 mitos sobre los que se sustenta la globalización neoliberal, tan cuestionables como falsos todos ellos. Veámoslos seguidamente.

     Mito 1º.- “La globalización es el único camino efectivo para el desarrollo”. Pero…la realidad de los hechos pone de manifiesto los negativos efectos de la desregulación de los mercados, las privatizaciones y la eliminación de las barreras comerciales internacionales.

     Mito 2º.- “Una mayor integración en la economía global es buena para los países pobres”. Pero… ello ha supuesto que estos países deban acomodarse a las reglas y restricciones de la economía globalizada y ello les obliga a postergar actuaciones más urgentes en educación, salud o desarrollo. De hecho, la globalización ha generado mayor desigualdad y, en la actualidad, 80 países tienen menos renta per cápita que hace dos décadas tras integrarse  en la economía global. Otro dato: si en 1965 el ingreso medio per cápita de los países del G-7 era 20 veces mayor que el de los 7 países más pobres del mundo, en el año 2008 era ya 50 veces mayor…y esa brecha sigue creciendo cada año.

    Mito 3º.- “Las ventajas comparativas son la mejor manera de asegurar la prosperidad”. Esta idea, basada en el dogma del libre comercio global, ha tenido efectos muy negativos ya que cuando el capital tiene plena movilidad transnacional, éste busca  “ventajas absolutas” en aquellos países que impliquen menores salarios, menores impuestos y menores exigencias medioambientales.

     Mito 4º.- “Más globalización significa más empleo”. Pero… la realidad demuestra que, por ejemplo, la deslocalización industrial ha producido el fenómeno del “outsorcing”, el cual genera desempleo en los países de origen y subempleo y peores condiciones laborales en los países que reciben las inversiones de las industrias deslocalizadas.

     Mito 5º.- “La Organización Mundial del Comercio (OMC) es un organismo democrático y transparente”.  Pero… la realidad es que la OMC está dirigida por un grupo no electo de burócratas que toman decisiones que imponen a los gobiernos de las naciones. De hecho, el mayor empeño de la OMC es lograr la abolición  o reforma de cuantas normativas estatales  resulten perjudiciales para los intereses de las multinacionales.  Además, resulta significativo el  que la OMC no tenga reglas sobre cuestiones tan importantes como la prohibición del trabajo infantil o la garantía de los derechos laborales. En consecuencia, como señala Max-Neef, el “propósito fundamental” de la OMC es “lograr que las corporaciones gobiernen el mundo” y en esa línea se orienta el polémico Tratado Transatlántico de Libre Comercio entre la Unión Europea y los Estados Unidos, el TTIP.

      Mito 6º.- “La Globalización es inevitable”. Si Margaret Thatcher dijo en su día que “no existe alternativa” frente al modelo neoliberal,  Renato Ruggiero, exDirector General de la OMC, llegó a afirmar que “tratar de detener la globalización es equivalente a tratar de detener la rotación de la tierra” y, por ello, este fundamentalismo económico, lo ha convertido casi en una pseudoreligión que no debe ser cuestionada en sus dogmas, pero cuyos mitos,  a los cuales hemos hecho referencia, están basados en falsedades.

     A esta situación se ha llegado porque la globalización neoliberal nos ha ganado la partida en parte por la renuncia sistemática de muchos países a su derecho a controlar los procesos económicos en beneficio propio. Así las cosas, resulta vital apostar por una economía alternativa, por una economía más justa y solidaria, que suponga una transición efectiva del actual modelo sustentado en la codicia, la competencia y la acumulación a otro alternativo que priorice la solidaridad y la cooperación  como valores para lograr un mayor nivel de felicidad social y que sea medioambientalmente sostenible. Es por ello que el cambio de modelo económico resulta imprescindible pues nos va en ello nuestro futuro y el de nuestro planeta.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 10 septiembre 2017)

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10/09/2017 18:27 kyriathadassa Enlace permanente. Historia Teruel No hay comentarios. Comentar.

EL BREXIT Y LA SEGURIDAD EUROPEA: TODOS PERDEMOS

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     Entre las múltiples y complejas consecuencias del Brexit, también hay que tener en cuenta lo que va a suponer la salida del Reino Unido  de la Unión Europea  (UE) en materia de seguridad y defensa, pues no debemos olvidar que no se trata de un país cualquiera, sino de una  potencia global con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y que, además, es la quinta  economía mundial. En consecuencia, como señalaba Félix de Arteaga, en su estudio  La defensa y la seguridad de la UE tras el Brexit” (2016), el Brexit va a suponer “un problema de credibilidad, capacidad y liderazgo en la seguridad y la defensa de la Unión Europea”.

    Asumido el hecho de la salida británica de los organismos comunitarios, las opiniones más pesimistas la interpretan como una pérdida de capacidad militar para proporcionar seguridad internacional en nuestro entorno, unido al hecho de que ello supondrá, también, perder capacidad policial y de inteligencia frente al creciente riesgo del terrorismo internacional. Por el contrario, para los optimistas, que también los hay, el Brexit puede ser una oportunidad para relanzar la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) y para progresar en la integración del Espacio Europeo de Libertad, Seguridad y Justicia, más conocido como “Espacio Schengen”, del cual por cierto se autoexcluyó el Reino Unido, acelerando así las políticas e instituciones de fronteras, costas y antiterroristas de la UE.

     Pese a esta visión optimista, lo cierto es que la seguridad y la defensa europeas se van a ver a corto plazo afectadas negativamente por la salida británica. Todo ello resulta especialmente grave en estos momentos en que la amenaza yihadista se extiende por Europa, y de forma especial en el Reino Unido, como ha quedado patente en los recientes atentados de este signo ocurridos en Manchester y Londres, sin olvidar tampoco la reciente matanza que ha tenido lugar  en Barcelona el pasado día 17 de agosto. Si todo esto ocurría siendo todavía el Reino Unido miembro de la UE, los riesgos de seguridad antiterrorista pueden ser todavía mayores y de peores consecuencias tras el Brexit, y de ello debemos de  ser todos conscientes,  también el Gobierno y la ciudadanía británica.

     Por todo lo dicho, aunque hay que estar pendientes de los resultados de las difíciles y espinosas negociaciones que ahora se inician para hacer efectivo el Brexit, y a pesar de que el Reino Unido cuenta con uno de los modelos antiterroristas más desarrollados de Occidente como es el caso del Joint Terrorism Analysis Center y el célebre MI5, tampoco éstos se hallan exentos de fallos y deficiencias como se ha puesto en evidencia en los últimos atentados sufridos en territorio británico, a ello hay que añadir, tal y como advertían Fernando Reinares y Carola García-Calvo en su trabajo titulado Brexit, terrorismo y antiterrorismo (2016), la salida británica de la UE va a tener cinco consecuencias negativas para la capacidad británica de prevención y lucha contra la amenaza terrorista, especialmente la de signo yihadista:

    1.- En primer lugar, el Reino Unido no podrá beneficiarse del acceso a bases multilaterales de datos, algo de vital importancia para la prevención y la lucha antiterrorista aunque, lógicamente, intentará compensarlo con acuerdos bilaterales y potenciando su “relación privilegiada” con EE.UU., aprovechando la sintonía política entre la Premier Theresa May con el siempre imprevisible Presidente Donald Trump.

    2.- El Reino Unido no podrá contar con la colaboración de EUROPOL ni con el nuevo Centro Europeo contra el Terrorismo.

   3.- Tampoco podrán  seguir beneficiándose las autoridades británicas de la Orden Europea de Detención y Entrega, (la “Euro Orden”) y, por ello, deberán recurrir a procedimientos más lentos y complicados de extradición para perseguir terroristas arrestados en la UE.

