Facebook Twitter Google +1     Admin

DETRÁS DE UNOS OJOS SANGUINARIOS

20161127172541-serrano-suner.jpg

 

     Resulta indignante, el deliberado afán de la derecha por tergiversar diversos períodos y figuras de nuestra trágica historia reciente con un indisimulado afán exculpatorio. Si hace unos días Alonso García, vicepresidente de la Fundación Francisco Franco tenía la osadía de declarar que “el régimen de Franco sólo fusiló a 23.000 y no fue por capricho”, minimizando así la brutal represión cometida por el general genocida, una reciente serie televisiva titulada “Lo que esconden sus ojos”,  nos presenta a la figura de Ramón Serrano Suñer blanqueada de toda su responsabilidad como uno de los máximos responsables (e impulsores) de los crímenes del franquismo en la inmediata posguerra. Y es que Ramón Serrano Suñer, como los hechos históricos nos demuestran, fue algo más que un galán de penetrantes ojos azules, amante apasionado de la marquesa de Llanzol y, por ello, hay que conocer su verdadero rostro.

     Serrano Súñer estuvo vinculado a Zaragoza cuando, como joven abogado del Estado, fue destinado a la capital aragonesa. Allí conoció a Ramona Polo, cuñada del general Francisco Franco, por entonces director de la Academia General Militar, con la que se casaría, ceremonia en la que fueron sus testigos José Antonio Primo de Rivera, y el mismo Franco, lo cual nos indica ya la orientación política de Serrano Súñer. Y en Zaragoza, entraría en política, siendo diputado por esta provincia en las filas de la CEDA (1933-1936), evolucionando posteriormente hacia un ardoroso fascismo que le impulsó a conspirar activamente contra la República.

      Iniciada la guerra civil, logró llegar a Salamanca, poniéndose de inmediato a las órdenes de Franco, su cuñado, convertido ya por entonces “Generalísimo” de las fuerzas alzadas contra la legalidad republicana. Serrano Súñer, convertido ya en el “Cuñadísimo” del Caudillo, al amparo de éste fue acumulando un inmenso poder político que le convirtió en uno de los principales jerarcas del régimen franquista. Además de ser el redactor del Decreto de unificación que creó FET y de las JONS, el partido único de la dictadura de cuya Junta Política fue presidente, fue ministro del Interior (1938) y más tarde de Gobernación (tras la unión de Interior y Orden Público), cargos de los que fue el encargado de llevar a la práctica la implacable represión a la que fueron sometidos los republicanos  tanto en el interior de España como aquellos que se habían exiliado: gracias a sus buenas relaciones con el régimen de Vichy y el nazismo, logró que fueran entregados a las autoridades franquistas algunos destacados dirigentes republicanos que, como fue el caso de Julián Zugazagoitia, Joan Peiró o Lluís Companys, serían posteriormente fusilados. Recordemos además que, Serrano Súñer firmó un acuerdo de cooperación policial con la Alemania nazi cuando Himmler, el siniestro jefe de las SS hitlerianas, visitó Madrid en octubre de 1940: consecuencia del mismo, se inició la deportación de los republicanos españoles en los territorios ocupados por el Reich a los campos de exterminio nazis, especialmente al de Mauthausen. De este modo, en la entrevista que tuvo  con Hitler el 25 de septiembre de 1940, Serrano le dijo al Führer: “puede hacer con estos rojos lo que quiera porque la nueva patria no los considera españoles”: quedaba así sellado el dramático destino de millares de nuestros compatriotas. Manuel Leguineche recoge el testimonio de Antonio García Barón, un anarquista de Monzón superviviente de Mauthausen que corrobora esta idea al recoger las declaraciones del comandante Franz Ziereis, jefe nazi de dicho campo, quien antes de morir, “me dijo saber que los presos españoles estábamos allí por petición directa de Serrano Súñer a Hitler. El fue el que nos condenó a muerte”. Por todo ello merece el oprobio y el repudio en la historia y en la conciencia cívica de los españoles.

     Además de  artífice de la represión, Serrano Súñer, siendo ya ministro de Asuntos Exteriores, como germanófilo convencido que era, fue un decidido partidario de que la España franquista entrara en la II Guerra Mundial a lado de las potencias fascistas. Recordemos las entrevistas que, con tal motivo efectuó con los principales jerarcas nazis durante los meses de septiembre-octubre de 1940. En su encuentro con Hitler del 17 de septiembre, Serrano le expuso el programa imperialista de Falange, en el que el régimen franquista, a cambio de su apoyo militar al Eje, además de Gibraltar y el Marruecos francés, el Oranesado argelino, ampliaciones territoriales en Guinea y el Sahara, así como Andorra, el Rosellón y la Cerdaña, esto es, la Cataluña francesa. Aunque Franco se comprometió por escrito a entrar en la guerra (sin fecha concreta) en el Protocolo de Hendaya tras la entrevista de Hitler y el dictador español, lo cierto es que al final no lo hizo, pero, a cambio, la mano de Serrano Suñer fue la impulsora de la creación de la División Azul.

     El historiador Julián Casanova se hacía eco de su nefasta trayectoria política  en un excelente artículo titulado “Serrano Súñer y la sombra de la represión franquista” (El País, 12 septiembre 2003) con motivo del fallecimiento del político, cuya lectura resulta reveladora señalando cómo éste, pese a intentos exculpatorios posteriores, “estuvo allí, en primera línea, acumulando poder, en los años más duros, cuando más se humilló, torturó y asesinó, en el momento en que se puso en marcha el sistema represivo policial, con la Ley de Responsabilidades Políticas, la Ley de Seguridad del Estado y la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo. Defendió, con Franco, la rendición incondicional de los rojos, sitió fascinación por las potencias fascistas y odió a las democracias”.

     Por su parte,  Carlos Hernández, que define a Serrano Suñer como “el Himmler español”, considera que la  serie televisiva indicada, significa una “tergiversación histórica injustificable y un verdadero insulto para las víctimas de este carnicero”, dado que apenas se alude a la represión, seña de identidad inseparable de la actuación política llevada a cabo por Serrano Suñer durante 1938-1942. Esta es la verdadera historia que se esconde tras unos ojos sanguinarios, los de Serrano Suñer, aquel político fascista que, entre muchos títulos,  ostentó, entre 1938-2013,  el  de “Alcalde honorario de Zaragoza“.

 

José  Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 27 noviembre 2016)

 

 

Etiquetas: , , , , , , ,

27/11/2016 17:25 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

RECORDANDO A JUAN NEGRÍN LÓPEZ

20161113184306-negrin-60.jpg

 

     El 12 de noviembre de 1956, hace ahora 60 años, moría en París Juan Negrín López, una de las figuras políticas más relevantes y controvertidas de nuestra reciente historia. Criticado por unos e injustamente olvidado por otros, el “socialista silenciado”, como lo definió Ricardo Miralles, ha ido recuperando en estos últimos años el lugar que, como estadista y patriota, en justicia merece.

     Negrín fue un  brillante médico formado en las universidades alemanas Kiel y Leipzig y a los 22 años ya era catedrático de fisiología en la Universidad Central de Madrid. Discípulo de Ramón y Cajal y maestro a su vez de Severo Ochoa o Grande Covián, simboliza la vanguardia de la ciencia médica española del primer tercio del s. XX.

      Afiliado al PSOE en 1929, se integró en su ala centrista liderada por Indalecio Prieto y fue diputado entre 1931-1936. Durante la guerra de 1936-1939 tuvo un papel destacado: fue ministro de Hacienda en el Gobierno de Largo Caballero y  reemplazó a éste en la presidencia del Ejecutivo en mayo de 1937 desde donde desplegó toda su energía en defensa de la República. Por ello, el presidente Negrín se dedicó con tenacidad a lograr tres objetivos que consideraba vitales. En primer lugar, el  mantenimiento de la legalidad constitucional y el robustecimiento del Gobierno republicano. En segundo lugar,  impulsó una nueva política internacional, intentando que se levantara la No Intervención en la Sociedad de Naciones y así lograr el cambio de la posición británica, y, sobre todo, de Francia a favor de la República Española. Además, realizó una intensa labor diplomática personal durante la segunda mitad de 1938 con objeto de convencer a las potencias europeas de que apoyaran la mediación internacional para poner fin a la guerra.

     Su tercer objetivo era la resistencia militar a ultranza, idea ésta que le acercó al PCE y le alejó de Azaña y Prieto. Negrín era consciente de que no existía la más mínima posibilidad de negociar con Franco a menos que la República mantuviese una defensa militar firme y eficaz.  Pero, el creciente derrotismo de Prieto hizo que Negrín lo cesase, asumiendo él personalmente la dirección del Ministerio de Defensa. Conocido es su lema  "Resistir es vencer", puesto que, como decía el presidente Negrín, "Resistir, ¿por qué? Pues sencillamente porque sabíamos cuál sería el final de la capitulación". Y no se equivocó, puesto que la “resistencia estratégica” era crucial para lograr unas mínimas condiciones de paz. Sin embargo, tras la ofensiva sobre Aragón y la batalla del Ebro, estaba claro que Franco, convencido de su victoria militar,  no quería negociar nada,  sólo deseaba la rendición incondicional de la República. Tras la caída de Cataluña (febrero 1939),  Negrín  aún pretendió resistir, al menos, en la zona Centro-Sur todavía bajo control del Gobierno leal, hasta que la guerra mundial, que ya se intuía, estallase y las democracias europeas unieran finalmente sus fuerzas a las de la exhausta República Española.

     Por si quedaba alguna duda sobre las  intenciones de Franco, el 9 de febrero de 1939, se promulgó la Ley de Responsabilidades Políticas, que con su ensañamiento represivo, suponía la negación absoluta de la última condición ofrecida por Negrín para lograr un alto el fuego: el que no hubiese represalias contra la población republicana derrotada. Este tema era una auténtica obsesión para Negrín quien ya el 7 de agosto de 1938 le escribió a Juan Simeón Vidarte: “La paz negociada, siempre, la rendición sin condiciones para que fusilen a medio millón de españoles, eso nunca”.

     Finalmente, la política de  resistencia de Negrín, tras el golpe de Casado (5 marzo 1939) se hundió  y la República, agotada, se rendía sin condiciones. La derrota, no trajo la paz, trajo la victoria militar que, cerrando todas las puertas a la reconciliación, desoyendo el mensaje de "paz, piedad y perdón" lanzado por Manuel Azaña, prolongó durante largos años la represión sobre los vencidos. Un detalle poco conocido es que, en los últimos instantes de la guerra, Negrín hizo saber a los representantes diplomáticos de Francia y Gran Bretaña, países que reconocieron al régimen  franquista el 28 de febrero de 1939, que se entregaría a los rebeldes para ser fusilado si, a cambio,   Franco aceptaba  salvar  la vida de la masa de civiles republicanos inocentes, ofrecimiento del que hizo caso omiso Franco, empeñado como estaba en llevar a cabo una represión masiva de los vencidos para, como señalaba Ángel Viñas, “romper de una vez para siempre, la espina dorsal de la izquierda española”.

