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EL ESPECTRO DEL REVISIONISMO HISTÓRICO

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     Las recientes declaraciones del dirigente de Vox Javier Ortega Smith vejatorias contra la memoria de “Las 13 rosas”, llenas de perverso cinismo, son un ejemplo más de esa extrema derecha arrogante que agita con descaro el espectro del revisionismo histórico para ofrecernos una visión sesgada y falsa de nuestra historia.

    El revisionismo histórico, siempre vinculado a posiciones políticas de la ultraderecha, se inició en la Europa de posguerra y se caracteriza por una visión exculpatoria de la que supuso el nazismo, así como por minimizar la magnitud criminal del Holocausto, cuya misma existencia llega incluso a poner en cuestión: recordemos, por ejemplo, cuando hace unos años Jean Marie Le Pen aludió a las cámaras de gas como una “anécdota” de la II Guerra Mundial sin mayor importancia.  

     En el caso de España, el revisionismo histórico, como señalaba Jordi García Soler, se caracteriza por una abierta reivindicación del franquismo. De este modo, algunos historiadores, o mejor sería decir pseudohistoriadores, pretenden presentar al franquismo como un régimen autoritario, que no dictatorial, ocultando así el carácter fascista del mismo, un maquillaje intencionado de la dictadura mediante el cual ocultar los lados más negros, perversos y represivos del franquismo en la línea de los planteamientos expuestos en su día por el sociólogo Juan Linz. En este sentido, esta imagen “dulcificada” del régimen enlazaría con la idea de “apacible placidez” con la que se refería al franquismo Jaime Mayor Oreja, o la tan aireada “paz de Franco” de la que sienten nostalgia los sectores de la ultraderecha emergente de Vox o los contenidos de la página web de la Fundación Nacional Francisco Franco, tan contrarios a los valores democráticos y constitucionales.

     Otra de las ideas motrices del revisionismo militante y combativo es la de la visceral descalificación de lo que supuso la lucha antifranquista llevada a cabo desde posiciones políticas progresistas y de izquierdas. Y no sólo eso, sino que desde este revisionismo del que repetidamente han hecho gala, entre otros,  Pío Moa, César Vidal o Ricardo de la Cierva, pretende, además, cargar la responsabilidad de la Guerra de España de 1936-1939 no en quienes fueron sus inductores, los rebeldes golpistas, sino quienes fueron leales a la República, de ahí su empeño en considerar el inicio de la contienda en octubre de 1934, y no en el golpe militar de julio de 1936 auspiciado por militares felones contra la legalidad constitucional de la II República. Obviamente, el tema de la implacable represión franquista,  el régimen de terror instaurado por los rebeldes y que se prolongaría no sólo durante la guerra sino durante las cuatro largas décadas de la dictadura,  no figura en las páginas y en las prioridades de los revisionistas y, cuando lo hace, se alude a ella de forma tan hiriente como ofensiva: Ortega Smith declaró el 12 de abril pasado en Collado de Segura (Alicante) que los fusilamientos a que fueron sometidos los antifranquistas se realizaron “con amor”, mientras que el general retirado Manuel Fernández-Monzón se refirió a que el régimen condenó a muerte “a aquellos que se lo merecían”, minimizando tanto el volumen de las víctimas que  cuantificó “en no más de 3.000”,  Sin comentarios.

     En consecuencia, el revisionismo histórico hispano se basa no sólo en la aludida descalificación global del antifranquismo progresista y de izquierdas, sino, también en esa imagen dulcificada del franquismo, en una banalización de la dictadura de claro signo ideológico, a la vez que obvia cualquier crítica a los sectores políticos, económicos, culturales, religiosos o sociales que dieron apoyo a la dictadura o que, como mínimo, fueron muy complacientes con el régimen y del cual se beneficiaron.

     En este sentido, el resurgir de este revisionismo histórico en España es, en cierta medida, consecuencia de un grave error de nuestra democracia ya que, la tan excesivamente alabada y casi sacralizada Transición de la dictadura a la democracia, se basó en una amnistía política y en un ejercicio colectivo de desmemoria y amnesia ya que, pese a haber muerto el dictador, mucho de lo que política y sociológicamente supuso la larga dictadura franquista siguió latente, y lo sigue estando, en nuestra democracia y ello explica la arrogancia de este revisionismo filofranquista, el cual entraña, además,  un grave riesgo de intoxicación ideológica y de ahí el papel que estos temas están cobrando, tras la irrupción de Vox, en el tablero político español, o como está quedando patente por las campañas tendentes a impedir la exhumación del general Franco del Valle de los Caídos, toda una provocación para nuestra democracia y para el correcto cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica.

     Este es el panorama que pretenden presentar los revisionistas y sus entusiastas partidarios de la ultraderecha, aficionados últimamente al empleo de un lenguaje cada vez más bronco y ofensivo. Y es que este revisionismo histórico, demostrada su nula voluntad para plantear un enfoque crítico, honesto y veraz de la historia, nos ofrece a cambio una visión tendenciosa y sectaria de la misma, en la línea de lo que el historiador Alberto Reig Tapia calificaba, con acierto y de forma despectiva, como “historietografía”, un espectro perverso que, como demócratas, debemos siempre rechazar.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 14 octubre 2019)

 

 

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14/10/2019 09:32 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

VUELVE LA "RECONQUISTA"

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     La impetuosa irrupción de Vox en el panorama político español ha supuesto el resurgir de una ultraderecha autoritaria, centralista, xenófoba, plagada de mensajes que creíamos superados tras cuatro décadas de democracia. Es por ello que el siempre lúcido Vicenç Navarro definía con acierto a Vox como un “partido de claras raíces franquistas, que está redefiniendo los parámetros de las derechas españolas” sobre todo, en dos aspectos claves: “un neoliberalismo sin tapujos” y “una defensa extrema y radical del Estado borbónico uninacional y radial” y, por ello, defensor de un nacionalismo españolista frontalmente hostil  hacia los nacionalismo periféricos, especialmente en el caso del catalán, lo cual ha propiciado, a su vez, la radicalización de éste último.

     Esta derecha intolerante que pretende apropiarse en exclusiva del concepto de España y de “lo español”, es incapaz de asimilar la realidad plurinacional hispana, así como la existencia de nuestra sociedad actual, cada vez más laica y multicultural. Los mensajes de Vox inquietan no sólo por su trasnochado (y peligroso) lenguaje, sino también por el eco que éstos tienen en sectores de la derecha sociológica de indisimuladas simpatías con el franquismo.

     En este contexto, el lenguaje se convierte en un arma política de agresión. Y, como ejemplo, ahí está el empleo por parte de Vox del concepto de “Reconquista”, una palabra de afiladas, el cual aparece con frecuencia en los mensajes de este paleoconservadurismo emergente. De este modo, cuando se alude a la “Reconquista” se está evocando, un largo período de luchas sangrientas que caracterizaron buena parte de la historia de España, no sólo por lo que a la Edad Media se refiere, sino, también, a épocas más recientes ya que el fascismo insurrecto en 1936 también pretendió “reconquistar” España a sangre y fuego a la que creían ver, supuestamente, apresada por las fuerzas de lo que ellos veían como la “anti España”: el laicismo republicano y el movimiento obrero. De hecho, el término de “Reconquista”, como señalaba Alejandro García Sanjuan, además de tener un claro sentido ideológico, se convierte en un “instrumento para transmitir ideas nacionalistas” ya que éste “es el pilar conceptual de la lectura nacionalcatólica de la historia de España”. Por todo ello, no son casuales los gestos que, con esta idea como telón de fondo ha evidenciado Vox, como por ejemplo el iniciar la pasada campaña a las elecciones generales del 28 de abril en un lugar de tanto simbolismo como es Covadonga.

    Tras este sesgo integrista, aquel que gritaba “¡Santiago y cierra España!”, estos mensajes de corte ultramontano, que algunos pretenden actualizar como “¡Santiago Abascal y cierra España!” laten también las posiciones islamófobas de Vox y su rechazo a la inmigración, Es por ello que resulta preocupante el demagógico empleo de la imagen de una supuesta “invasión” de España por parte de aquellos migrantes que, sumidos en la desesperación, huyendo de guerras varias y miserias diversas, arriban a nuestras costas. Parece pues que esta derecha extrema está afectada obsesivamente por lo que parecería ser un “síndrome 711”, en alusión a la invasión musulmana que tuvo lugar en dicho año, hechos éstos que, obviamente en absoluto resultan comparables.

     Y es que, tanto la derecha política como la historiografía conservadora española siempre han ignorado, cuando no despreciado, las aportaciones de las minorías musulmana y judía a la historia y la cultura hispana. Ejemplo de ello es la opinión del historiador Carlos Seco Serrano para quien la invasión del año 711 supuso “la pérdida de España”, la cual quedó, a partir de entonces, ocupada “por una raza y religión extranjera” y que, en rechazo de la misma, dio lugar, durante el espacio de ocho siglos, a la Reconquista cristiana, la cual, no lo olvidemos, trajo de la mano la Inquisición con lo que ello supuso: intolerancia religiosa, así como sufrimiento y muerte para infinidad de inocentes.

     El conservadurismo hispano se articuló desde siempre en torno a la contraposición entre lo que se entendía por las esencias políticas y religiosas de la “nación española” frente al “Islam”, idea que enlazaría con la tesis del “choque de civilizaciones” defendida por Huntington. De este modo, César Vidal aludía a “el otro” (musulmán o judío) frente al cual la España cristiana habría ido construyendo su identidad nacional. Esta corriente islamófoba de la derecha española que ahora retoma con renovados bríos Vox, tuvo un decidido abanderado en la figura de José María Aznar: ahí queda para la historia su discurso pronunciado en el Hudson Institute en septiembre de 2006 en el cual se lamentaba de que “ningún musulmán le había pedido perdón por haber invadido España durante ocho siglos”.

     La percepción del musulmán, del “moro” como “el otro”, como enemigo externo frente al cual se definía el “españolismo”, ha sido, como señalaban Sebastián Balfour y Alejandro Quiroga en su libro España reinventada: nación e identidad desde la transición (2007), “un elemento-clave del discurso castizo del nacionalismo español”, y esta es una imagen que se mantiene en la actualidad ya que, según dichos autores, “la idea de que España”, y no las Españas plurales y diversas, fue construida por los cristianos en su lucha contra los musulmanes perdura en la conciencia popular como “mito definitorio de la nación”.

     En la actualidad, la islamofobia, al igual que el tema de la supuesta “invasión” de inmigrantes, se ha convertido en temas recurrentes para las extremas derechas europeas, asuntos de los cuales ha tomado Vox buena nota, y le está reportando un cierto rédito electoral, lo cual resulta un peligroso riesgo para la convivencia democrática. Por todo ello, frente a los aires de una añorada “nueva Reconquista” que alienta Vox, de aires tan anacrónicos como reaccionarios, el camino más sensato y honesto, bien lo sabemos tras una historia tan agitada y trágica como es la de España, pasa por fomentar el respeto y la convivencia entre personas y culturas distintas, y ese es el mejor antídoto para hacer frente a cualquier síntoma de intolerancia xenófoba.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 30 septiembre 2019)

 

 

 

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30/09/2019 06:14 kyriathadassa Enlace permanente. Política-España No hay comentarios. Comentar.