   4.- El Reino Unido quedará también privado  de EUROJUST y de la contribución de esta Agencia de la UE a la cooperación judicial antiterrorista.

   5.- Por último, el Gobierno británico dejará de percibir fondos comunitarios para sus iniciativas nacionales de prevención de la radicalización terrorista.

     A todo lo dicho, también hay que añadir que, como recordaba Javier Albaladejo,  el Reino Unido tampoco podrá contar con los beneficios del Acuerdo del Consejo Europeo de 10 de junio de 2016 que significó la puesta en funcionamiento de un nuevo modelo de información que permite hacer frente de una manera más eficaz a las amenazas a la seguridad interior de la UE en su conjunto y de cada uno de sus Estados en particular, tales como son el terrorismo internacional o la delincuencia organizada.

     Por estas razones, a modo de conclusión, y a la vez como “aviso a navegantes” para otros partidos o países con veleidades de abandonar la UE, como señalaban los citados Reinares y García-Calvo, la realidad es que “los ciudadanos británicos van a resultar más perjudicados y su aislamiento o la ilusión de recuperar, fuera de la UE, una soberanía sobre su seguridad nacional que nunca cedieron, no va a protegerles mejor de la amenaza yihadista del terrorismo global”. Ciertamente, estas frases parecen premonitorias de lo que pueden ser los negativos efectos colaterales que, también en el campo de la seguridad antiterrorista, van a suponer tanto para el futuro del Reino Unido como también para el conjunto de la UE, la aplicación del Brexit con todas sus consecuencias. En definitiva, con esta ruptura, todos salimos perdiendo.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 27 agosto 2017)

 

 

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27/08/2017 22:02 kyriathadassa Enlace permanente. Terrorismo No hay comentarios. Comentar.

LA LARGA SOMBRA DEL GENERAL MANUEL PIZARRO

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     Ante el creciente auge de la actividad guerrillera  en la provincia de Teruel, el general Franco nombró, por  Decreto de 17 de julio de 1947, Gobernador Civil de la misma al general de la Guardia Civil Manuel Pizarro Cenjor con el mandato expreso de acabar con el maquis, al igual que ya había hecho antes dicho militar en las provincias de León y Granada. De este modo, Pizarro asumió plenos poderes civiles y militares ya que, además de Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento, cargo que ocupó hasta 1954, era también Jefe de la V Región de la Guardia Civil.

     Manuel Pizarro, estrecho colaborador del Franco, razón por la cual se vanagloriaba de ser de los pocos que podían llamar con familiaridad  (y en su presencia) “Paco” al dictador, tuvo un carácter duro, autoritario e implacable. Recuerdo que me contaron que, en cierta ocasión, Pizarro ordenó a un funcionario de un municipio de la sierra de Cucalón que se comiese en su presencia un ejemplar del Boletín Oficial de la Provincia como castigo por haber incumplido una disposición del general-gobernador allí publicada.

     Pero mucho mas duro fue Pizarro en la lucha contra el maquis. Unos meses antes de su nombramiento como Gobernador de Teruel, el régimen había aprobado el Decreto-Ley de Represión del Bandidaje y del Terrorismo (18-IV-1947) y una Circular de la Dirección General de Seguridad (11-III-1947) prohibía expresamente utilizar el término de “guerrilla” o “guerrillero”, ordenando que se emplease el de “bandolerismo” o “bandolero”. Estas circunstancias van a ser utilizadas por Pizarro para, investido de plenos poderes, y tras militarizar todo el territorio provincial considerándolo “zona de guerra”, iniciar lo que Mercedes Yusta define como “una guerra personal contra el maquis”, a los que el general llamaba  despectivamente “forajidos”.

     Pizarro que, en su “cruzada” particular contó con el apoyo  de numerosos contingentes de la Guardia Civil, y, también de  la Policía Armada, voluntarios de Falange y somatenistas, intentó controlar los refugios naturales de la guerrilla en las serranías. Para ello, ordenó el desalojo de todas las masías para así cortar el apoyo y los suministros al maquis, utilizó nuevas tácticas de contraguerrilla (guardias disfrazados de maquis que roban y torturan indiscriminadamente) y de “tierra quemada” (quema de cosechas) para así minar los apoyos civiles al maquis. Igualmente, bajo su mandato se vivió una situación de auténtico terror entre la población sospechosa de simpatizar con la guerrilla utilizando métodos de enorme dureza: las palizas, los fusilamientos simulados para lograr confesiones, el envenenamiento de víveres o la implacable aplicación de represalias y de la fatídica “ley de fugas”, fueron frecuentes. Además, como testigos mudos de todo ello, ahí quedaron nuevas fosas comunes, como las existentes en Alcalá de la Selva, Mora, Monroyo, Civán y otros lugares de triste recuerdo.

     La ofensiva de Pizarro se inició el 9 de agosto de 1947 con el ataque, mediante un bombardeo con morteros y el posterior incendio del pinar en que se refugiaban, del campamento guerrillero de La Cerollera, en el que tenía su base de operaciones el Sector 17 de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA) al mando de Angel Fuertes (“Antonio”). Unos meses más tarde, el 18 de diciembre, la Guardia Civil asaltó el campamento del maquis en Monte Camarracho, cercano a Cabra de Mora y poco tiempo después el objetivo fue el campamento-escuela del Sector 11 del AGLA de Monte Rodeno, situado en el término de Tormón.

     Aunque en 1948 tuvo lugar la llamada “ofensiva de primavera” del AGLA, ésta se hallaba muy debilitada por la acción represiva de Pizarro. No obstante, el maquis mantuvo una cierta actividad hasta finales de 1949, fecha en la cual murió cerca de Alcañiz Pelegrín Pérez (“Ricardo”), máximo responsable del AGLA, y el 7 de noviembre era asaltado el importante campamento de Santa Cruz de Moya, localidad conquense convertida en la actualidad en un auténtico memorial de la lucha guerrillera antifranquista.

     Por todo lo dicho, la larga y negra sombra del general-gobernador Pizarro quedó marcada a sangre y fuego en las tierras de Teruel. No obstante, ahora, 70 años después de aquellos trágicos hechos,  es de justicia recordar la memoria del maquis turolense, de aquellos tenaces combatientes antifranquistas, de todos los enlaces civiles que, en tan difíciles circunstancias apoyaron su lucha para intentar abrir nuevos horizontes de libertad y de progreso social para España. En este sentido, resulta esperanzador el hecho de que las instituciones aragonesas reactiven políticas públicas de la memoria: este es el caso de la futura Ley de Memoria Democrática impulsada desde el Gobierno de Aragón, la  concesión el pasado día 4 de julio por parte de la Diputación Provincial de Zaragoza de la Medalla de Oro de Santa Isabel de Portugal a las asociaciones memorialistas aragonesas, la recuperación de las subvenciones esta materia por parte tanto del Gobierno autonómico como por las diputaciones de Huesca y Zaragoza, o el futuro proyecto del Memorial por la Paz de Teruel. Ese es el camino a seguir por un  elemental sentido de justicia democrática.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 24 julio 2017)

 

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30/07/2017 18:38 kyriathadassa Enlace permanente. Historia Teruel No hay comentarios. Comentar.

EN MEMORIA DEL MAQUIS TUROLENSE

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     En la recuperación de la memoria histórica antifranquista, un capítulo importante fue el de la lucha guerrillera, el maquis, el cual tuvo su máxima actividad durante los años 1946-1947, también en Aragón, y de forma especial en las tierras turolenses, tanto es así que Eduardo Pons Prades en su libro Guerrillas españolas: 1936-1960,  destacaba el hecho de que la provincia de Teruel “fue sin lugar a dudas, una de las más guerrilleras de España. Tanto por la existencia de bases principales en todas sus zonas montañosas sin excepción como por la importancia de sus partidas y también por la duración del enfrentamiento guerrillas-fuerzas del orden”.