    Negrín murió en el exilio, criticado y olvidado. Sobre la memoria del Presidente Negrín, aquel médico socialista que soñó con una España democrática y social, habían pesado un cúmulo de tendenciosas acusaciones y perversas calumnias procedentes tanto de los apologistas del franquismo, como del sector del PSOE afín a Prieto en un intento de ajustar cuentas y responsabilidades tras la amarga derrota de 1939. A ellos se unieron, en plena Guerra Fría, los que acusaron a Negrín de “procomunista” en un contexto en el cual tal calificativo era sinónimo de anatema político. Todas estas circunstancias ennegrecieron la figura y la memoria de Negrín, haciendo que una penumbra intencionada oscureciese su trayectoria política. Sin embargo, ha sido la labor de historiadores como Ricardo Miralles o Ángel Viñas quienes, desde el rigor metodológico, han logrado recuperado la figura de Negrín, como estadista y patriota, despojándola de acusaciones y mitos descalificadores carentes de toda veracidad histórica. Hoy, a los 60 años de su muerte, dignificar su memoria y  legado político es un acto de justicia democrática.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 12 noviembre 2016)

 

 

Etiquetas: , , , , , , , , ,

13/11/2016 18:43 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

SUENAN TRUMP-PETAS AMENAZANTES

20161024193047-caricatura-trump.jpg

 

     Las elecciones presidenciales del próximo 8 de noviembre en los EE.UU. va a tener innegables consecuencias en el ya de por sí agitado mapa de la política internacional, especialmente, en el supuesto caso de que Donald Trump, el multimillonario candidato del Partido Republicano, se convirtiera en el nuevo inquilino de la Casa Blanca

     Así las cosas, una ola de desconcierto y preocupación invade a una parte de la sociedad americana que todavía se pregunta cómo una figura tan polémica, imprevisible, demagoga y con una profunda ignorancia sobre el funcionamiento de las instituciones como es Trump pudiera hacerse con la presidencia de los EE.UU. Y es que “The Donald”, como es conocido este nuevo y peligroso histrión de la política, del que hace unos meses pocos imaginaban que se convertiría en candidato presidencial, ha sacudido el mapa político de los EE.UU. puesto que, como señalaba Carlota García Encina, “todos pensaban que en algún momento diría algo demasiado escandaloso, algo tan fuera de lugar que haría que la balanza dejara de serle favorable”. Y, sin embargo, Trump ha llegado hasta aquí, y eso es lo preocupante.

    Varias razones explicarían su nominación así como el apoyo electoral del “trumpismo”. En primer lugar, resultó decisivo su dominio absoluto sobre la cobertura mediática de su campaña hasta su elección como candidato, lo cual nos indica la creciente importancia del control de los medios de comunicación y la influencia de éstos a la hora de configurar (o modificar) el mapa político de un país. En segundo lugar, Trump parece haber captado el estado de ánimo de un importante sector de la sociedad americana que considera que los EE.UU. están perdiendo su hegemonía política y económica a nivel mundial. A esta sensación responde el lema de su campaña: “Hagamos a América grande de nuevo”. En este ambiente, como ocurre en otros lugares, es fácil que surjan demagogos populistas, de rancias ideas conservadoras, como es el caso de Trump.

     Por todo lo dicho, estamos asistiendo a un escoramiento todavía más a la derecha del electorado del Partido Republicano, en el que ha ido calando el “programa electoral” de Trump, el cual se articula ante lo que él considera sus tres preocupaciones esenciales: el terrorismo, la economía y la inmigración. Sobre el terrorismo y las cuestiones de seguridad, Trump, retomando el manido recurso al “enemigo exterior”, es partidario de una política internacional abiertamente belicista, con los graves riesgos para la paz mundial que ello comporta.

     En relación a la economía, Trump, cuya fortuna personal está estimada, según el Business Insider en 8.700 millones de $, a diferencia del partido al que dice representar, se opone al libre comercio, lo cual ha despertado los recelos del todopoderoso FMI. En consecuencia, aboga por modificar la política comercial de los EE.UU. desde posiciones proteccionistas con objeto de fortalecer la producción nacional y frenar la deslocalización globalizadora, ideas tras las cuales subyace un evidente temor a la expansión económica de China, hasta el punto de que Trump ha llegado a negar el cambio climático (como el primo de Rajoy), pues lo considera un “engaño” creado por China para hacer que la industria americana pierda competitividad. Es por ello que Trump, como nos advertía recientemente Joseph Stiglitz, está dispuesto, guiado por su impulso inconsciente y temerario, a lanzar a los EE.UU. a “una guerra comercial y a otros tipos de guerra”, toda una preocupante advertencia.

     Sobre la política migratoria, Trump parece olvidar que los EE.UU. es una nación de aluvión, surgida por la suma de migraciones diversas, tanto de Europa, África, el resto del continente americano y de Asia. Ese es el caso de Trump, cuya madre era escocesa y sus abuelos paternos procedían de Alemania. Sin embargo, sus más polémicas declaraciones tienen que ver con esta cuestión ya que desea que se construya un muro en la frontera de México (que tendría que pagar el país azteca), además de ser partidario de una política dura contra la inmigración ilegal así como pretender la prohibición temporal de la entrada de musulmanes en los EE.UU. De este modo, Trump quiere captar el voto de un sector del electorado que reacciona de forma visceral (y temerosa) ante el crecimiento de las minorías, especialmente la de origen latino, minoría emergente a la cual el multimillonario, con su procaz  xenofobia habitual, ha hecho que calificase a los inmigrantes mexicanos como “corruptos, delincuentes y violadores”.

     Pero también es cierto que el trumpismo cuenta con la frontal oposición de otra parte de la sociedad americana, como es el caso del electorado femenino, entre el cual el margen de rechazo hacia Trump se eleva hasta el 70%...y razones tiene dadas sus frecuentes actitudes y declaraciones plagadas de un repulsivo machismo. Lo mismo podemos decir de los votantes jóvenes de entre 18-24 años ante los cuales pierde por 25 puntos en relación a su rival Hillary Clinton y no digamos entre el electorado latino, como no podía ser de otra forma, donde Trump sólo recaba el 11% de apoyos, el porcentaje más bajo de un candidato presidencial republicano.

   Ante esta situación, es cierto que Hillary Clinton, la candidata del Partido Demócrata,  no entusiasma, pero Trump asusta, dentro y fuera de los EE.UU. por su oratoria incendiaria y por sus propuestas demagógicas y radicalmente derechistas. Como señalaba Barack Obama, en estas elecciones EE.UU. se juega la esencia misma de la democracia, atacada por el preocupante virus del trumpismo. Confiemos en que estas trump-petas amenazantes que resuenan en el horizonte, se disipen como un mal sueño el próximo 8 de noviembre, para bien de los EE.UU. y de la comunidad internacional en su conjunto.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 23 octubre 2016)

 

 

 

Etiquetas: , , ,

24/10/2016 19:30 kyriathadassa Enlace permanente. Política-EE.UU. No hay comentarios. Comentar.

DES-CIVILIZACIÓN

20161007084354-trump.jpg

 

     Vivimos tiempos confusos en este agitado inicio del s. XXI. Logros que creíamos permanentes están siendo laminados por el acoso a que está siendo sometido el Estado de Bienestar por parte de las políticas neoliberales; los conflictos armados,  el auge de los movimientos xenófobos, racistas o de inequívoco signo neofascista, así como el fanatismo yihadista suponen una seria amenaza para nuestras democracias. A todo ello se suma que los valores e ideales que dieron razón de ser a la Unión Europea parecen diluirse en un profundo océano de egoísmo e insolidaridad, el mismo en el que se hunden las esperanzas (y las vidas) de tantos inmigrantes que lo arriesgan todo para llegar a esta Europa cada vez más autista y hermética ante el sufrimiento de estas personas que huyen de sus países de origen por causa de la guerra o la miseria.

     Con este agitado y turbulento mar como telón de fondo, resultan interesantes las reflexiones del filósofo iraní Ramin Jahanbegloo, vicedecano del Centro Mahatma Ghandi para estudios sobre la Paz de la Universidad Global Jindal. Para este pensador estamos asistiendo a una pérdida del sentido de la civilización, del progreso humano, unido a una profunda desilusión de la humanidad derivada del auge creciente de la violencia y del fanatismo, unido a una crisis general del pensamiento, situación ésta que define como “des-civilización”. En este sentido, destaca cómo la capacidad de empatía ha sido durante siglos lo que ha permitido que la raza humana avanzase frenando su capacidad de generar violencia. Así, cuando se evidencia la desaparición de esa empatía en la sociedad actual, es cuando se produce un proceso de des-civilización. Por ello, este término no significa la ausencia de civilización, sino “un estado de civilización sin sentido ni reflexión”. De este modo, para Jahanbegloo “la des-civilización se da cuando sociedades o individuos pierden su autoestima ignorando o privándose de la capacidad de empatía como proceso de reconocimiento del otro. Contradice el proceso de civilización a través del cual la persona descubre la humanidad y afirma su propio ser como animal ético”.

     Llegados a este punto, el resultado resulta dramático pues parece como si se hubiesen apoderado de la historia los fanáticos de cada tiempo y lugar. Hoy podríamos recordar la negra sombra de los talibanes, de Al-Qaeda, Boko Haram o el Estado Islámico, como síntomas de este proceso de des-civilización. En el caso concreto del Estado Islámico, el ejemplo más patente de “una cultura de la muerte”, consecuencia de “la muerte de la cultura”, Jahanbegloo se lamenta del declive de la herencia del humanismo islamista heredera del pensamiento de Averroes, en la misma medida que, en nuestro ámbito cultural, resulta no menos evidente el olvido  de los ideales del humanismo europeo, acosado por los movimientos xenófobos y racistas y por el voraz individualismo insolidario y la demagogia de los populismos derechistas. De este modo, nuestro filósofo considera otro síntoma de la des-civilización el hecho de que surjan políticos emergentes tan peligrosos como Donald Trump, fenómeno político que considera, en el caso de los EE.UU., como “el resultado de esta crisis general del pensamiento y reflexión en nuestro mundo”. En consecuencia, la des-civilización es un fenómeno que tiene diversos perfiles, puesto que se trata de una cuestión con consecuencias sociales, políticas y culturales.

    Una de las causas que ha favorecido esta creciente y preocupante des-civilización ha sido el fracaso de las bienintencionadas políticas y proyectos que fomentan el multiculuralismo y la integración intercultural. Este hecho resulta evidente, por desgracia, en diferentes países: tomando por ejemplo a Francia, ésta no ha sido capaz de integrar a buena parte de la minoría musulmana en lo que se conoce como “los valores de la República” y ello ha traído consecuencias funestas que pasan desde el rechazo y la exclusión social, hasta el fomento del odio, antesala de la violencia. De este modo, cuando un joven musulmán nacido en Europa, bien sea en Francia, Bélgica, Alemania u cualquier otro país, se siente rechazado y excluido socialmente y es cuando, como por desgracia hemos comprobado, el Estado Islámico les proporciona los medios para su sangrienta venganza.

      Por ello, para acabar con todos estos síntomas de la des-civilización, para evitar que el odio y la violencia se impongan sobre la empatía y el fomento de una sociedad integradora, resulta vital retomar los valores de la civilización humanista, la que da razón de ser al progreso ético de la humanidad y ello pasa por, apostar decididamente por la multiculturalidad, por aceptar al diferente y asumir los valores que éste aporta a una auténtica convivencia respetuosa con la pluralidad, con una sociedad cada vez más mestiza social y culturalmente. El resolver de forma positiva el reto de la integración, evitando el rechazo, la exclusión y también la islamofobia, resulta vital para frenar esta ola de des-civilización que pretende anegarnos.

