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VERDAD Y MEMORIA FRENTE A VISCERALIDAD

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     En los momentos actuales, ante la irrupción en el panorama político de peligrosos populismos derechistas de corte autoritario, cuando no abiertamente fascistas que apelan a las pasiones y a la visceralidad en sus mensajes políticos, resulta más necesario que nunca que los sectores progresistas reafirmen su defensa de los valores de la memoria democrática que, a fecha de hoy, sigue siendo una deuda pendiente para la sociedad española.

    Estamos en unos momentos de especial intensidad política, con un denso calendario electoral en el horizonte inmediato y ante el cual resulta vital hacer frente una creciente ola de involución derechista, como está dejando patente el caso de Vox, que se ha ido rearmando ideológicamente en diversas fuentes doctrinales tales como un autoritarismo de raíces (mal disimuladas) franquistas y también, no lo olvidemos, a través de un revisionismo histórico carente de metodología y objetividad, con el cual pretende inculcar su peculiar, parcial e interesada visión del mundo.

   No es ajena a esta ofensiva neoconservadora la aparición de una tendenciosa reinterpretación de la historia reciente, una descarada tergiversación de la realidad histórica con una carga ideológica profundamente conservadora, por no decir reaccionaria, puesta al servicio, como siempre, de los intereses materiales e ideológicos de los poderosos. Los ejemplos son abundantes: desde el revisionismo histórico enarbolado en su día por historiadores como Luis Suarez, Ricardo de la Cierva o César Vidal, hasta el más recientemente caso de Stanley G. Payne con su última obra titulada La revolución española 1936-1939. Estudio sobre la singularidad de la guerra civil (2019), donde hace una muy cuestionable interpretación de los hechos ocurridos en aquellos años trágicos de nuestra historia reciente, comenzando por negar la condición de golpe de Estado a la rebelión facciosa del 18 de julio de 1936. Y qué decir de otros aprendices de historiador como el polémico Pío Moa o el de Fernando Paz, defensor del negacionismo ante la tragedia del Holocausto, algo que en otros países como Alemania sería un delito, ejemplo último de ese tropel de escritores y polemistas que, como diría el prestigioso politólogo e historiador Alberto Reig Tapia, se dedican a hacer lo que él denomina una “historietografía” de indudable aroma reaccionario.

     En este sentido, la ofensiva de los activistas del revisionismo histórico transciende del ámbito histórico para ir calando en el campo de la clase política conservadora española como es el caso de Pablo Casado cuando desdeña la voluntad del Gobierno de exhumar al general Franco del Valle de los Caídos, o las desafortunadas y ofensivas declaraciones de la senadora del PP Esther Muñoz al criticar el que el Gobierno dedicase fondos para “desenterrar unos huesos”, en alusión a las víctimas del franquismo que yacen, todavía, en las fosas de la infamia, lo cual retrata el interés que suscita en gran parte de la derecha española la cuestión de la memoria democrática. Ante actitudes como las de Casado o Muñoz, me viene a la memoria aquella afirmación de Manuel Azaña que decía que en España arraigaban con mayor fuerza las estupideces que las acacias.

    La carga ideológica que conferimos a las palabras puede, pues, articular el diálogo y la convivencia entre modelos políticos y sociales distintos, pero, cuando se llenan de tendenciosidad y engaño, se convierten en barreras infranqueables, en simas profundas que alejan a las personas, los territorios y los modelos de convivencia social. Por ello es tan importante mantener una actitud abierta, honesta, dialogante y objetiva a la hora de analizar nuestra historia y la necesidad de extraer lecciones positivas que nos sirvan, a todos, para cimentar una sociedad basada en el diálogo cívico, el respeto a la diversidad y no en odios atávicos o en mentiras y falsedades interesadas, especialmente en temas tan sensibles como es el caso de la memoria democrática, una cuestión que, a fecha de hoy, todavía no ha aceptado plenamente la derecha política española y que, por ello, sigue estando bastante descentrada, más aún tras la irrupción y la competencia electoral de Vox, opción política cargada de mensajes reaccionarios y revisionistas desempolvados de un pasado que creíamos superado.

    Por todo ello, el debate profundo de ideas que debe caracterizar a toda sociedad democráticamente madura, no puede quedar desvirtuado por la utilización perversa del lenguaje y de la historia colectiva máxime cuando ello es alentado desde una pasional y demagógica visceralidad y, en consecuencia, hacerle frente supone todo un reto para historiadores, políticos y, desde luego, para el conjunto de todos nosotros, los ciudadanos de esta nuestra España plural.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 26 marzo 2019)

 

 

 

 

 

 

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26/03/2019 07:19 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

EL ORIGEN DEL 8 DE MARZO

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    El 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, se ha convertido en una profunda reivindicación y defensa de los derechos de la mujer en sentido amplio, a la importancia de la misma en la sociedad actual y, en consecuencia, en la lucha contra el machismo y el patriarcado que lastra su plena igualdad de oportunidades, contra la violencia de género, contra las trabas que limitan su acceso al mercado laboral, la indigna brecha salarial existente entre ambos sexos, banderas éstas enarboladas por el movimiento feminista, más importantes hoy, si cabe, ante el actual auge de los movimientos ultraderechistas emergentes.

    Haciendo un poco de historia, el “8 de Marzo” tiene su origen en el seno del movimiento obrero internacional, en relación con varios acontecimientos históricos que conviene recordar. Este es el caso de la marcha de trabajadoras textiles de Nueva York de 1857 en protesta por sus míseras condiciones laborales y, sobre todo, la huelga de las costureras de la Cotton Textile Factory, también de Nueva Cork, del año 1908. Este hecho movilizó a las obreras en demanda de mejoras salariales tales como la reducción de la jornada laboral (entonces era de 12 horas) y por la derogación del trabajo infantil en la industria textil. La huelga tuvo un trágico final puesto que la fábrica fue incendiada por sus propietarios con las obreras en su interior lo cual ocasionó la trágica muerte de 129 de ellas.

    Tras la tragedia de la factoría Cotton y la famosa huelga textil de las 13 semanas en las fábricas neoyorquinas, el entonces pujante Partido Socialista de América, el SPA, decidió celebrar el 28 de febrero de 1909 el “Día de la Mujer”, en el que, junto a demandas específicamente laborales, las socialistas norteamericanas reivindicaban el derecho de sufragio femenino, el cual no se lograría en los EE.UU. hasta 1920.

    El movimiento obrero internacional fue asumiendo las demandas del proletariado femenino y, de este modo, Clara Zetkin, líder del Movimiento Alemán de Mujeres Socialistas, propuso la necesidad de recordar las demandas de las mujeres trabajadoras en una fecha concreta. Así se acordó en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague en 1910. De este modo, a partir de 1911, empezaron a tener lugar celebraciones promovidas por diversos partidos socialistas en EE.UU., Austria, Alemania, Dinamarca y Suecia, aunque con fechas variables en cada uno de ellos. No fue hasta 1914 cuando, a propuesta de las socialistas alemanas del SPD, se celebró el primer “8 de Marzo” como fecha dedicada internacionalmente a la mujer trabajadora, la cual se consolidó de forma definitiva tras el triunfo de la revolución rusa de 1917.

     En la actualidad, el “8 de Marzo” sirve, también, además de su carácter obrero, para reflexionar sobre las condiciones vitales y laborales de la mujer en nuestra sociedad. Ciertamente, mucho se ha avanzado desde los acontecimientos históricos relatados que dieron origen al “8 de Marzo” y a las reivindicaciones que a ella se asocian. No obstante, estos avances solo se constatan en el mundo desarrollado y, aún allí, tienen sus luces y sus sombras. Recordemos que, en España, lamentablemente, no existe una equiparación de las condiciones salariales entre hombres y mujeres ya que éstas reciben salarios un 25 % inferiores a los de sus compañeros varones por el desarrollo de tareas idénticas. Las carencias en el ámbito fiscal y educativo son obvias: escasas prestaciones y desgravaciones por hijo para las madres trabajadoras en relación con otros países de la Unión Europea, carencias en terrenos tan sensibles como la educación y la formación cultural que permitan erradicar definitivamente los hábitos de discriminación, marginación y violencia de género, etc. Todos estos aspectos se agravan especialmente en el caso de la población femenina inmigrante que convive con nosotros, la cual sufre una doble discriminación laboral debida a su condición de inmigrante y de mujer. Todavía más grave resulta la situación de las mujeres trabajadoras en los países del Tercer Mundo, sometidas a una explotación en algunos casos equiparable al trabajo esclavo… en pleno s. XXI.