BOLSONARO: UN TORNADO QUE DEVASTA BRASIL

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     Desde que el pasado 1 de enero accedió al poder de la República Federativa de Brasil el político ultraderechista Jair Bolsonaro, un tornado involucionista está socavando los cimientos de la democracia del país carioca. Bolsonaro, definido por Esther Solano Gallego como “líder populista con tendencias autoritarias”, ganó las elecciones presidenciales con una campaña demagógica centrada en el combate contra la corrupción, la seguridad ciudadana, el “antipetismo”, esto es, el ataque visceral a las políticas del Partido de los Trabajadores (PT) y la defensa de los valores familiares y religiosos. Durante su campaña, no dudó en recurrir a las noticias falsas (fake news) y a la desinformación, lo que, como señalaba la citada Esther Solano, hizo que dicha campaña fuera “sucia y altamente eficaz basada en la difamación”, echando por tierra “las formas clásicas de propaganda política”. Todo ello le produjo un considerable rédito electoral (casi 58 millones de votos) con los cuales no sólo ganó la presidencia del país, sino que el Partido Social Liberal (PSL), al cual pertenece, pasó a controlar el Congreso y algunos de los principales Estados federados brasileños. Desde entonces, ya nada es igual en Brasil, como está demostrando el peligroso tornado político en que se ha convertido Bolsonaro.

     En primer lugar, esta devastación tiene claros tintes antidemocráticos pues, como indicaban Víctor Teodoro y Kalil Suzeley, la principal novedad de su victoria es “la falta de compromiso con la democracia del candidato vencedor”. De hecho, ha dejado patente su simpatía con diversos regímenes dictatoriales como el de Pinochet, del cual afirmó que “si no fuera por él, Chile sería una Cuba”, o justificando la dictadura militar brasileña (1964-1985) elogiándola “como ejemplo de prosperidad económica y seguridad ciudadana”.  Además, el ex capitán Bolsonaro ha logrado un importante respaldo en el ámbito militar dado que es un firme partidario de la participación de los militares en cargos públicos pues los considera “personas muy cualificadas y competentes” y, por ello en su Gobierno, 4 de sus 15 ministros son militares, y que  20 de los 52 diputados con que cuenta el PSL, casi la mitad, son también militares o policías, razón por la cual se alude a ellos como “la bancada da bala”.

    Igualmente, ha sido aupado a la presidencia por el voto de los sectores más ultraconservadores de la sociedad brasileña y, de forma especial, de las iglesias evangélicas, algunos de cuyos pastores, con su particular y sesgada interpretación de la Biblia han extendido la idea de que “ser cristiano es incompatible con ser de izquierdas”, los mismos pastores que se han dedicado a demonizar al PT al que presentan como sinónimo de anti religión y caos moral.

    También resultan preocupantes sus posturas autoritarias en otro de los temas fuertes de la agenda política de Bolsonaro cuál es la seguridad ciudadana ya que plantea, al igual que otros dirigentes ultraderechistas, un endurecimiento del Código Penal con propuestas para reducir la mayoría de edad penal de 18 a 16 años o la liberalización del derecho a portar armas. Las formas y las actitudes de su pensamiento reaccionario también han quedado patentes en temas tales como su desprecio (y acoso) hacia las minorías indígenas del Amazonas o su trato vejatorio, despectivo hacia las mujeres, con un discurso abiertamente homófobo.

   La devastación propiciada por Bolsonaro ha venido alentada en el ámbito económico, un tema del que ha reconocido que “no sabe nada”, pese a lo cual su política sigue los firmes y duros pasos del neoliberalismo, influido por Paulo Guedes, su asesor económico, un conocido ultraliberal que defiende una fuerte agenda de privatizaciones y reformas radicales tanto tributarias como del sistema de pensiones, muchas de estas medidas se incluyen en el Programa de Gobierno, el cual bajo el título de “El Camino de la Prosperidad”, tiene como lema “Brasil por encima de todo. Dios por encima de todos”.

    Este tornado neoliberal ha supuesto un brutal recorte de las políticas de inclusión social que habían desarrollado los anteriores gobiernos del PT de Lula y Dilma Rousseff. En consecuencia, pese a que Lula sacó de la pobreza extrema a 1 de cada 5 brasileños con la “Bolsa Familia” y el Programa Hambre Cero, por lo que se llegó a hablar del “milagro brasileño” como modelo para los países africanos, la situación social ha empeorado gravemente tras el giro neoliberal de Bolsonaro y en la actualidad Brasil ha vuelto a formar parte del Mapa Mundial del Hambre de la FAO del cual había salido en 2014 y, sin embargo, Bolsonaro lo  niega puesto que opina que el aumento del hambre en su país “es una gran mentira”.

     Un tercer tornado golpea con fuerza a Brasil, el de la devastación mediambiental. Al igual que otros políticos neoliberales como Trump e incluso Rajoy en su día, niegan la evidencia de los nefastos efectos derivados del cambio climático hasta el punto de que Ricardo Salles, su ministro de Medio Ambiente, alude al mismo sin ningún rubor calificándolo como “una conspiración del marxismo globalista que domina la ONU”. Todo ello explica que Bolsonaro, espoleado por los grandes poderes económicos, está dispuesto a deforestar la Amazonía, el gran pulmón verde de nuestro planeta, con el fin de esquilmar sus recursos naturales, la cual ha aumentado durante su mandato en un +273%, favorecida por  los voraces incendios (72.843 casos, un 83% más que los habidos en 2018), que están asolando la selva amazónica y que, en los primeros 8 meses de su mandato ya han deforestado 9.250 km. cuadrados, esto es, el equivalente a la mitad de la extensión de la provincia de Zaragoza.

    Hay tornados climáticos que azotan con frecuencia a los países de América Latina, pero también hay otro tipo de tornados, los causados por políticos demagogos y reaccionarios, tan preocupantes y de devastadoras consecuencias como los anteriores, y de ellos, Bolsonaro es un dramático ejemplo.

 

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 14 septiembre 2019)

 

 

 

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15/09/2019 17:53 kyriathadassa Enlace permanente. América latina No hay comentarios. Comentar.

PEDIR PERDÓN

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    El pasado 1 de septiembre se recordaba el 80º aniversario del inicio de la II Guerra Mundial, la mayor tragedia sufrida por el conjunto de la humanidad en nuestra historia reciente. Con tal motivo, el presidente de Alemania, Franck Walter Steinheimer, pidió perdón a Polonia por el daño causado a dicho país por lo que calificó acertadamente como “guerra de destrucción masiva” iniciada en 1939 por los delirios expansionistas de Hitler y del nazismo.

   Siempre he pensado que el hecho de pedir perdón, de reconocer los errores cometidos ennoblece a quien lo solicita, bien sean éstos, personas, instituciones o Estados, pues lleva aparejado un propósito sincero de enmendar pasadas (y funestas) acciones, razón por la cual debería ser más frecuente y habitual en nuestras conciencias y en el funcionamiento de las sociedades que nos preciamos de regirnos por valores éticos y democráticos.

    Recordando este hecho, vuelve a mi memoria la polémica suscitada en el pasado mes de marzo tras la carta enviada por Andrés Manuel López Obrador, el Presidente de México, al rey Felipe VI para que se disculpase por los excesos cometidos por los españoles durante la conquista del país azteca. De este modo, de no mediar la disculpa solicitada, López Obrador no participaría en ninguno de los actos conmemorativos de los 500 años de la conquista española de México, efemérides que tendrá lugar en el 2021. Ante esta carta, lejos de todo análisis sosegado de lo que supuso la conquista del continente americano, palabra ésta de afilados significados, y en concreto del antiguo imperio azteca, resulta lamentable constatar las reacciones que ésta suscitó tanto en los ámbitos diplomáticos como políticos de España. Excepción hecha de la postura de Unidas Podemos, partidarios de la necesidad de “un proceso de recuperación de memoria democrática y colonial”, se ha evidenciado una reacción propia de un mal entendido orgullo patrio. Especialmente significativo es el caso del PP y de Pablo Casado, el cual, que sepamos no tiene acreditado ningún máster de Historia de América, que calificó la posición de López Obrador de “auténtica afrenta a España”, pues el dirigente conservador, ya en octubre de 2018, había afirmado que “la Hispanidad” había sido “la etapa más brillante del hombre junto con el imperio romano” y, ello le llevó a la conclusión de que, refiriéndose a España, “ninguna nación ha hecho tanto por la Humanidad”, expresiones propias de un patrioterismo exaltado y acrítico que desdibuja intencionadamente la realidad el hecho histórico de la conquista y colonización de América, el cual no debe ser magnificado y cuyos aspectos negativos, tampoco deben de ser ignorados. Y lo mismo podemos decir de las declaraciones de otros políticos como Josep Borrell, que se negó a presentar “extemporáneas disculpas”, Rivera que habló de “ofensa intolerable” o Abascal que arremetió contra el “socialismo indigenista” de López Obrador.

   Es innegable que la conquista y posterior colonización de América por parte de España tuvo sus luces y también sus sombras, las cuales deben ser enfocadas desde una actitud autocrítica, lejos de todo prejuicio nacionalista y, por ello, la búsqueda de la objetividad nos debe alejar tanto de la tentación de caer en divulgar “una leyenda rosa” que no fue tal, como de otra leyenda de “tintes negros”, como señalaba recientemente Juan Eslava Galán en su libro La conquista de América contada para escépticos, pues ninguna de ellas responde a la realidad de los hechos.

   Y dicho esto, sigo pensando que la postura de López Obrador no sólo es sensata sino también honesta, puesto que en relación con esta polémica propuso crear “un grupo de trabajo para hacer una relatoría de lo sucedido y, a partir de ahí, de manera humilde, aceptar nuestros errores, pedir perdón y reconciliarnos”. Ojalá esta misma voluntad fuera la misma a la hora de afrontar de manera “humilde y sincera”, como pedía López Obrador, otras épocas y acontecimientos históricos dolorosos y controvertidos. Y más aún, esta actitud serviría para reforzar los lazos entre España y México, ya que, sin pretender “caer en ninguna confrontación” el presidente azteca consideraba que se trata en definitiva de “un planteamiento que pensamos conveniente para hermanar más a nuestros pueblos, para actuar con humildad, no con prepotencia”.