     Jahanbegloo, decidido pacifista, seguidor del pensamiento de Ghandi, y autor de obras tales como Elogio de la diversidad (2007) y La solidaridad de las diferencias (2010), considera que “no hay ningún problema más importante que la política de la venganza, y no hay respuesta más importante que la que se caracteriza por la idea de la no violencia”. Por ello, tolerancia, empatía, multiculturalidad y el retomar el espíritu de aquel sugerente proyecto que representa la injustamente minusvalorada Alianza de Civilizaciones, son el auténtico antídoto para frenar este peligroso proceso de des-civilización del cual nos advierte con lucidez el filósofo Ramin Jahanbegloo.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 2 octubre 2016)

 

 

 

 

Etiquetas: , , ,

07/10/2016 08:43 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

LUIS ROYO IBÁÑEZ, IN MEMORIAM

20160918174206-la-nueve.jpg

 

     El pasado 23 de agosto fallecía en el Hospital de Villejuif de Paris Luis Royo Ibáñez, el penúltimo superviviente de aquel mítico grupo de combatientes republicanos españoles encuadrados en la Novena Compañía de la Segunda División Blindada (2ª DB) del general Leclerc, la conocida como “La Nueve”, que tan destacado papel tuvo en los combates por la liberación de Paris  de la barbarie nazi el 24 de agosto de 1944. Ya sólo nos queda vivo el almeriense Rafael Gómez, el último miembro de los soldados republicanos españoles que formaron parte de La Nueve.

     Luis Royo, como relata Evelyn Mesquida en su excelente libro La Nueve. Los españoles que liberaron Paris (2015),  nació en Barcelona en 1920, hijo de padres aragoneses emigrados a Cataluña. Allí, siendo obrero de Artes Graficas afiliado a la UGT, durante la guerra de España formó parte de la “quinta del biberón” republicana, combatió en los frentes de Balaguer y en la batalla del Ebro, y alcanzó el grado de sargento. En febrero de 1939 cruzó la frontera francesa junto al medio millón de soldados y civiles republicanos ante la ocupación franquista de Cataluña. En Francia, tras pasar por el campo de Adge, se enroló en la Legión Extranjera.

      Iniciada ya la II Guerra Mundial, se unió a las Fueras Francesas Libres (FFL), con el que lucharía en los frentes de Libia y Túnez contra las tropas mussolinianas y contra el Afrika Korps de Rommel, destacando en el ataque al bastión nazi-fascista de la Linea Mareth (marzo 1943). Tras la formación de la 2ª DB en Marruecos (agosto 1943), los republicanos españoles  se agruparon en La Nueve, una de las unidades blindadas del Tercer Batallon, “la más veterana de todas las fuerzas de Leclerc y la más prestigiosa”, como recuerda Mesquida, compañía de la que de sus 160 componentes, 146 eran republicanos españoles, entre ellos, los aragoneses Antonio Navarro y el sargento-jefe Martin Bernal. Como decía Jorge Semprún, los republicanos españoles eran algo más que un puñado de hombres luchando contra el fascismo, puesto que “aportaron mucho a la lucha: su experiencia de combate y su preparación militar y política por lo que se caracterizaron por ser los más politizados, más enérgicos y más combativos”, lo cual quedaría demostrado repetidamente por los hechos.

     Acabada la campaña del norte de África con la derrota de las tropas germano-italianas, la 2ª DB fue enviada a Inglaterra (abril 1944), quedando integrada en el Tercer Ejército de los EE.UU. del general Patton. Posteriormente desembarcarían en la costa normanda (1 agosto 1944) donde La Nueve, como fuerza de choque de la 2ª DB, avanzó hacia Le Mans, Alençon y destacó en la batalla de Ecouché, una de las más duras de Normandía y una de las más importantes victorias de La Nueve contra los nazis, combate en el que murieron bastantes miembros  de la que ya era conocida como “la compañía española”. A partir de ese momento, la 2ª DB, lanzó sus fuerzas hacia Paris y, al atardecer del 24 de agosto, La Nueve llegó a la Plaza del Ayuntamiento parisino con sus blindados semiorugas renombrados como “Guadalajara”, “Teruel” o “Madrid”, este último conducido por Luis Royo, recibiendo los abrazos de los habitantes de la capital francesa, que descubrían, sorprendidos, que sus liberadores eran republicanos españoles. Al día siguiente, 25 de agosto, La Nueve asaltó el Hotel Meurice, donde el general von Choltitz, el gobernador militar alemán, rindió ante los españoles, la ciudad de Paris. Un día memorable fue el 26 de agosto en el cual, en un emotivo desfile, el general De Gaulle rindió honores a La Nueve, como reconocimiento a las primeras fuerzas militares que habían entrado en la capital. La Nueve, al mando de Amado Granell, y entre ellos, Luis Royo, lucían orgullosos en sus uniformes, además de la cruz de Lorena, símbolo de la Francia Libre, los colores de la tricolor bandera republicana española.

    Tras la liberación de Paris, La Nueve continuó combatiendo a los nazis en el Alto Marne, en Alsacia, ocupó Estrasburgo y, tras cruzar el Rhin y entrar en Alemania, su última batalla tuvo lugar en Berschtesgaden, « el nido del águila », el refugio alpino de Hitler. Allí acabó para ellos  la guerra y la epopeya de La Nueve: para entonces sólo quedaban con vida 16 de nuestros compatriotas, entre ellos, Luis Royo, el cual no obstante,  había sido herido en los combates de Vaxoncoult.

    Como señalaba Luis Royo, a modo de balance de su activa participación en la guerra, « la verdad es que nunca pensé que luchaba por liberar a Francia sino que estaba luchando por la libertad. Para nosotros aquella lucha significaba la continuación de la Guerra Civil contra el franquismo ». Y, la historia, a veces tan ingrata, hizo que su lucha heroica fuese ignorada de forma deliberada   durante años por la Francia gaullista, ocultando así la gesta, el sacrificio y la sangre derramada por los republicanos españoles, y en concreto por La Nueve y su papel clave en la liberación de Paris : los libros de texto oficiales ocultaron esta realidad histórica y ello fue debido a que De Gaulle, como señala de nuevo Mesquida, manipuló la historia presentando la liberación de Francia, y por supuesto de Paris, como obra de los mismos franceses, una mentira para despertar el sentimiento de orgullo nacional y, de paso, esconder una página negra de la historia gala cual fue colaboracionismo de una parte importante de la población francesa y del régimen pétainista de Vichy.

     No fue hasta bastantes años después cuando se empezó a hacer justicia : Luis Royo, como miembro de La Nueve, recibió en el 2004 el primer homenaje oficial de la alcaldía de Paris y del Gobierno español y en el 2005 la Legión de Honor de la Republica Francesa. El 24 de agosto de 2015, estando ya delicado de salud, no pudo asistir a la inauguración en las cercanías del Ayuntamiento parisino, de un parque en memoria de los combatientes de La Nueve con motivo del 80 aniversario de la liberación de Paris, promovido por Anne Hidalgo, su alcaldesa, nieta de republicanos españoles, y con la polémica presencia de los reyes Felipe VI y Letizia.

    Con la muerte de Luis Royo se nos ha ido  el penúltimo testigo de una  gesta heroica,  de la lucha de La Nueve contra el fascismo, de su lucha por la libertad de Europa, lo cual no debemos nunca olvidar en nuestra historia y memoria democrática.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 11 septiembre 2016)

 

 

Etiquetas: , , , , ,

18/09/2016 17:42 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

UNA GUERRA Y DOS DENOMINACIONES INAPROPIADAS

20160802084141-1936.jpg

     Mucho se ha hablado y escrito en estos pasados días con motivo del 80º aniversario del inicio de la guerra de 1936-1939, una tragedia colectiva que ha marcado la historia, la memoria y la conciencia de varias generaciones de españoles. Se han recordado personas y sucesos relacionados con este triste aniversario, algo que sigue siendo necesario, pues se trata de una deuda pendiente de nuestra democracia para con las víctimas del régimen genocida que fue el franquismo.

     Hoy quisiera recordar las reflexiones que Charles y Henry Farreny plantearon en su conferencia titulada «El uso de las denominaciones “Guerra Civil Española” y “nacionales”: examen crítico a través de las posguerras española y europea» que tuvo lugar el 4 de abril de 2014, organizada por el Seminario Complutense Historia, Cultura y Memoria, en colaboración con la Fundación Pablo Iglesias. Y es que, estas denominaciones tienen una innegable carga ideológica y, por ello, son partidarias, no son objetivas, algo que resulta necesario desvelar para poder hablar de estas cuestiones con exactitud, lo cual es un deber cívico, político y pedagógico. Se trata, pues, para dichos autores, de expresiones “insatisfactorias”, que han prosperado en la sociedad española dado que “los vencedores de la guerra y sus herederos han dominado fuertemente y marcado duramente la educación y la cultura tanto como la política”.

     En primer lugar, sobre la denominación “guerra civil”, resulta obvio que nuestra contienda lo fue si nos atenemos a la definición de la Real Academia Española de la Lengua (“la que tienen entre sí los habitantes de un mismo pueblo o nación”) pero, también resulta innegable que la presencia de numerosas fuerzas extranjeras la convirtió, desde el inicio, en una “guerra internacional”. Así lo evidencia la participación, en las filas de los rebeldes,  de 90.000 combatientes marroquíes de las tropas coloniales, 16.000 soldados de la Legión Cóndor hitleriana, los 120.000 italianos de la CTV enviados por Mussolini o los 20.000 viriatos que aportó la dictadura portuguesa de Oliveira de  Salazar, mientras que las fuerzas leales a la República contaron con  el apoyo de dos millares de asesores soviéticos y de los 35.000 brigadistas internacionales llegados de más de 50 países con objeto de combatir al fascismo. Por ello, como señalaba el historiador H. R. Southworth, “la guerra civil de España fue, desde la primera semana, una guerra internacional”. En consecuencia, la denominación “guerra civil” elude una parte importante de la realidad: la guerra desarrollada contra militares extranjeros en suelo español y, con ello, se oculta el importante papel de las tropas extranjeras nazi-fascistas para derrocar a la República, lo cual supone una “representación truncada de la realidad” por parte de los vencedores que, al enfatizar la dimensión fratricida de la guerra, pretendían, de forma intencionada, ocultar el carácter internacional de la misma.

     Además de lo dicho, en el extranjero, sobre todo en Francia, se divulgó la denominación “guerra civil” dado que ésta convenía a los partidarios de la No Intervención para justificarla, para disimular sus propias responsabilidades en la derrota de la República, esto es, el vergonzante abandono por parte de las democracias de la causa legítima de la República española acosada por los fascismos.

      Por lo que se refiere a la denominación “nacionales” o “nacionalistas”, tampoco caracterizan correctamente a los partidarios de la sublevación dado que, como hemos indicado, hubo muchos extranjeros que no eran “nacionales” (ciudadanos españoles) y resulta insuficiente a la hora de distinguir entre partidarios y adversarios del golpe militar pues olvida que la gran mayoría de los republicanos eran nacionales, esto es, ciudadanos de España, y tenían fuertes sentimientos patrióticos inspirados por los ideales de la libertad y la justicia social. Además, el uso intencionado de la denominación “nacionales” por parte del régimen y de la historiografía conservadora o filofascista les ha servido para encubrir los objetivos y actos antirrepublicanos de los rebeldes, razón por la cual, cuando éstos se llamaban en sus actos y proclamas “nacionales”, condición que negaban a los republicanos que también amaban a España, los facciosos no por ello eran “patriotas”, como se empeñaban en proclamar hasta  la saciedad, sino, simplemente, “enemigos de la democracia” republicana. Así, los defensores del término “nacionales” pretendían dar a los vencedores una “respetabilidad patriótica” a expensas de los republicanos a la vez que ocultaban los objetivos dictatoriales del franquismo. Además, en el extranjero, su empleo sirvió a los partidarios de la No Intervención para “ignorar” la política liberticida de inspiración fascista de los sublevados.