     Por todo ello, al igual que demandaban las obreras textiles americanas en 1857, en 1908, o actualmente en cualquier lugar del mundo globalizado, todavía queda mucho por hacer con las diversas discriminaciones padecidas por las mujeres. Ello nos exige a todos, un compromiso individual, colectivo y también institucional, para que la globalización galopante no suponga la perpetuación de la desigualdad en el mundo desarrollado y mucho menos la explotación laboral en el Tercer Mundo, pues ambas son contrarias tanto a la dignidad y derechos de la mujer como a los fundamentos de una sociedad democrática y progresista.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 8 marzo 2019)

 

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UN MAR DE BRAMIDOS Y CRISPACIÓN

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     En pleno fragor pre-electoral, en estos días en que se recuerda el 80º aniversario de la triste muerte en el exilio de Antonio Machado, nos viene a la memoria aquellos versos del poeta cuando en su célebre «Retrato», aludía a “distinguir me paro las voces de los ecos”. Y es que estamos asistiendo a una agitada ola de bramidos, de visceralidad e insultos que nada construyen, que resquebrajan la convivencia y que ahogan las voces que consideramos necesario el saludable debate libre de ideas y alternativas políticas. Pero, recordando el verso machadiano, priman los ecos de una crispación que, por desgracia, va en aumento y de ello tienen una seria responsabilidad determinados políticos. Ahí tenemos, por ejemplo, el agrio lenguaje y las expresiones despectivas de que hace gala Pablo Casado que, tras su sempiterna sonrisa, siempre tiene en sus labios palabras para el insulto fácil y la descalificación permanente, un lenguaje y actitudes de una ínfima calidad intelectual y política, impropia del líder de un partido tan importante para la democracia española como es el Partido Popular. Y qué decir de la volatilidad ideológica de un Albert Rivera y de C’s, o de los anacronismos reaccionarios de Vox,  que pretende hacer retroceder el reloj de la historia a tiempos pasados (y peores), pues ambos partidos se han sumado con renovados bríos a esta permanente tormenta de bramidos y crispación que tenemos que soportar la ciudadanía.

    La triple alianza de las derechas está utilizando, y previsiblemente lo seguirá haciendo durante todos estos meses jalonados de citas electorales, su más potente artillería verbal no sólo para atacar a la figura de Pedro Sánchez y la gestión del gobierno del PSOE surgido tras la moción de censura del pasado 1 de junio de 2018, sino, por extensión, para destruir o cuando menos limitar, los avances logrados en estos últimos años en materias tan sensibles como las libertades, las políticas sociales y laborales o del desarrollo del Estado Autonómico. La coartada perfecta para esta seria amenaza involucionista, de estas políticas propias de unas derechas sin complejos, se la ha dado el conflicto de Cataluña. Tan espinosa cuestión, azuzada de forma deliberada tanto por los sectores secesionistas catalanes como por el españolismo más centralista, ha dinamitado demasiados puentes de diálogo y convivencia y que tanto va a costar reconstruir.

     Asistimos a un mapa político en el cual una derecha, cada vez más descentrada, ha tocado arrebato a tambor batiente y con las banderas desplegadas, para imponer su concepto de España, ese que tiene perfiles tan rígidos e intolerantes y que por ello no resulta aceptable para amplios sectores de la ciudadanía pues esa imagen, también “en blanco y negro”, sigue siendo incapaz de reconocer y aceptar plenamente la diversidad y la realidad plurinacional de esta “nación de naciones” que es España. Esta involución, que está incluso pidiendo la supresión de las autonomías como hace Vox o la recentralización de algunas competentes transferidas como sugiere el PP, parece retrotraernos a los tiempos de la Transición, cuando la entonces Alianza Popular votó en el Congreso de los Diputados en contra del Título VIII del proyecto constitucional referente a la regulación autonómica del Estado.

    Aunque en su día José María Aznar afirmó, para congraciarse el apoyo parlamentario de las derechas catalanas de Jordi Pujol, que “hablaba catalán en la intimidad”, hay que recordar que uno de los elementos del subconsciente colectivo del pensamiento de la derecha españolista ha sido, y los hechos lo demuestran, su anticatalanismo: así ocurrió durante los debates y aprobación del Estatuto de Cataluña de 1932, la presentación del recurso de inconstitucionalidad contra la reforma del Estatut de 2006 o la torpe gestión del proceso soberanista iniciado a partir de 2012 por parte del Gobierno Rajoy. Mientras el anticatalanismo le siga reportando votos a las derechas en otras comunidades autónomas de la España interior, seguirán agitándolo con la misma ansia y afán con que creen poder acabar con el procés mediante medidas represivas o con la aplicación del artículo 155 de forma permanente como ha prometido Pablo Casado, soluciones que resultan inútiles para resolver el desgarro político y emocional de Cataluña con el resto de España.

   Si algo está claro es que el problema territorial de España sigue pendiente de solucionarse, aunque se cubran plazas y balcones de banderas bicolores o de esteladas. Los problemas políticos requieren de soluciones políticas valientes. Hoy por hoy, tras el intento fracasado de Pedro Sánchez, no parece haberlos ni en el campo del independentismo catalán ni mucho menos en la envalentonada triple alianza de las derechas, lo cual es una desgracia para nuestra democracia.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 24 febrero 2019)

 

 

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25/02/2019 07:13 kyriathadassa Enlace permanente. Política-España No hay comentarios. Comentar.

¿UNOS NUEVOS EUROESCEPTICOS?

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      Durante la última década la Unión Europea (UE) ha sido golpeada por una creciente marea de un euroescepticismo cuyas olas, bien fueran debidas a las consecuencias de la crisis económica global o bien a los efectos de las políticas migratorias, han sido agitadas por demagogias populistas de signo conservador cuando no abiertamente fascistas. De este modo, el euroescepticismo, que socaba gravemente los valores fundamentales de la UE (respeto a la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad y los derechos humanos) así como la finalidad de la misma (promover la paz y el bienestar de sus pueblos) tal y como los recoge el Tratado de Lisboa (2007), ha ido calando en amplios sectores de la ciudadanía europea y ello está siendo utilizado como perverso ariete político y electoral por diversos movimientos y partidos cuyos ejemplos son de todos conocidos.

     La marea euroescéptica está también llegando a otros ámbitos que, hasta ahora, se consideraban adalides del europeísmo. Este es el caso, como señalaba en un reciente estudio Ariane Aumaitre Balado, de determinados sectores del independentismo catalán.  La razón de lo que considera un incipiente euroescepticismo emergente que está surgiendo tras el mar de las esteladas secesionistas, tendría su origen, según dicha autora, en que “a pesar de las numerosas demandas por parte de los independentistas, la UE se ha mantenido en todo momento al lado del Gobierno español, algo que podría haber frustrado las expectativas puestas en Bruselas por parte de la ciudadanía catalana”.

     Por otra parte, en el estudio citado, aparecen otros resultados de interés, tales como las actitudes de los ciudadanos ante la UE en las dos últimas décadas y cuyos datos rebaten la extendida idea de que el nacionalismo/independentismo catalán ha sido tradicionalmente más europeísta que el resto de España. Para ello, analiza los resultados de las cuatro últimas elecciones al Parlamento Europeo (1999, 2004, 2009 y 2014) y, si bien es cierto que hasta 2009 el apoyo a la UE era superior en Cataluña que en el resto de España, también lo es que esta tendencia se invirtió a partir de 2014, una vez comenzado el procés, sin duda debido a una expectativa (que los hechos posteriores frustrarían) de que la UE podría jugar algún papel en las demandas de autodeterminación de los secesionistas.

     Otro dato relevante que nos ofrece Aumaitre es que el porcentaje de participación en las elecciones al Parlamento Europeo fue siempre menor en Cataluña que en el resto de España, excepción hecha de los comicios de 2014, tal vez por la vana esperanza de que Bruselas pudiera dar algún tipo de respaldo a los objetivos de la agenda independentista.

     Además de lo dicho, otro dato relativiza el supuesto mayor grado de europeísmo de la sociedad catalana es que en el referéndum sobre la Constitución Europea de 2005, Cataluña fue, junto a Euskadi y Navarra, las comunidades autónomas donde éste recibió el menor apoyo, por debajo del 70%, frente al total español que fue del 81,65%.

     También resulta reseñable que, según el Barómetro de Opinión Pública (BOP) del Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat de Catalunya relativo a los sentimientos de confianza y de unión hacia la UE, en base a las encuestas realizadas en julio y septiembre de 2017 (esto es, tras los sucesos del 6-7 de septiembre), se constata una fuerte caída de la confianza hacia la UE tanto entre los votantes independentistas como en aquellos que, sin serlo, se sienten sólo catalanes o más catalanes que españoles debido a “la caída de expectativas entre independentistas causada por la no intervención de la UE en favor de sus aspiraciones secesionistas” y, por el contrario, ha aumentado la confianza hacia las instituciones de Bruselas por parte de los votantes constitucionalistas.

     A modo de conclusión, Aumaitre Balado señala que “desconocemos si este embrión de euroescepticismo se convertirá en duradero, como consecuencia de que el procés ha supuesto una historia de expectativas frustradas”.

     Ante el portazo de la UE a las reivindicaciones secesionistas de una parte de la sociedad catalana y la imposibilidad de lograr la mediación de las instituciones comunitarias europeas, el president Quim Torra, en unas irresponsables declaraciones aludió recientemente a la posibilidad de optar por la “vía eslovena”, con todo lo que ello comporta. Un camino que conduce al abismo, a la fractura definitiva de la sociedad catalana y que imposibilita una deseable solución política negociada (léase referéndum pactado, vinculante y con plenas garantías democráticas) del contencioso catalán.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 2 febrero 2019)

 

 

 

 

 

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02/02/2019 19:15 kyriathadassa Enlace permanente. Política-España No hay comentarios. Comentar.