    El pedir perdón no es algo tan extraño y hay ejemplos recientes. Así ocurrió cuando Francia ofreció públicamente disculpas a Argelia por las torturas y desapariciones llevadas a cabo por ella durante la guerra de independencia del país norteafricano (1954-1962), cuando Holanda lo hizo por la reprobable actitud de sus tropas que dejaron indefensa la ciudad de Srebrenica en 1995 y propiciaron la masacre de 8.000 musulmanes por parte de las milicias serbias, cuando Alemania pidió perdón en el año 2000 ante el Parlamento de Israel por el genocidio contra los judíos cometido por el III Reich durante la II Guerra Mundial o cuando el Papa Francisco lo hizo por los agravios cometidos por la Iglesia durante la conquista de América durante su viaje a Bolivia en 2015.

   Por todo ello, España no debería desoír la justa petición de López Obrador pues ello, ciertamente, dignificaría la relación histórica entre dos países hermanos. Y ya puestos a pedir perdón, en este año en que se recuerda el 80º aniversario del final de la Guerra de España de 1936-1939, no estaría de más que Francia tuviese algún gesto de disculpa por el trato vejatorio al que las autoridades galas sometieron a la inmensa marea del exilio republicano español que allí buscó refugio huyendo de la barbarie fascista. Ello también sería un gesto de justicia histórica.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 4 septiembre 2019)

 

 

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04/09/2019 15:06 kyriathadassa Enlace permanente. América latina No hay comentarios. Comentar.

UN DICTADOR, DOS GENOCIDIOS

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     Hasta ahora siempre se decía que el general Franco fue cómplice pasivo de la deportación de los republicanos españoles a los campos de exterminio nazis, pero Carlos Hernández de Miguel en su libro Los últimos españoles de Mauthausen. La Historia de nuestros deportados, sus verdugos y sus cómplices (2015), demuestra con pruebas documentales que “Franco fue el principal responsable de lo ocurrido. No fue un cómplice necesario, fue el instigador de todo”. Y es que su “relación privilegiada” con el Reich hitleriano la aprovechó para eliminar, como ya estaba haciendo en España de forma sistemática, a los que consideraba como “rojos peligrosos”, aquellos que habían sido capturados por el ejército alemán tras la invasión de Francia en 1940, los cuales, tras desposeerlos de la nacionalidad española, serían posteriormente deportados en condición de apátridas, sellando así su fatal destino con la mirada complaciente del dictador, la mayor parte de ellos en Mauthausen-Gusen. Según Carlos Hernández, la responsabilidad de Franco fue evidente puesto que “Hitler jamás habría deportado a un solo ciudadano español sin antes consultarlo con Franco”.

     Además de Franco, esta tragedia tiene otros culpables y verdugos y como tales deben pasar a la historia, en unos momentos en que en plena II Guerra Mundial, el régimen no ocultaba sus delirios filonazis. Este es el caso de Ramón Serrano Suñer, ministro de Asuntos Exteriores que, tras su visita a Berlín en octubre de 1940, permitió a los nazis la deportación de los republicanos españoles a los campos de la muerte, labor que continuaría Francisco Gómez Jordana, su sucesor al frente de la diplomacia franquista durante 1942-1944, ambos con la colaboración de destacadas figuras del régimen como el general Eugenio Espinosa de los Monteros, embajador en Berlín entre 1940-1941, el mismo que había firmado las sentencias de muerte de “Las Trece Rosas” en agosto de 1939,  o José María Doussinague Teixidor, Director General de Política Exterior del Ministerio de Asuntos Exteriores.

      Además del genocidio al que fueron sometidos los republicanos, dentro y fuera de España, Franco fue culpable del que se cometió contra la población judía sefardí, a la cual se negó a salvar de la barbarie nazi. Asì, Eduardo Martín de Pozuelo en su libro El Franquismo, cómplice del holocausto (2015), documenta algunos episodios desconocidos de la dictadura tales como que Franco recibió por parte de Alemania reiteradas ofertas para entregarle a los judíos de nacionalidad española durante los años 1942-1943, propuesta que les hubiera salvado de los campos de exterminio, la cual se mantuvo, incluso, tras la siniestra Conferencia de Wansee (20 enero 1942) en la que los jerarcas nazis acordaron la “Solución final del problema judío” que daría inicio al Holocausto. Martín de Pozuelo señala que, ante esta oferta ilimitada y continua en el tiempo, los nazis se sorprendieron de las continuas negativas del Gobierno franquista, el cual mostró una absoluta frialdad e indiferencia ante estos grupos de judíos que estaba en su mano salvar. Tal es así que el régimen, por medio de José María Doussinague, el principal interlocutor en esta materia entre franquistas y nazis, haciendo gala de un filonazismo rebosante y de un rabioso antisemitismo, le manifestó a Hans-Adolf von Moltke, el embajador alemán en Madrid, que “si los judíos son enemigos de Alemania, los judíos son por tanto enemigos de España”, remachando su negativa diciendo que, en caso de autorizarse la repatriación de estos judíos, “una vez en España, se pondrían al lado de los aliados, de las democracias y por lo tanto en contra de nuestro régimen”, lo cual suponía, como recordaba Martín de Pozuelo, “un claro alineamiento” del franquismo con las potencias del Eje, al margen de su pretendida neutralidad. En consecuencia, el embajador von Moltke informó el 23 de febrero de 1943 a Berlín de su conversación con Doussinague en la que éste le dijo claramente que “El Gobierno español ha decidido no permitir en ningún caso la vuelta a España a los españoles de raza judía que viven en territorios bajo jurisdicción alemana”.

     Pero la mezquindad del régimen fue todavía mayor si tenemos presente que, tras abandonarlos a su suerte, el franquismo pretendió apropiarse de los bienes de los judíos sefardíes españoles. Así, el 25 de marzo de 1943, el ministro Gómez Jordana remitió un Oficio al Ministerio de Asuntos Exteriores alemán solicitando su intervención ante las de ocupación germanas en Francia, Bélgica y Holanda para pedirles que “los bienes de los judíos españoles dejados atrás al salir de éstos países”, deberán “ser administrados por los cónsules españoles o representantes de España y tienen que quedarse en su posesión por tratarse de bienes de súbditos españoles y por lo tanto ser un bien nacional de España”.

    Posteriormente, la responsabilidad moral, política y criminal de Franco y su régimen con el Holocausto intentó ser maquillada por la meritoria labor humanitaria llevada a cabo por algunos diplomáticos españoles, siempre por iniciativa propia y contradiciendo las directrices oficiales que les instaban a “no interferir” en el genocidio judío, como fue el caso de los aragoneses Ángel Sanz Briz en Budapest, Sebastián Romero Radigales en Atenas, o el caso de Juan Palencia en Bulgaria, siendo éste último represaliado posteriormente por el régimen por conceder visados a judíos sin tener en cuenta su origen, actitud que justificó  “porque los estaban matando”.

     De lo que no cabe duda es que este es el trágico relato de cómo el franquismo fue el culpable y actor necesario de dos genocidios, el cometido contra los republicanos, dentro y fuera de España, y el del pueblo judío, dos hechos que le llenarán para siempre de oprobio y que siguen sin ser juzgados con arreglo a la legislación penal internacional.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 27 agosto 2019)

 

 

 

 

 

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01/09/2019 16:53 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

EN EL CENTENARIO DEL SEGURO OBLIGATORIO DEL RETIRO OBRERO

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    La vorágine  electoral a la que hemos asistido durante estos últimos meses ha hecho que pasasen bastante desapercibidos los  centenarios de dos hitos del movimiento sindical cual fueron la implantación del seguro obligatorio del retiro obrero, primer antecedente del actual sistema público de pensiones así como el histórico logro de la jornada laboral de 8 horas, hechos éstos que bien merecen ser recordados.

     A la altura de 1919 España se hallaba agitada por violentos conflictos sociales, consecuencia de unas deplorables condiciones de vida que pesaban sobre la clase obrera y que, harta de tanta miseria e injusticias, se levantaron contra un Estado y un orden social que la oprimía: eran los años de lo que se llamó “el trienio bolchevique” (1918-1920). Para frenar la creciente agitación obrera, alentada tras el triunfo de la Revolución de 1917 en Rusia, el decrépito régimen de la Restauración personificado en la monarquía de Alfonso XIII, se vio obligado a hacer concesiones y, de este modo, se lograron importantes conquistas sociales tales como la aprobación del Seguro Obligatorio del Retiro Obrero (Real Decreto Ley de 11 de marzo de 1919) y la implantación de la jornada laboral de 8 horas (Real Decreto de 3 de abril de 1919), y que hoy recordamos cuando se han cumplido recientemente el centenario de ambos hitos históricos.

     Por lo que se refiere a la ley del Seguro Obligatorio del Retiro Obrero, éste sentó las bases del sistema público de pensiones en España, un tema tan candente en la actualidad, como nos recuerdan cada día las movilizaciones en demanda de unas pensiones justas y la necesidad de garantizar la sostenibilidad de las mismas.

    Pero volvamos a 1919 y hagamos algo de historia. Para frenar la creciente agitación social, el Gobierno conservador de Antonio Maura encargó al Instituto Nacional de Previsión (INP), “como instrumento oficial del Seguro social” y que “tan eminentes servicios viene prestando a la Patria”, la tarea de redactar las directrices básicas de una futura ley que abordase el retiro obrero. Así, el INP organizó “una ponencia nacional” en la cual tuvieron representación “las fuerzas patronales y obreras de todas las tendencias en la reforma y hombres significados en estos estudios”. Con las Cortes cerradas temporalmente, dicha norma se plasmó en el Real Decreto Ley de 11 de marzo de 1919 que presentó el Gobierno del Conde de Romanones y que fue ratificado por Alfonso XIII. De este modo, como se señalaba en la misma, esta ley, “de bien entendido humanitarismo”,  suponía “un considerable avance en el progreso social de España” ya que se fijaba como edad de retiro los 65 años, (Base Primera.1), a la vez que se establecía una financiación del mismo mediante aportaciones obligatorias mensuales de 10 céntimos por parte de los trabajadores, una peseta que correspondía a los empresarios, mientras que el Estado debía colaborar con 3 pesetas mensuales para cada uno de los beneficiarios. Así, cumplidos los 65 años, los obreros que cobraran menos de 4.000 pesetas anuales y que hubieran cotizado más de 20 años, podrían retirarse con una pensión de, como mínimo, 365 pesetas, esto es, de una peseta diaria (Base Primera.3).

     La implantación de esta medida fue en su momento muy controvertida y contó, en líneas generales, con el frontal rechazo de los patronos, los cuales, como indicaba Guillermo D. Olmo, “mostrarían una feroz resistencia a pagar”, algo que ya intuía el Real Decreto Ley pues su Base Tercera se dedica, exclusivamente, a la exigencia del cumplimiento por parte de los patronos  así como a las penalizaciones derivadas de su incumplimiento,  y, además, la  Base Séptima alude a las denuncias ante la falta de pago de la cuota patronal y los trámites para proceder “a la exacción por la vía de apremio” de la misma.

    Tampoco los trabajadores la aceptaron inicialmente este sistema de cotizaciones con entusiasmo pues recelaban de retraer una parte de sus menguados salarios, tal y como declaraba el entonces diputado socialista y dirigente de la UGT Andrés Saborit.