     Además de lo dicho, tampoco resulta adecuada la denominación “nacionalista” puesto que obvia el hecho de que amplios sectores políticos y sociales de Cataluña y Euskadi, que también defendieron la causa republicana,  se sentían “nacionalistas”, al margen del monopolio excluyente que de este término hicieron uso  los rebeldes.

    A modo de conclusión, las denominaciones “Guerra Civil Española” y “nacionales”, independientemente de sus orígenes, distorsionan la realidad histórica pues son ideológicamente tendenciosas. Pese a reconocer los autores que “la propaganda ha sido tan intensa durante tres generaciones que se ha vuelto difícil abandonar los términos tradicionales”, consideran que lo correcto sería reemplazar la denominación “Guerra Civil Española” por la de “Guerra de España de 1936 -1939” y la de “nacionales” por la de “antirrepublicanos”, “opositores a la República” y, por mi parte, también considero que serían de uso correcto otras alternativas como “sublevados”, “rebeldes”, “fascistas” o “liberticidas”. Por todo lo dicho, es necesario nombrar correctamente la guerra de España de 1936-1939 y a las fuerzas involucradas y por ello, es conveniente el uso de las denominaciones alternativas propuestas,  pues ellas, además de correctas, estimulan en pensamiento crítico de nuestro pasado traumático.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en El Periódico de Aragón, 2 agosto 2016)

 

 

Etiquetas: , , ,

02/08/2016 08:41 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

EL CENTENARIO DE "REBELDÍA"

20160710124521-andrade.jpg

 

     Verano de 1916. Mientras Europa se desangraba en plena I Guerra Mundial y España languidecía bajo la oligarquía política que sustentaba el trono de Alfonso XIII, el Bajo Aragón va a vivir un momento de fuerte agitación política. La causa fue la aparición en Alcañiz de un periódico, Rebeldía, que, debido a lo avanzado de sus ideas, convulsionará la tediosa vida de la comarca durante sus escasos tres meses de existencia, una comarca convertida desde la Restauración borbónica de 1874 en feudo electoral del Partido Conservador y, en concreto, de Rafael Andrade Navarrete, comarca sobre la que ejercerá una hegemonía absoluta desde 1896 hasta 1920, además de ocupar otros importantes cargos políticos como Director General de Bellas Artes y ministro de Instrucción Pública en el Gobierno conservador de Eduardo Dato de 1916.

    Rebeldía fue una interesante publicación fundada por un grupo de jóvenes vinculados al Partido Republicano Socialista Autónomo de Alcañiz, y que se caracterizó por difundir un mensaje radical  para su época. Su ideología, nítidamente republicana y en la que ya aparecían atisbos de ideas socialistas y libertarias, le hizo defender con tesón planteamientos tales como la democracia plena, que sólo era posible en un modelo político republicano, la emancipación proletaria, el pacifismo universal (recordemos que su existencia coincide con el fragor internacional de la I Guerra Mundial), la reforma agraria, el feminismo o un anticlericalismo combativo así como una frontal lucha contra el sistema oligárquico-caciquil que, personificado en la figura de Rafael Andrade, amo y señor de vidas y voluntades políticas, atenazaba al Bajo Aragón. Tan desigual combate contra los poderes políticos y económicos del momento explica por sí sólo la implacable represión de que sería objeto Rebeldía y, consecuentemente, su efímera existencia.

     Bajo la dirección de Augusto Lagunas Alemany, el primer número de Rebeldía apareció en Alcañiz el 2 de julio de 1916 con el propósito de llevar a cabo una profunda regeneración política, social, económica y cultural del Bajo Aragón, a la vez que dejaba claros los ideales, que eran: “el republicanismo autónomo, el Socialismo marxista, el Ateísmo a lo Nackens, la libertad de pensamiento, la Revolución, la libertad de cultos y el bienestar del proletariado”.

       En el ámbito político, Rebeldía defendió un proyecto de regeneración política que ineludiblemente pasaba por el establecimiento de la República democrática y por la extirpación de la plaga que el caciquismo imperante significaba. En cuestiones sociales, Rebeldía lanzó una campaña a favor de la emancipación proletaria y, por ello, se hizo eco de  reivindicaciones tales como la defensa de la jornada laboral de 8 horas, la demanda de sueldo fijo y de un porcentaje de los beneficios para los obreros fabriles, sin olvidar la exigencia de la igualdad salarial hombre-mujer, el fomento de las cooperativas de consumo o la conversión de los latifundios en parcelas familiares.

     Interesantes resultan también sus planteamientos nítidamente feministas. Por esta razón, Rebeldía contaba con una sección fija denominada “Feminario” escrita por Guadalupe Milián en la que se defendía la plena igualdad con el hombre en todos los ámbitos (intelectual, político, artístico y educativo), reivindica la figura de la escritora alcañizana Concepción Gimeno Gil de Flaquer, precursora del movimiento feminista hispano, labor a la cual se suman, también, los artículos firmados por Marina Subirana.

      Otra de las banderas de Rebeldía será una utópica defensa del pacifismo universal y, tras definir a las guerras como “un asesinato colectivo”, repudia el patrioterismo nacionalista, el cual, piensa, debía ser sustituido por el ideal que representaba la fraternidad universal, pidiendo que, “el nombre de la patria no se invoque nunca, el de la Humanidad, siempre”.

     Tan novedoso semanario divulgó también ideas regeneracionistas y, en la línea del pensamiento de Joaquín Costa, defiende los regadíos de la Cuenca del río Guadalope y reclama la construcción del pantano de Santolea puesto que “de los países sin agua huye asustada la civilización”. Otro aspecto importante fue su preocupación por fomentar la educación popular, considerada como un elemento liberador para transformar la injusta sociedad española de comienzos del S. XX. Por ello, dejó patente su defensa entusiasta de la figura de Francisco Ferrer Guardia, pedagogo libertario, fundador de la Escuela Moderna, asesinado tras los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona de 1909 y al que José Antich dedicaría  en el semanario un folletín por entregas titulado de “La Pedagogía de Francisco Ferrer”. No menos importancia tuvo en las páginas su anticlericalismo combativo,  pues consideraba a la Iglesia en su conjunto, y al clero local en particular, como soporte de un sistema político y social injusto cuya plasmación en el Bajo Aragón lo simbolizaba el odioso caciquismo andradista.

     Todo este impulso juvenil chocó frontalmente con la oligarquía conservadora del momento, la cual se empeñó a fondo para reprimir a tan combativa publicación. De este modo, Augusto Lagunas, su director, será encarcelado el 30 de julio acusado de “perturbador anarquista” y poco después lo sería por segunda vez hasta que el 18 de septiembre, tras una campaña de recogida de firmas alentada por los andradistas para expulsarlo de Alcañiz alegando que lanzaba “campañas de franco y brutal anarquismo”, la cuales estaban produciendo en la ciudad bajoaragonesa un “desquiciamiento social”, por lo que fue detenido por tercera y definitiva vez y trasladado a la cárcel de Teruel.

     Concluía así  la trayectoria de aquel semanario alcañizano que, en su breve vida, pretendió “republicanizar” y “socializar” el Bajo Aragón. Por todo ello, ahora, cuando se cumple el centenario de la aparición de Rebeldía, es de justicia recuperar su memoria de las ingratas sombras del olvido.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 10 julio 2016)

 

Etiquetas: , , , , , , ,

10/07/2016 12:45 kyriathadassa Enlace permanente. Historia Teruel No hay comentarios. Comentar.

PATRIOTEROS

20160620084857-patrioteros.jpg

 

     Contemplando el fervor desatado por la Selección Española de Fútbol, convertida en elemento aglutinante de esta España  diversa,  y dulce sedante de tantos problemas de nuestra sociedad, pienso que el nacionalismo español actual, tan lastrado por prejuicios de nuestro convulso pasado, parece sustentarse más emociones deportivas que en un verdadero sentimiento identitario en común.

     El nacionalismo español, que surgió en los primeros años del s. XIX coincidiendo con la Guerra de la Independencia como reafirmación contra el enemigo exterior, contra el francés, a la vez que se sentaban las bases del Estado liberal moderno. No obstante, la fuerte oposición de los sectores tradicionalistas motivó una constante pugna entre un nacionalismo de corte liberal-progresista y otro de signo conservador, creándose así el mito de “las dos Españas”, desgarro interno que el franquismo utilizaría en beneficio propio. De hecho, como señalan Sebastián Balfour y Alejandro Quiroga en su libro España reinventada (2007), la identidad unicultural impuesta por el régimen militar erosionó profundamente la legitimidad del nacionalismo español ya que el franquismo “contaminó los símbolos y el debate en torno a España de connotaciones totalitarias” y, con ello, “contribuyó decisivamente a desacreditar no sólo el nacionalismo español de cualquier tendencia, sino la misma idea de España”.

    Recuperada la democracia, la derecha posfranquista intentó lavar su pasado reivindicando el ideario regeneracionista  y así, los discursos de José María Aznar estaban trufados de citas de Costa, Unamuno, Ortega y hasta de Manuel Azaña de quien, obviando su republicanismo, era presentado como un político que “fomentó la cohesión nacional entre españoles”. A este mismo objeto respondía la defensa de la figura de Antonio Cánovas por parte del PP, obviando, no obstante, los perfiles negativos de este político conservador: su oposición frontal al sufragio universal, sus medidas represivas contra la clase trabajadora y el ser el principal arquitecto del sistema político corrupto sobre el que se asentó  la Restauración borbónica. Este nuevo enfoque de la derecha pretendía no sólo enlazar  el pensamiento conservador con la idea de progreso sino que, a la vez, trataba, según Balfour y Quiroga, de “desligar al PP de su asociación con el franquismo”, pretensión que la derecha democrática no lo ha logrado del todo como lo demuestra su tibia, cuando no hostil actitud ante el tema de la memoria histórica democrática.

    Este nacionalismo conservador tiene, además, un profundo autismo hacia la realidad plurinacional de España y, por ello, mantiene,  como ejes conductores, su afán de frenar los nacionalismos periféricos, sobre todo, ante el actual embate secesionista de Cataluña, así como su rechazo a las propuestas federalistas como forma idónea de articulación territorial. Además, defiende una visión tradicional de la historia de España articulada en torno a su concepción de una patria histórica intemporal, su rechazo al aporte de las minorías musulmanas y judías, su escasa actitud crítica hacia la dictadura franquista o su oposición a la laicidad del Estado.

    Pese a ello, el Proyecto Marca España (2001) tuvo por objetivos coordinar esfuerzos para construir una imagen de España en sintonía con las nuevas realidades económicas, sociales y culturales, un loable propósito  que ha quedado en entredicho como consecuencia de la devastación social causada contra nuestro tambaleante Estado de Bienestar y, también, por los corrosivos efectos de la corrupción que tanto ha desacreditado a España en el contexto internacional.