LA CRISIS QUE NOS CAMBIÓ

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     Resulta evidente que la crisis global iniciada en 2008 ha socavado los cimientos de nuestro modelo de Estado del Bienestar y esta devastación ha tenido un soporte ideológico, el neoliberalismo, que ha dado muestras de una codicia desmedida, abanderando así un agresivo fundamentalismo antisocial. Este fenómeno ha sido analizado por Naomi Klein en su libro Doctrina del shock, obra en la que condena de forma contundente los abusos de lo que llama “capitalismo del desastre” y nos recuerda que fue Milton Friedman, el ideólogo de la “doctrina del shock”, el que aconsejó a los políticos que aprovecharan los momentos inmediatamente posteriores a una crisis, bien fuera ésta producido por ataques terroristas, desastres naturales u otras catástrofes, para aplicar políticas impopulares tales como restricciones de libertades, ajustes presupuestarios, privatizaciones, desregulaciones de precios o supresión de programas públicos de contenido social, antes de que la gente pudiera reaccionar, consejos que muchos de ellos cumplieron con su fervor neoliberal. Igual que ahora, más recientemente, el miedo al terrorismo internacional y a la inmigración está propiciando el cierre de fronteras en determinados países de la civilizada Unión Europea y dando origen a preocupantes rebrotes de xenofobia y racismo alentados desde sectores de la extrema derecha.

     Hasta el Papa Francisco ha denunciado los efectos perversos del neoliberalismo al criticar “las ideologías que promueven la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera, negando el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común”, una tiranía que carece de ética, que exalta el dinero y el poder y que denigra la vida y dignidad de las personas.

     Volviendo la vista atrás sentimos que durante la crisis se hicieron las cosas muy mal ya que, como Keynes dijo, “la expansión y no la recesión es el momento idóneo para la austeridad fiscal” y, en esta misma línea, Krugman recordaba que recortar el gasto público cuando la economía se halla en depresión, la deprime todavía más, razón por la cual la austeridad debe esperar a que se produzca una fuerte recuperación económica, y no al contrario, lo cual desmiente el falso mito de la “austeridad expansionista” defendido por las políticas conservadores como único camino para salir de la crisis.

     Hemos sufrido una grave crisis gestionada por unos malos gobernantes, lo cual recuerda el texto de Tomás Moro en su célebre Utopia cuando decía que “quien no sabe regir a su pueblo sino despojándole de todas las comodidades de la existencia, no tiene ningún derecho a gobernar hombres libres, y es conveniente que se retire dada su ineptitud, pues toda incapacidad conduce al odio y al desprecio del pueblo”. Y toda esta situación, esta avasalladora avance de las agresivas políticas antisociales del neoliberalismo coinciden con una profunda debilidad de la socialdemocracia a nivel internacional, desnortada y confusa tras perder gran parte del apoyo de los colectivos sociales que eran sus tradicionales apoyos electorales al no haber sido capaz de defender con firmeza y convicción una alternativa coherente y creíble frente al azote de la devastación neoliberal que hemos sufrido.

    Por lo que se refiere a España, tal y como señalaba Noam Chomsky en la introducción del libro de Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar en España, estamos asistiendo a lo que define como una “guerra de clases unilateral”, esto es, a la agresión de la clase capitalista hacia las clases media y trabajadora, las cuales resultan cada vez más proletarizadas. Por su parte, Vicenç Navarro piensa que la única alternativa es que esta guerra (recuperando el concepto de lucha de clases) sea bilateral y que la mayoría de la ciudadanía, la que deriva sus rentas del trabajo se rebele por todos los medios, siempre y cuando no sean violentos, a fin de parar/revertir aquella agresión, y de ello hemos tenido claros ejemplos en las movilizaciones en defensa de la sanidad y la enseñanza pública o en la lucha de los pensionistas reclamando unas pensiones dignas. Es por ello que, según Vicenç Navarro, nos hallamos en un momento terminal de aquella Transición “profundamente inmodélica, que nos dio una democracia profundamente limitada y un bienestar sumamente insuficiente”, por lo que resulta necesario caminar hacia una Segunda Transición que abra nuevos cauces hacia una democracia más completa y un mayor bienestar social.

     A partir de ahora, ya nada será igual a la realidad previa a 2008, a los tiempos anteriores a esta crisis que nos cambió. La duda es siempre la misma: si caminamos, con todas sus dudas e incertidumbres hacia un futuro más justo y equitativo o aceptamos resignadamente los designios de quienes pretenden hacer retroceder el reloj de la historia a las condiciones sociales y de explotación económica del s. XIX. De nosotros depende.

 

     José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 20 enero 2019)

 

 

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20/01/2019 16:25 kyriathadassa Enlace permanente. Economía global No hay comentarios. Comentar.

EL LEGADO DE AMOS OZ

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    Con profunda tristeza he sentido el fallecimiento el pasado 28 de diciembre del escritor israelí Amós Oz, al que siempre he admirado no sólo por su calidad literaria sino también por su firme compromiso ético y político, desde sus posiciones pacifistas de izquierda, a favor de lograr una ansiada paz justa en el conflicto árabe-israelí que durante tantas décadas lleva ensangrentando las tierras de Oriente Medio. Su lucidez y compromiso dejan huérfano al movimiento pacifista de Israel en un momento en que tan necesarios resultan los referentes éticos, y Amós Oz sin duda lo era.

    De su legado intelectual y político quisiera recordar dos ideas claves que perdurarán en el tiempo. En primer lugar, su firmeza a la hora de combatir todo tipo de fanatismos, tan abundantes en el Próximo Oriente, tanto si estos eran de signo islamista radical como también los que enarbola el untranacionalismo judío, razón por la cual era un firme opositor de las políticas del gobierno de Benjamín Netanyahu, cada vez más escoradas a la derecha. Estos días he vuelto a releer las reflexiones recogidas en su libro Contra el fanatismo (2003), en el cual ofrece una lúcida visión sobre la naturaleza de las distintas formas de este espectro amenazador. Para entender lo que significa la vieja lucha entre la civilidad y el fanatismo, hay que recordar que el germen de este mal no es patrimonio exclusivo de nadie y que puede brotar en cualquier lugar ya que, como nos recordaba, “el fanatismo es más viejo que el Islam, que el cristianismo, que el judaísmo. Es más viejo que cualquier ideología o credo del mundo”, pues toda persona llevamos dentro de nosotros, latentes, actitudes fundamentalistas e intolerantes que, en determinadas circunstancias, pueden aflorar y apoderarse de nuestro pensamiento y conducta. La semilla del fanatismo brota siempre que se adopta una actitud de superioridad sobre los demás, siempre que se exige la total adhesión a unas ideas o creencias determinadas y de ello se derivan nefastas consecuencias entre ellas, “regímenes totalitarios, ideologías mortíferas, chovinismo agresivo, formas violentas de fundamentalismo religioso”.

    Amos Oz, que se definía como “experto en fanatismo comparado” dada su condición de judío nacido en Jerusalem en 1939, en el entonces todavía Mandato británico de Palestina, volvió sobre este tema de nuevo en su obra Queridos fanáticos (2018), en la que profundiza en las características de la intolerancia, “cuya semilla se cultiva en los campos del radicalismo”, en el germen del fanatismo surgido en actitudes de “profundo desprecio” hacia el prójimo. En contraste, reivindicaba la diversidad y la riqueza humana y cultural que supone el vivir en vecindad con personas de creencias y culturas diferentes, una cuestión de absoluta actualidad para nuestras sociedades, cada vez más multiculturales y multiétnicas.

    La segunda idea esencial del legado de Oz, apellido que en hebreo significa “coraje” y él bien que lo tuvo a lo largo de toda su vida, es su compromiso militante a favor de la paz pues tenía claro que una forma de combatir el fanatismo es la capacidad para resolver con valentía y visión de futuro conflictos enquistados como es el de Oriente Medio. Oz, que desde 1967 había defendido la existencia de un Estado Palestino y que fue fundador de la asociación Shalom Ajshav (Paz Ahora) en 1978, planteaba avanzar hacia “zonas de acuerdo”, siquiera sean “de acuerdo parcial”, que permitan llegar a “compromisos dolorosos”, pues éstos supondrán renuncias tanto para israelíes como para palestinos. No existen fórmulas milagrosas para resolver este conflicto, pero el camino es claro: existencia legal e internacionalmente reconocida de dos Estados, Israel y Palestina, ambos con la capital compartida en Jerusalem, la eliminación de todos los asentamientos judíos en territorio palestino, las modificaciones fronterizas consiguientes. y disposiciones especiales para los casos de Jerusalem y los Santos Lugares, como se apuntan en los Acuerdos de Ginebra de 2003. Pero para ello son necesarios estadistas de talla en ambos bandos que sean capaces de llegar algún día a aquella “paz de los valientes” por la que soñó y murió Yitzhak Rabin.

    La posición valiente de Amós Oz como referente del pacifismo de izquierdas en estos temas hizo que los sectores más reaccionarios de la sociedad israelí le acusasen de “traidor” y que incluso recibiera frecuentes amenazas de muerte. Por esta razón escribió otra de sus obras de título provocador: Judas (2015) ya que, como en alguna ocasión había reconocido, “es un orgullo que algunos israelíes me llamen traidor por oponerme a la ocupación”.

    Amos Oz, ejemplo de intelectual comprometido, confesaba que “es difícil ser profeta en la tierra de los profetas”, pero su legado debería ser escuchado para empezar a construir un futuro de paz y justicia entre palestinos e israelíes, dos pueblos obligados a convivir en una tierra sagrada para ambos, en una tierra que les es común por tantos motivos emocionales, históricos y religiosos. Este es el legado de Amós Oz, que, con su tesón, compromiso político y coraje moral, ha sido considerado como la conciencia ética y el mayor humanista de Israel. Añoraremos su ausencia.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 6 enero 2018)

 

 

 

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06/01/2019 13:53 kyriathadassa Enlace permanente. Oriente Medio No hay comentarios. Comentar.