     Y así fue, pues el maquis turolense, partiendo de sus bases de operaciones en el Maestrazgo, Cuencas Mineras y Montes Universales, fueron diversas partidas guerrilleras las que actuaron a lo largo de toda la provincia. Este fue el caso de, entre otros, de “Espartaco”, una partida libertaria mandada por “Modesto”, un minero de Armillas, de la cual dependían otros grupos como los de “El Zagal” (un joven anarquista de Escucha), “El Macho” (Justiniano García) y “El Chaval” (Pedro Acosta), ambos libertarios y naturales de Utrillas, o el grupo de guerrilleros socialistas al mando de “El Soriano”. Otros dirigentes guerrilleros fueron “Rabós” y “Petrol” (José Ramia Ciprés), ambos de Aguaviva, “Paco el Serrano” (Francisco Serrano Iranzo) y su compañera “La Pastora” (Teresa Plá), los dos de Castellote, “El Pinchol” (Florencio Guillén), natural de Gúdar, “Jalisco”, “Pepito el de Mosqueruela”, el turolense “Delicado” o el grupo del anarquista alcañizano Paco Antolín. Cuando en 1947, momento álgido de la actividad del maquis en Aragón, la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA), bajo dirección del PCE, destacará la figura de “Ricardo” (Pelegrín Pérez), posiblemente el mejor dirigente del maquis de cuantos actuaron en tierras turolenses.

     La importancia del maquis en Teruel nos la ofrecen los mismos datos oficiales de la dictadura franquista a la que combatían. Según éstos,  se produjeron en la provincia las siguientes acciones: refriegas con las fuerzas del orden (73), muertos en la población civil (43), secuestros (27), sabotajes (57), golpes económicos (302), guerrilleros muertos (105), guerrilleros heridos (32), guerrilleros presos (67), guerrilleros entregados (10), enlaces de la guerrilla detenidos (812), fuerzas del orden muertos (12) y fuerzas del orden heridos (32). Como vemos, destaca el importante número de turolenses detenidos por colaborar con el maquis, así como los golpes económicos, a los que habría que añadir las multas a los delatores y confidentes de la policía. Entre los muertos, además de los maquis caídos, hay que añadir la ejecución de, además de algunos torturadores o colaboradores con las fuerzas represoras, a autoridades franquistas locales tales como los alcaldes de Villar del Cobo, El Cuervo, Tramacastiel o los casos del cabo de la Guardia Civil y el médico de Mas de las Matas. Estas acciones sólo sirvieron para desatar una violentísima represión, la cual, bajo el mandato del general de la Guardia Civil Manuel Pizarro Cenjor,  de triste recuerdo en las tierras turolenses, caracterizó a la lucha antiguerrillera por parte de las fuerzas del régimen franquista.

     Las principales acciones del maquis ocurridas durante 1947, el año de su mayor actividad,  hechos de los cuales ahora se cumplen siete décadas, fueron la voladura y descarrilamiento del ferrocarril Central de Aragón entre Barracas y Rubielos (7 mayo), el asalto al tren pagador en Caudé (julio), el ataque a dos camiones de la Guardia Civil que se dirigían desde la localidad conquense de Tragacete a Teruel (3 diciembre) el cual ocasionó 12 muertos y varios heridos y que generó una brutal represalia posterior por parte de las tropas a las órdenes del general Pizarro, o la ocupación temporal por parte del maquis de algunos pueblos como Sarrión, Foz Calanda o La Cerollera. En este última localidad, la ocupación tuvo lugar en una fecha tan simbólica como era el 18 de julio y allí, tras  desarmar al somatén local, se ordenó que se personase un vecino de cada casa en la plaza en donde, ante una pancarta en la que podía leerse “Campesinos: los guerrilleros de Levante te protegen”, se procedió a la quema de los retratos de Franco y José Antonio y a izar la bandera tricolor en el Ayuntamiento de La Cerollera. Posteriormente, se homenajeó en el cementerio a dos maquis muertos en un enfrentamiento con la Guardia Civil el pasado 14 de marzo,  y tras cantar el “Himno del Guerrillero” y disparar salvas de honor, los combatientes volvieron al monte.

     La actividad guerrillera no sólo se dejaba notar en el monte, en las masías y en los pequeños pueblos serranos, sino que también se extendía a poblaciones más grandes como era el caso de Alcañiz. En la ciudad bajoaragonesa, en donde existían núcleos clandestinos (y activos) de la CNT, la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas (ANFD) y de Juventudes Socialistas (JSE), se tiene constancia que en vísperas del 18 de julio se colgaron banderitas republicanas y el grupo “La Monegal”, tapadera de la CNT local, actuaba como enlace de la guerrilla de la zona. De hecho la desarticulación de la CNT, ANFD y JSE alcañizanas en agosto de 1947, al poco de ser nombrado Gobernador Civil de Teruel el general Pizarro, dio lugar a varios asesinatos, como el del grupo alcañizano de “El Bonito” en Civán, y más tarde los ocurridos en Monroyo, ambos en aplicación de la “ley de fugas” a presos republicanos, así como a la desarticulación de 3 campamentos guerrilleros, entre ellos, el existente en los montes de La Cerollera.

     Si bien 1947 fue el momento álgido de la guerrilla antifranquista en la provincia de Teruel, momento del cual ahora se cumple el 70º aniversario y por ello hoy lo recordamos, también es cierto que la llegada  en ese mismo año del general Manuel Pizarro Cenjor como nuevo Gobernador Civil de Teruel con plenos poderes políticos y militares, así como la implacable represión desatada por éste contra el maquis y sus apoyos, produjo al poco tiempo un cambio radical de la situación, tema éste al que nos referiremos posteriormente en otro artículo.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 9 julio 2017)

 

 

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10/07/2017 08:18 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

UN ASCENSOR (SOCIAL) AVERIADO

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   La crisis global ha causado un  preocupante aumento de la desigualdad social, situación que ha supuesto un deterioro de la cohesión interna en las sociedades que han sufrido el vendaval de los ajustes y recortes de todos conocidos. Esta situación resulta especialmente grave en España, uno de los países con mayores índices de desigualdad de la Unión Europea (UE). Así, según datos de Eurostat referidos a 2015, España en el 6º país con mayor desigualdad de los 28 de la UE, sólo por delante de Grecia, Letonia, Bulgaria, Rumanía y Lituania. Por su parte, la Encuesta de Condiciones de vida del Instituto Nacional de Estadística (INE) para el período 2010-2015 señala que la pérdida media de renta en España ha sido de un 21% entre las personas más pobres, lo cual es ejemplo patente del incremento de la pobreza relativa, esto es, de quienes (mal)viven con menos del 60% del ingreso de renta medio.

   Por otra parte, como denunciaba el Informe de Save the Children titulado Desheradados. Desigualdad infantil, igualdad de oportunidades y políticas pública en España (2017), asistimos a una  alarmante tendencia hacia el fin de lo que se conocía como la “movilidad social ascendente”, esto es, la aspiración personal por lograr una clase social y unos ingresos mayores que los que tuvieron nuestros padres, lo cual supone el final del sueño de que íbamos a vivir mejor que la generación precedente, mejor que nuestros padres y de que nuestros hijos vivirían mejor que nosotros.