     Lo cierto es que se trataba de un modelo de pensiones muy modesto pues, dada la escasa esperanza de vida de la clase obrera de aquellos años, en la que, con suerte, un trabajador sobrevivía muy pocos años después de alcanzar la edad legal de jubilación que, como indicamos, era de 65 años.

    Por otro lado, con dicha ley el Gobierno de entonces pretendía preservar la paz social pues, como señaló el diputado monárquico catalán Alfons Sala, de no aprobarse, España podía avocarse a “grandes catástrofes y cataclismos sociales”. Y ciertamente, el Gobierno era muy consciente de ello, razón por la cual en el texto del referido Real Decreto Ley, se pueden leer expresiones tales como que se trataba de una medida “de absoluta equidad”, “de urgente necesidad”, por lo que dicha norma legal es definida como “una patriótica transacción” en una “materia tan delicada y transcendental”.

    Pese a este tono grandilocuente, lo cierto es que el seguro de retiro obrero de 1919 tenía claras limitaciones y deficiencias tales como que la mayor parte de los trabajadores agrícolas quedaron excluidos, que al fijar el límite para optar a la pensión en un máximo de ingresos de 4.000 ptas./año, esto hizo que en la práctica ésta quedase limitada a tan sólo los peones, no siendo aplicable a todos los trabajadores con salarios superiores. Además, como ya indicamos, la ley tuvo que hacer frente al permanente rechazo de los patronos a que cotizasen para la financiación del referido seguro. Y es que, entonces, como ahora, éste tema era un nudo gordiano para garantizar la eficacia y pervivencia de las pensiones. De este modo, cuando hace un siglo se demandaba que éstas fueran más generosas y que se ampliase su ámbito de aplicación a más beneficiarios, el Gobierno conservador de entonces respondió con el manido recurso de que “no permite tal cosa el precario estado de nuestra hacienda”.

    Unos meses después de la entrada en vigor del Seguro Obligatorio del Retiro Obrero, Alfonso XIII se hizo eco de lo que suponía éste en un discurso que pronunció en Zaragoza el 30 de diciembre de 1919 y en el que aludió, con cierto paternalismo, a que el seguro de vejez debía permitir a las clases trabajadoras disfrutar de “una tranquila y respetable ancianidad, exenta de los dolores de la miseria”. Ahora, un siglo después, cuando se extiende la figura del “trabajador pobre”, de aquel que, aun teniendo empleo, siempre precario y mal remunerado, cuando desde diversos ámbitos se pretende socavar el sistema público de pensiones, el reto por lograr una “tranquila y respetada” jubilación, sigue estando pendiente, pues, tampoco en la actualidad, existen las garantías suficientes para ello.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 8 agosto 2019)

 

 

 

 

 

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DEMOCRACIA DE NEGOCIACIÓN

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     Estamos asistiendo, con la comprensible indignación ciudadana, a un lamentable y desesperante espectáculo protagonizado por nuestra clase política, incapaz de llevar a cabo unas negociaciones eficaces para lograr, tanto a nivel estatal como en el caso de algunas comunidades autónomas, los acuerdos que hagan posible las respectivas investiduras que den paso a la formación de los respectivos gobiernos.

    Sin duda, existe un grave déficit de cultura negociadora y, también, de lo que supone apostar por los gobiernos de coalición, como nos recordaba recientemente Cándido Marquesán en las páginas de este mismo periódico. Así las cosas, y ante esta realidad, tan evidente como lamentable, e insisto en ello, el catedrático de filosofía política Daniel Innerarity, en su reciente libro Política para perplejos (2018), ya apuntaba algunas claves que deberían tener en cuenta muchos de nuestros dirigentes políticos. De entrada, en un apartado titulado «Democracia de negociación», partía de la evidencia de que “buena parte de los principales problemas políticos a los que se enfrentan nuestras sociedades democráticas requieren instituciones y hábitos de negociación”. Es por ello que, si bien es cierto que hay problemas que se solucionan votando, otros, por su carácter más complejo y espinoso, “exigen algo más o algo diferente de lo que se consigue cuando una votación configura una mayoría”. En consecuencia, este tipo de problemas no se resuelven nunca plenamente si los reducimos a una votación “aritmética”, aunque se logre la mayoría, sino que requieren un esfuerzo y una voluntad integradora, voluntad que sólo se halla en los dirigentes de verdadera talla política, capaces de superar intereses personales o partidarios en aras al logro de un bien superior para el conjunto de la sociedad.

    Para hacer posible esa voluntad política integradora, resulta imprescindible, como señalaba Innerarity, “buscar espacios para la negociación discreta” para conformar, de forma negociada, “mayorías más inclusivas”, de las cuales dependerá, en última instancia, tanto la estabilidad institucional como la armonía de la convivencia ciudadana.

     Por todas estas razones resulta tan importante apostar de forma decidida y honesta por la cultura del pacto, por la búsqueda de acuerdos negociados sin barreras previas que los imposibiliten. Y es por ello que es tan importante reivindicar el pactismo y, frente a sus detractores, frente a quienes equiparan los pactos a la traición o la renuncia a determinados principios o ideales, debemos tener presente que “el lenguaje del pacto, la cooperación, el compromiso y la transacción no equivalen necesariamente a la conspiración de las élites contra la lógica democrática, sino, en determinadas ocasiones, y para ciertos temas, a procedimientos que permiten una mayor inclusibilidad democrática”.

    Dicho esto, la democracia inclusiva, interesante concepto a reivindicar, es la alternativa ante la evidente existencia de “una mínima capacidad de transacción por parte de los principales actores políticos”. Y, por ello, la democracia de negociación resulta imprescindible aplicarla no sólo a la hora de la conformación de gobiernos, sino, también, para encontrar una salida razonable y mayoritariamente aceptable para el conflicto territorial de Cataluña, el más grave problema político actual de la democracia española.

    Sobre el problema de Cataluña, Innerarity parte de una acertada valoración al señalar que “se han utilizado instrumentos inadecuados para los fines perseguidos, procedimientos de tipo mayoritario para resolver temas que requieren estrategias de negociación”. Y es que, a modo de reproche a ambas partes en conflicto, el Gobierno central y la Generalitat, manifiesto lo que es evidente: el conflicto catalán no era (ni es) “una cuestión de orden público ni judicial, pero tampoco algo que pudiera resolverse con una votación”, y se lamentaba de que ninguna de ambas partes apostase por “arbitrar otros procedimientos más inclusivos” ya que, “pensar que un referéndum cuyas condiciones no han sido pactadas, es capaz de definir un nuevo estatus político resulta tan ilusorio como creer que unas elecciones normales, que como mucho sirven para cambiar de Gobierno, iban a resolver un conflicto político cuya verdadera naturaleza no se quiere reconocer”. Por ello, Innerarity es claro y rotundo al afirmar que “la democracia mayoritaria es incapaz de conseguir lo que en el mejor de los casos se alcanza por medio de la democracia de negociación”.

    Reivindicando de nuevo en nuestra vida política el valor y la necesidad de la democracia de negociación, nuestro autor advierte a los escépticos de que, “a quien insiste en que este objetivo es muy difícil o imposible, habría que preguntarle si conoce algún milagro más probable” …. y ya sabemos que la política es el arte de lo posible fruto de una negociación pactada y no el campo de ilusorias milagrerías.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 23 julio 2019)

 

 

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23/07/2019 06:25 kyriathadassa Enlace permanente. Política-España No hay comentarios. Comentar.

PRIMO LEVI, EN SU CENTENARIO

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     Hoy, 11 de julio de 2019, se recuerda el centenario del nacimiento de Primo Levi (1919-1987), escritor y pensador italiano, judío de origen sefardí, considerado el precursor de la literatura y la memoria histórica del Holocausto (“Shoah”, en hebreo).

      La vida de Levi, un joven químico de Turín integrado durante la II Guerra Mundial en el grupo partisano “Justicia y Libertad”, quedó marcada para siempre tras su paso por los campos de exterminio nazis. Capturado por la Milicia Fascista mussoliniana en diciembre de 1943, tras permanecer detenido en el campo de concentración para judíos italianos de Fossoli para ser posteriormente deportado a Auschwitz, el más siniestro de los campos de exterminio hitlerianos, donde permaneció hasta la liberación del mismo por el Ejército soviético en enero de 1945. De los 650 judíos italianos (“piezas”, en la terminología nazi) que fueron deportados en el mismo convoy que Levi, sólo sobrevivieron cuatro personas.

    El inmenso drama de barbarie que supusieron los campos del exterminio del nazismo, vividos y sufridos por Levi en primera persona, lo plasmó en su libro Si esto es un hombre (1947), al cual seguirían La tregua (1963) y Los hundidos y los salvados (1987), obras éstas que conforman una excepcional trilogía para recordar y dignificar a las víctimas de la barbarie nazi. Es por ello que su libro Si esto es un hombre es una obra fundamental de la literatura contemporánea, una de las publicaciones más importantes del s. XX, la cual ha tenido múltiples ediciones en diversos idiomas y ha sido objeto de varias versiones radiofónicas y teatrales.

     Ciertamente, en estos momentos donde se observa con preocupación, también en España, el auge de movimientos xenófobos, racistas de signo inequívocamente fascista, resulta una lectura recomendable. Debemos de señalar, de entrada, que el libro en el que relata su período como deportado en Auschwitz, y que Matías Bausa calificó como “descarnado, honesto y conmovedor”, no añade nada nuevo en lo referente a los detalles atroces que caracterizaban a los campos de exterminio nazis sino que, como Levi indica, el objeto de su obra era “proporcionar documentación para el estudio sereno de algunos aspectos del alma humana” en situaciones límite como las que existían en Auschwitz. Y es que no había palabras para expresar lo que Levi denomina como “la destrucción del hombre”, el trato brutal al cual eran sometidos las prisioneros considerados como “infrahumanos” por los nazis (judíos, gitanos, eslavos), su explotación sistemática y cruel, su muerte programada con una frialdad y metódica precisión (Levi nos recuerda que, Auschwitz logró la “horrenda primacía” entre todos los campos de exterminio al lograr la enorme cifra de “24.000 muertos en un solo día en agosto de 1944”. Una frase del libro resume la destrucción física y anímica del ser humano a manos del nazismo: “hemos llegado al fondo. Más bajo no puede llegarse: una condición humana más miserable no existe, y no puede imaginarse”.

     A lo largo del libro se alude a diversos personajes y grupos de deportados: habla con emoción de los judíos griegos deportados de Salónica (admirables, tenaces y solidarios), muchos de ellos con seculares raíces que se remontaban a los judíos expulsados de Aragón en 1492; recuerda la llegada masiva de deportados húngaros durante la primavera de 1944, momento en el cual el diplomático zaragozano Ángel Sanz Briz intentaba desesperadamente salvar a la comunidad sefardí de Budapest. Con profunda emoción alude Levi a algunos presos que, en medio de aquel infierno, supieron mantener la dignidad humana, sobreponiéndose a tanta depravada deshumanización. Este fue el caso de “Lorenzo”, que salvó la vida de Levi y que “con su manera tan llana y fácil de ser bueno, que todavía había un mundo justo y fuera del nuestro, algo y alguien todavía puro y entero, no corrompido ni salvaje, ajeno al odio y al miedo”.