     Sin embargo, este remozado nacionalismo conservador sigue lastrado por el peso de su pasado. Como ejemplos recientes ahí tenemos  la presencia del expresidente Aznar en la Cumbre de las Azores (15 marzo 2003), preludio de la guerra de Irak, con la cual el dirigente conservador soñó con que España desempeñara en el mundo un papel más relevante del que le correspondía. De hecho, la posición ideológica de Aznar se basaba en un recuerdo de un pasado glorioso (y caduco) de España que aspiraba a renovar. Por ello, además de su alineamiento sumiso con la Administración Bush, latía su pretensión de tener un papel hegemónico en Iberoamérica: recordemos la actuación de Aznar durante frustrado golpe de Estado contra Hugo Chávez del 11 de abril de 2002 o la permanente hostilidad del Gobierno de Rajoy contra Venezuela. Estas actitudes, con cierto aire de imperialismo paternalista, hicieron afirmar al historiador Ángel Viñas que “la evocación de los lazos trasatlánticos” del aznarismo “contenía profundos ecos del franquismo”. Por otra parte, estas ensoñaciones nacionalistas no tuvieron ninguna recompensa, bien al contrario: el incondicional apoyo a la política belicista de Bush en Irak sería uno de los factores desencadenantes de los atentados del 11-M de 2004.

    En la actualidad, el nacionalismo conservador ha encontrado un engarce en los éxitos de nuestros deportistas y, en especial, en el caso de la Selección Española de Fútbol, de “la Roja”, a pesar de la aversión que este adjetivo tiene para la rancia derecha, a pesar de que un independentista catalán como Gerard Piqué meta goles con el combinado nacional. Y hablando de goles, qué decir de todos esos patrioteros que han dado  “pelotazos” millonarios con las recalificaciones urbanísticas o con la corrupción galopante, a esos que tienen sus cuentas “fuera de juego” escondidas en Suiza o Panamá. Son esos de los que Juan Manuel Aragüés decía: “¡Ay, los patriotas!. Los poderosos, sean de donde sean, sólo tiene una patria, su bolsillo. Pero luego hablarán mucho de la patria, o de los agravios nacionales y, cómo no, se envolverán en sus sacrosantas banderas”. Por ello, frente a tanto rancio nacionalismo, bueno es recordar el pensamiento ilustrado del s. XVIII según el cual la verdadera patria se halla en el lugar donde habita la libertad y, añadiríamos hoy, donde, además,  prevalece la justicia social. Esa si que es una bandera digna de ser defendida.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 19 junio 2016)

 

 

Etiquetas: , , ,

20/06/2016 08:48 kyriathadassa Enlace permanente. Política-España No hay comentarios. Comentar.

EL ESPECTRO DE CUELGAMUROS

20160524080411-cuelgamuros.jpg

 

La reciente sentencia del Juzgado nº 2 del San Lorenzo de El Escorial  para exhumar los restos de los hermanos bilbilitanos  Manuel y Antonio Lapeña Altabás  ha vuelto a poner de actualidad la historia del Valle de los Caídos, del espectro de Cuelgamuros, una exaltación ostentosa del franquismo, una pesada losa que sigue pesando sobre nuestra historia y memoria democrática.

El 1º de abril de 1940, cuando se cumplía un año del final de la guerra civil, el “día de la Victoria” en la terminología de la dictadura, tuvo lugar el acto inaugural de las obras de construcción del más tarde conocido como Valle de los Caídos. Ante los embajadores de la Alemania nazi, la Italia fascista y el Portugal salazarista, el general Franco detonó la primera carga de dinamita para perforar la roca granítica en lo alto del valle de Cuelgamuros, en las estribaciones de la Sierra de Guadarrama.

Desde su origen, este proyecto tuvo un claro significado político, cargado de ideología fascista como se refleja  en el Decreto de 1º de abril de 1940 por el que se disponía “se alcen Basílica, Monasterio y Cuartel de Juventudes” con objeto de “perpetuar la memoria de los caídos en nuestra Gloriosa Cruzada”, la cual debía perdurar en el tiempo razón por la cual  se pretendía que “las piedras que se levanten tengan la grandeza de los monumentos antiguos, que desafíen al tiempo y al olvido” y, de este modo, convertirse en “un templo grandioso de nuestros muertos en que por los siglos se ruegue por los que cayeron en el camino de Dios y de la Patria”.

El significado político e intemporal quedaba claro en la voluntad del régimen el cual se empeñó con ahínco en su pronta realización. Según Pedro Muguruza, el entonces Director General de Arquitectura  y responsable del proyecto, Franco tenía “vehementes deseos” de que las obras de la cripta, se terminasen  en el plazo de un año, para inaugurarla el 1º de abril de 1941, estimando que el resto del conjunto monumental se concluiría  en el transcurso de otros 5 años. Sin embargo, la magnitud del proyecto hizo que las obras  se prolongasen durante 20 años a pesar de que en ellas trabajaron,  un total de 20.000 obreros, muchos de ellos presos políticos republicanos, explotados como mano de obra esclava, como recordaba Julián Casanova,  por empresas como Banús, Huarte o Agromán. En consecuencia, el conjunto monumental  no se inauguraría hasta el 1º de abril de 1959, coincidiendo con el “XX aniversario de la Victoria”.

Por entonces se decidió trasladar a “la gran obra” los restos no sólo de los “héroes y mártires” del bando rebelde, sino también, los de soldados y civiles  a los que las autoridades franquistas calificaban como “rojos”. La razón de este cambio, ocurrida a mediados de la década de los años cincuenta, como señalaba Belén Moreno, se debió a un intento propagandístico del régimen de transmitir una falsa imagen de “reconciliación” para ganarse la simpatía de las democracias occidentales y, para ello, Cuelgamuros tenía que convertirse en un lugar que aceptase “caídos” sin distinción del bando en el que habían combatido. Así, en el Decreto-Ley de 23 de agosto de 1957 de creación de la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos se decía cínicamente que ésta pretendía impulsar “una política guiada por el más elevado sentido de unidad y hermandad”, una reconciliación que pretendía simbolizar “la robusta horizontalidad de los brazos de la cruz monumental que ampara por igual a todos los españoles”.

 El Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares conserva. algunas actas del Consejo de Obras del Monumento a los Caídos, creado en 1941 y que funcionó hasta 1967 en las que se recogen detalles sobre los traslados de los restos a dicho lugar. Así, sabemos que se encomendó a la Guardia Civil  realizar listados de los muertos y asesinados en las distintas localidades, así como “un informe referente a los deseos de los familiares” acerca del posible traslado de dichos restos a Cuelgamuros (Acta nº 85, 30 diciembre 1957). Esto último, si bien fue aplicado de forma escrupulosa para el caso de los muertos “nacionales”, (la familia de Calvo Sotelo se negó al traslado), la voluntad de los familiares de las víctimas republicanas nunca fue tenida en cuenta, nunca se pidió su autorización, ni tan siquiera fueron informados, por lo que el hecho de llevar sus restos a Cuelgamuros y enterrados donde en 1975 lo sería el dictador, como señalaba Baltasar Garzón, suponía para ellas “una nueva revictimización.

Por su parte, Camilo Alonso Vega, entonces ministro de la Gobernación, dictó diversas instrucciones de cómo debían de efectuarse los traslados de los restos, entre ellas, hasta las medidas de las cajas donde debían depositarse (60x30x30 cm. para los restos individuales identificados y 120x60x60 cm. para los restos colectivos sin posible identificación), a la vez que ordenaba se realizase un mapa por cada provincia en la que se debían de indicar todas las poblaciones con enterramientos y fosas así como el números de éstas. De este modo, los traslados contabilizados fueron 491, desde finales de 1958 hasta 1983. Según documentación oficial, el número de restos registrados sería de 33.833 personas, de ellos, 21.423 son víctimas identificadas y 12.410 pertenecen a personas desconocidas. Dichos datos, posiblemente incompletos, aluden a los restos procedentes de las provincias aragonesas: Huesca (532), Zaragoza (3.430) y Teruel (4.590). No obstante, a fecha de hoy, la situación de las galerías que los albergan es tan mala que la humedad ha deshecho las cajas que los ordenaban y los huesos se han mezclado haciendo difícil, casi imposible, su identificación, como advertía el antropólogo forense Francisco Etxeberría.

Por todo ello, a fecha de hoy resulta inaplazable contextualizar el  auténtico significado de Cuelgamuros,  limpiarlo de todo vestigio franquista para  convertirlo en un Lugar de la Memoria, lo  cual supone, por supuesto, la salida de la basílica de los cuerpos de Franco y José Antonio además de  arbitrar las medidas precisas para la exhumación e identificación de las víctimas que así lo deseen. Sólo así se disipará este espectro del pasado, por un elemental sentido de justicia democrática, y  por la reparación debida a la memoria de las víctimas del franquismo.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 24 mayo 2016)

 

 

Etiquetas: , , ,

24/05/2016 08:04 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

EL PENSAMIENTO DE ROVIRA I VIRGILI

20160508183508-rovira.jpg

 

     Resulta evidente el auge en estos últimos años del movimiento independentista en Cataluña, una opción política legítima y defendida por cauces democráticos que, no obstante supone un desgarro político y emocional, una desconexión, en  lo que ha sido una historia colectiva centenaria con relación al resto de España.

   El proceso tiene profundas raíces, variados motivos y razones, pero resulta evidente que ha recibido un impulso añadido como consecuencia de las torpezas y la ausencia de una respuesta alternativa y sugerente por parte de la derecha españolista. Así, durante el último gobierno del Partido Popular,  la abúlica pasividad de Rajoy con respecto a la cuestión catalana, no ha hecho sino agudizar la gravedad y magnitud del problema. El desafecto e incomprensión de esta vieja derecha hacia realidad de Cataluña ha sido tan constante como temerario. Desde aquellas oportunistas declaraciones de José María Aznar diciendo que “hablaba catalán en la intimidad”, al recurso de inconstitucionalidad presentado por el PP contra la reforma del Estatuto de Cataluña de 2006, a la falta de diálogo constructivo con la Generalitat o a los improperios vertidos contra alguien tampoco sospechoso de separatista como Albert Rivera el pasado 2 de marzo por hablar en catalán durante el frustrado debate de investidura del candidato Pedro Sánchez, todo ha sido un cúmulo de despropósitos que evidenciaban una nula voluntad por resolver de forma dialogada el embate soberanista.

    Así las cosas, bueno sería que nuestra clase política, especialmente el PP y el PSOE, releyeran las ideas que el político y escritor catalán Antoni Rovira i Virgili (1882-1949), formuló sobre este tema. Rovira, desde una perspectiva catalanista con un fuerte componente federalista dada la influencia que recibió del pensamiento de Francesc Pí i Margall, intentó unir ambos ideales en una sola causa como solución política idónea para lograr el armonioso engarce de Cataluña en el conjunto de una regenerada España, republicana y federal, la única forma de evitar el desgarro catalán.