    La movilidad social ascendente aumentó significativamente en España en el período histórico de la industrialización, coincidiendo con el proceso del éxodo del campo a la ciudad de importantes contingentes de población en busca de una vida mejor. Unido a ello, durante las últimas décadas, la educación en igualdad de oportunidades se había convertido en el principal ascensor social para las jóvenes generaciones, dado que permitió reducir otros muchos condicionantes que hasta entonces, especialmente en el caso de los hijos de la clase obrera, dificultaban la movilidad social ascendente.

    Pese a lo dicho, en la actualidad resulta obvio que las consecuencias de la crisis global han dañado seriamente este proceso y, por ello, se ha empezado a hablar de “movilidad descendente”, lo cual significa que los hijos tienen menos ingresos y un futuro más incierto  que el de sus padres. Prueba de ello es que al contrario que tiempo atrás, la Universidad ya no es un ascensor social puesto que los estudios universitarios ya no garantizan un mejor nivel de vida, de renta y de estatus social. Las razones que han averiado este ascensor social que serían varias:

 - en primer lugar, la tasa de sobrecualificación, esto es, el porcentaje de trabajadores en empleos que requieren menos cualificación de la adquirida, tasa que en España es de las mayores de Europa,  como lo prueba la multitud de titulados universitarios que, ante la escasa oferta de empleos idóneos a sus titulaciones, en caso de encontrar trabajo, éste se caracteriza por su escasa cualificación, sus precarias condiciones laborales (trabajos temporales y a tiempo parcial)  y, por ello, con bajos salarios.

 - en segundo lugar, hay que considerar la actual estructura del mercado laboral, en la cual la demanda se centra, sobre todo,  en empleos no cualificados. Por ello, el citado Informe de Save the Children critica duramente las políticas de empleo que priorizan sectores económicos como el turismo o la construcción, y no por la economía del conocimiento o la tecnología, lo cual limita las expectativas  de futuro de los niños y jóvenes, especialmente de los procedentes de los sectores sociales más desfavorecidos. A ello hay que añadir el elevado desempleo juvenil que hace de España el 2º país de la UE con mayor tasa, sólo por detrás de Grecia, ya que uno de cada dos jóvenes está desempleado y tiene, por ello, su futuro hipotecado.

 - en tercer lugar, el recorte de fondos que ha sufrido el sistema educativo español  (-12% entre 2010-2015), mucho mayor que el -3% aplicado por otros países de la UE. En este sentido, especialmente grave ha sido la reducción en la inversión en becas de estudios del -29% en el citado período, las cuales han sufrido, por ello, un recorte desproporcionado.

    Todo lo dicho parece presagiar, como advertía Save the Children,  “el fin de un determinado período histórico de España”, aquel que estuvo caracterizado por una amplia movilidad social ascendente, y se abre así un negro horizonte hacia un mundo en el cual “los sueños de la infancia más empobrecida no se cumplen nunca” y ello supone que, “sin expectativas realistas de poder vivir mejor, el esfuerzo individual no tiene sentido y la cohesión social se resiente significativamente”.

    Para reconducir la situación y, frente a los alegatos triunfalistas en materia de generación de empleo por parte del Gobierno de Rajoy, para reactivar la movilidad ascendente resulta esencial, como señala I. Marqués Perales, impulsar políticas públicas que promuevan un mayor peso de la economía del conocimiento y de la tecnología avanzada y, de este modo, “se limitaría  la apuesta por sectores económicos que no necesitan que nuestros hijos estudien ni se desarrollen tanto, como pueden ser la construcción y el turismo”.  Es necesario reivindicar, de nuevo, la educación como ascensor social y, para ello, frente a los despiadados recortes sufridos, el futuro debe orientarse hacia el aumento progresivo del gasto en educación hasta situarlo en la media de la OCDE y, además, proteger por ley este gasto, o mejor sería decir inversión educativa,  de futuros recortes presupuestarios. Y en este sentido, la equidad del sistema educativo pasa por una adecuada política de becas, que tan duramente sufrieron el hachazo de los recortes aplicados por las políticas conservadoras en estos últimos años. Sólo así volverá a funcionar de nuevo ese ascensor social ascendente que el neoliberalismo desearía ver siempre averiado como forma de perpetuar la desigualdad y el dominio de los poderosos.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 18 junio 2017)

 

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18/06/2017 12:52 kyriathadassa Enlace permanente. Economía global No hay comentarios. Comentar.

VLADIMIR PUTIN, ZAR DE TODAS LAS RUSIAS

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    Tras tres victorias electorales consecutivas, el poder político en Rusia tiene nombre y apellidos: Vladimir Putin. Aupado de la mano del partido Rusia Unida, que en las últimas elecciones de septiembre de 2016, obtuvo la mayoría absoluta en la Duma o parlamento  (343 escaños sobre 450), parece consolidarse en la Federación Rusa lo que Mira Milosevich-Juaristi define como “régimen autocrático de Putin” regida por la férrea mano del político ruso.

    Este proceso ha sido favorecido por varias circunstancias, entre ellas, una propagandística potenciación de la imagen del líder ruso cual si de un superhombre se tratara (recordemos que el Kremlin controla la mayor parte de los medios de comunicación), así como a la incapacidad de los partidos de la oposición  de capitalizar el descontento popular y enarbolar las banderas democráticas, a lo cual habría que añadir la apatía política de la mayoría de los ciudadanos (en las pasadas elecciones de 2016 sólo ejerció el derecho al voto el 47,81% del censo).

    Para situarnos debemos tener presente que el sistema pluripartidista ruso se articula en torno a la existencia de tres grupos de partidos: el oficialista Rusia Unida; la oposición “oficial” creada por el Kremlin para fingir una pluralidad política (por ejemplo, el partido Rusia Justa) y, finalmente, la oposición “no oficial” en la que figuran los grupos democráticos y liberales (Parnas,  Yábloko o Rusia Abierta) así como el Partido Comunista de la Federación Rusa.

    Tras el colapso de la URSS (1991) y el fracaso de la transición a la democracia, el ascenso político de Putin se vio favorecido por la evocación del pasado imperial de Rusia, así como por la creencia, vigente desde la época de la zarina Catalina II “La Grande”, ejemplo de “déspota ilustrada” del S. XVIII, de que sólo un fuerte poder central puede gobernar con éxito Rusia. Y así ha sido. Si la Constitución de 1993 otorgaba excesivos poderes al Presidente de la nueva Federación Rusa, en años posteriores se ha producido un mayor endurecimiento del control del sistema político. A modo de ejemplo, la Ley Electoral de 2002 ha sido modificada más de 900 veces, siempre en sentido restrictivo, o el hecho de que, tras las manifestaciones masivas contra el fraude electoral ocurrido en las legislativas de diciembre de 2011, el Kremlin impulsó varias leyes con objeto de legalizar la represión política, por ejemplo, la Ley de Manifestaciones, que permite multar a cualquier ciudadano por el simple hecho de manifestarse con 9.300 euros,  así como otras medidas tendentes a impedir que la oposición pueda competir en condiciones de igualdad con el todopoderoso y oficialista partido Rusia Unida.