     Y, sin embargo, en este libro no hay ningún poso de odio, Primo no es rehén de un rencor que lo atenace, tampoco de un espíritu de venganza, pero, en cambio, deja clara su decidida voluntad de contar lo sucedido, de transmitirlo. Primo Levi se erige en testigo, no quiere olvidar, porque siente el profundo deber moral de dar voz a los que ya no lo pueden contar. Alguien dijo de esta obra que es un libro imprescindible para entender un tiempo inentendible, un tiempo feroz y sin lógica y por ello que se trata de una obra maestra de la literatura y, también de la ética y la memoria, todo ello escrito con un lenguaje natural pues, como decía Levi, “no había necesidad de subrayar el horror. El horror estaba allí”.

      Es importante señalar que Si esto es un hombre es un libro incluido desde hace años en los contenidos didácticos del sistema educativo de Italia, destinado a la educación cívica de los escolares. Por esta razón, en 1976 Levi le incorporó un apéndice en el cual recogía las preguntas y respuestas más habituales que los estudiantes le fueron haciendo durante años en relación a la tragedia de la Shoah. En dicho apéndice trata temas como su rechazo a odiar a Alemania y los alemanes por sus crímenes, lo cual no supone que conceda un “perdón indiscriminado” hacia los culpables. Frente a los que maquillan la tragedia en base a teorías negacionistas y revisionistas afines al neofascismo, afirma que el pueblo alemán sabía que se estaba perpetrando un genocidio de inmensas proporciones y, por ello, lo considera “plenamente culpable” ya que, “quien sabía no hablaba, quien no sabía no preguntaba, quien preguntaba no obtenía respuesta”. Alude también a la dificultad de huir y de efectuar rebeliones masivas en los campos de exterminio (pese a que las hubo en Treblinka, Sobibor, Birkenau o el “ejemplo de extraordinaria fuerza moral” del levantamiento del guetto de Varsovia); analiza el odio fanático del nazismo para con los judíos, o el eterno dilema de los supervivientes entre olvidar la tragedia o recordarla para mantener viva su memoria. En este sentido, Levi no quiere venganza ni tampoco olvido, sino tan sólo justicia y memoria y por ello, es claro y contundente ya que nos recuerda que “meditar sobre lo que pasó es deber de todos”.

     Tras reconocer que sin la dramática experiencia de Auschwitz el químico Levi es muy probable que nunca se hubiese dedicado a la literatura (que le hizo merecedor de varios premios y ser candidato al Nobel) y a la defensa de la memoria histórica, admite que sobrevivió porque tuvo suerte y voluntad, ya que pudo sustraerse a aquella “total humillación y desmoralización que condujo a muchos al naufragio espiritual” y pudo seguir siendo un hombre, mantuvo su dignidad y valores.

     La gran obsesión de Levi fue combatir el fantasma del olvido, la perversa intención de olvidar aquella página negra de la historia de la Humanidad. Por ello su permanente insistencia en transmitir su experiencia, recuperarla para la conciencia colectiva de las nuevas generaciones, para que nadie olvide, para que, en nuestra agitada Europa de este incierto comienzo del S, XXI ,no vuelvan a resurgir aquellos funestos fantasmas que propiciaron el mal absoluto que fue el nazismo.

     Levi no fue un historiador, ni lo pretendió ser, fue un testigo que relata los hechos para que la memoria permanezca viva en las generaciones futuras. Por ello, sentó las bases del testimonio, ya que fue un pensador a partir del cual se empezaron a elaborar las teorías filosóficas y educativas en relación a la Shoah, el papel y la necesidad del testigo en la historia para que el lector tome conciencia de la barbarie fascista, lo condene y actúe cimentando la sociedad sobre los valores del respeto y la libertad. Es por ello que, como indica en el libro, utilizó “el lenguaje mesurado y sobrio del testigo; no el lamentoso lenguaje de la víctima ni el iracundo lenguaje del vengador: pensé que mi palabra resultaría tanto más creíble cuanto más objetiva y menos apasionada fuese; sólo así el testigo en un juicio cumple su función, que es la de preparar el terreno para los jueces: los jueces sois vosotros”.

     Esa es la fuerza moral, el impulso ético y la necesidad de mantener siempre viva la memoria histórica. Por ello este libro lo siguen estudiando los escolares italianos porque, como pensaba Levi, sólo la educación cívica de la juventud será la mejor garantía para salvaguardar los valores democráticos y evitar en un futuro tragedias como la Shoah, Gernika, Sarajevo, Rwanda o tantas otras.

    Por ello, 32 años después de su muerte y en esta fecha en las que se recuerda el centenario de su nacimiento, Primo Levi sigue vivo en la memoria y la lectura de Si esto es un hombre (y el estremecedor poema que da título al libro), es un buen homenaje para aquel judío italiano de origen sefardí que nos compromete en el permanente deber ético de la defensa de la memoria democráticay la dignidad humana frente a todo tipo de fascismo.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 12 julio 2019)

 

 

 

 

 

 

 

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12/07/2019 06:11 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

MARIANO DE NIPHO, EN SU TRICENTENARIO

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     En estos tiempos que tanto se habla de la crisis de la prensa escrita, es momento recordar la memoria de quien fue su pionero, del fundador del primer periódico impreso en España, del legado perdurable de Francisco Sebastián Manuel Mariano de Nipho y Cagigal (1719-1803), en este año en el cual se cumple el tercer centenario de su nacimiento en la ciudad bajoaragonesa de Alcañiz.

     Nipho, a quien en ocasiones se le menciona su apellido como Nifo, es, a fecha de hoy, uno de los aragoneses más ilustres y, sin embargo, más desconocidos, fue descubierto y dado a conocer a través de una excelente monografía de Luis Miguel Enciso Recio titulada Nipho y el periodismo español del siglo XVIII, publicada ya en un lejano año de 1956. Más tarde, ha sido reivindicado por diversos estudios de José María Maestre, director e impulsor del Instituto de Estudios Humanísticos (IEH), con sede en Alcañiz, en reconocimiento a haber sido, también, la localidad natal de toda una serie de humanistas del s. XVI tan destacados como Juan Lorenzo Palmireno, Juan Sobrarias, Pedro Ruiz de Moros, Andrés Vives Altafulla o Bernardino Gómez Miedes. Tal es así que Maestre impulsó el importante Congreso Internacional Francisco «Mariano Nifo. El nacimiento de la prensa y de la crítica literaria periodística en la España del s. XVIII», celebrado en Alcañiz en diciembre de 2003. Por otra parte, entre los diversas investigaciones de José María Maestre, que es quien con más profundidad ha estudiado a nuestro personaje, destacamos su libro Francisco Mariano Nipho: el nacimiento de la prensa y de la crítica literaria periodística en la España del siglo XVIII (2015), la cual supone la mejor síntesis de la importancia que en la historia de la prensa escrita española tuvo Nipho, fundador como antes indicamos del periodismo moderno, el primer periodista profesional, un oficio del cual dijo que era “penoso y poco creativo” y que, sin embargo, tenía como noble objetivo la culturización de la sociedad dado que, para tal fin pensaba nuestro alcañizano que la prensa escrita resultaba más efectiva que los densos y eruditos libros,  pues ellos estaban al alcance de un sector muy reducido de la sociedad de su tiempo.

     En cuanto a la biografía de tan insigne aragonés, las investigaciones de Maestre nos aportan datos de interés. De este modo, sabemos que Mariano de Nipho era hijo del Gobernador de Maella, de Sebastián Nipho Ruiz de Uribe, nacido en Nápoles y que pasó por Alcañiz cuando viajaba hacia Córdoba, ciudad que había solicitado como nuevo destino. No obstante, durante el viaje que le debía llevar a tierras andaluzas, enfermó y falleció en Alcañiz un 4 de abril de 1719. En esta ciudad quedó su esposa viuda y embarazada, la cual dos meses después, el 10 de junio, dio a luz a su hijo Mariano, razón por la cual José María Maestre se refiere acertadamente al que más tarde sería tan destacado periodista como “alcañizano fortuito”.

     Tomando como base las investigaciones de Maestre, José Ignacio Micolau realizó una breve síntesis biográfica titulada «Mariano Nifo regresa a Alcañiz», la cual se incluye en su libro Cuestiones bajoaragonesas (2009). De este modo sabemos que Nipho pasó su infancia en Alcañiz, aunque se desconoce el momento exacto en que se trasladó a Madrid. De lo que si se tiene constancia es de que, con 18 años, ya publicó en la Imprenta Real de la capital del reino un Diario de los literatos de España (1737-1742). A partir de entonces, como señalaba Micolau, “su producción será ingente, cerca de un centenar de obras, si a las obras propias –en las que en ocasiones ocultó su nombre- les añadimos las numerosas traducciones que llevó a cabo del inglés, francés o italiano”. En este sentido, es referencia obligada citar su célebre Diario noticioso, curioso-erudito y comercial público y económico, cuyo primer número vio la luz en Madrid el 1 de febrero de 1758 y que es considerado no sólo como el primer periódico diario de la historia del periodismo español sino, también, de la Europa continental y del cual, ya en 1992, el Ayuntamiento de Alcañiz realizó una edición facsímil.

     Otras de sus publicaciones periódicas más destacada en el ámbito de la prensa escrita sería el Diario Estrangero (sic) (1769) en el que junto a noticias literarias de Europa, Nipho también se hizo eco de otras informaciones de interés para conocer la sociedad de su época tales como las relativas a moda, espectáculos, teatro o fiestas. No menos importante fue también su semanario titulado Estafeta de Londres (1779) en el cual Nipho trataba cuestiones relativas a la agricultura, artes, costumbres, industrias y literatura de su admirada Inglaterra. En este sentido, la anglofilia de Nipho resulta especialmente destacable en una época en la cual, por el contrario, la política exterior de la monarquía española se regía por los Pactos de Familia con Francia, dando el entronque común de las dos dinastías pertenecientes a la familia borbónica. Y, sin embargo, Nipho dejó patente su admiración por Inglaterra ya que sus escritos tenían por objeto imitar la cultura y la sociedad británica para “hacer feliz a España”.

     Tampoco debemos dejar de citar otras publicaciones periódicas surgidas bajo su impulso como el Correo General de España (1770-1771), continuado más tarde por su Descripción natural, política y económica de todos los pueblos de España, en cuyas páginas, el periodista alcañizano manifestó su  preocupación por diversos temas, entre otros, por el problema agrario y el fomento de las manufacturas, tratados desde  un espíritu reformista que entroncaba plenamente con los ideales de la Ilustración del s. XVIII.