EL CAMBIO CLIMATICO LO CAMBIA TODO

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     La XXI Conferencia sobre Cambio Climático celebrada en París en 2016 fue decisiva para afrontar el gravísimo problema del calentamiento global que afecta a nuestro planeta. Allí se ratificó el conocido como Acuerdo de París en el cual se fijaron una serie de medidas para lograr la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y, de este modo, como se señalaba en su artículo 2º, “reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático en el contexto del desarrollo sostenible y de los esfuerzos por erradicar la pobreza”. Este Acuerdo, del cual se ha desentendido con la irresponsabilidad que lo caracteriza el presidente norteamericano Donald Trump, pretende limitar el aumento de la temperatura media global del planeta por debajo de los 2º C con respeto a los niveles pre-industriales y hacer esfuerzos para limitar dicho aumento a 1,5º C, así como el de lograr emisiones netas de carbono cero en la segunda mitad de este siglo para así conseguir un equilibrio entre las emisiones  y la absorción de las mismas, en lo que se conoce como “Neutralidad en carbono” o “nueva economía hipocarbónica”, objetivo éste que ya contemplan las legislaciones de Francia, Islandia, Nueva Zelanda o Suecia.

     Estos objetivos que pretenden frenar el cambio climático, tema éste que debería ser contemplado en el texto de la Constitución, plantean la necesidad de avanzar hacia una transición energética gradual y ordenada, hacia otro modelo de desarrollo que no hipoteque el futuro medioambiental de nuestro planeta y que, consecuentemente, sea sostenible. Ello va a suponer el fin de los combustibles fósiles, como es el caso del carbón y, también, un cambio radical en el sector del automóvil que, en los próximos años deberá de ir abandonando los carburantes convencionales de gasoil o gasolina. El cambio es necesario, más aún, inaplazable, si no queremos que los negativos efectos del cambio climático sean irreversibles.

     Estas son las consecuencias derivadas del Acuerdo de París y que se irán haciendo efectivas en un futuro inmediato. Para ello, los países firmantes, como es el caso de España, se comprometieron a elaborar legislaciones específicas en materia de cambio climático y en este contexto es donde se sitúa el actual Proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética elaborado por el Gobierno de Pedro Sánchez. Dicho Proyecto de Ley pretende reducir en el 2030 un 26% las emisiones contaminantes respecto a los niveles de 2005, así como impulsar las energías renovables (eólica y solar fotovoltaica), temas éstos en los que existe un amplio consenso político y social.

Pero junto al voluntarismo de las instituciones y la existencia de un marco legislativo adecuado, estos objetivos de nada valen si no se cuenta con la implicación activa de los sectores económicos afectados. Por ello resulta destacable el Manifiesto por la Transición Energética firmado el pasado mes de mayo por 32 empresas pertenecientes al Grupo Español de Crecimiento Verde (GECV) en el que solicitaban, además de la aprobación sin dilaciones de una Ley de Cambio Climático y Transición Energética, la aplicación efectiva de una fiscalidad verde con arreglo al principio de “quien contamina, paga”, la eliminación gradual de los subsidios a los combustibles fósiles y avanzar hacia los objetivos de descarbonización fijados para 2030 y 2050. Asimismo, el GECV reclama la creación de un organismo independiente semejante al Comité del Cambio Climático del Reino Unido para garantizar el cumplimiento de los compromisos climáticos y otro objetivo, no menos importante, como es el de alinear los flujos financieros con los objetivos del Acuerdo de París: en este sentido, el citado Manifiesto, propone reorientar los flujos de capital hacia inversiones sostenibles y ello explica el creciente auge que en el ámbito empresarial están teniendo las energías renovables, de lo cual Aragón es un claro ejemplo.

    Tampoco olvidamos que en la lucha contra el cambio climático la ciudadanía consciente tiene un papel decisivo ya que este problema es percibido como una de las mayores amenazas mundiales. En el caso concreto de España, según las conclusiones de la encuesta realizada por El Real Instituto Elcano titulada Prioridades en materia de política exterior (2018) del Real instituto Elcano, se señala que “el cambio climático es la prioridad en materia de política exterior, por encima de la lucha contra el terrorismo yihadista” y es por ello que, como recordaba Lara Lázaro Touza, “la ciudadanía está muy concernida con el cambio climático como amenaza global”.

     Ciertamente, el Acuerdo de París y la legislación climática que lo desarrolla, así como la transición hacia una economía de menores emisiones contaminantes son, sin duda, el mayor reto al que se enfrenta la Humanidad desde la Revolución Industrial por los impactos económicos, sociales y medioambientales que conlleva. Un reto en el cual la Humanidad se juega, nos jugamos, nuestro futuro.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 23 diciembre 2018)

 

 

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28/12/2018 11:46 kyriathadassa Enlace permanente. Economía global No hay comentarios. Comentar.

EL NUEVO HUMANISMO

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     Europa salió de los tiempos de tinieblas del Medievo gracias al Humanismo del Renacimiento. Fue entonces cuando, recuperando los valores de la cultura clásica, este movimiento filosófico, intelectual y cultural, reemplazó la visión teocéntrica imperante por el antropocentrismo, esto es, por dar valor y significado al ser humano como medida de todas las cosas, a la vez que impulsaba una moralidad altruista y un anhelo de construir un mundo más justo para el conjunto de la humanidad: ahí están, por ejemplo, las ideas de pensadores como Tomás Moro y su célebre Utopía, obra en la cual plasma el sueño de una sociedad ideal, justa y solidaria.

     Este espíritu humanista, símbolo de modernidad, ha formado parte de la identidad de la cultura europea durante cinco siglos y ha servido también para conformar los valores esenciales de la actual Unión Europea, tal y como recordaba el filósofo holandés Rob Riemen, articulando así un modelo sociedad progresista y solidaria que ha sido capaz de superar la herencia de los dramáticos conflictos armados que, en tiempos pasados, ensangrentaron al continente europeo.

     No obstante, hoy en día parece que este humanismo, que representa lo mejor de los valores que dignifican al ser humano, está siendo ignorado, incluso atacado desde distintos ámbitos, aludiendo a él de forma despectiva como un ingenuo “buenismo”, tal y como se ha puesto de manifiesto en temas tan candentes como la reciente crisis migratoria y la actitud de acogida hacia las personas que llegan a nuestra Europa soñando con construir un futuro mejor alejado de guerras y de miserias. Estos ataques a los valores humanistas provienen tanto de los emergentes movimientos xenófobos, racistas o abiertamente fascistas, como de un rampante y deshumanizado neoliberalismo adorador del “Dios Dinero”, todo lo cual ofrece un panorama preocupante y peligroso, por lo que representan y por el riesgo futuro que tras ellos se intuye. Y es que en estos tiempos los valores humanistas, como señalaba Jorge Riechmann, se hallan “aplastados bajo la avalancha de la basura mediática, el consumismo nihilista y la degeneración de la democracia”.

    Pese a estas amenazas, los valores del Humanismo siguen vivos, afortunadamente, en estos tiempos de crisis e incertidumbres, como lo ponen de manifiesto la labor de multitud de ONGs que, inspiradas en el espíritu de solidaridad, justicia y acogida, intentan paliar infinidad de dramas sociales y personales. Es por ello que se habla de la existencia de un Posthumanismo y éste toma diversas formas tal y como señalaba Rosi Braidotti, pues todas ellas parten de “tradiciones emancipatorias”, entre las que cita el antifascismo, los humanismos socialistas, el feminismo, el pensamiento descolonial y los ambientalismos.

    En este contexto, es donde hay que situar la importancia creciente del Humanismo ecológico, aquel que ve el mundo no como un lugar de saqueo y expolio, sino como un lugar que debemos preservar y en consecuencia, el ser humano deja de ser un dominador del medio ambiente, sino su guardián y celoso administrador para preservarlo para las generaciones futuras. Y dentro del mismo, se hallaría también el Ecosocialismo y el Ecofeminismo, concepto en el cual se englobaría, como señala Carmen Magallón, “la tríada devaluada por la historia”, esto es, la defensa de las mujeres, a la naturaleza y a la paz, cuyos valores reivindica. Ya lo decía Francia Márquez, líder de los derechos medioambientales en Colombia frente a los abusos y destrozos y efectos devastadores de las industrias mineras sobre el medio ambiente en su país al señalar que “somos parte de la naturaleza, no sus dueños”.  Son en estos planteamientos, radicalmente distintos a los de la política dominante, donde la conciencia femenina aporta una visión alternativa, necesaria y progresista, al igual que ocurre con  el Feminismo pacifista desde que se fundase en 1915, en pleno fragor de la I Guerra Mundial, la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad.

   Por todo ello, hoy más que nunca resulta necesario reivindicar un nuevo Humanismo, en sus diversas facetas y enfoques, que haga frente a los principales retos que amenazan a la Humanidad. En esta línea, el teólogo José Ignacio González Faus manifestaba que “una forma de trabajar por la justicia, además de incorporar el feminismo y la ecología a este nuevo Humanismo, sería también “la lucha contra el desafuero del consumismo”. En consecuencia, necesitamos, como apuntaba Roy Scranton, “formas nuevas de pensar sobre nuestra existencia colectiva” y sólo así podremos superar estas amenazas puesto que, como advertía Jorge Riechmann, “nos jugamos que en el futuro del mundo predominen las desigualdades, los autoritarismos y la destrucción de la naturaleza, o por el contrario, la solidaridad, los derechos, la inclusión y la participación”. Todo un reto para el nuevo Humanismo.