    A lo dicho hay que añadir que toda autocracia que se precie se preocupa muy mucho en airear su obsesión enfermiza por la existencia de un enemigo interior o exterior. En este sentido, Putin ha utilizado con habilidad este recurso para neutralizar a los enemigos interiores de su “régimen”, esto es,  los sectores democráticos rusos y, sobre todo, contra los enemigos exteriores que, para Putin son Estados Unidos, Europa y el islamismo yihadista. De este modo ha logrado movilizar a las fuerzas conservadoras, a los partidarios de la “dominación estatal completa”, algo que suena a tintes dictatoriales, tanto de herencia zarista como del estalinismo. Para ello no ha dudado en enarbolar con fervoroso entusiasmo la bandera del nacionalismo étnico ruso para lo cual, además del apoyo de amplios sectores de la población, ha contado con la inestimable ayuda de la Iglesia Ortodoxa, fiel aliada de la política de Putin. De este modo,  el político ruso se ha rodeado de una aureola de “fervor patriótico” dado que su popularidad ha ido en aumento al recurrir a la vieja táctica del expansionismo territorial que, como en tiempos de los zares, ha servido para exaltar el nacionalismo ruso: así ha quedado patente con la anexión de Crimea (2014), el apoyo a los rebeldes pro-rusos de Ucrania y Moldavia, o con la intervención militar en Siria en apoyo del dictador Al-Assad. En consecuencia, la figura de Putin, como señalaba el citado Mira Milosevich, “sigue siendo un símbolo de perfecta unión entre la política exterior (encarnación de la nostalgia imperial de Rusia y la aspiración de recuperar el estatus de gran potencia) e interior (garante de la estabilidad económica y política)”.

     En contraste con el creciente poder de Putin se encuentra la existencia de una oposición, que el Kremlin califica despectivamente como “los ciudadanos enfadados”, débil e incapaz de capitalizar las protestas por el fraude electoral de 2011 y la difícil situación económica interna de Rusia. En este sentido, tampoco debemos olvidad que esa debilidad interna de la oposición democrática ha sido consecuencia del asesinato, de algunos de sus principales líderes como Boris Nemtsov o periodistas críticos como  Anna Politkóvskaya.

    A modo de conclusión, en la Rusia actual, el fortalecimiento del régimen autocrático de Putin, el nuevo Zar de todas las Rusias, se ha visto favorecido por el fracaso de la transición a la democracia en los años 90, lo cual generó en la Rusia post-soviética un auténtico caos económico y político. En consecuencia, muchos ciudadanos han antepuesto el orden y la seguridad que les ofrece Putin a la libertad individual  y a la consolidación de un sistema político  plenamente democrático. Por ello, la Rusia de Putin parece haber optado por una especie de “Estado Modernitario” definido por Josef Joffe como “el régimen autoritario que intenta introducir la modernización en el sistema económico y que se basa en el monopolio de la redistribución de los beneficios sociales y económicos”. Por ello, pese a la corrupción generalizada y la aguda crisis económica interna, la autocracia neozarista de Putin parece firmemente asentada en detrimento de la democracia y los derechos humanos.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 5 junio 2017)

 

 

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05/06/2017 08:11 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

POSTDEMOCRACIA

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     Tras una década  de estar empantanados en esta crisis global, ya nadie duda, excepción hecha de los pregoneros del fundamentalismo neoliberal, de que las medidas de austeridad que nos fueron impuestas no han generado un crecimiento económico saludable y, en cambio, han supuesto una imparable espiral de empobrecimiento y desigualdad social. Los hechos han demostrado que el neoliberalismo es incompatible con una sociedad justa, con la lucha contra la desigualdad y con el fortalecimiento de la ética y los valores democráticos. Nos hallamos,  pues, ante un sistema que divide a la sociedad en “excluidos” e “incluidos”, que se desentiende de los primeros  y aterroriza a los segundos, enfrentado además a ambos, con el único objeto de perpetuar y aumentar el poder y la riqueza de los privilegiados, de quienes se han enriquecido con la crisis. Tal es así que se ha  acuñado el término de “necropolítica”, la cual, como señala Clara Valverde, es la que aplica el capitalismo neoliberal a quienes no le son rentables, que ni producen ni consumen, y a los cuales se les deja, simplemente, morir en una sociedad sin alma ni corazón.

     Por ello, en estos tiempos de desconcierto, ante el embate neoliberal, en que todos los diques para contenerlo parecen haberse roto, con una concentración creciente de la riqueza en las capas sociales más adineradas, queda más patente que nunca que estos sectores, los poderosos de siempre, están logrando una mayor influencia política, lo cual ha neutralizado la capacidad reguladora de los Estados. Por ello, se habla de “mercadocracia”, e incluso de la “dictadura de los mercados” la cual impone sus intereses a los gobiernos, fomenta los monopolios y los oligopolios y que, con frecuencia,  se mueve sin ningún pudor en la ciénaga de la corrupción.

     Con este panorama como telón de fondo, estamos asistiendo a un evidente deterioro de la calidad democrática de nuestra sociedad. Así lo prueban el permanente incumplimiento de los programas y los compromisos electorales, a su claudicación ante los dogmas neoliberales, virus que siendo consustancial a los partidos de derechas, ha contaminado, también, a buena parte de la socialdemocracia, aquella que debiera de defender con más convicción y firmeza los ideales de la justicia social. Como señalaba Josep Ramoneda, “la crisis ha puesto en evidencia la impotencia de la política para poner límites a unos poderes económicos descontrolados, que ni siquiera guardan las formas”, lo cual nos está conduciendo a “una imparable degradación de la democracia, con una concentración del poder cada vez en menos manos” y, lo que es peor, a “una reducción de los ciudadanos al papel de figurantes”.

      Así las cosas, con la austeridad convertida en ideología, en dogma de fe para el control social y el demagógico discurso de la unidad para salir de la crisis encubriendo a los que la provocaron, ha empezado a hablarse  de que caminamos hacia una “postdemocracia”, esto es, una nueva fase del capitalismo despojado de las conquistas sociales del último siglo, un capitalismo más salvaje y despiadado. De este modo, tres serían las características esenciales de la postdemocracia: el secuestro de las instituciones del Estado por parte de las élites y los poderes económicos, la marginación de los ciudadanos de las decisiones políticas bajo la máscara de una democracia representativa que ahoga los cauces de participación activa y, también, la degradación del sistema democrático hasta convertirlo en una farsa participativa que sólo sirve para encubrir una progresiva concentración del poder. La consecuencia lógica de estas tres circunstancias es la desafección democrática, patente y creciente, todo un peligro dado que produce hastío hacia el sistema de partidos y las instituciones, desprestigia a éstas y fomenta la aparición de movimientos xenófobos, racistas o neofascistas.

     Frente a esta grave involución, la democracia, más allá de la representación política y el respeto a la regla de la mayoría, según el Premio Nobel de Economía Amartya Sen, implica “la protección de los derechos y libertades de los individuos, el acceso a las prestaciones sociales y al derecho de acceder a la información, así como participar activamente en la deliberación política”. Por ello, resulta urgente fortalecer la calidad democrática de nuestra sociedad antes de que sea demasiado tarde, apostando por el compromiso de la ciudadanía, evitando que se extienda  el “totalitarismo de la indiferencia”, interesante concepto acuñado por el ya citado filósofo Ramoneda.

     En el Informe de Oxfam Intermón titulado Crisis, desigualdad y pobreza (2012) ya se señalaban algunas propuestas para fortalecer nuestra calidad democrática entre ellas, garantizar la independencia y buen funcionamiento de los entes supervisores y reguladores del Estado, salvaguardar las libertades ciudadanas  sin leyes regresivas, fomentar la cultura como herramienta de transformación social, garantizar el acceso y calidad de la información, fomentar la democracia participativa (incluyendo referéndums obligatorios y vinculantes para temas de gran impacto social), impulsar los presupuestos participativos y potenciar la autogestión y el cooperativismo como formas de economía social, así como promover un sector financiero transparente sin olvidar, desde luego, combatir de forma inflexible la corrupción y acabar con la impunidad.