     Además de lo dicho, Nipho ha pasado a la historia por ser el gran innovador del periodismo español moderno y a él se deben aportaciones tales como la división entre “noticia” y “opinión”, así como el establecimiento de secciones fijas tanto en el formato como en los contenidos de la naciente prensa diaria. Nipho siempre fue consciente consciente de la importancia de la prensa escrita, un medio de comunicación de gran utilidad que se debía caracterizar por su variedad, exactitud y difusión.

     Valgan estas líneas en memoria y homenaje a una figura tan relevante de la historia de la prensa escrita española como fue Mariano de Nipho, el cual, como muchas veces sucede en nuestra tierra aragonesa, es menos conocido y valorado por sus paisanos de lo que merece. Tal vez los actos y celebraciones que tengan lugar con motivo del tricentenario de su nacimiento salden esta deuda histórica con Nipho, al igual que hace cada año la revista Compromiso y Cultura y la Asociación Literaria Poiesis, ambas con sede en Alcañiz, con la convocatoria y entrega de los premios que honran la memoria de nuestro ilustre paisano a personas, grupos, asociaciones o instituciones, que se han distinguido en las diferentes actividades del arte, la cultura, la educación, el deporte y el compromiso social y cooperativo dentro del ámbito territorial del Bajo Aragón.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 16 junio 2019)

 

 

 

 

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16/06/2019 15:10 kyriathadassa Enlace permanente. Historia Teruel No hay comentarios. Comentar.

TRUMP FRENTE A EUROPA

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     Desde el final de la II Guerra Mundial, el eje de la política occidental se articuló, en gran medida, en la llamada “Alianza Transatlántica”, la unión de intereses entre los EE.UU. y los países democráticos de la Europa Occidental. No obstante, esta alianza empezó a resquebrajarse con la llegada a la Casa Blanca en 2016 de Donald Trump y, desde entonces, los desaires, los trump-azos del presidente norteamericano hacia la Unión Europea (UE) han sido constantes: desde su entusiasta apoyo al brexit británico, duro y con portazo incluido, hasta su pretensión de desentenderse gradualmente de la firme alianza defensiva con sus aliados europeos a través de la OTAN en unos momentos, además, en que la Rusia de Vladimir Putin supone un factor de desestabilización en varias zonas del Este de Europa, desde Ucrania hasta los países bálticos.

     Todos estos hechos han generado una creciente preocupación en las instituciones comunitarias, pues como señalaba Federico Steinberg en su interesante trabajo «La UE ante la hostilidad del presidente Trump», “los cimientos sobre los que se sustenta el orden liberal internacional, que ha permitido a los países europeos alcanzar cotas de seguridad y prosperidad sin precedentes, se están tambaleando”. Y es cierto, pues estamos asistiendo en unos momentos en que, coincidiendo con el declive de Europa en el contexto mundial, la América de Trump parece quererla abandonar a su suerte dado que a Washington le interesa más una alianza estratégica con Rusia que con la UE, de igual modo que parece no tener presentes a sus aliados tradicionales para afrontar el auge de China, país al cual considera como la principal y la más seria amenaza para la hegemonía de los EE.UU., puesta en entredicho cada vez con mayor intensidad por el gigante asiático.

     Así las cosas, Trump ha pasado de menospreciar a la UE a lanzarle ataques directos mediante su apoyo a movimientos antieuropeos, xenófobos e iliberales que amenazan con destruir a la UE desde dentro, y ahí están las actuaciones maquiavélicas de Steve Bannon para corroborarlo apoyando y coordinando las actuaciones de los grupos de extrema derecha liderados por Marine Le Pen o Matteo Salvini. Es por ello que Trump es el primer presidente de EE.UU. que ve a la UE como un rival comercial en vez de como un aliado estratégico y, de ahí, su dura política proteccionista y arancelaria para con los productos procedentes de los países de la UE.

    En la situación actual, como indicaba Steinberg, los líderes europeos se sienten “desconcertados, incómodos y vulnerables” ante las formas de Trump y dudan cual es la mejor forma de reaccionar ante los trump-azos que están recibiendo. De este modo, dos hipótesis se abren paso en esta anómala situación. La primera, que Trump sea “un accidente pasajero” y, por ello, intentar capear como mejor se pueda el temporal y las bravuconadas del dirigente americano, manteniendo, a la vez, un diálogo permanente con los sectores americanos partidarios de mantener la alianza transatlántica hasta que un nuevo presidente vuelva a la “normalidad” de las relaciones ahora cuestionadas.

     Una segunda hipótesis resulta más preocupante: que el trumpismo fuera más allá de Trump, lo cual significaría una recalibración del interés nacional de los EE.UU., en un mundo cada vez más multipolar, con una Europa en declive y con unos EE.UU. cada vez más aislacionistas, que irán retirando gradualmente su “paraguas de seguridad” desplegado desde hace 70 años sobre Europa, dado que la prioridad geoestratégica actual de Washington es frenar el auge de China, que sin duda, será el gran enfrentamiento que va a marca el s. XXI. Por ello, Angela Merkel opina que la UE debería de situarse en esta segunda hipótesis, “en el peor escenario posible” y, por ello, optar por buscar una mayor autonomía estratégica, repensar su relación con China y, también, fortalecer sus alianzas con países que comparten sus valores como Canadá, Japón o algunas naciones de América Latina.

     Pero la gran debilidad de la UE es que se trata de un gigante económico pero un enano político, dado que, al no ser un Estado propiamente dicho, carece de una auténtica política exterior y de seguridad común y, por ello, como alguien dijo gráficamente, la UE es “una potencia herbívora en un mundo cada vez más de carnívoros”. La realidad es tozuda y, por ello, los tiempos en que “el amigo americano” protegía a Europa Occidental y no sólo eso, sino que le otorgaba ventajas económicas y fomentaba la integración, ya no van a volver. Por ello, el interesante análisis de Steinberg, concluye recordándonos que el tablero internacional  ha cambiado radicalmente ante un nuevo mapa geoestratégico, un nuevo (des)orden internacional, en el que la UE tiene un papel todavía por definir y en el que hallamos “un EE.UU. más aislacionista, una China más asertiva, una Rusia que seguirá golpeando por encima de su peso durante bastantes años y unas instituciones multilaterales más débiles”, un mundo, además, en el que los países emergentes reclamarán más cotas de poder e influencia que les corresponden por su mayor peso económico y militar. Este es el mundo que ya tenemos en puertas tras el alejamiento político, económico y emocional de EE.UU., a quien hasta hace poco tiempo Europa consideraba como “el amigo americano”.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 7 junio 2019)

 

 

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07/06/2019 06:30 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

AMENAZAS CONTRA LA UNION EUROPEA

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     Estamos asistiendo tristemente a un debilitamiento de los valores del europeísmo en unos momentos en que resultan más necesarios que nunca ante los diversos embates que por diversos frentes está recibiendo y que podrían frustrar el futuro de la Unión Europea (UE).

     Las instituciones comunitarias están sufriendo en estos últimos años los efectos del hostigamiento de los movimientos euroescépticos y del auge la ultraderecha. Si ya de por sí era grave la brecha abierta en la línea de flotación de la UE como consecuencia del Brexit, del cual dijo Madeleine Albright que era “toda una demostración de masoquismo económico que los británicos lamentarán durante mucho tiempo”, no menos preocupante es la irrupción en el Parlamento Europeo de los partidos ultraderechistas y xenófobos. Como señalaba Robert Patxon, en su libro Anatomía del fascismo (2005), en todos estos grupos políticos, “se percibe el eco de temas fascistas clásicos” tales como el miedo a la decadencia y a la descomposición, la afirmación de la identidad nacional y cultural propia, la supuesta “amenaza” que suponen los extranjeros no asimilables para esa anhelada identidad nacional y para el “buen orden social”, sin olvidar tampoco lo que ellos consideran como “la necesidad de una mayor autoridad para resolver los problemas”, razón por la cual, en algunos de estos partidos se percibe lo que la citada Madeleine Albright, en su reciente obra Fascismo. Una advertencia (2018), no dudaba en calificar como “el penetrante hedor del fascismo”.

     En este empeño de intentar dinamitar la UE desde dentro, resulta cada vez más preocupante la maquiavélica y desestabilizadora labor de Steve Bannon y su organización “El Movimiento”, así como ñas intenciones de la Alianza de Pueblos y Naciones, germen de una internacional de partidos nacional-populistas y fascistas. No menos grave resulta la involución reaccionaria en países como Italia, Holanda, Austria, Eslovaquia, Hungría, Bulgaria, Polonia, Estonia e incluso en los otrora venerados paraísos progresistas escandinavos como es el caso de Finlandia, Suecia o Dinamarca, donde han arraigado, también, con la fuerza de una hiedra trepadora, movimientos xenófobos y antieuropeos de signo fascista.

     En este contexto, el problema de la migración se ha convertido en uno de los principales arietes del antieuropeísmo de todos estos grupos, especialmente tras la crisis migratoria de 2015 que socavó la necesaria solidaridad intraeuropea dando como consecuencia el cierre unilateral de fronteras por los gobiernos de Hungría, Austria o Bulgaria, así como el alarmante auge electoral de Alianza por Alemania (AfD) que, tras las elecciones germanas de 2017 se convirtió en la tercera fuerza política del Reichtag. Tal es así que resulta lamentable constatar que, los inmigrantes se han convertido en el chivo expiatorio del malestar de una población que ha sufrido los negativos efectos de la globalización y que siente una creciente desafección hacia las instituciones de la UE, temas éstos demagógicamente instrumentalizados por la extrema derecha. Este hecho genera un temor, sin duda infundado, en un determinado sector de la población (y del electorado) proclive por ello a apoyar a los partidos que hacen de la xenofobia uno de sus signos de identidad, esa xenofobia que cierra fronteras, levanta alambradas o pretende construir muros, los mismos que, siguiendo la estela de Trump, reclama Vox para “proteger” Ceuta y Melilla. Este rechazo, alentado por mentiras aireadas intencionadamente por los grupos xenófobos, resulta especialmente injusto dado que, como señalaba Carmen González Enríquez, “los inmigrantes están indefensos ante este ataque”. No obstante, como bien señalaba Albright, si la migración no controlada provoca rechazo social, no es porque muchos de los refugiados sean delincuentes o terroristas, que obviamente no lo son, sino porque “la convivencia con extranjeros exige de nosotros dos cosas muy preciadas: buena voluntad y tiempo” y “ambas son necesarias para fortalecer la confianza y ninguna de ellas está tan extendida como quisiéramos”. Interesante y muy oportuna reflexión.

     Otro de los hilos argumentales de los grupos antieuropeos es su rechazo a lo que ellos consideran excesivo poder de Bruselas y de la burocracia comunitaria cuyas normativas prevalecen sobre las respectivas legislaciones internas de cada país miembro. Tal es así que hay casos como el de la Hungría de Víktor Orbán en que pese a los cuantiosos fondos que percibe de la UE, no tiene ningún reparo en llenar las ciudades magiares de ofensivos carteles bajo el lema de “Paremos a Bruselas” y, de este modo, provocando a la UE, pretende “liberar” a su país de las “imposiciones” de los “burócratas de Bruselas”, lo cual hoy por hoy, le está ofreciendo un considerable rédito electoral.