 

José Ramón Villanueva Herrero

Publicado en: El Periódico de Aragón, 25 noviembre 2018.

 

 

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26/11/2018 17:28 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

"TRUMP-AZO" EN IRÁN

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     Entre los múltiples despropósitos y torpezas del presidente norteamericano Donald Trump en materia de política internacional uno de los más graves ha sido la ruptura el pasado 8 de mayo del Acuerdo nuclear con Irán cuyas consecuencias futuras resultan imprevisibles.

     El oficialmente llamado Plan de Acción Integral Conjunto fue firmado en julio de 2015 por Irán junto a otras seis potencias (EE.UU., Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania) tras 12 años de arduas negociaciones con el objeto de reorientar el programa nuclear iraní hacia fines civiles a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales que, desde 2006, se estaban aplicando contra el régimen de Teherán.

      El Acuerdo nuclear contaba con el respaldo unánime del Consejo de Seguridad de la ONU (Resolución 2231 de 20 de julio de 2015) y había abierto expectativas de distensión entre Irán y los EE.UU., así como de reformas internas en el régimen de los ayatollahs, y era sensación general que se estaba cumpliendo de forma correcta y así lo avalaban las 10 inspecciones sucesivas que confirmaron el efectivo cumplimiento por parte de Irán en lo referente al control de su programa nuclear. Sin embargo, la decisión de Trump, que rompe de forma brusca con la política conciliadora del anterior presidente Barack Obama, abre ahora todo un espectro de incertidumbres en la política internacional y, de forma especial en el convulso panorama de Oriente Medio.

     La polémica decisión de Trump, alentada con entusiasmo por parte de Arabia Saudí e Israel, obvia que el referido Acuerdo, tal y como señalaba Félix Arteaga, “solucionó alguno de los riesgos inmediatos de proliferación que generaba el programa nuclear y aplazó la solución de otros, incluido el desarrollo de misiles balísticos y la injerencia en asuntos regionales para más adelante a la espera de que el Acuerdo creara las condiciones de confianza necesarias para afrontarlos”.

    Pero la realidad inmediata nos conduce por caminos inciertos. A nivel interno de Irán, aunque el presidente Hassan Rohani se ha mostrado partidario de mantener los Acuerdos, la presión de los sectores más radicales del régimen (el ayatollah Alí Jamenei y los Guardianes de la Revolución) puede hacer que el país retorne (y acelere) a su programa nuclear y, además, sin la supervisión externa de los inspectores internacionales. A ello hay que añadir que la decisión de Trump no perjudica al sector radical iraní, el que sigue viendo a EE.UU. como “el gran Satán”, sino a los reformistas afines al presidente Rohani, aquellos que apostaron por un Acuerdo como elemento de cambio político y social interno.

     Otra deriva de la nueva situación creada por la irresponsabilidad de Trump es la actitud que pueda tomar Washington ante un previsible incremento de la tensión con Teherán y, en este sentido, no debemos olvidar que la Navy tiene, desde 2015, desplegados en la base española de Rota buques antimisiles con objeto de neutralizar un hipotético ataque iraní, hecho éste que pondría a España en la primera línea de un hipotético futuro incidente armado o conflicto con la República Islámica de Irán.

      Pero una de las consecuencias más graves de este “trump-azo” ha sido el negativo impacto que está teniendo en las relaciones transatlánticas como lo pone de manifiesto el creciente desencuentro entre EE.UU. y sus aliados europeos, y en especial en el caso de la Unión Europea (UE), la cual debe mantener una política autónoma frente a la deriva y desconcierto que, con esta decisión, está sumiendo a las relaciones internacionales las bravuconadas del actual y esperpéntico de la Casa Blanca las cuales, por otra parte,  pueden suponer la pérdida del apoyo de sus aliados europeos a los que, por otra parte, tanto desdeña. Este deterioro todavía se acentuará más si Trump lleva a cabo la amenaza de penalizar a gobiernos y empresas europeos que mantengan una relación normalizada con Teherán y no secunden a los EE.UU. en su política de nuevas sanciones contra Irán

     Hay que recordar igualmente que la ruptura unilateral del Acuerdo fue tomada por Trump desoyendo a sus asesores y en contra de la opinión y el consejo del resto de los países firmantes del mismo y supone todo un cúmulo de despropósitos que dinamitan la normalización de las relaciones diplomáticas y al afianzamiento de la necesaria confianza mutua en una región tan inestable como es el Oriente Medio. A ello hay que añadir que Trump, para agitar todavía más la situación internacional, ha anunciado recientemente que está dispuesto a poner fin al Tratado de Armas Nucleares de Rango Medio entre EE.UU. y Rusia, rubricado en 1987 entre los entonces presidentes Ronald Reagan y Mijail Gorbachov. Otra preocupante decisión, un “trump-azo”, que nos retrotrae a los tiempos, que ya teníamos superados, de la Guerra Fría.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 8 noviembre 2018)

 

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21/11/2018 16:12 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

HIPOCRESÍA POLÍTICA Y NEGOCIOS RENTABLES

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    El asesinato del periodista Jamal Ahmad Khashoggi, ha vuelto a poner de actualidad a Arabia Saudí, un país que siempre ha hecho gala de un absoluto y flagrante desprecio por los derechos humanos y en donde las ejecuciones públicas son práctica habitual.

     Como señalaba Jesús Núñez Villaverde, Arabia Saudí, desde su creación en 1932, más que un país es la propiedad privada de la familia reinante, los Al-Saud, la cual controla directamente todas las palancas del poder social, político, económico y militar del reino. A ello contribuye el hecho de que el poder autocrático de tan anacrónica monarquía se sustenta en la ortodoxia religiosa wahabí, una corriente del Islam surgida a mediados del s. XVIII como consecuencia de la alianza entre el predicador Muhammad Ibn Abd al Wahab y el líder tribal Muhammad ibn Saud y que tiene como objetivos purificar la religión, combatir las innovaciones, aplicar estrictamente la ley islámica (sharia), sin olvidar tampoco la obligación de los fieles de acudir a la guerra santa (yihad), no sólo contra los “infieles” cristianos, sino también contra los musulmanes chiíes, a los que el wahabismo considera como “renegados” de la ortodoxia islámica, cuestión ésta que explica el histórico enfrentamiento, no sólo religioso sino también geoestratégico, de Arabia Saudí con el  Irán chiita en todo el Próximo Oriente y de forma especial en el sangriento conflicto del Yemen.

      Además de lo dicho, hay que tener presente que es el wahabismo saudí el que financia a los núcleos del Islam más radicales a lo largo de todo el mundo y el que impone en las mezquitas de muchos países, también en Europa, a imanes wahabíes, lo cual, como proponía Tica Font, directora del Instituto Catalán de la Paz, debería de hacernos replantear la política de amistad con Arabia Saudí, así como la necesidad de suspender la venta de armas al régimen de Riad.

     En este contexto, asistimos a una nueva hipocresía de Occidente, desde la América de Trump a la Unión Europea (UE) y por supuesto también de España pues, siendo conscientes de lo que significa y cómo actúa el régimen dictatorial saudí, muchos gobiernos miran para otro lado para no poner en riesgo cuantiosas inversiones y contratos, bien sea en infraestructuras como el AVE Medina-La Meca, o en suculentos suministros de armas, dado que Arabia Saudí es el tercer país del mundo en  cuanto a gasto en material militar. Es por ello que países como Francia, Reino Unido y también España, olvidan que los fundamentos de la acción exterior de la UE de la cual forman parte se basan en la promoción y la consolidación de la democracia, el apoyo al imperio de la ley, la libertad de expresión y la protección de los derechos humanos, valores éstos que, en este caso, son absolutamente desoídos como si se predicasen en el desierto…saudí. Sólo Suecia ha tenido el coraje de congelar, por estos motivos, la venta de armas al gobierno de Riad, dando una lección de coherencia en la defensa de los valores de la UE. Por el contrario, resulta sonrojante el caso de España a raíz del polémico contrato de la venta de 400 bombas “de precisión” firmado por el anterior gobierno del PP y asumido (y defendido) por el actual ejecutivo del PSOE por medio de unas impropias y muy criticables declaraciones del ministro Josep Borrell, bombas que, a buen seguro, ya estarán ahora empleándose en la guerra del Yemen. Por todo ello, como declaraba Alberto Estevez, portavoz de Armas bajo control, el gobierno de Pedro Sánchez ha perdido la oportunidad de ponerse a la cabeza del mundo en el control de las exportaciones de armamento. Estos hechos demuestran que España ha cedido, una vez más, al chantaje de Arabia Saudí que considera las relaciones comerciales “como un todo” por lo que la cancelación de este contrato podría tener consecuencias en otros acuerdos como el de la construcción de las corbetas encargadas a la empresa Navantia.