     Para evitar que el virus de la postdemocracia se extienda con el riesgo que ello supone, Oxfam Intermón  considera imprescindible hacer frente a las injusticias causadas por esta crisis, la cual tiene víctimas y culpables, una crisis en la que, hasta ahora,  los gobiernos claramente han decidido proteger a los culpables y hacer recaer  los costes sobre quienes la padecemos, manteniendo así prácticamente intactas  las ventajas de quienes  se han beneficiado del sistema que ha generado la crisis. En consecuencia, regenerar nuestra democracia requiere que los ciudadanos nos impliquemos para dar un golpe de timón a esta deriva que nos aboca a un dramático retroceso y apostar por un nuevo paradigma social más justo y equitativo. Nos va en ello el futuro.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 21 mayo 2017)

 

 

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22/05/2017 08:34 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

NEFASTOS EFECTOS DE LA GLOBALIZACIÓN

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   Vivimos momentos en que un vendaval involucionista invade el panorama internacional, con hechos tan preocupantes como la victoria electoral de Donald Trump en EE.UU:, del Brexit en el Reino Unido o del auge creciente del Front National (FN) en Francia o el de otros grupos afines en Holanda, Alemania o Austria. Además, esta ola reaccionaria coincide con el desplome de los partidos socialdemócratas y con una nueva izquierda que, pudiendo ser alternativa en un futuro próximo, se halla todavía en construcción.

    Para situarnos, debemos partir de la idea de que durante las últimas décadas existía un consenso generalizado por parte de los partidos del sistema (conservador, liberal y socialdemócrata) a favor de la apertura económica y la globalización. Pero, tras la crisis financiera global se produjo un creciente rechazo hacia las nefastas consecuencias de la globalización y, en consecuencia, los nuevos partidos emergentes de derechas empezaron a reivindicar la recuperación de la soberanía nacional que sentían haber perdido a manos de los mercados globales y de los organismos supranacionales, unido a su oposición a unas políticas migratorias que consideran demasiado permisivas y, en consecuencia, sus programas políticos se empezaron a llenar de mensajes proteccionistas, nacionalistas y xenófobos.

    Así las cosas, en un reciente estudio de Miguel Otero Iglesias y Fernando Steinberg, analizaban en profundidad las que consideraban cinco razones que explicarían el creciente apoyo que reciben los partidos y movimientos derechistas antiglobalización. En primer lugar, el declive económico de las clases medias. De este modo, la “revuelta populista” se alimenta de votantes de la clase media y la obrera, pues ambas han visto reducidos sus ingresos con la crisis, que están convencidos que el futuro de sus hijos será peor, un tema tan sensible y emocional que genera profundo malestar social. Estos grupos, que, según Branko Milanovic, son “los perdedores de la globalización”, son trabajadores que han perdido sus empleos por la competencia de los países con bajos salarios y que, en consecuencia, deciden optar por quienes les prometen protegerlos cerrando las fronteras nacionales a la competencia exterior. Los ejemplos son contundentes: muchos votantes del FN francés son antiguos socialistas y comunistas desencantados con la política económica de François Hollande o el hecho de que en las zonas en declive industrial del Reino Unido, los antiguos votantes laboristas hayan sido  entusiastas votantes a favor del Bréxit.

   En segundo lugar, la creciente xenofobia imperante en Occidente, que está captando a un importante sector del electorado que se van hacia la derecha por motivos identitarios y culturales. De este modo, el racismo y la xenofobia, que eran políticamente inaceptables desde la derrota de las potencias fascistas en la II Guerra Mundial, como señalan gráficamente Otero y Steinberg, “estarían saliendo del armario debido al impacto social y cultural causado por el aumento de la inmigración”. Ello explica el auge de Marine Le Pen en Francia o Víktor Orban en Hungría, que se erigen en defensores de la “identidad nacional” y de su cultura tradicional frente al multiculturalismo. A lo anterior se une el creciente temor en Occidente hacia los ataques del islamismo radical, lo cual sitúa el tema de la seguridad en el centro del debate político,  que tan demagógicamente es rentabilizado electoralmente por los partidos xenófobos y racistas. Surge así, una vez más, el dilema de garantizar la seguridad a cambio de renunciar a la libertad, y de ello es buen ejemplo Vladimir Putin, figura a la que tanto Trump como Le Pen dicen admirar.

    En tercer lugar, el impacto de las nuevas tecnologías, ya que la robotización y la inteligencia artificial que, si bien aumentan la productividad, también reducen el empleo, sobre todo en los casos de los trabajos de escasa cualificación. Ello ha producido en la clase obrera,  y también de la media, desconfianza y rechazo a estos grandes cambios tecnológicos, al igual que ocurrió con el movimiento ludista, contrario al maquinismo en los inicios de la revolución industrial. Todo ello ha generado un temor cierto a perder los empleos o a entrar en la nueva categoría de los llamados “trabajadores pobres”, aquellos a los que un empleo no les garantiza su subsistencia.

    En cuarto lugar, la crisis del Estado del Bienestar, con un sistema de pensiones cada vez más difícil de mantener, unido al deterioro, cuando no a la privatización de servicios públicos esenciales como la educación, la sanidad o de recursos tan vitales como la gestión del agua.

  Por último, en quinto lugar, el creciente desencanto hacia la democracia representativa, debida factores tales como el monopolio de la  política por una partitocracia que se turna en el poder y que da la imagen de estar a merced y al servicio de los grandes intereses económicos, lo que da la sensación de que la clase política no nos representa. Igualmente, existe la percepción cierta de que el actual sistema político y judicial beneficia a las élites y hace que los costes económicos de la crisis pesen exclusivamente sobre las espaldas de las clases medias y trabajadoras.

    Ante semejante panorama, los citados autores apuntan algunas propuestas para hacer frente a esta ola antiglobalizadora que está aupando a los partidos extremistas de derechas. En primer lugar, desarrollar mejores políticas de integración de los inmigrantes y refugiados, lo cual resulta clave en este sentido. Además, los gobiernos deberían tener el coraje de redistribuir mejor los enormes niveles de riqueza generados por la globalización, así como subrayar las ventajas de la diversidad y la multiculturalidad; preparar a la ciudadanía para el cambio tecnológico, garantizar la sostenibilidad del Estado de Bienestar y, por último, mejorar nuestra calidad democrática abriendo nuevos cauces que fomenten la participación ciudadana. Estas son algunas de las respuestas posibles para hacer frente a esta ola de demagogia reaccionaria y frenar la desigualdad y la xenofobia causada por la globalización, factores éstos que amenazan los cimientos de nuestra sociedad democrática.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 7 mayo 2017)

 

 

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07/05/2017 18:52 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

UNA MEMORIA ARCOIRIS

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    A lo largo de nuestra agitada historia, han pesado demasiados prejuicios, heredados de una ancestral mentalidad inquisitorial y cainita, los cuales nos han hecho difícil aceptar (y respetar) al diferente, bien fuera este judío, morisco, gitano, protestante, masón, liberal, demócrata o progresista de diversas tendencias…u homosexual, una cadena de siglos de intolerancia y discriminación que, cual si de una pesada losa se tratara, hemos ido arrastrando durante demasiado tiempo.

     El pasado 8 de abril, en el homenaje que anualmente organiza en el zaragozano Cementerio de Torrero la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón (ARMHA) en colaboración con el Ayuntamiento de Zaragoza en honor a las víctimas de la represión franquista, se dedicó en esta ocasión un recuerdo especial a quienes fueron represaliados por la dictadura como consecuencia de su orientación sexual, una memoria en arcoiris tan desconocida   como silenciada en ocasiones, razón por la cual hoy quisiera dedicarle unas líneas a este tema.