     En unos momentos decisivos para la historia inmediata de Europa, los resultados que arrojen las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 26 de mayo, servirán para valorar el estado de salud de los valores que dan razón de ser a la UE cual son el respeto a la dignidad humana,  la libertad, la democracia, la igualdad y los derechos humanos, así como para evidenciar el grado e intensidad de las amenazas que se ciernen sobre el ideal de esa Europa progresista y solidaria en la que creemos, la misma con la que soñaron Jean Monnet, Robert Schuman o Konrad Adenauer, los impulsores del europeísmo moderno.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 22 mayo 2019)

 

 

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22/05/2019 06:09 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

EL 8 DE MAYO, UNA FECHA A RECORDAR

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     El día 8 de Mayo se celebra en varios países europeos el Día de la Victoria en recuerdo del triunfo de las fuerzas aliadas frente a las potencias nazi-fascistas en la II Guerra Mundial. Este mismo hecho, que en la Rusia heredera de la  URSS y en otros países del antiguo bloque soviético se conmemora el día 9, responde al sagrado deber de recordar el significado de la victoria frente al Eje liderado por la Alemania nazi, la encarnación del mal absoluto, la barbarie uniformada, la culpable de conducir a la Humanidad a la más devastadora guerra conocida, la cual ocasionó una inmensa secuela de destrucción y casi 62 millones de muertos.

     El el combate contra el fascismo, los exiliados republicanos españoles escribieron páginas memorables, reanudando la misma lucha que habían iniciado unos años antes en defensa de la República contra el brutal embate de los militares insurrectos. Los llamados « rojos españoles » combatieron en todos los frentes y bajo todas las banderas, sumándose a grupos guerrilleros antifascistas o bien alistándose en los ejércitos aliados. Desde Narvik (Noruega) a Camerún y Níger ; desde Chad hasta los desiertos africanos de Egipto, Libia, Túnez o Argelia en donde lucharon en las unidades del VIII Ejército británico de Montgomery, en la Legión Extranjera de la Francia Libre y hasta en las fuerzas de los EE.UU; desde las playas de Normandía (en donde desembarcaron encuadrados en la División Leclerc) hasta la inmensa URSS, combatiendo en los frentes de Leningrado, Moscú, Stalingrado o el Caúcaso, los españoles lucharon con coraje, enarbolando la bandera republicana, la bandera de la libertad frente al fascismo.

     Pese a todo lo dicho, fue en la vecina Francia, en la Francia derrotada por la máquina militar hitleriana en 1940, donde la actuación de los combatientes republicanos españoles fue más destacada. De hecho, más de 20.000 compatriotas nuestros participaron en la liberación de Francia encuadrados en las Forces Françaises de l’Intérieur (FFI), a través de la Agrupación de Guerrilleros Españoles (AGE) afín al PCE o de los combatientes de la Agrupación Democrática Española (ADE), mayoritariamente anarquistas y socialistas. Además, se estima en unos 60.000 los españoles que participaron de forma activa en la Resistencia : sólo en la ciudad de París, se cifraban en torno a 4.000 el número de los resistentes republicanos antifascistas. Recordemos que los primeros blindados de la famosa IX Compañía del Regimiento del Chad, « la Nueve », mayoritariamente compuesta por españoles, de la II Divisón Leclerc que liberaron París, llevaban las banderas tricolores en sus torretas y los nombres de batallas de nuestra guerra civil pintados en sus blindados como «Teruel », « Belchite », « Madrid », « Jarama », « Ebro », « Gernika », « Guadalajara », « Brunete » o « Don Quijote », este último llamado asi, según Federico Moreno, jefe de sección de « la Nueve », como era conocida popularmente esta unidad militar, « por ser el papel que estamos desempeñando nosotros [los republicanos] desde que salimos de nuestra tierra ».

    Además de la participación de nuestros compatriotas en los combates para la liberación de París, Toulouse, Burdeos, Nantes, Rennes, Saint-Étienne, Lyon, Grenoble o Marsella, debemos recordar el decisivo papel desempeñado por los antifascistas españoles en la liberación del sur de Francia durante el verano de 1944. Fueron ellos los que arrebataron a los nazis toda la zona pirenaica francesa sin necesidad de intervención militar aliada : republicanos españoles fueron los liberadores de multitud de ciudades y pueblos del sur de Francia, en ocasiones, tras derrotar a importantes contingentes de tropas nazis, tal y como ocurrió en la batalla de La Madelaine (22 agosto 1944).

     A modo de ejemplo, aludamos a lo ocurrido en el valle francés de Aspe, que se extiende desde el puerto del Somport hasta la ciudad de Oloron-Sainte Marie. Aunque incialmente se hallaba en el territorio del État Français, el régimen pronazi de Vichy, fue invadido en noviembre de 1942 por las tropas hitlerianas, por lo que quedó integrado en la llamada « área vedada » que discurría a lo largo de la frontera franco-española. En el valle de Aspe, los combates entre petainistas y nazis frente a los maquis españoles fueron constantes durante estos años, logrando de éste modo los republicanos, no sólo liberar las principales poblaciones del valle como Bedous, sino obtener la rendición de la guarnición nazi del Fort du Portalet, en las cercanías de Urdos.

    El heroísmo de los republicanos regó con su sangre la libertad de los valles pirenaicos franceses limítrofes con Aragón. Testigos de todo ello son los monumentos que en honor de los españoles muertos por la libertad de Francia se levantan en Lhées-Athás, Etsaut u Oloron. En esta última población, el Monumento a la Resistencia y a la Deportación está plagado de mártires de la libertad con apellidos españoles como Arbués, Duaso, Galarza, Larraz, Regueiro, Sánchez, Soguero, Fontán o Herrer. Lo mismo podemos decir de los aragoneses que yacen en el cercano cementerio republicano del Campo de Concentración de Gurs, en el de Lurbe-Saint Christau,  o los 17 españoles asesinados por los nazis en Buziet, en el cercano valle de Ossau en julio de 1944, en cuyo memorial tiene lugar todos los años una ceremonia de recuerdo y homenaje. Son sólo unos ejemplos, no todos, del testimonio dejado por nuestros compatriotas en la lucha contra el fascismo en un valle pirenaico francés, al igual que ocurrió a lo largo de todo el territorio galo durante la II Guerra Mundial. Como recordaba Roy-Tanguy, dirigente del PCF, exbrigadista en la Guerra de España y jefe de la insurrección parisina contra la ocupación nazi, en más de 50 departamentos, « los combatientes españoles formaron valerosas unidades de la Resistencia francesa », razón por la cual, añadía, « no hay una gran ciudad en esos departamentos, y en primer lugar en París,  que no tenga una deuda de reconocimiento hacia esos hijos y esas hijas de España ».

      A todos ellos, en estos días en que la fiesta del 8 de Mayo celebra la victoria aliada, debemos también recordarlos pues ello, es otro capítulo más de nuestra memoria histórica colectiva que debemos no sólo recuperar sino, también, dignificar por su ejemplo y sacrificio para las generaciones futuras. A estos combatientes republicanos que lucharon, murieron y yacen en tantos países distintos, José María Valente los recordaba así : « No reivindicaron más privilegio que el de morir, para que el aire fuera más libre en las alturas, y más libres los hombres ». Por ello, en memoria de aquel 8 de Mayo de 1945 que liberó a Europa (que no a España) del fascismo, debemos recordar siempre con emoción, orgullo y dignidad a nuestros compatriotas, a nuestros combatientes republicanos españoles.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en : El Periódico de Aragón, 10 mayo 2019)

 

 

 

 

 

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10/05/2019 06:30 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

CAMBIO DE ÉPOCA

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     Tal vez no seamos plenamente conscientes de que estamos asistiendo a un “cambio de época” con respecto a lo que hacíamos y vivíamos hasta hace bien poco tiempo y para el que todavía no tenemos capacidad de vislumbrar su futuro. Sin embargo, varios rasgos caracterizan a este cambio de época.

    En primer lugar, todo parece indicar que nos hallamos ante el final del llamado “contrato social”, ese pacto tácito entre el capitalismo industrial y el trabajo que dio lugar al llamado Estado del Bienestar. Este pacto, mediante el cual se otorgaba al Estado un papel redistributivo y corrector de las desigualdades generadas por la economía de libre mercado a través de un sistema fiscal progresivo y la aplicación de políticas sociales dirigidas a establecer una serie de derechos sociales considerados de carácter universal, se ha ido resquebrajando con el pretexto de la crisis global que se inició en 2008.

     La otra característica fundamental es, en palabras de Zygmun Bauman, “el divorcio entre el poder y política” y es que, en la actualidad, con la globalización, “el Estado-nación ha sido incapaz de controlar y regular la actividad financiera promovida por los mercados globales”. En consecuencia, se ha producido “una asimetría creciente entre la esfera reguladora del Estado y el marco de actuación del poder financiero” y, por ello, como señalaba el politólogo polaco recientemente fallecido, “hoy el poder ya es global, la política sigue siendo lastimosamente local” y, por ello, la globalización ha facilitado la movilidad de capital y el que las grandes corporaciones busquen mano de obra y costes de producción más baratos, razón que explica el elevado número de deslocalizaciones industriales.

    Finalmente, todo este “cambio de época” se apoya en el arrogante triunfo del pensamiento neoliberal, del cual Margaret Thatcher, una de sus principales impulsoras, dijo en su día que “no hay alternativa” ante el nuevo dogma neoliberal que se resume en tres ideas-clave: individualismo, libertad absoluta de mercado y Estado mínimo.

    Ante esta situación, resulta necesario construir una alternativa de transformación social que implique la confluencia de las fuerzas de izquierda y los movimientos sociales de forma dinámica, flexible y abierta a la construcción permanente. Según Emilio Santiago Muiño esta alternativa debe partir de “una realidad en red viva y muy diversa que entrelaza confluencias y alianzas de una pluralidad de colectivos y actores sociales extremadamente diversos”. Por ello, según Jesús Sanz, una propuesta de emancipación social debe tener presente una apuesta decidida por una sociedad que avance hacia la equidad y la justicia social para evitar así que la desigualdad alcance “niveles escandalosos” y que se base en mecanismos de redistribución social tales como una fiscalidad justa, la lucha contra los paraísos fiscales, servicios públicos de carácter universal y otras medidas tales como la fijación de salarios mínimos y máximos. También son necesarias propuestas que ahonden en la democracia y en la participación ciudadana para así pasar a lo que Boaventura de Sousa Santos considera que debería de ser “una democracia de alta intensidad” que vaya más allá de la elección de gobernantes y que esté asociada, en opinión de Ángel Calle, a la apertura de “procesos de participación y autogobierno sobre la base de bienes comunes y derechos sociales que se fortalecen desde las instituciones sociales”.

     A todo lo dicho se añade la necesidad de dar respuesta al contexto de crisis ecológica y civilizatoria en la que nos encontramos, lo cual pasa por rechazar el crecimiento ilimitado para evitar el colapso ecosocial. Ello supone apostar por una economía al servicio de las personas, que garantice un mínimo vital que permita vivir con dignidad y que iría en la línea de reivindicar una renta básica universal y, también, construir una economía que se ajuste a los límites impuestos por el planeta y que asuma tanto el interesante concepto de la justicia ambiental junto a la justicia social como ámbitos indisolubles.

     En definitiva, ello supone avanzar hacia un modelo de producción económica más justo, democrático y sostenible, que se sustente en los valores de la cooperación, la equidad, la participación y el compromiso con el entorno. A modo de conclusión, Jesús Sanz recoge una nítida percepción de la realidad actual al señalar que, “a pesar de no contar con un relato alternativo muy definido que se contraponga al “no hay alternativa” y a la crisis de las utopías, existe una conciencia de que las cosas no van bien, y cada vez parece haber más partidarios que comparten la necesidad de transitar por caminos diferentes ante la gravedad de la situación actual”. Y es cierto.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 2 mayo 2019)

 

 

 

 

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02/05/2019 06:06 kyriathadassa Enlace permanente. Economía global No hay comentarios. Comentar.

PATRIOTISMO REPUBLICANO

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     De un tiempo a esta parte estamos asistiendo a cómo las derechas españolistas, aprovechando la tensa situación política generada por el conflicto catalán, intentan monopolizar el sentimiento patriótico de una manera excluyente y como ariete político frente a sus adversarios, con un airear de banderas y voceríos patrioteros que a nada conducen.

     El añorado político vasco Mario Onaindía Natxiondo (1948-2003), en su libro La construcción de la nación española. Republicanismo y nacionalismo en la Ilustración (2002), nos ofrece algunas claves para distinguir el verdadero significado de los conceptos de “patriotismo” y “nacionalismo”, tan manidos como instrumentalizados con harta frecuencia. De entrada, Onaindía nos recordaba que la idea de “patria” procede del latín “terra patria”, el cual constituye “uno de los conceptos fundamentales de la tradición republicana”, entendiendo por tal su acepción latina, la “res publica”, esto es el bien común, concepto éste que, nos advierte, será tomado por el nacionalismo para otorgarle un sentido muy distinto. Aunque el lenguaje corriente considera sinónimos “patriotismo” y “nacionalismo”, éstos deben de diferenciarse ya que, “para los patriotas de inspiración republicana, el valor principal es la República y la forma libre que ésta permite, en cambio, los nacionalistas consideran que los valores primordiales son la unidad espiritual y cultural del pueblo, dejando en segundo término u olvidando totalmente la lealtad hacia las instituciones que garantizan las libertades”. En consecuencia, ello implica actitudes personales distintas ya que, mientras el patriotismo “trata de producir un tipo de ciudadano libre que tiene su esfera de seguridad garantizada por las leyes y por tanto trata de defenderlas porque constituyen una barrera que salvaguarda la seguridad individual”, el nacionalismo busca una cohesión social  que “genera un individuo que trata de fundirse con la comunidad, de manera acrítica y renunciando a su esfera de autonomía individual” un nacionalismo, además,  obsesionado con  la “exaltación estatal de la raza, la lengua y la historia”, esta última siempre concebida (y mitificada) a la medida de intereses políticos concretos. Frente a ello, para Onaindía, el auténtico patriotismo republicano “no necesita unidad cultural, moral o religiosa; exige otro tipo de unidad, la unidad política, sustentada por el nexo con la idea de República, que consiste en la defensa de la ley, que garantiza la libertad”. De este modo, el concepto de “patria” sería sinónimo de “república” (res publica) y esta, de “bien común”.

     En esta misma línea, Cicerón, en su Tratado de las leyes, ya diferenciaba entre la atracción que se siente hacia la tierra nativa, por ejemplo, la que mueve a Ulises a volver a su Ítaca, del sentimiento que experimenta el ciudadano hacia su patria, entendida ésta como las instituciones que garantizan su libertad, haya nacido o no en ella. Y es que, por encima de bandera o símbolos, como señalaba John Milton, la patria sería el lugar en donde una persona se siente libre. Esa misma idea de asociar el concepto de “patria” y de “libertad” lo hallamos también en Diderot, para quien el patriotismo es el afecto que el pueblo siente por su patria, entendida ésta no como la tierra natal, sino como una comunidad de hombres libres que viven juntos por el bien común. Estos mismos planteamientos son los que articulan el llamado “patriotismo constitucional” de Jünger Habermas, que considera a la patria como el lugar donde el ciudadano goza de libertad, allí donde existen unas instituciones y un marco legal que la garantizan. Ello excluye, de facto, todo tipo de patrioterismo propio de mentes e ideologías reaccionarias, tan proclives a apropiarse en exclusiva del concepto de “patria” tras vaciarlo de todos los valores de libertad, justicia y convivencia pacífica en la diversidad que le son propios.

     Por todo lo dicho, el patriotismo republicano  confronta con la actitud de quienes siempre han pretendido imponer su supuesto “patriotismo”,  más bien patrioterismo, por cualquier medio, incluso recurriendo a la violencia: por ello resultan tan rechazables y peligrosos quienes se sienten herederos de los que en el pasado quisieron edificar “su España” matando españoles a lo largo de nuestra agitada y sangrante historia, una reflexión que resulta especialmente oportuna en estos días en que se recuerda el 80º aniversario del final de la Guerra de España de 1936-1939.

     Tampoco responde a un auténtico espíritu patriótico abierto e integrador la posición de quienes quieren reafirmar la imagen de una España integrista a costa de negar la aportación a nuestra secular historia colectiva de las comunidades musulmanas o judías a las que la cultura hispánica tanto debe, así como  la de quienes hoy en día tampoco aceptan los valores positivos derivados de la inmigración y de la riqueza y diversidad que aporta a nuestra sociedad, cada vez más multicultural y multiétnica. Consecuentemente, resultan rechazables las evocaciones nostálgicas a Covadonga, a la Reconquista o a Lepanto, aireadas altaneramente por las derechas, evocaciones fuera de lugar en el marco del necesario patriotismo constitucional y democrático de tradición republicana que precisa nuestra sociedad.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 12 abril 2019)

 

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12/04/2019 06:07 kyriathadassa Enlace permanente. Política-España No hay comentarios. Comentar.

VERDAD Y MEMORIA FRENTE A VISCERALIDAD

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     En los momentos actuales, ante la irrupción en el panorama político de peligrosos populismos derechistas de corte autoritario, cuando no abiertamente fascistas que apelan a las pasiones y a la visceralidad en sus mensajes políticos, resulta más necesario que nunca que los sectores progresistas reafirmen su defensa de los valores de la memoria democrática que, a fecha de hoy, sigue siendo una deuda pendiente para la sociedad española.

    Estamos en unos momentos de especial intensidad política, con un denso calendario electoral en el horizonte inmediato y ante el cual resulta vital hacer frente una creciente ola de involución derechista, como está dejando patente el caso de Vox, que se ha ido rearmando ideológicamente en diversas fuentes doctrinales tales como un autoritarismo de raíces (mal disimuladas) franquistas y también, no lo olvidemos, a través de un revisionismo histórico carente de metodología y objetividad, con el cual pretende inculcar su peculiar, parcial e interesada visión del mundo.

   No es ajena a esta ofensiva neoconservadora la aparición de una tendenciosa reinterpretación de la historia reciente, una descarada tergiversación de la realidad histórica con una carga ideológica profundamente conservadora, por no decir reaccionaria, puesta al servicio, como siempre, de los intereses materiales e ideológicos de los poderosos. Los ejemplos son abundantes: desde el revisionismo histórico enarbolado en su día por historiadores como Luis Suarez, Ricardo de la Cierva o César Vidal, hasta el más recientemente caso de Stanley G. Payne con su última obra titulada La revolución española 1936-1939. Estudio sobre la singularidad de la guerra civil (2019), donde hace una muy cuestionable interpretación de los hechos ocurridos en aquellos años trágicos de nuestra historia reciente, comenzando por negar la condición de golpe de Estado a la rebelión facciosa del 18 de julio de 1936. Y qué decir de otros aprendices de historiador como el polémico Pío Moa o el de Fernando Paz, defensor del negacionismo ante la tragedia del Holocausto, algo que en otros países como Alemania sería un delito, ejemplo último de ese tropel de escritores y polemistas que, como diría el prestigioso politólogo e historiador Alberto Reig Tapia, se dedican a hacer lo que él denomina una “historietografía” de indudable aroma reaccionario.

     En este sentido, la ofensiva de los activistas del revisionismo histórico transciende del ámbito histórico para ir calando en el campo de la clase política conservadora española como es el caso de Pablo Casado cuando desdeña la voluntad del Gobierno de exhumar al general Franco del Valle de los Caídos, o las desafortunadas y ofensivas declaraciones de la senadora del PP Esther Muñoz al criticar el que el Gobierno dedicase fondos para “desenterrar unos huesos”, en alusión a las víctimas del franquismo que yacen, todavía, en las fosas de la infamia, lo cual retrata el interés que suscita en gran parte de la derecha española la cuestión de la memoria democrática. Ante actitudes como las de Casado o Muñoz, me viene a la memoria aquella afirmación de Manuel Azaña que decía que en España arraigaban con mayor fuerza las estupideces que las acacias.

    La carga ideológica que conferimos a las palabras puede, pues, articular el diálogo y la convivencia entre modelos políticos y sociales distintos, pero, cuando se llenan de tendenciosidad y engaño, se convierten en barreras infranqueables, en simas profundas que alejan a las personas, los territorios y los modelos de convivencia social. Por ello es tan importante mantener una actitud abierta, honesta, dialogante y objetiva a la hora de analizar nuestra historia y la necesidad de extraer lecciones positivas que nos sirvan, a todos, para cimentar una sociedad basada en el diálogo cívico, el respeto a la diversidad y no en odios atávicos o en mentiras y falsedades interesadas, especialmente en temas tan sensibles como es el caso de la memoria democrática, una cuestión que, a fecha de hoy, todavía no ha aceptado plenamente la derecha política española y que, por ello, sigue estando bastante descentrada, más aún tras la irrupción y la competencia electoral de Vox, opción política cargada de mensajes reaccionarios y revisionistas desempolvados de un pasado que creíamos superado.

    Por todo ello, el debate profundo de ideas que debe caracterizar a toda sociedad democráticamente madura, no puede quedar desvirtuado por la utilización perversa del lenguaje y de la historia colectiva máxime cuando ello es alentado desde una pasional y demagógica visceralidad y, en consecuencia, hacerle frente supone todo un reto para historiadores, políticos y, desde luego, para el conjunto de todos nosotros, los ciudadanos de esta nuestra España plural.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 26 marzo 2019)

 

 

 

 

 

 

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26/03/2019 07:19 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

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