     En consecuencia, el federalismo resulta una de las ideas básicas en el ideario de Rovira i Virgili, al cual define como “el régimen de libertad colectiva” y, por ello, resulta “incompatible con las unidades solemnes e intangibles” de los nacionalismos unitarios. Bien al contrario, y en ello la influencia de Pí emerge de nuevo,  el federalismo debe basarse en el libre “consentimiento de los pueblos que se unen”, esto es, en la idea del pactismo, en la voluntad libre y voluntaria de los pueblos a la hora de optar por un proyecto político y colectivo común. Por ello, diría Rovira que “Si los pueblos de la península quieren unirse y aceptan las condiciones de la unión, ésta nace libremente […] Un auténtico federal sólo puede querer la unión federativa de Cataluña y España si esa unión tiene el libre consentimiento de la mayoría de los catalanes”. A partir de estas palabras, una conclusión resulta obvia: para saber la voluntad de los catalanes, habrá que tener en cuenta su opinión, habrá que consultarles y ello implica el reconocimiento del derecho a decidir, una cuestión de elemental sentido democrático.

     Del pensamiento de Rovira diría Jaume Sobrequés que fue el político catalán que más reiteradamente se refirió al federalismo como la solución óptima para resolver el problema de la plurinacionalidad del Estado Español. Y es cierto puesto que Rovira, que nunca fue independentista, consideraba que el pacto entre los pueblos peninsulares evitaría la radicalización insolidaria que subyace tras todo movimiento secesionista.

     No es casualidad que la obra clave de Rovira lleve el título de Nacionalismo y federalismo (1917), escrita hace un siglo y que sin embargo resulta de plena actualidad. En ella nos recuerda  que todo movimiento nacionalista tiene dos opciones: la creación de un Estado independiente o la de ser parte de un Estado federal, pero  ambos casos implican la reivindicación del reconocimiento de su realidad nacional. En cuanto al tema de la división de competencias o soberanías entre los Estados federados y el Estado central, consideraba que todas la constituciones federalistas señalan las facultades del Estado Central y la que “no son atribuidas a este quedan a cargo de los Estados particulares”, tal y como ocurre en los casos de EE.UU., Suiza o Alemania.

     Otra obra esencial de Rovira, muy marcada por el contexto político del momento es Catalunya i la República (1931) en la cual se reafirma en que había llegado la hora del federalismo aunque el pragmatismo político del momento hizo que el nuevo modelo territorial republicano se quedase en un modesto proyecto autonomista. Pese a ello, Rovira defendía un federalismo potestativo, esto es, el que se debía ofrecer a todos los territorios peninsulares, pero que bajo ningún concepto debía ser impuesto dado que era consciente de la distinta intensidad del sentimiento identitario que existía entre las llamadas nacionalidades históricas y el resto de las regiones españolas.  A modo de conclusión, también válida en la actualidad, Rovira reafirmaba su convicción de que el federalismo era además de una opción más solidaria y progresista,  “la única alternativa válida al separatismo”.

      En conclusión, la vigencia del pensamiento de Rovira i Virgili supone una nítida reivindicación del modelo federal para España puesto que además suponía un camino de europeización y modernización de nuestra estructura territorial. Por estas razones, como señalaba Jaume Sobrequés, las ideas de Rovira i Virgili, “constituyen un buen material teórico y de reflexión política”. Un material y unas reflexiones de las que, esperemos, salga algún día una solución para el eterno problema de la articulación justa y pactada por la libre voluntad de las partes, del modelo territorial español, de estas viejas tierras  que en otros tiempos se llamaban “las Españas”, de esta realidad plurinacional nuestra que tanto les cuesta a algunos reconocer.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 8 mayo 2016)

 

 

Etiquetas: , , , , , , , ,

08/05/2016 18:35 kyriathadassa Enlace permanente. Política-España No hay comentarios. Comentar.

UN PACIFISTA LLAMADO EINSTEIN

20160417180154-einstein.jpg

 

     El 16 de abril de 1955, hace ahora 61 años, Albert Einstein, el más importante y popular científico de nuestro tiempo, sufría un aneurisma de aorta del cual fallecería dos días después. La memoria de Einstein, al cual dediqué un reciente artículo sobre su emotiva visita a Zaragoza en marzo de 1923, además de por su inteligencia fuera de lo común, resulta destacable desde otros muchos puntos de vista. Por ello, hoy quisiera recordar sus ideales pacifistas en medio de los convulsos años que jalonaron su vida.

    Nacido en 1879 en Ulm, en tiempos del  II Imperio Alemán en el seno de  una familia judía asimilada, nunca aceptó el agresivo militarismo germano de tan funestas consecuencias en la historia reciente de Europa.  De hecho, tras el estallido de la I Guerra Mundial en 1914, Einstein, por aquel entonces militante del Partido Democrático Alemán (DDP), ya dejó patente su antimilitarismo.

    Años después, durante el período de entreguerras en el cual la débil República alemana de Weimar se vio acosada por el imparable auge del nazismo, se fueron reafirmando estas ideas en el pensamiento del eminente científico que había obtenido el Premio Nobel de Física en 1921. De este modo, en su célebre discurso pronunciado en el Congreso de Estudiantes Alemanes para el Desarme de 1930, abogó de forma decidida por la supresión en todos los países del servicio militar obligatorio al cual consideraba como “el síntoma más vergonzoso de la falta de dignidad personal que padece hoy la humanidad”. Además, se mostró partidario del desarme total a la vez que instaba a los jóvenes alemanes a impulsar un pacifismo “que ataque activamente el armamentismo de los Estados”. En consecuencia, frente al auge de los fascismos, el antimilitarismo de Einstein le hace denostar los ejércitos  a los que define “el peor engendro que haya salido del espíritu de las masas” y como “una mancha de la civilización”, los cuales deberían desaparecer para garantizar la paz mundial.

     En su lucha contra el militarismo y las guerras, ya desde los años 30 destacará la responsabilidad moral de los científicos en el desarrollo de “instrumentos militares de destrucción masiva”, razón por la cual propuso la fundación de una Sociedad de Responsabilidad Social en la Ciencia. Además, en aquellos agitados años del período de entreguerras y de fascismos emergentes, el consolidar la paz mundial requería, según Einstein, la participación activa de la ciudadanía, “una responsabilidad moral que ningún hombre consciente puede dejar de lado”, a la vez que nos recordaba que “el sistema democrático y la conciencia activa de los ciudadanos deben de frenar los interesas de los grupos industriales armamentísticos”, algo fundamental pues,  como recientemente recordaba el Papa Francisco, poder frenar a quienes de forma perversa, activan los conflictos bélicos para lucrarse por medio de las industrias y los intereses armamentísticos.

    En 1932 Einstein participó en la Conferencia para el Desarme en la cual criticó duramente la ineficacia de la Sociedad de Naciones, algo que quedaría patente poco después tras el estallido de nuestra guerra civil en 1936,  a la vez que proponía limitar la soberanía de los Estados para que éstos se sometieran a las resoluciones de un Tribunal Internacional de Arbitraje y defendía, una vez más, el desarme ya que sin él “no habrá verdadera paz” advirtiendo que la continuación de la carrera armamentística “conducirá sin duda a nuevas catástrofes” y, ciertamente, así fue.

    Convertido Hitler en canciller de Alemania en 1933, Einstein, judío y antifascista, que calificaba al nazismo de “enfermedad psíquica de las masas”, decide abandonar su país natal y se exilia en los EE.UU.  A su vez, la rearmada Alemania nazi caminaba a paso firme hacia una nueva contienda de magnitudes planetarias: la II Guerra Mundial. Avistando la tormenta, Einstein,  en agosto de 1939, firmó la famosa carta dirigida al presidente Roosevelt instándole a incrementar las investigaciones del llamado Proyecto Manhattan en el que trabajaban ya, entre otros científicos Robert Oppenheimer y Enrico Fermi, para que los EE.UU. lograsen la bomba atómica antes de que lo hicieran los  nazis. Ello hizo que Einstein, pacifista convencido y admirador de Ghandi al que definió  como “el mayor genio político de nuestra historia”, tuvo que hacer frente a un profundo dilema moral y, aun siendo consciente del “horrendo peligro” que el arma nuclear significaba, reconoció que no le quedó otra salida pues la posibilidad de que los nazis, a los que consideraba como “enemigos de la humanidad”,  lograsen la bomba atómica antes con el Proyecto Uranio en el que trabajaban los científicos hitlerianos Otto Hahn y Lis Meitner, le empujó a dar el paso alegando el peligro cierto de que, como le escribió a Roosevelt, dada la mentalidad de los nazis, de disponer éstos de la bomba, “habrían consumado la destrucción y la esclavitud del resto del mundo”. Es por ello que Einstein ha sido considerado “el padre de la bomba atómica”, proyecto que  culminaría con el lanzamiento de sendos artefactos nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945.

   Esta decisión pesó siempre sobre su conciencia y, tras la derrota de los fascismos, el mundo entró en una nueva y convulsa etapa: la Guerra Fría entre EE.UU. y la URSS con la amenaza nuclear  entre las dos superpotencias como telón de fondo, algo que podía significar el riesgo cierto de la destrucción de nuestro planeta. Einstein, consciente de ello, en 1955, el año de su fallecimiento, impulsó el conocido como Manifiesto Russell-Einstein que instaba a los científicos a comprometerse en la desaparición de las armas nucleares. A modo de legado, la utopía pacifista de Einstein la resumía el célebre científico con estas palabras: “¡Ojalá que la conciencia y el buen sentido de los pueblos despierte, para llegar a un estadio de la civilización en la cual la guerra pase a ser sólo una inconcebible locura de los antepasados!”. Una utopía que sigue siendo un reto para la Humanidad.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 16 abril 2016)

 

 

 

 