     Durante la dictadura franquista, al desprecio secular hacia las personas que por las orientaciones sexuales que se salían de las normas convencionales, se unió el hecho de que éstas tuvieron la condición de figura delictiva, estuvieron criminalizadas. Así consta en la reforma del 15 de julio de 1954 introducida en la famosa Ley de Vagos y Maleantes de 1933, razón por la cual se indica en ella que “podrán ser declarados en estado peligroso y sometidos a las medidas de seguridad”, además de los vagos habituales, “los homosexuales, rufianes y proxenetas” (art. 2º). También se señalaban en ella las tres medidas represivas que se debían de aplicar a estos colectivos: internamiento en un establecimiento de régimen de trabajo o colonias agrícolas “por tiempo indeterminado” hasta un máximo de 3 años, internamiento en un establecimiento de custodia (máximo, 5 años) o bien “aislamiento curativo en Casas de templanza, por tiempo absolutamente indeterminado”.

     El símbolo de la dureza represiva ejercida por el franquismo lo representó la Colonia Agraria Penitenciaria de Tefía, lugar inhóspito, olvidado y reseco de la isla de Fuerteventura a donde eran deportados los homosexuales y que funcionó entre 1954  y mediados de los años 60: allí, picando piedra, entre frecuentes apaleamientos y escasas raciones alimentarias, penaban estos deportados por lo que la dictadura consideraba “un vicio”. Tras el cierre de Tefía, en aplicación de la citada reforma de 1954,  los homosexuales seguirían siendo enviados a las cárceles, ésta vez a las llamadas “Galerías de Invertidos”, aislándolos del resto de los presos. Además de lo dicho, el ideario represivo se completaba con medidas tales como la prohibición expresa de que éstos, tras ser fichados policialmente como “homosexuales peligrosos”, residiesen en determinados lugares, además de la obligación de declarar su domicilio o la sumisión a la vigilancia de los delegados gubernativos.

     La Ley de Vagos y Maleantes estuvo en vigor hasta que fue reemplazada por la Ley 16/1979, de 4 de agosto, de Peligrosidad y Rehabilitación Social, la cual mantuvo las mismas ideas represivas que la legislación anterior. De este modo, entre 1970-1979, según la Asociación de Ex Presos Sociales, fueron internados 5.000 homosexuales en cárceles especializadas, concretamente en la de Badajoz,  para “pasivos” y en la de Huelva,  para “activos”. Tras cumplir sus penas de prisión se les aplicaba un destierro de 2 años. A su vez, la nueva ley pretendía “la rehabilitación de los que realicen actos de homosexualidad” y, para ello, contemplaba “el internamiento en un establecimiento de custodia o trabajo adecuado a la personalidad del sujeto peligroso” por un período no inferior a 4 meses ni superior a 4 años, o bien mediante el “internamiento en un establecimiento de reeducación” (art. 5º).

      La Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social sobrevivió al franquismo y estuvo en vigor hasta 1979, ya en período de legalidad democrática constitucional, por lo que se ha  calificado a todas las personas que fueron objeto de represión por causa de sus orientaciones sexuales como “los olvidados de la Transición”. No sería pues hasta que, durante el Gobierno de Rodríguez Zapatero,  se aprobó la Ley 13/2005, de 1 de julio, por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio, popularmente conocida como la Ley del Matrimonio Homosexual, cuando finalmente se hizo justicia para con el colectivo de gays y lesbianas, adquiriendo de este modo la plenitud de derechos cívicos  que les corresponden en nuestro sistema democrático.

    Aunque afortunadamente ya pasaron los viejos tiempos de persecución y desprecio, no han desaparecido por completo de nuestra sociedad actitudes homófonas que, aunque minoritarias, suponen, todavía, un poso de viejos prejuicios y nuevas demagogias, alentadas en ocasiones por los emergentes movimientos de la extrema derecha. Y no obstante, tal y como nos recuerdan los medios de comunicación, todavía es peor la situación que estos colectivos sufren en otros países como Rusia, Chechenia o en el conjunto de las zonas del mundo musulmán que se hallan bajo el yugo del fundamentalismo yihadista. Por todo ello, junto a la defensa de los valores de la memoria democrática, también es de justicia  recordar, como este año se hizo en el homenaje del Cementerio de Torrero,  la memoria de quienes sufrieron o siguen sufriendo cualquier tipo de discriminación y represión como consecuencia de su orientación sexual, quienes representan la tantas veces olvidada  memoria arcoiris.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en El Periódico de Aragón, 23 abril 2017)

 

 

 

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23/04/2017 17:43 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

8 DE ABRIL, DÍA INTERNACIONAL DEL PUEBLO GITANO

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     Desde que el I Congreso Internacional Gitano celebrado en Londres en 1971 acordase la celebración del 8 de abril como Día Internacional del Pueblo Gitano, se ha levantado con firmeza la bandera en defensa de la dignidad y las señas de identidad de la comunidad gitana, del pueblo romaní, como también es conocido, la minoría étnica más numerosa de la Unión Europea, con una cifra estimada en torno a los 12 millones de personas, y que desde hace  seis siglos  forma parte de la realidad histórica, social y cultural de nuestro continente.

      Lejos quedan sus orígenes en la región india del Punjab y su llegada a Europa a principios del s. XV, fechas por las que se fueron estableciendo en casi todos los países grupos de aquellas gentes de lengua extraña y vestimenta pintoresca a los que se les llamó “egipcianos”, término que más tarde derivaría en el actual de “gitanos”.

    Si en un primer momento fueron bien acogidos, no tardaron en aparecer prejuicios contra ellos por su modo de vida nómada,  sus prácticas de hechicería, así como perversas leyendas que los despreciaban por su piel oscura (en la época, equivalente a señal de inferioridad y maldad), así como otras que los consideraban “malditos” (se les suponía descendientes de Cam,  además de haber fabricado los clavos de la crucifixión de Cristo),  todo lo cual les fue condenando a la marginación por parte de las sociedades europeas en las que se habían ido asentando.

     En el caso de España, la historia del pueblo gitano fue azarosa. Los ejemplos de intolerancia y represión contra ellos fueron numerosos: desde la Pragmática Sanción de los Reyes Católicos de 1499, que los obligaba a sedentarizarse o de lo contrario, a sufrir penas de azotes, corte de orejas, expulsión, o esclavitud hasta la gran redada a Prisión General de los gitanos del 30 de julio de 1749, por la que Fernando VI  ordenó “prender a todos los gitanos avecindados en estos reinos, sin excepción de sexo, estado ni edad, sin reservar refugio alguno a que se hayan acogido”, los cuales no serían amnistiados por Carlos III hasta 14 años después, aunque algunos no se liberarían hasta 1783.

     La situación siguió siendo adversa para los gitanos en toda Europa a lo largo de los siglos XIX y XX: recordemos el exterminio de la comunidad gitana europea a manos del nazismo durante la II Guerra Mundial, tragedia conocida como “Porraimos”, (“catástrofe”, en lengua romaní), que supuso el asesinato de más de un millón de gitanos y que frecuentemente se ha convertido en un genocidio olvidado: a diferencia de lo que ocurrió con la comunidad judía y como señalaba Yves Ternon, ningún gitano fue llamado a testificar en los procesos de Nüremberg contra los criminales nazis y los supervivientes nunca fueron  indemnizados. Volviendo a España, debemos recordar también la célebre Ley de Vagos y Maleantes (1933), tan implacablemente aplicada por la Guardia Civil durante décadas y la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social (1970), que reemplazó a la anterior durante los últimos años de la dictadura franquista hasta su derogación en el período democrático, pues la Constitución de 1978 reconocía la igualdad jurídica de todos los españoles ante la ley y, consecuentemente, la prohibición de cualquier tipo de discriminación social por razones de raza, sexo, religión o condición social.

     Pese a los solemnes principios constitucionales, lo cierto es que la comunidad gitana, a pesar de ver reconocida la igualdad jurídica, sigue sumida en una desigualdad real que hace que, en excesivas ocasiones, se halle atrapada en las redes de la marginación económica y social.  Los problemas siguen siendo numerosos y complejos y deben de ser abordados desde diversas perspectivas para que la integración gitana sea una realidad por encima  de las frecuentes (y estériles) palabras y acciones bienintencionadas. No obstante,  existen rayos de esperanza como lo son la creciente pujanza del movimiento asociativo gitano y la implicación creciente de éste en la realidad social, aspectos en los que se han dado pasos muy significativos en defensa de la cultura y la dignidad del pueblo gitano. En el caso español, resulta muy destacable la labor desarrollada desde 1986 por la Unión Romaní, presidida por una persona tan prestigiosa como es Juan de Dios Ramírez Heredia.

     La participación de la comunidad gitana en la realidad política y social resulta cada vez más necesaria, no sólo como camino para su integración ciudadana plena, sino, también, para sensibilizar y hacer frente a los negros nubarrones de abiertas tendencias xenófobas y racistas que están apareciendo en diversos países de nuestra civilizada Unión Europea de la mano de partidos de la derecha conservadora y también bajo el impulso de determinados grupos fascistas emergentes que han convertido a los gitanos, junto con la comunidad judía y la población inmigrante,  en objetivo directo de sus incendiarias soflamas y de sus ataques violentos.

     Por ello, el 8 de abril, el Día Internacional del Pueblo Gitano,  resulta un buen momento para  conocer y valorar la cultura romaní, acabar con los prejuicios seculares que siguen arraigados para con la comunidad gitana, así como para reafirmar nuestra defensa de los valores de la tolerancia y la solidaridad. Estos son los verdaderos cimientos de una sociedad multicultural, ética y justa, de una sociedad que debemos ayudar a construir entre todos.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 8 abril 2017)

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10/04/2017 11:26 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

LA CITY DE LONDRES ANTE EL "BREXIT"

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    En vísperas de la celebración del referéndum del 23 de junio de 2016 sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea (UE), Miguel Otero Iglesias realizó un acertado análisis de las diversas posiciones existentes en la City londinense ante el brexit. Ahora, tras el triunfo de éste y su inminente activación por parte del Gobierno de Theresa May, dicho análisis retoma toda su actualidad.

    Para situarnos hay que  recordar que la City, esa máquina financiera de hacer dinero, alberga a 250 bancos internacionales, a 125 compañías de la UE, cuenta con 280.000 empleados, y en ella se genera el 10% del PIB y el 12% de los ingresos fiscales del Reino Unido. Además, la City es el principal centro financiero del euro dado que gestiona el 40% de las operaciones internacionales en esta moneda  lo cual le permite captar e invertir fondos libremente en toda la UE.

    La City ha mantenido su liderazgo financiero desde que, tras la batalla de Waterloo (1815), muchos bancos del continente se trasladaron a Londres, reemplazando así a Amsterdam como capital financiera mundial. Como la historia tiene sus ciclos, después de las dos guerras mundiales el Imperio Británico se fue descomponiendo y Londres dejó gradualmente de ser la capital financiera del mundo, puesto que pasó a ocupar Nueva York, convertida así en la sede del capitalismo global. No obstante, Londres siguió siendo un importante centro financiero internacional debido al llamado “Big Bang” impulsado por Margaret Thatcher en 1986 y que supuso la desregulación de muchas de las actividades de la City a la vez que permitía que las instituciones financieras fueran de propiedad totalmente extranjera, lo que supuso el desembarco en Londres  de grandes bancos de inversión americanos y europeos. En la actualidad la City compite y, en  muchos casos supera, a Nueva York como capital de las finanzas globales. Sin embargo, tras la crisis financiera de 2008, como señalaba David Kynaston, la City se ha convertido en “un monstruo indomable” y, hasta que no se regule su voraz especulación neoliberal, seguirá produciendo nuevas crisis debido a su falta de ética, al aumento alarmante de las actividades ilegales que allí se llevan a cabo y a su escandalosa manipulación de los tipos de cambio.

    Así las cosas, lo cierto es que la City no es homogénea pues en ella coexisten dos posiciones bien distintas ante el reto del brexit. Por un lado se halla su “alma conservadora”, los llamados “nativistas”, la de aquellos que rechazan a la UE y a Bruselas en quien ven “la capital de un creciente monstruo jerárquico y burocratizado” que quiere “colonizar” a Londres, a la que fue la capital del extenso y poderosos Imperio Británico y que, por ello, quieren liberarse del “yugo regulador” impuesto a la City por la UE tras la crisis financiera global de 2008. Estos “nativistas” son los pequeños corredores de bolsa  y de fondos de capital riesgo (hedge funds). Boris Johnson, el anterior alcalde de Londres y actual ministro de Asuntos Exteriores británico enarboló su bandera durante la campaña del referéndum al señalar que el brexit suponía la defensa del “pequeño capital británico  frente al gran capital global dominado por los americanos y asociado con Bruselas”.  De este modo, los “nativistas” tienen una visión nostálgica del Imperio Británico y piensan que la salida de la UE les ayudará a liberalizar la economía, algo en lo que ahora han encontrado el entusiasta apoyo de las soflamas demagógicas del presidente norteamericano Donald Trump. Estas añoranzas imperiales las reflejaban perfectamente las palabras de Crispin Odey, fundador del hedge fund Odey Asset Manangement, al afirmar  que “Europa nos está convirtiendo en una colonia y nosotros estamos acostumbrados a ser un imperio. No queremos seguir reglas que no hemos decidido”.

     Frente  a ellos, existe también en la City  un “alma liberal”, que tiene una visión de las finanzas más multinacional y cosmopolita, que es consciente de que, hoy por hoy, el poder político reside en Bruselas, en la capital de la UE y que el poder económico se halla en Franckfurt, en la sede del Banco Central Europeo. Por ello, consideran un grave error el que el Reino Unido se aísle al otro lado del Canal de la Mancha rompiendo con la UE bajo el espejismo de recuperar una soberanía económica británica en un mundo cada vez más globalizado y, por ello, piensan que el mercado único de servicios y la actividad financiera son cuestiones demasiado importantes como para desentenderse de ellas abandonando la UE.

    Tampoco debemos obviar las consecuencias económicas que tendrá el brexit en la City londinense. En primer lugar, la preocupación que este proceso genera en los grandes bancos y banqueros de inversión que allí operan, tanto americanos (JP Morgan, Bank of America o Goldman Sach) como europeos (Deutsche Bank o Santander). Otra consecuencia sería el posible traslado  de parte de la industria financiera de la City a Dublín: la elección de la capital irlandesa no es un detalle menor dado que, al hallarse en la misma franja horaria que Londres, permite a los inversores presenciar el cierre de las bolsas asiáticas, ver la evolución de toda la jornada en Europa y conocer el inicio de la sesión en Wall Street. Además, el brexit puede suponer una fragmentación del potente sector financiero que hoy se concentra en la capital británica y, por ello, además de Dublín, algunos bancos y empresas podrían decidir trasladar sus operaciones a otras bolsas europeas como París, Franckfurt, e incluso Madrid, o bien a otros lugares como Nueva York, Hong Kong o Singapur.

     Así las cosas, los grandes poderes económicos de la City son conscientes del riesgo cierto que significa abandonar la UE y, por ello, Londres debería asumir que, por encima de sus soflamas nacionalistas, va a iniciar un camino incierto y de consecuencias imprevisibles para su futuro. Veremos.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 26 marzo 2017)

 

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26/03/2017 18:37 kyriathadassa Enlace permanente. Economía global No hay comentarios. Comentar.

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