    Y es que, todos estos contratos, por muy cuantiosos que sean, unido a la pasividad de tantos gobiernos democráticos ante la constante violación de los derechos humanos en Arabia Saudí, sirven para continuar legitimando a su régimen autocrático y sangriento. Y tan lamentable como todo lo anterior resulta el que deportistas del prestigio de Rafael Nadal y Novak Djokovic se hayan prestado a celebrar un partido de tenis previsto en Jeddah para el próximo 22 de diciembre con el objetivo propagandístico, abiertamente reconocido, de lavar la imagen internacional de la monarquía saudí, más desacreditada, si cabe, tras el asesinato de  Jamal Ahmad Khashoggi, un crimen que en poco tiempo se olvidará ante el poder y los intereses que generan los petrodólares saudíes.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 21 octubre 2018)

 

 

 

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21/10/2018 16:43 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

CRISTIANOS ANTE EL PROCÈS CATALÁN

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     En el conflicto político originado en Cataluña como consecuencia del procés independentista, la voz de la Iglesia católica apenas se ha dejado oír. Es por ello que resultan interesantes las reflexiones recogidas en el documento Es posible renovar la convivencia, elaborado conjuntamente por los colectivos Cristianisme i Justìcia, vinculado a la Fundació Lluís Espinal de Barcelona y EntreParéntesis del Centro Fe-Culturas-Justicia de Madrid, en un intento de tender puentes y buscar soluciones consensuadas ante un conflicto que, como bien señalan, no debería nunca haber salido del debate político y que produce una gran incertidumbre ante el futuro inmediato de Cataluña y el temor a que aumente fractura social surgida entre partidarios y detractores del procès.

       Estos colectivos cristianos, vinculados ambos a los jesuitas, consideran que dicha fractura se ha producido como consecuencia de la falta de liderazgo político, sobre todo, durante los anteriores gobiernos de Rajoy y Puigdemont, unido a los “agravios viscerales” azuzados tanto desde los sectores independentistas como por parte del rígido bloque formado por PP-C’s, pues ambos bloques, con sus “tácticas cortoplacistas”, impidieron el diálogo y el conflicto se desbordó, sobre todo, a partir de los sucesos del 1 de octubre del pasado año. Y es que estamos asistiendo a una bronca confrontación entre dos nacionalismos exacerbados, el catalán y el españolista que fomentan actitudes excluyentes y que “utilizan la identidad en su vertiente más intolerante”. Por ello, estos colectivos cristianos progresistas se lamentan de se haya ido difuminado la idea de la España plural, de un Estado que “no es homogéneo” sino que se configura “desde múltiples pertenencias, culturas y nacionalidades”, todo lo cual supone una oportuna crítica a los intentos recentralizadores de la derecha españolista y, a la vez, una apuesta por un modelo territorial federalista cooperativo, en la línea de las ideas que defiende José Antonio Pérez Tapias.

      El documento se lamenta también de la falta de respeto al marco legal, elemento esencial para la convivencia y la estabilidad de todo Estado social y democrático de Derecho, vulnerando tanto la actual Constitución como el vigente Estatut de Cataluña, aun siendo conscientes de que ambos requieren, en un futuro inmediato, una profunda reforma. También reprocha el documento otra obviedad: el que se haya concedido un excesivo papel al poder judicial, que no ha servido para resolver el conflicto, sino que lo ha agriado todavía más y es que, como decía Carl Schmidt, “no es bueno judicializar la política, porque la política no tiene nada que ganar y la justicia puede perderlo todo”.

      Ante esta grave crisis política con crecientes derivadas sociales, el primer objetivo que proponen es evitar que el conflicto se enquiste y para ello, es imprescindible tender puentes que recuperen, siquiera sea tímidamente, como ahora intenta el gobierno de Pedro Sánchez, recuperar el diálogo con la Generalitat y que ésta renuncie a la unilateralidad, respetando el actual marco legal, lo cual no impide reconocer la legitimidad democrática de la opción independentista y el derecho a promoverla mediante la demanda de cambios necesarios en el ámbito legislativo.

     Se insiste igualmente utilizar la vía de los tribunales de justicia “con mesura” dado que las acusaciones de “sedición” y “rebelión” resultan ciertamente desproporcionadas tal y como piensan muchos juristas, asociaciones de derechos humanos y Amnistía Internacional.  También plantea que no sean reprimidos estos delitos tipificándolos como “terrorismo” lo cual, además de reiterar que es desproporcionado, supone un “agravio” para con las víctimas de atentados terroristas. Reclaman también la libertad para quienes están en prisión preventiva hasta su juicio, “ajustando la acusación a delitos proporcionales” dado que su encarcelamiento “eleva el muro del enfrentamiento y dificulta posibles salidas” ya que, estos líderes políticos y sociales son y serán interlocutores necesarios para buscar las soluciones futuras al problema político de Cataluña.

     Ha llegado el tiempo de la audacia política, de que los dos bloques salgan del “modo victoria o humillación” y superen las actuales posiciones, en muchos casos maximalistas. Sólo así se podrá renovar la convivencia, tan seriamente dañada en estos últimos meses, recuperar espacios de diálogo político y abrir “una ventana de oportunidades” por la que entren la luz y las soluciones al conflicto catalán. En ello confiamos.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 7 octubre 2018)

 

 

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07/10/2018 18:26 kyriathadassa Enlace permanente. Política-España No hay comentarios. Comentar.

EL FINAL DE UNA ÉPOCA

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      Desde que en el 2008 estalló la crisis global ya nada es igual en nuestras vidas: cambios profundos y retrocesos graves han sacudido la economía, el sistema político y, en consecuencia, nuestra sociedad. Tenemos la sensación de que lo que hasta entonces era nuestro modelo de vida ha entrado en un declive (¿irreversible?) que está resquebrajando el Estado del Bienestar, Y esta situación de desencanto y pesimismo parece mostrarnos un futuro incierto ante lo que hasta ahora eran nuestras evidencias y seguridades, azotadas éstas por un triple vendaval.

      Un primer vendaval tambaleó la economía e impuso una implacable austeridad, un austericidio que, en opinión de Sian Jones ha provocado “un crimen social masivo”, unos recortes que se ensañaron de forma especial con los sectores más débiles de la sociedad y cuyos efectos siguen siendo patentes. Por otra parte, el mercado laboral no ofrece un futuro digno a nuestros jóvenes, las condiciones laborales parecen retrotraernos al s. XIX y los salarios se deterioran hasta el punto de que ha aparecido la figura del “trabajador pobre”, de aquel que pese a tener un empleo, se halla en el límite de la subsistencia dado que, en acertada expresión de Iñaki Gabilondo, los salarios se han “jibarizado”.

      Pese a que desde instancias gubernamentales se diga que “estamos saliendo de la crisis”, lo cierto es que la recuperación no llega a todos los hogares dado que esta crisis ha dejado profundas cicatrices, una fractura social que ha supuesto que la pobreza se haya cronoficado, que el empleo que se crea sea muy precario y que exista una lacerante falta de oportunidades para el futuro de la juventud, hasta el punto de que ya hemos asumido que, lamentablemente, nuestros hijos vivirán peor que nosotros. Por todo ello, se ha producido un vaciado de rentas de la clase media-baja a la alta, un fenómeno inverso de redistribución de la riqueza en beneficio de los poderosos de siempre.

     Un segundo vendaval, consecuencia del anterior, es el que ha producido un profundo y grave descrédito de las instituciones y de la clase política a la hora de enfrentarse a la crisis global dado que éstas no han sabido estar a la altura que las circunstancias requerían. Ello ha supuesto, como señalaba Carlos Taibo, una “pérdida de legitimidad” de nuestros representantes políticos ya que, “la mayoría de las decisiones importantes quedan en manos de poderosas corporaciones financieras” y es por ello que no hay más que recordar la actuación de la Troika o la imposición de la reforma del artículo 135 de nuestra Constitución. Es por ello que Arcadi Oliveres aluda a que vivimos en una democracia formal cada vez más vacía de contenido con atisbos de lo que ha dado en llamarse “fascismo social”, como lo es el hecho de conceder miles de millones a la banca a cambio de recortarlos de la educación, la salud, la dependencia, la vivienda o de obras públicas. Obviamente nos hallamos ante un déficit democrático, o una “democracia de baja intensidad”, como diría Boaventura de Sousa Santos ya que las decisiones importantes no las toman los gobiernos elegidos por la ciudadanía, sino los poderes económicos dominantes. Esta situación coincide con que, tras la caída del Muro de Berlín y el fracaso del llamado “socialismo real”, asistimos, como señalaba Jesús Sanz, a una “crisis de las utopías emancipadoras, lo cual se evidencia en una ausencia de un relato consolidado alternativo y es que, “otro mundo es posible” … pero todavía no hemos llegado a precisar cuál es la ansiada alternativa. Sin embargo, también es cierto que las consecuencias de la crisis global de 2008 han hecho que esté más vivo que nunca el debate en torno a las alternativas al sistema actual.

     Todas estas circunstancias han dado lugar a un tercer vendaval, el de la rebelión social, una rebelión indignada de los sectores que han padecido con mayor crudeza los efectos de la crisis y de ello son ejemplo la defensa de la defensa de la sanidad pública o las pensiones. Por ello, esta rebelión, sobre todo a partir del 15-M, ha abierto el camino para cambiar la situación actual, la cual pasa, necesariamente, por el impulso de una democracia más participativa dado que, como señalaba Amador Fernández Savater, el malestar sirve de combustible para la acción y actúa como energía de transformación social. Ciertamente, nos hallamos, tras estas tres tempestades, ante unos vientos de cambio en un mundo en rápida transformación…pero no sabemos hacia dónde nos conducirán. Esa incertidumbre es el sino de nuestros tiempos.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 20 septiembre 2018)

 

 

 

 

 

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20/09/2018 08:35 kyriathadassa Enlace permanente. Economía global No hay comentarios. Comentar.

EL VERDADERO SIGNIFICADO DE CUELGAMUROS

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     Nos hallamos en pleno debate político y ciudadano en torno a la exhumación del general Franco de la Basílica del Valle de los Caídos, del panteón de Cuelgamuros, edificio del Patrimonio Nacional en el que por espacio de más de 4 décadas se ha seguido honrando la memoria del dictador, un lugar de exaltación ostentosa del franquismo. Por ello debemos manifestar nuestro total rechazo a todos los intentos que, desde diversos ámbitos, han pretendido (y siguen pretendiendo) maquillar el mausoleo del dictador como “un lugar de reconciliación, unidad, paz y hermandad de todos los españoles”, algo tan dañino y falso para nuestros valores democráticos como los intentos de políticos de la vieja y nueva derecha, Pablo Casado o Albert Rivera, que insisten en “pasar página” sobre este tema, un tema de tanta importancia, simbolismo y justicia, por lo que resulta relevante el hecho de que el Gobierno de Pedro Sánchez se decidiera a exhumar (por fin)  los restos del general genocida.

     Pero si queremos conocer el verdadero significado, la auténtica razón de ser de Cuelgamuros, debemos leer con detalle el discurso pronunciado por Franco en la inauguración de tan faraónica obra, inauguración que, simbólicamente, tuvo lugar el 1º de abril de 1959, el “día de la Victoria”, en la terminología del régimen. Pese a haber pasado ya 20 años desde el final de la guerra, el discurso estuvo plagado de toda la retórica fascistoide de la dictadura. Varias ideas aparecen de forma repetitiva de aquel discurso que Franco calificó como lleno de “fuerza” y de “emotividad”.

    En primer lugar, Franco dejaba claro, por si quedaba alguna duda, que la construcción de Cuelgamuros era un homenaje a la memoria permanente de “nuestros Caídos” (con “C” mayúscula), expresión que se repite en varias ocasiones. En consecuencia, el general  tuvo un recuerdo para los combatientes del bando rebelde que murieron “con la sonrisa en los labios”, para los miembros de la Guardia Civil, para los caídos en “las cruentas batallas libradas contra las Brigadas Internacionales”, a las cuales, añade seguidamente, los rebeldes les hicieron “morder el polvo de la derrota”, mencionando igualmente a sus soldados, a aquellos que “sucumbieron a los rigores de los durísimos inviernos” o que “se vieron mutilados al helarse sus extremidades bajo los hielos de Teruel”. Tampoco olvidaba Franco a aquellos otros “caídos” civiles, recordando la “serenidad estoica de los mártires frente al fatídico paredón”, y esto lo decía el dictador obviando que el franquismo llevaba 23 años fusilando sin compasión y con mentalidad genocida, a todos sus adversarios políticos.

     Y junto a los “caídos por la Patria”, Franco aprovechó acto seguido para exaltar la memoria de los “mártires” de la persecución religiosa desatada durante la contienda: a los “sacerdotes martirizados”, a “tantísimas mujeres piadosas que sólo por serlo atrajeron las iras y la muerte de las turbas desenfrenadas” o la zozobra de los perseguidos “arrancados del reposo de sus hogares en los amaneceres lívidos por cuadrillas de forajidos para ser fusilados”. Como vemos, ni una sola mención, 20 años después del final de la guerra, a la reconciliación con la otra mitad de España, la que fue leal a la República, la que fue vencida, reprimida y humillada.

     La segunda idea esencial del discurso de Franco era la de la reafirmación de “la Victoria” (con “V” mayúscula) y la calificación de ésta como “Cruzada”, por lo que la guerra era, para el dictador, un ejemplo de “heroísmo” y “santidad”. Y más aún, Franco, instrumentalizando la religión al servicio del régimen, algo a lo que se sumó la Iglesia con fervoroso entusiasmo, llega a afirmar que sus victorias en el campo de batalla tuvieron mucho de “providencial” y “milagroso”.

    Estas dos ideas (homenaje y memoria a “nuestros Caídos” y rememorar la victoriosa “Cruzada”), son las razones que arguye para dar razón de ser a Cuelgamuros ya que todo ello “justificaría esta obra de levantar en este valle ubicado en el centro de nuestra Patria un gran templo al Señor, que expresase nuestra gratitud y acogiese dignamente los restos de quienes nos legaron aquellas gestas de santidad y de heroísmo”. 

    Como vemos, en el espíritu del dictador no tenía cabida la idea de la reconciliación, máxime cuando el odio acervo hacia los vencidos, hacia los que seguía calificando de la “anti España”, seguía tan intenso como siempre, como si todavía los estuviese combatiendo en los campos de batalla de aquella España cainita que desoyó la petición de “Paz, piedad y perdón” lanzada por el presidente Manuel Azaña en los momentos finales de la agonía de la República. Y más aún, advierte a aquellos que seguían sus consignas con la consabida “adhesión inquebrantable” de que “la anti España fue vencida y derrotada, pero no está muerta” que “la lucha del bien con el mal no termina por grande que sea la victoria”, y ese “mal”, ese “enemigo que no descansa”, llega a ser equiparado con el “diablo”.

    Este fue, en su origen y en el tiempo el verdadero espíritu de Cuelgamuros, el mismo que quieren perpetuar los nostálgicos del franquismo en nuestros días. Este espíritu fascista ni siquiera pudo ser maquillado por el Decreto Ley de 23 de agosto de 1957, mediante el cual se creó la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos y que hizo que fueran llevados a Cuelgamuros los restos de víctimas republicanas (sin el conocimiento ni autorización de sus familias) como símbolo de una pretendida “reconciliación” que nunca fue. Y es que, como señalaba Belén Moreno, esto no fue más que un intento propagandístico del régimen para transmitir una falsa imagen de reconciliación con la cual ganarse la simpatía de las democracias occidentales.

     Por todo lo dicho, nada mejor que recordar este discurso inaugural de Franco para dejar claro que Cuelgamuros, desde su origen, tuvo un claro significado político, cargado de ideología fascista y espíritu revanchista y por ello resulta inaceptable para cualquier democracia que se precie de serlo.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 26 agosto 2018)

 

 

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26/08/2018 20:24 kyriathadassa Enlace permanente. Memoria histórica No hay comentarios. Comentar.

LA CONCIENCIA DE ISRAEL

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     Resulta preocupante la aprobación el pasado 19 de julio de la Ley Básica del Estado-Nación Judío por parte del Parlamento de Israel, un ejemplo más de la deriva cada vez más derechista del gobierno de Binyamin Netanyahu, alentado por el apoyo entusiasta que le brindan los EE.UU. de Donald Trump. Y es que tan polémica ley, pretende imponer el predominio del carácter judío del Estado por encima del carácter democrático del mismo y, en consecuencia, supone una inaceptable exclusión para los ciudadanos árabes israelíes (el 21% de la población) y demás minorías no judías como es el caso de los drusos y los cristianos, además de otros aspectos muy negativos como la declaración del hebreo como único idioma oficial, excluyendo de tal condición al árabe, o el apoyo a los asentamientos judíos en territorio palestino, ya que la ley señala expresamente que el Estado los considera como “un valor nacional y actuará para promover su establecimiento y consolidación”, toda una pésima noticia que termina de volatilizar los anhelos de una paz justa entre Palestina e Israel.

     En consecuencia, nos hallamos ante una ley que ha recibido fuertes críticas no sólo de la Autoridad Nacional Palestina o la Liga Árabe, sino también desde la Iglesia Católica, del influyente Congreso Judío de América o desde la misma Unión Europea. También figuras destacadas del mundo de la cultura como Daniel Barenboim reconocía, tras la aprobación de tan polémica ley, que “me siento avergonzado de ser israelí”, dado que esta norma, que tiene rango constitucional, supone para el prestigioso músico, “una clara forma de apartheid”, fruto del nacionalismo y el racismo judío.

    Peso si alguien ha denunciado permanentemente la deriva autoritaria de la política y la sociedad israelí en los últimos años ha sido, sin duda, el escritor Amós Oz. Y es que Oz, pacifista de izquierdas convencido, a sus 80 años tiene todavía el coraje personal e intelectual de lanzar una fuerte crítica contra el fenómeno de la intolerancia que afecta a la realidad política y social de Israel, contra líderes como Netanyahu y los grupos que lo apoyan, los mismos que “reclaman las conquistas de las imaginarias fronteras bíblicas” a costa de negar la posibilidad de llegar a una paz justa y duradera con Palestina y, además, como el riesgo de perder en el camino los valores democráticos sobre los que se debería de sustentar Israel. De este modo, Amós Oz, empeñado en combatir el fanatismo, algo de lo cual en su tierra y, por extensión en todo Oriente Medio, van bien sobrados, como en su día hizo Émile Zola, lanza su particular “Yo acuso” a los políticos hebreos que están llevando al país a lo que, con tristeza, no duda en calificar como “un desastre de amplias dimensiones”.

     Sobre este tema, al cual Amós Oz ya dedicó su libro Contra el fanatismo (2004), vuelve de nuevo con la reciente publicación de su obra Queridos fanáticos (2018), en la que profundiza en las características de la intolerancia, “cuya semilla se cultiva en los campos del radicalismo”, en el germen del fanatismo surgido en actitudes de “profundo desprecio” hacia el prójimo. En contraste, reivindica la diversidad y la riqueza humana y cultural que supone el vivir en vecindad con personas de creencias y culturas diferentes, una cuestión de absoluta actualidad para nuestras sociedades, cada vez más multiculturales y multiétnicas.

     En consecuencia, el escritor, que fue fundador de la asociación pacifista Shalom Ajshav, insiste una y otra vez en que la solución sólo puede ser la búsqueda de la paz basada en la justicia dado que, como nos recuerda, las soluciones violentas no sólo derraman demasiada sangre inocente, sino que han demostrado ser “de una inutilidad escandalosa”, y bien que lo sabemos en aquella atormentada región del Oriente Medio. Es necesaria una respuesta, una alternativa, una creencia atractiva, unas promesas más convincentes”. Es por ello que la mejor forma de combatir el fanatismo es la capacidad de resolver con valentía y visión de futuro, conflictos enquistados como el de Oriente Medio. Amós Oz, que lleva defendiendo desde 1967 la necesidad de crear un Estado Palestino, en un tiempo en que, como recordaba con ironía, los pacifistas israelíes podían celebrar sus mítines y congresos “en una cabina telefónica”, plantea avanzar hacia “zonas de acuerdo”, siquiera sean “de acuerdo parcial”, que permitan llegar a “compromisos dolorosos” los cuales supondrán renuncias por ambas partes y ello pasa, sin duda, por la existencia legal e internacionalmente reconocida de “dos Estados para dos pueblos”, Palestina e Israel, ambos con capital compartida en Jerusalem, la vuelta al mapa de fronteras anteriores a 1967 con la devolución de todos los territorios ocupados por Israel y, por supuesto, el desmantelamiento de todos los asentamientos judíos ilegales en territorio palestino, tal y como se contempla en los Acuerdos de Paz de Ginebra de 2003. La posición valiente de Amós Oz en estos temas ha hecho que los sectores más reaccionarios de la sociedad israelí le califiquen de “traidor” y que incluso haya recibido frecuentes amenazas de muerte. Por esta razón escribió otra de sus obras de título provocador: Judas (2015) ya que, como en alguna ocasión ha reconocido, “es un orgullo que algunos israelíes me llamen traidor por oponerme a la ocupación”.

     Por ello Amós Oz reivindica para Israel una cultura laica, un país en donde la política y la sociedad son cada vez más rehenes de los partidos ultra ortodoxos judíos con el riesgo que ello supone para el futuro ya que advierte de “el peligro de una dictadura orientada por el nacionalismo religioso”. Y es que, el creciente auge de los ultraortodoxos en Israel, unido al nacionalismo reaccionario y belicista de Netanyahu, está propiciando una nueva diáspora, esta vez de los judíos laicos, para los cuales Israel está dejando de ser el ideal democrático con el que soñaron.

     Amós Oz, con palabras no exentas de tristeza reconocía que “Amo a Israel incluso cuando apenas puedo soportarlo…Temo al futuro…hoy muchos aúllan y pocos escuchan”. No obstante, la firmeza y la honestidad personal e intelectual de Amós Oz, han hecho del galardonado escritor israelí, eterno candidato al Premio Nobel de Literatura, que logre el mejor de los títulos, el mejor de los premios que se puede conceder a un intelectual comprometido, el de ser la conciencia ética de su pueblo, la conciencia de Israel.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 13 agosto 2018)

 

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13/08/2018 08:13 kyriathadassa Enlace permanente. Oriente Medio No hay comentarios. Comentar.

POPULISMOS FASCISTAS

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     Hace unos días, Pedro Luis Angosto escribía que nos hallamos ante uno de los momentos más peligrosos de la historia de la Humanidad desde que acabó la II Guerra Mundial. Tras esta contundente afirmación aludía a los negativos efectos de la globalización, tanto en cuanto ha supuesto un brutal ataque a la democracia, así como al resurgir de actitudes xenófobas y fascistas que, utilizando temas tan sensibles como la migración, y bien que lo constatamos diariamente, están captando adeptos entre una población cada vez más temerosa ante una supuesta e imaginaria "invasión" de nuestra civilizada Europa. Así las cosas, la situación se agrava mientras la derecha democrática coquetea con algunos de los postulados de la ultraderecha fascista y la izquierda europea se halla desarbolada, incapaz de articular un programa social y solidario que recupere los valores esenciales de la democracia y que sirva de dique efectivo ante semejante ofensiva reaccionaria.

     Por todo ello, densos nubarrones se ciernen sobre el futuro de nuestros valores y nuestro modelo de sociedad, amenazados por los que se han dado en llamar "populismos".  Pero el lenguaje no es inocente, y como indicaba con acierto Rosa María Artal, se recurre con frecuencia a "definiciones adaptadas para calificar los viejos fascismos". Este es el caso del empleo del término "populismo", y por ello, esta perversión del lenguaje, a menudo interesada, está vaciando de contenido lo que sin duda es una de las mayores amenazas que nos acechan, que ya las tenemos presentes, cual es lo que Artal califica como "el fascismo y sus asimilados"

     En esta misma línea se halla el pensamiento del filósofo holandés Rob Riemen. Si  su obra La nobleza del espíritu (2009) suponía una defensa de los valores humanos fundamentales, en El retorno eterno del fascismo (2010), ya denunciaba las formas modernas de fascismo, las cuales ya no tienen la parafernalia de los años 30, pero resultan igual de letales para nuestras democracias y, por ello, ponía el ejemplo del Partido de la Libertad holandés de Geert Wilders, paradigma de los nuevos neofascismos emergentes. Este mismo tema ha vuelto a ser tratado por Riemen en su último libro, titulado Para combatir esta era.  Consideraciones urgentes sobre fascismo y humanismo (2018), en el que alerta sobre la amenaza real que supone el fascismo, un fenómeno que "no es del pasado", y ante la cual no hay que utilizar términos o palabras alternativas como "populismo" o "extrema derecha", ya que definir estas actitudes como "populistas", como señala Riemen, "es tan sólo una forma más de cultivar la negación de que el fantasma del fascismo amenaza nuevamente a nuestras sociedades". Es por ello que una de las ideas esenciales del libro es la necesidad de llamar al fascismo por su nombre y así no engañarnos a nosotros mismos y ser plenamente conscientes de esta realidad.

     Resulta lamentable comprobar cómo olvidamos las lecciones trágicas de la historia y ello favorece el eterno retorno del fascismo, pues como señala el filósofo holandés, "los seres humanos somos tan irracionales como racionales y el fascismo es el cultivo político de nuestros peores sentimientos irracionales: el resentimiento, el odio, la xenofobia, el deseo de poder y el miedo". Y el retorno fascista está aquí: ya lo avisó con el auge electoral de Geert Wilders en su Holanda natal, pero luego llegó Trump, Alternativa por Alemania (AfD), un partido "orgullosamente fascista", convertido en la principal fuerza de la oposición en el Bundestag, o el avance de los neofascismos en el seno de la misma Unión Europea, a la cual están minando sus principios democráticos, solidarios y europeístas, tal y como ocurre con Hungría, Polonia, Eslovaquia o Austria, sin olvidar países de la importancia de Italia (recordemos las políticas anti-inmigración y xenófobas contra la población gitana de Matteo Salvini) o en la misma Francia, en donde, no lo olvidemos, uno de cada tres ciudadanos simpatiza electoralmente con el Frente Nacional de Marine Le Pen.

    Y qué decir de España, donde nuestra democracia todavía tiene que soportar ofensas como la concesión del funesto título de Condesa de Franco a la nieta del dictador o la polémica suscitada entre los sectores fascistas (políticos y sociológicos) por la futura exhumación de los restos de Franco de su faraónico panteón del Valle de los Caídos. Tras este tema, late, una vez más, los ecos de la España cainita franquista, apoyado con demasiada frecuencia por la pasividad, cuando no connivencia de sectores de la derecha democrática afines al PP, siempre tan cerril a la hora de impulsar de forma decidida políticas públicas a favor de la memoria democrática y, como ejemplo, ahí quedan las despectivas declaraciones de Rafael Hernando o Pablo Casado en torno a las exhumaciones del las víctimas del franquismo que todavía yacen, a millares, en infinidad de fosas comunes.

     Esta es el panorama general. Tiempo atrás, también José Saramago nos advirtió de las nuevas formas de fascismo emergentes y el escritor luso, con su clarividencia habitual se refería a ellas con estas palabras: "los fascistas del futuro no van a tener aquel estereotipo de Hitler o de Mussolini. No van a tener aquel gesto de duro militar. Van a ser hombres hablando de todo aquello que la mayoría  quiere oír. Sobre bondad, familia, buenas costumbres, religión y ética. En esa hora va a surgir el nuevo demonio, y tan pocos van a percibir que la historia se está repitiendo".  Estas palabras de Saramago que no deben sonar a fatalismo determinista, pues aún podemos garantizar un digno futuro para nuestros hijos si somos conscientes de esta realidad. Ese rayo de esperanza lo exponía Riemen  al señalar que "todavía podemos evitar que la situación política empeore mucho más. Podemos unirnos y tener una nueva cultura que recupere el espíritu de la democracia, que prospere en una nobleza de espíritu. La de Europa es una historia llena de lágrimas, pero también de hazañas. Es un sueño que no se rinde". Una vez más, el dilema es optar entre un futuro regido por la civilización humanista que ha construido Europa o la barbarie fascista, que tantas veces la ha ensangrentado enarbolando las odiosas banderas de los furibundos nacionalismos, siempre excluyentes, siempre totalitarios.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 21 julio 2018)

 

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13/08/2018 08:09 kyriathadassa Enlace permanente. Política internacional No hay comentarios. Comentar.

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