Etiquetas: , , , , , ,

17/04/2016 18:01 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

LAS LÁGRIMAS DE EUROPA

20160327232451-brueselas.jpg



     En estos días en que la Unión Europea (UE) parece haber vendido su alma a Turquía al precio de su nefasta, inhumana e ilegal política ante la desesperada llegada de migrantes a su territorio huyendo de las tragedias que asolan sus países de origen, un nuevo y brutal atentado yihadista ha dejado su zarpazo de barbarie en Bruselas, en pleno corazón de Europa.
     Nuestra historia se ha construido sobre un pasado trágico (ahí está el recuerdo de las dos guerras mundiales que asolaron Europa en el pasado siglo XX), pero tras años de un decidido empeño de reconciliación y de construir un futuro en común, estos ideales se plasmaron en la actual UE, cimentada sobre los valores democráticos de la libertad, los derechos humanos y el progreso solidario, que la han convertido en un referente no sólo político, sino también ético para la comunidad internacional. Se habla de valores europeos, esos valores que han quedado en entredicho ante la insolidaridad, por no decir rechazo, de la UE ante la hecatombe humanitaria a la que estamos asistiendo. Y, por ello, hoy, en que la brutalidad yihadista nos plantea un auténtico conflicto global entre civilización frente a la barbarie, es cuando más necesario resulta reafirmar y defender nuestros valores, tan devaluados por muchos de nuestros dirigentes políticos.
     Este es un conflicto de muy difícil solución político-militar, máxime tras las intervenciones en Somalia, Irak, Libia o Afganistán, lanzadas bajo la bandera de combatir el terrorismo y que han dado, lugar a un mundo más inseguro, a una geopolítica más inestable. Y las consecuencias son obvias, entre ellas, la expansión global del yihadismo radical, tal y como refleja el libro de Eduardo Martín de Pozuelo, Jordi Bordas y Eduard Yitzhak que lleva el inequívoco título de Objetivo: Califato Universal. Claves para comprender el yihadismo (2015).
     Esta radicalización yihadista ha llegado al punto de que, de los 1.900 millones de musulmanes existentes en la actualidad en el mundo, se estima que unos 75 millones se consideran yihadistas o apoyan, de un modo u otro, la guerra santa, la yihad. Y una parte de ellos se hallan en la vieja Europa, son musulmanes de 2ª o 3ª generación, nacidos entre nosotros, que han sufrido un proceso de radicalización en mezquitas o redes sociales.
     Resulta una evidencia la creciente influencia de la tendencia del wahabismo saudita como impulsara de la tendencia más rigorista del Islam. De este modo, el dictatorial régimen de Arabia Saudí, ante cuyos crímenes y violaciones de los derechos humanos muchos gobiernos europeos, también España, pretenden ignorar para salvaguardar proyectos e inversiones millonarias, es el que impone a los imanes y financia las mezquitas de muchas ciudades europeas, desde que el determinados casos se lanzan soflamas incendiarias contra nuestros valores y modelo de sociedad libre y tolerante. De este modo, no deben extrañarnos casos como el del portavoz de la mezquita de La Haya el cual, tiempo atrás, se opuso a la Declaración Universal de los Derechos Humanos alegando que se trataba de “una fundación ajena a Dios”.
     Demás de las necesarias medidas policiales, de seguridad, debiéramos de analizar otros temas como es el de la educación. Así, por ejemplo, tras los atentados de París del pasado 13 de noviembre, como señalaba Federico Gaon, las autoridades francesas comenzaron a “poner la lupa en la educación que se imparte dentro de las escuelas musulmanas, hasta entonces ajenas al escrutinio del Estado”. En este sentido, la educación islámica que ofrecen determinados currículums escolares, por un cierto complejo a “no ofender”, de no ser tachados de islamófobos, no han favorecido una lectura más racional y crítica de las fuentes religiosas musulmanas. Otros ejemplos de esta voluntad de “no ofender” sería el caso de Alemania, donde el pasado año diversos diputados alemanes del lander de Baviera rechazaron la propuesta de que todos los alumnos de Secundaria visitasen lugares del holocausto nazi como parte del currículo escolar.
     Otra consideración es relativizar, lo que Federico Gaon considera un “mito”, el de que el radicalismo prospera entre los musulmanes europeos cuando el Estado falla en su labor integradora, “asumiendo axiomáticamente que el desempleo y la marginalización son el saldo de la mala planificación de las políticas públicas”, dado que, aún siendo cierto, habría otras razones que explicarían esta radicalización y que no responden a motivos socioeconómicos. En este sentido, estaría la búsqueda de un sentido nuevo a unas vidas que estos jóvenes musulmanes consideran frívolas y materialistas y que, por ello, les acerca a identificarse como mensajes radicales, totalitarios, imbuidos de aparente legitimidad religiosa, lo que con acierto José Luis Trasobares a calificado como “islamofascismo”. De este modo, Maajid Nawaz, un británico de ascendencia pakistaní, antes extremista islámico, ahora político liberal, recuerda que los terroristas nos provienen solamente de los barrios pobres, y apunta el dato de que un considerable número de yihadistas globales tienen formación universitaria como lo prueba el hecho de que, en el 2011, el 45 % de los condenados en Gran Bretaña por vínculos con Al-Queda, tenía estudios superiores. Y ahí tenemos el conocido ejemplo de Yihadi John (Mohammed Emwazi), el tristemente célebre verdugo de los rehenes occidentales del EI, que tenía el grado en Tecnología por la Universidad británica de Westminster.
     Ciertamente, la Vieja Europa, esa vieja dama azotada por los avatares de la historia, vive tiempos de incertidumbre. La sociedad europea es vulnerable frente al azote del terrorismo yihadista pero esa debilidad es, a la vez, nuestra fortaleza, porque defendemos valores, porque creemos en el respeto a la diversidad, porque somos herederos de los principios enarbolados por la Revolución francesa hace más de dos siglos de libertad, igualdad y fraternidad y que cimentan nuestra convivencia social. Esa es nuestra fuerza para hacer frente a la barbarie.

José Ramón Villanueva Herrero
(publicado en: El Periódico de Aragón, 27 de marzo de 2016)





Etiquetas: ,

27/03/2016 23:24 kyriathadassa Enlace permanente. Terrorismo No hay comentarios. Comentar.

ALBERT EINSTEIN EN ZARAGOZA

20160314125011-einstein.jpg

 

     En estas fechas en que ha sido noticia la comprobación de la existencia de las ondas gravitacionales, como predijo Albert Einstein en su Teoría General de la Relatividad, es buen momento para recordar la relación este científico, sin duda el más conocido y popular de los últimos tiempos, con la ciudad de Zaragoza.

    A principios de 1923 el sabio alemán realizó un viaje a España que le llevó, sucesivamente,  a Barcelona y Madrid. Al regreso de esta última, y por iniciativa del Jerónimo Vecino, físico de la Universidad zaragozana, Einstein,  el brillante Premio Nobel de Física de 1921,  accedió a desplazarse a ella para pronunciar dos conferencias en la Facultad de Medicina y Ciencias, actual Edifico Paraninfo, de la Universidad de Zaragoza, por las que cobró 575 pesetas por cada una de ellas,  además de otras 250 pesetas para gastos.

    La visita de Einstein, que tuvo lugar entre los días 12 y 14 de marzo, fue todo un acontecimiento que revolucionó la vida cultural de la capital aragonesa: de ella se hizo amplio eco  la prensa local (Heraldo de Aragón, El Noticiero, El Día)  y Thomas F. Glick, en su libro Einstein y los españoles. Ciencia y sociedad en la España de Entreguerras, le dedicó su capítulo 5º titulado “Einstein en Zaragoza”.

    Durante las 50 horas en que el eminente científico permaneció en la capital aragonesa, como recordaba Antón Castro, Einstein quedó gratamente impresionado por la gran acogida, tanto intelectual como afectiva, de que fue objeto. Por su parte,  Zaragoza se sintió muy honrada con la presencia del ilustre invitado y por ello,  Gonzalo Calamita aludió a la presencia de Einstein en la Universidad zaragozana como un “espléndido regalo científico” a la ciudad. Por aquel entonces Zaragoza era una capital provinciana, pero no era un yermo cultural: allí había dejado su impronta Ramón y Cajal y era destacable el trabajo científico que Antonio Gregorio de Rocasolano estaba llevando a cabo en su laboratorio de investigaciones bioquímicas, tema que interesó a Einstein, por lo que aprovecharía su estancia en la ciudad para visitarlo.

    De este modo, el lunes 12 de marzo de 1923, a las 6 de la tarde, a las dos horas escasas de su llegada a Zaragoza, Einstein pronunció en francés su primera conferencia que trató sobre su teoría de la relatividad. Con una expectación enorme y la sala abarrotada por escuchar al sabio, expuso sus teorías en un acto de gran relieve académico pues estuvo presidido por Ricardo Royo Villanova (rector de la Universidad), el general Mayandía (futuro ministro en la ya inminente dictadura del general Primo de Rivera), Gonzalo Calamita (decano de la Facultad de Medicina), Antonio Gregorio de Rocasolano y Manuel Lorenzo Pardo que clausuró el acto en su condición de Secretario de la Academia de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales de Zaragoza, entidad que aprovecharía la visita de Einstein para nombrarlo miembro de la misma y que, fundada el 27 de marzo de  1916, cumplirá en unos días su primer centenario.

     La segunda conferencia se celebró al día siguiente, el martes 13 de marzo, en el mismo lugar que la anterior y en esta ocasión trató sobre “La estructura del Espacio”. Durante ella Einstein realizo diversas ecuaciones y dibujos en una pizarra. Este hecho hizo que el rector Royo Villanova propusiese que dicha pizarra se conservase intacta, tal y como la dejó el eminente científico  “para que quede algo perenne y constante del paso de Einstein por la Universidad […] a fin de poder mostrarlos a las generaciones venideras, como reliquias de la fecha de hoy” (Heraldo de Aragón, 14 marzo 1923). Ignoro si la famosa pizarra se conserva en la actualidad.

    El elevado nivel científico de dichas  conferencias sólo era comprensible para un reducido número de personas, aunque no por ello mermaba la fascinación del auditorio por Einstein: como señalaba Antón Castro, el diario El Día dejó constancia de su “veneración admirada” por el sabio mientras que  otro testimonio, con noble sinceridad reconocía: “No lo entiendo, pero es una eminencia”.

    Por su parte, la comunidad científica agasajó al ilustre invitado con una comida en el Casino Mercantil. Le dio la bienvenida, con un discurso en alemán, el filólogo Domingo Miral y, en su respuesta, Einstein hizo una mención a su patria, a aquella República de Weimar que, tras la derrota alemana en la I Guerra Mundial, se debatía en una profunda crisis económica y social, señalando, como apuntaba El Noticiero, “su confianza de que se llegue a salvar la crisis de Alemania para hacer posible la urgentemente necesaria reconstitución de Europa”. Ciertamente, el clarividente científico erró en su vaticinio pues la crisis de Weimar, no sólo socavó la democracia alemana, sino que fue el fermento del nazismo, de aquella bestia parda, que, tras llegar al poder en 1933, obligaría a Einstein, judío y antifascista, a exiliarse en Estados Unidos.

    La estancia de Einstein en Zaragoza, sus 50 horas en la capital aragonesa, de la que partió el 14 de marzo, el día de su cumpleaños, en el tren rápido de la tarde con destino a Bilbao, fue todo un hito destacable y recordado en la vida social y cultural de la ciudad. De este modo, en la Memoria de la Academia de Ciencias de 1923, redactada por Lorenzo Pardo, el ilustre ingeniero dejó constancia de ello al indicar  que, “Para la comunidad científica la visita de Einstein fue realmente significativa. No sólo su presencia honró a la ciencia aragonesa, sino que, además, el nombre de Zaragoza se vincularía en lo sucesivo a su prestigio”. Ahora, 93 años después, aquella  visita  de Einstein sigue siendo un recuerdo que perdura en la historia de la ciudad y, desde luego, también,  en  la de la Universidad de Zaragoza.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 14 marzo 2016)

 

14/03/2016 12:50 kyriathadassa Enlace permanente. Cultura No hay comentarios. Comentar.

EL SUEÑO DE UN PACIFISTA

20160306155239-abie.jpg

 

 

 

    Todas las noticias que nos llegan de Oriente Medio están teñidas de sangre, odio y violencia: la guerra en Siria, la brutalidad del Estado Islámico en los territorios que domina, el eterno conflicto entre Israel y Palestina nos lo recuerdan cada día. Por ello, en estos tiempos de desesperanza se necesita, más que nunca, la luz que irradian el ejemplo y los ideales de determinadas personas. Este era el caso del pacifista israelí Abraham Jacob (“Abie”) Nathan (1927-2008).

    Nuestro protagonista había nacido en la ciudad iraní de Abadán, en el seno de una familia judía tradicional que más tarde se trasladaría a residir a Bombay, en la entonces India británica. Siendo un joven piloto de líneas aéreas, al estallar del guerra de Independencia de Israel en 1948, se unió a la defensa del joven Estado judío como piloto de combate en el frente de Galilea y participó en el bombardeo de  las aldeas árabes de Sa’sa y Tarshina, hecho éste que le provocó una profunda depresión y, ello hizo que, a partir de ese momento se convirtiese en un firme partidario del diálogo y la paz entre dos pueblos enfrentados: el palestino y el israelí.

    Años después, intentó poner en práctica las ideas pacifistas que había ido madurando gradualmente. Así, en 1965 se presentó como candidato al Knesset, el Parlamento de Israel con la promesa de intentar hablar de paz con Gamal Abdel Nasser, presidente de Egipto, y por aquel entonces principal enemigo de Israel. No salió elegido pero se reafirmó en que era necesario demostrar con su ejemplo que con el adversario se puede y se debe intentar dialogar. Fue por ello que el 28 de febrero de 1966 voló a Egipto en un avión pintado de blanco y en el que estaba escrita la palabra “paz” en hebreo, árabe e inglés. Nada consiguió pues, tras aterrizar en Port Said, se le negó la entrevista con Nasser y fue devuelto a Israel. Lo volvió a intentar al año siguiente con el mismo resultado infructuoso. Pese a estos fracasos y las burlas y críticas  de que fue objeto, Ben Gurión calificó la acción de Abie Nathan como “un acontecimiento de importancia moral y política, despertando respeto y no el ridículo” puesto que el vuelo a Egipto dio un nuevo rumbo a su vida y, a partir de entonces dedicó todas sus energías y recursos a lo que se convirtió en su razón de ser: el impulso del diálogo judeo-árabe, la promoción de la paz y la defensa de los derechos humanos.

     El hecho por el cual el compromiso pacifista de Abie es más conocido fue cuando, tras comprar un navío al que bautizó con el nombre de “Barco de la Paz”, instaló en él una emisora clandestina de radio que emitía desde aguas del Mediterráneo: había nacido “La Voz de la Paz”, cuya primera emisión tuvo lugar el 19 de mayo de 1973, unos meses antes del estallido de la guerra del Yom Kippur. Las emisiones del emblemático barco, anclado  en aguas internacionales, a 25 km. de la costa de Israel, fueron financiadas con la venta de las propiedades personales de Abie y con diversas donaciones internacionales, entre ellas de John Lennon, pues a ambos les unía un “Imagine” de la que debería ser un Oriente Medio en paz. Tal vez por este compromiso pacifista que siempre caracterizó a Lennon, éste tuvo prohibido durante años actuar en Israel.

    “La Voz de la Paz”, transmitió a lo largo de dos décadas, desde 1973 hasta 1993, sus emisiones para  todo el Oriente Medio (según la prensa inglesa tenía una audiencia de 23 millones de oyentes) y su programación, emitida durante las 24 horas del día, consistía en música (pop y rock) y, sobre todo, mensajes a favor de la paz, la concordia, la cooperación internacional. y temas de actualidad en hebreo y árabe. Los ingresos obtenidos por publicidad eran destinados a programas de ayuda humanitaria.

    Un rayo de esperanza para Abie  fue la firma del tratado de paz con Egipto (26 marzo 1979) pero no por ello cejó en su ideal pacifista y, coincidiendo con la guerra del Líbano de 1982, se entrevistó por primera vez  con Yasser Arafat, el carismático líder de la OLP, al igual que haría en un nuevo encuentro con el dirigente palestino refugiado en Túnez en septiembre de 1989. En ambas entrevistas, Abie intentó convencer a Arafat de la necesidad de que cesasen las acciones terroristas y que la OLP comenzase a negociar con Israel un acuerdo de paz. Este encuentro, que produjo una enorme polémica en la sociedad israelí, le supondría su detención al regreso a su país.

    A lo largo de sus campañas pacifistas, también realizó varias huelgas de hambre, entre ellas, la  de 1978, motivada por su rechazo a la construcción de asentamientos judíos en Cisjordania y Gaza,  o la que protagonizó en 1991 como protesta contra la ley israelí que prohibía reunirse con miembros de la OLP, por lo que fue condenado a 18 meses de cárcel. Curiosamente, estos hechos coincidieron con  la celebración de la Conferencia de Madrid (octubre 1991),  las primeras negociaciones directas  entre Israel y la OLP y en la que se empezó a vislumbrar una tenue esperanza de paz para tan enquistado conflicto.

    Tras los acuerdos de paz de Oslo de 1993, Abie decidió cesar las emisiones de “La Voz de la Paz” y el 28 de noviembre de ese año hundió simbólicamente el barco frente a las costas de Israel.  Sin embargo, desde entonces, tras los acontecimientos sangrientos que cada día tienen lugar, esta esperanza de paz justa y duradera parece haberse hundido más profundamente que aquel barco con el que Abie y Lennon soñaron empezar a imaginar la paz en el Próximo Oriente.

    Pese a sus fracasos, pese a su impulsiva ingenuidad, Abie fue un digno merecedor del Premio Nobel de la Paz, que nunca recibió. De Abie, al igual que Yossi Sarid, histórico dirigente de la izquierda israelí fallecido el pasado  4 de diciembre y cuya desaparición deja aún más huérfano si cabe al campo del pacifismo hebreo, nos queda su sueño pacifista y su quijotesco esfuerzo en defensa de los valores universales de la paz y la justicia como única forma de resolver los conflictos entre los pueblos enfrentados por el odio y la violencia.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 6 marzo 2016)

 

 

Etiquetas: , , , ,

06/03/2016 15:52 kyriathadassa Enlace permanente. Oriente Medio No hay comentarios. Comentar.

RECORDEMOS GURS

20160207192145-gurs-2.jpg

 

     La hecatombe humanitaria que supone la llegada de miles de inmigrantes a Europa en su desesperado intento de huir de las guerras y la represión que azotan sus países de origen, en su anhelo por construir un futuro, una nueva vida en esta Europa, tan próspera como en ocasiones insolidaria, nos trae a la memoria, inevitablemente, la historia de lo que supuso el exilio republicano español, aquel drama de derrota y sufrimiento, muchas de cuyas páginas se escribieron en tierras de Francia, como fue la historia del Campo de Gurs.

     Tras la caída de Cataluña en poder de las tropas franquistas en febrero de 1939, una marea humana de miles de republicanos españoles buscó refugio en Francia, donde nuestros compatriotas quedaron hacinados en improvisados campos en la costa del Rosellón como Argèles, Barcarès o Saint-Cyprien. Ante  la desastrosa situación sanitaria en la que se hallaban los exiliados allí retenidos, las autoridades francesas decidieron crear 6 nuevos “Campos de Acogida”, siendo uno de ellos el de Gurs, situado en este pequeño pueblo del Béarn, cercano a la frontera pirenaica aragonesa.

     El Campo de Gurs,  construido sobre una landa cenagosa estaba formado por 428 barracones de madera agrupados en 13 manzanas (“ilôts”). Cada barracón medía 24 x 6 m. y albergaba a 60 refugiados por lo que su capacidad total era de 18.500 internos, razón por la que, en 1939 se convirtió en la tercera mayor población del Departamento de Bajos Pirineos (actualmente, Pirineos Atlánticos) después de Pau, la capital, y de la ciudad de Bayona.

     Los primeros internados llegaron a Gurs en abril de 1939 y, durante ese año pasaron por él un total de 24.530 combatientes republicanos, cifra que el historiador Claude Laharie desglosa así: gudaris vascos (6.555), aviadores republicanos (5.397), brigadistas internacionales de 53 países distintos (6.808) y otros soldados republicanos (5.770), de ellos una buena parte de origen aragonés.

     Los “gursiens”, los internados en este campo, entre el barro y las alambradas, dada su condición de “rojos españoles”, fueron vistos con recelo y hostilidad por buena parte de la población bearnesa. No obstante,  en agosto-septiembre de 1939, la mayoría de los republicanos habían dejado Gurs por diversas razones: unos 6.000 fueron repatriados a España, donde la mayoría padecieron consejos de guerra, siendo ejecutados o condenados a largos años de cárcel.  Otros  encontraron trabajo en empresas y granjas del  Béarn pero, la mayor parte, tras estallar la guerra entre Francia y Alemania (3 septiembre 1939), se integraron en las Compagnies de Travalleurs Étrangères (CTE) como personal auxiliar para la realización de obras de fortificación. Otros muchos, se alistaron en el ejército francés para combatir al nazismo: tanto unos como otros, caerían prisioneros de las tropas hitlerianas tras la rápida ocupación de Francia, siendo deportados al campo de exterminio nazi de Mauthausen. Finalmente, otros  se integraron en el maquis: para estos guerrilleros la guerra mundial había empezado en realidad en 1936 y no cesaría hasta la caída del nazismo y de la dictadura franquista.

     Tras la rendición de Francia (22 junio 1940), el país galo fue dividido en una zona ocupada por Alemania y otra, llamada “zona libre”, en la que se estableció el régimen fascista de Vichy, aliado de los nazis y presidido por el mariscal Pétain. De este modo, Gurs pasó a depender de Vichy y se convirtió en un campo de prisioneros donde el régimen petainista internó a quienes consideraba la “anti-Francia”: resistentes, militantes de izquierda y judíos. Así, entre 1940-1943 pasaron por Gurs 18.185 judíos (entre ellos, la filósofa Hannah Arendt) y, de ellos, 3.907 fueron enviados al campo de exterminio de Auschwitz y, el resto, transferidos a otros campos para su posterior deportación.

     Tras la liberación del Béarn en agosto de 1944 y hasta su cierre definitivo en 1945, Gurs pasó a tener nuevos inquilinos pero esta vez eran prisioneros alemanes, colaboracionistas  y miembros del pronazi Partido Popular Francés (PPF).

    En la actualidad, Gurs es un Memorial nacional de la República Francesa en homenaje a las víctimas de las persecuciones racistas y antisemitas y de los crímenes contra la Humanidad cometidos por el régimen de Vichy. Emociona de forma especial la visita al cementerio judío de Gurs, donde 1.073 tumbas idénticas hermanan a todos los que allí sufrieron y murieron. En uno de sus lados, un memorial honra a los republicanos españoles y a los brigadistas internacionales de los cuales una lápida conmemorativa nos recuerda que, “Pagaron con su vida su combate por la libertad y la democracia”. Todas sus tumbas están adornadas con cintas tricolores y una flor, junto al silencioso respeto de los que las visitamos. Entre ellas, se hallan las de algunos aragoneses, como la del zaragozano Gregorio Luna Fernández o la del ansotano Francisco Pérez-Cativiela.

    Rememorando la historia  de Gurs, resulta muy oportuna la frase de Artur London cuando decía que “se recuerda para preparar un futuro más justo, más fraternal y sin guerras”. Ahora, cuando el germen de la xenofobia y el fascismo se incuba de nuevo en Europa, cuando el Frente Nacional amenaza los valores de la República Francesa, la memoria de Gurs y el recuerdo de tanto sufrimiento debe impulsarnos a ser más solidarios con quienes ahora, como ocurrió en 1939, se ven obligados a abandonar su país en busca de un futuro mejor. Gurs es un lugar que apela a nuestra memoria y a nuestra conciencia, al deber moral de recordar lo allí sucedido, especialmente a las jóvenes generaciones,  para inmunizarnos ante cualquier actitud intolerante, xenófoba o racista, las cuales, por desgracia, se están extendiendo peligrosamente en estos tiempos  de profunda crisis global.

     La lección y el recuerdo de Gurs, a un lado y otro del Pirineo, sigue siendo un legado moral que nos insta a evitar que surjan nuevas alambradas y odios que vuelvan a aprisionar y oprimir a cualquier persona por razones políticas, de raza, religión, condición social o económica.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en El Periódico de Aragón, 7 febrero 2016)

 

 

Etiquetas: , , , , ,

07/02/2016 19:21 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris