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Kiryat Hadassa: el blog de José Ramón Villanueva Herrero

MANIFIESTO 1º MAYO 2009 (AGRUPACIÓN SOCIALISTA DE ALCAÑIZ)

MANIFIESTO 1º MAYO 2009 (AGRUPACIÓN SOCIALISTA DE ALCAÑIZ)

         

Un año más, nos hallamos aquí para honrar a todos los que dieron su vida por la defensa de la libertad, de la República y del Socialismo. Nunca los debemos olvidar porque, como me dijo hace años un anciano en las ruinas del pueblo viejo de Belchite, “si los olvidamos, es como si los hubieran matado dos veces”.

Por eso es tan importante mantener y reivindicar la memoria, la memoria histórica de los valores republicanos y socialistas, aquellos valores por los que lucharon y lo dieron todo, también su vida, los compañeros que aquí reposan. La memoria es un acto de justicia que repara tiempos de olvido y desprecio para con las víctimas de la dictadura; es un deber ético que forma parte del espíritu de todo ciudadano en una sociedad libre: por eso es tan importante transmitir estos valores a las jóvenes generaciones.

El pasado fin de semana, Ángel Lacueva y yo asistimos en la localidad francesa de Oloron, a una serie de actos en recuerdo y homenaje a los republicanos exiliados en la región del Béarn  con motivo del 70º aniversario del final de la guerra civil y de la apertura del campo de concentración de Gurs, por el que pasaron 32.295 de nuestros compatriotas. Conversamos largamente con Emilio Vallés, vicepresidente de Amical du Camp de Gurs, un republicano exiliado que nació en Alcañiz en 1936 y que es un activo militante del Partido Socialista francés. Recordando su trayectoria vital y la de su familia, refugiados en Francia desde 1939, pienso en las otras víctimas, a veces olvidadas de la tragedia que la guerra y la posterior dictadura supuso para todos los españoles leales a la República.

Siempre hablamos de las víctimas y las distinguimos de los supervivientes y, sinceramente, pienso que es una distinción inadecuada puesto que todos fueron víctimas del fascismo: las víctimas mortales, los miles de asesinados en multitud de prisiones, cementerios y en los centenares de fosas comunes que todavía salpican la geografía española y también, las víctimas supervivientes, los que perdieron familiares, los que se vieron obligados a abandonar su país y unirse a la dramática sangría del exilio, los que perdieron sus empleos como los miles de maestros republicanos que fueron expulsados de la docencia por la dictadura, los miles de ciudadanos anónimos que fueron constantemente humillados y despreciados, día a día, por la prepotencia de un régimen que aplastó a todos los que fueron leales a la República, que desoyó la petición de “paz, piedad y perdón” del Presidente Manuel Azaña, aquella dictadura que nunca quiso la reconciliación entre los españoles. Emilio Vallés nos lo decía muy claramente: los republicanos que se exiliaron, perdieron la patria y ganaron la libertad; los republicanos que sobrevivieron en España bajo la bota de la dictadura, se mantuvieron en su patria, pero perdieron la libertad. Unos y otros, todos perdieron, todos perdimos.

Por eso, hoy, 1º de Mayo de 2009, no sólo reivindicamos el valor cívico y democrático de la memoria histórica sino que, como trabajadores, en momentos de una crisis económica global, estamos más convencidos que nunca de que el futuro se construye desde los ideales del socialismo, desde la solidaridad, para construir una sociedad más justa en la que todo ser humano, sin exclusiones,  tenga cabida, tenga las mismas posibilidades. Ese era el espíritu del artículo 1º de la Constitución de la II República que decía: “España es una república democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y Justicia”.

En nuestra cada vez más multicultural sociedad española, el socialismo tiene que seguir defendiendo a los más desfavorecidos, a los sectores sociales más débiles y, por supuesto, a los inmigrantes, para que puedan construir una vida mejor para ellos y para sus hijos en una España solidaria, al igual que los republicanos españoles del exilio pudieron rehacer sus vidas en los países que les acogieron hace ahora setenta años.

Defendamos con convicción los valores republicanos de la libertad, igualdad y fraternidad, hoy más necesarios que nunca ahora que la crisis global parece fomentar la insolidaridad, la xenofobia y el racismo amenazas que debemos combatir con firmeza como socialistas.

Por todo ello, hoy, 1º de Mayo, no sólo honramos a las víctimas, a las mortales y a los supervivientes, de la causa republicana y del Socialismo, sino que también reafirmamos nuestro orgullo de pertenecer a la clase trabajadora, la que con su esfuerzo y sacrificio, ha empujado la historia hacia delante, destruyendo opresiones y privilegios clasistas, siempre en defensa del permanente ideal de construir una sociedad más justa e igualitaria, para hacer posible, algún día,  el ideal socialista de que el mundo sea la patria de la humanidad redimida de todo tipo de injusticias y opresiones.

 

 

¡Viva el Primero de Mayo!

¡Viva la clase trabajadora!

¡Viva la libertad!

(Manifiesto leído en el Cementerio de Alcañiz el 1º de Mayo de 2009)

 

 

MEMORIA HISTÓRICA REPUBLICANA EN OLORON Y GURS

MEMORIA HISTÓRICA REPUBLICANA EN OLORON Y GURS

         

Los pasados días 25 y 26 de abril han tenido lugar en la localidad francesa de Oloron-Sainte Marie una serie de actos en recuerdo del 70º aniversario del final de la Guerra Civil Española y de la apertura del campo de concentración de Gurs, por donde pasaron 32.285 republicanos españoles y voluntarios de las Brigadas Internacionales y, más tarde, varios millares de judíos, los cuales serían deportados al campo de exterminio de Auschwitz durante el Holocausto (Shoah).

Durante esos días, tuve ocasión de compartir momentos de sentida emoción, recuerdo y homenaje al valor y al sufrimiento de quienes, como los republicanos españoles, los resistentes franceses o la comunidad judía, fueron víctimas de la barbarie fascista entre 1936-1945. Los actos, organizados conjuntamente por el Ayuntamiento de Oloron y las asociaciones Mémoire de l’Espagne Républicaine (MER) y l’Amicale du Camp de Gurs, supusieron un hito histórico en esta zona del Alto Béarn en donde los hijos y nietos del exilio republicano tienen una arraigada presencia desde el final de nuestra guerra civil. Y es que, además de una delegación de los lander alemanes del Sarre y Baden, así como de representantes de la comunidad judía de estas regiones germanas, era la primera vez que el recuerdo de lo que supuso el Campo de Gurs en la memoria del exilio republicano en el Béarn, contaba con una destacada presencia institucional española. Allí estaban Isidre Molas (vicepresidente del Senado y presidente del PSC), José Luís Tapia (Cónsul General de España en Pau) y Jesús Loza Aguirre (diputado del Partido Socialista de Euskadi y vicepresidente de la Fundación Fernando Buesa) en representación del Parlamento Vasco. En la caso de Aragón, la delegación estaba encabezada por María Victoria Broto, consejera de Educación, Cultura y Deporte, Jaime Vicente Redón (Director General de Patrimonio Cultural), Pedro Salas (Director General de Acción Exterior) y el senador socialista alcañizano Ángel Lacueva.

En la tarde del 25 de abril tuvo lugar la colocación de una placa conmemorativa en la estación ferroviaria de Oloron en recuerdo de los republicanos españoles, brigadistas internacionales y judíos que allí llegaron  para ser internados en el Campo de Gurs. La ceremonia y los discursos tuvieron lugar bajo una lluvia constante, lo cual no impidió la asistencia de numeroso público acompañado de banderas republicanas, de asociaciones de antiguos combatientes de la Resistencia francesa y de vivas a la República Española.

Acto seguido tuvo lugar la inauguración de un conjunto de exposiciones agrupadas bajo el título “De la Guerra de España a la Shoah. 70º aniversario de la apertura del Campo de Gurs”. En la misma, también la presencia aragonesa es destacada: el Gobierno de Aragón está presente con una excelente exposición sobre “La Brigada Lincoln en Aragón” que incluye diversas fotografías del paso de los brigadistas norteamericanos por algunas poblaciones bajoaragonesas como Alcañiz, Alcorisa o Híjar. Por su parte, el Círculo Republicano de Jaca participa con una exposición sobre la sublevación de Jaca de diciembre de 1930 y documentación sobre los 400 asesinados por la represión fascista en la capital jacetana. Además, se pueden contemplar exposiciones bibliográficas relativas al Programa “Amarga Memoria” del Gobierno de Aragón, así como de la Fundación Bernardo Aladrén de UGT-Aragón o de la Fundación de Investigaciones Marxistas “José Antonio Rey del Corral” vinculada al PCA-PCE.

Otra exposición especialmente emotiva era la relativa al Campo de Gurs y a la deportación: en una vitrina, se podía contemplar el sombrío “pijama de rajas” de un judío deportado a Auchwitz el cual logró sobrevivir y que, en su silla de ruedas, estaba al lado de este triste recuerdo mostrando a un grupo de jóvenes su número de deportado tatuado en su brazo.

En los actos de Oloron, en medio de tantas emociones contenidas, coincidimos tres alcañizanos: además del senador Ángel Lacueva y yo mismo, estaba también Emilio Vallés, exiliado republicano y actual vicepresidente de l’Amical du Camp de Gurs y, al día siguiente, puede conocer al hijo de otro exiliado alcañizano apellidado Quílez Ibáñez, residente en la cercana localidad de Gan. Y es que, como decía Bernard Uthurry, alcalde socialista de Oloron, su cuidad debe mucho al “coraje” de todos los republicanos españoles que aquí lucharon contra la ocupación nazi y que, tras la liberación, se establecieron en la acogedora ciudad oloronesa.

No menos emotivos fueron los actos que tuvieron lugar al día siguiente en el Campo de concentración de Gurs. Seguía lloviendo como si el cielo quisiera unirse a las lágrimas que recorrían nuestras mejillas mientras se realizaban las ofrendas florales y los minutos de respetuoso silencio ante los monumentos a los prisioneros republicanos de Euskadi y  al de los republicanos españoles y los brigadistas internacionales situado en un ala del Cementerio Judío de Gurs. Ciertamente, como me decía Bernard Uthurry, “con lluvia o con sol, en Gurs siempre se siente la misma emoción”.

El acto final tuvo lugar ante el monumento a los deportados judíos, rodeado por las tumbas de los 1.073 hijos de Israel que allí reposan. Cubiertas en señal de respeto nuestras cabezas con el kipá ritual, un rabino recitó los tristes sones de un kadish, la oración fúnebre judía, en memoria de todas las víctimas de la barbarie nazi. El dolor y la memoria ante tanto sufrimiento nos hermanaba a todos los allí presentes: republicanos españoles, resistentes franceses y judíos. Algunos de los antiguos “gursiens” habían venido de distintos puntos de Europa e, incluso, de Canadá, para estar presente en este acto.

En los discursos finales, no sólo se recordó lo que supuso el nazismo como encarnación del “mal absoluto”, sino que, enlazando con el presente, se alertó de que en tiempos de crisis como los actuales, están rebrotando actitudes xenófobas, racistas y antisemitas. Resulta alarmante la involución de los derechos civiles en países democráticos como Italia o la misma Francia: en ésta última, “el país de los derechos del hombre”, y símbolo universal de la libertad, como consecuencia de las regresivas políticas inmigratorias de Sarkozy, se está planteando el penalizar con 5 años de cárcel y una sanción de varios miles de euros, a todo ciudadano francés que acoja o proteja a un “sin papeles”, esto es, a un inmigrante no regularizado.

Como vemos, la eterna lucha por la libertad, la igualdad, la justicia y el progreso social, la misma lucha por la que se batieron los republicanos españoles, sigue vigente mientras existan opresiones e injusticias de todo tipo que combatir. Esa es la lección de la historia y la memoria de Gurs, ayer, hoy y siempre.

 

José Ramón Villanueva Herrero.

(Diario de Teruel, 3 mayo 2009)

 

 

SOBRE NUESTRA SEMANA SANTA

         

     Contemplando las excelentes fotografías de Miguel Perdiguer afloran recuerdos y emociones sobre la Semana Santa alcañizana y lo mucho que, personal y socialmente hemos cambiado desde el momento reflejado en estas imágenes. Atrás fueron quedando viejos reflejos del nacional-catolicismo, de la instrumentalización de los sentimientos religiosos de los alcañizanos por y al servicio de la dictadura franquista, de aquella Iglesia "de orden" que imponía la religión y uniformaba las conciencias, a pesar de que las lápidas que recuerdan nuestra guerra civil siguen, todavía, presentes en las fachadas de muchas de nuestras iglesias.

     Y, sin embargo, pese a todos estos residuos del pasado, la Semana Santa sigue siendo, el símbolo por excelencia que nos identifica como alcañizanos. Es difícil de explicar cómo esta herencia cultural centenaria, que es algo más que una expresión de religiosidad popular, puede producir tanta emoción y cohesión entre los alcañizanos. Desde sus lejanos orígenes, desde que Fr. Mateo Pestel sacase la liturgia de Semana Santa a las calles en 1678, desde que la Cofradía del Santo Entierro empezase a procesionar, desde que se incorporaron a las procesiones la percusión del tambor, símbolo sonoro de los trastornos de la naturaleza que siguieron a la muerte de Jesús en la cruz (terremotos, truenos y relámpagos), esta tradición forma parte de nuestra identidad colectiva. No es extraño que Taboada, en su Mesa revuelta (1898), ya señalase que "es casi seguro que desde 1730", las procesiones y tambores tomaron "carta de naturaleza, de costumbre en la forma que se conoce hoy".

     Nuestra Semana Santa es un ejemplo de religiosidad popular, un reflejo de nuestra historia que se ha mantenido por encima de vicisitudes diversas, ya fueran las guerras carlistas del s. XIX, o durante la II República en que las procesiones, como manifestaciones de culto público que eran, debían contar con el permiso del Gobernador Civil y con el visto bueno previo del alcalde. Por ello, fue José Borrajo, destacado político republicano turolense, quien en 1932 gestionó el permiso para que las procesiones de Alcañiz e Híjar pudieran realizarse.

     La guerra civil primero y la dictadura franquista después, desvirtuaron la auténtica raíz de este sentimiento colectivo. No obstante, en nuestra actual sociedad democrática y multicultural, superados los lastres del pasado, y aún a riesgo de mercantilizar nuestra Semana Santa convirtiéndola en una mera atracción turística, sigue siendo un momento único ya que nunca el ruido de nuestros tambores puede comunicar tantos sentimientos y emociones profundas, que nos llegan al corazón, pues se crea una atmósfera tan sorprendente como única, en la que, tras el aparente estruendo, surgen en cada uno de nosotros momentos de sentida emoción, de añoranza y, también, de oración. Y es que, el atronador retumbar de nuestros tambores, remueve nuestras más profundas convicciones en la misma medida que nos une a nuestras raíces, a nuestra tierra.

 

     José Ramón Villanueva Herrero

     (La Comarca, 3 abril 2009)

 

LA INVOLUCIÓN VATICANA: LA OFENSIVA

LA INVOLUCIÓN VATICANA: LA OFENSIVA

         

 Las nostalgias clericales, o mejor dicho, la involución religiosa propiciada por los teólogos conservadores (los “teocon”), parecen avanzar con paso firme bajo el impulso de Benedicto XVI. Incapaz de asumir la realidad de un mundo complejo y secularizado, reacio a abrirse a la sociedad actual con un mensaje humilde y evangélico como en su día hizo Juan XXIII, el Papa Ratzinger se encierra tras los muros de un clericalismo cada vez más anacrónico y lleno de actitudes preconciliares. Es por ello que, como señalaba recientemente el teólogo progresista italiano Vito Mancuso, la jerarquía de la Iglesia es cada vez más “fría y rígida” ante las exigencias del mundo moderno. El último ejemplo de ello sería la reciente excomunión el pasado 5 de marzo de una madre católica brasileña y del personal médico, administrativo y de mantenimiento  de un Hospital universitario por el hecho de haber llevado a cabo  el aborto de una niña de 9 años embarazada de mellizos tras haber sido violada por su padrastro.

No es casualidad el que, con Benedicto XVI, los “teocon” cuestionen cada vez más abiertamente el espíritu de renovación surgido del Vaticano II y se hayan producido graves desencuentros no sólo con la sociedad civil, sino con las dos religiones monoteístas (Judaísmo e Islam) que, junto con el Cristianismo, proclaman la creencia en un sólo Dios creador y salvador del ser humano. Si desafortunadas fueron sus frases sobre la religión islámica en su discurso en la Universidad de Ratisbona el 12 de septiembre de 2006 que tanto indignaron al mundo musulmán, no menos preocupante ha sido la tormenta desencadenada en el seno de la Iglesia Católica al levantar Benedicto XVI el pasado 24 de enero la excomunión a cuatro obispos de la integrista y ultraconservadora Fraternidad San Pío X fundada por Marcel Lefébvre y que rompió su obediencia con Roma al negarse a reconocer la renovación que supuso el Concilio Vaticano II y por la defensa a ultranza de los integristas de la liturgia preconciliar en lengua latina. Este es el caso de los obispos lefebvristas Richard Williamson, Alfonso de Galarreta, Bernard Fella y Tissier de Mallarais, excomulgados todos ellos en 1988. De hecho, para algunos teólogos como es el caso de Hans Küng, este hecho resulta especialmente escandaloso puesto que ha tenido lugar coincidiendo con el 50º aniversario del anuncio por parte de Juan XXIII de la celebración del Concilio Vaticano II (enero de 1959) y, sin embargo, Benedicto XVI no ha aprovechado la ocasión para hacer ningún elogio de su antecesor, conocido como “el Papa bueno” y, en cambio ha elegido estas fechas para levantar la excomunión a personas que defienden posiciones contrarias al espíritu del Vaticano II.

Este hecho, ha supuesto una clara cesión ante los sectores más integristas del catolicismo y, su retorno al seno de la Iglesia, ha sido más polémico si cabe debido a que uno de estos obispos, Richard Williamson, dada su condición de “negacionista recalcitrante”  de la inmensa tragedia que el Holocausto del pueblo judío (la Shoah) supuso, ha dado lugar a un clamor de indignación no sólo en la comunidad cristiana, sino, también, en el judaísmo internacional. La rehabilitación del integrista Williamson, que mantiene que en la Alemania nazi “no existieron cámaras de gas” y que durante la II Guerra Mundial no murieron 6 millones de judíos sino “tan sólo” 300.000 y “ninguno gaseado”, ha supuesto una auténtica bofetada en la cara del judaísmo. Por ello, el diálogo judeo-cristiano corre un serio riesgo de quedar interrumpido, sino destruido de forma irremediable, por la decisión de Benedicto XVI a favor de rehabilitar al polémico obispo lefebvrista. Consecuencia de ello, el pasado 28 de enero, el Rabinato de Israel rompió relaciones con el Vaticano.

Tal vez, Benedicto XVI, con sus desencuentros con musulmanes, judíos y con los sectores más progresistas del catolicismo (y no digamos con los reductos de la Teología de la Liberación), defienda la idea de una Iglesia entendida como “un pequeño rebaño”, que no le importe perder por el camino a muchos de sus fieles para convertirse en una Iglesia elitista, alejada de los pobres y de la realidad social, cercana a las posiciones e intereses del Opus Dei y de los sectores más conservadores  (y cada vez más influyentes) de la jerarquía católica. Si alguna duda cabía, el rehabilitado obispo lefebvrista Bernard Tissier lo dejó claro al afirmar que los integristas que él representa, “no vamos a cambiar nuestras posiciones, sino a convertir a Roma a las nuestras”, ya que “hay que situar al Papa” en la “dirección correcta”, esto es, en posiciones dogmáticas y doctrinales preconciliares.

Hans Küng, el más prestigioso teólogo cristiano crítico con la involución vaticana, el mejor exponente del pensamiento más progresista del catolicismo,  ante la creciente deriva eclesiástica de los “teocon”, frente a esta involución (¿irreversible?) del Vaticano, propone toda una serie de medidas valientes que Benedicto XVI debería de asumir e impulsar. Entre ellas, plantea que la jerarquía reconozca que la Iglesia “atraviesa una crisis profunda”; que se permita el acceso a los sacramentos de los divorciados; que se realicen las oportunas correcciones en la encíclica Humanae Vitae (1968) que condena todas las formas de contraconcepción; que el Papa Ratzinger, antiguo Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (sucesor de la antigua Inquisición vaticana),  rectifique su rígida teología,“que data del concilio de Nicea (en 325)”; que se suprima la ley del celibato para los sacerdotes, que se estudie un nuevo método para la elección de los obispos “en el cual el pueblo tendría una palabra que decir”, así como rehabilitar a los teólogos progresistas y críticos con la involución vaticana a los que se les ha prohibido dedicarse a la enseñanza y la publicación de sus escritos, entre los que figurarían Leonardo Boff, Jon Sobrino,  Roger Haigh o el mismo Küng. También apunta Küng la posibilidad de convocar un nuevo Concilio, el Vaticano III, para tratar temas como el celibato eclesiástico, el tema de los métodos para el control de natalidad o una mayor democratización en el seno de la Iglesia. De no romper la dinámica involucionista,  Hans Küng advertía en las páginas de Le Monde el pasado 25 de febrero que “la Iglesia corre el riesgo de convertirse en una secta” al alejarse cada vez más de la realidad social y de la esencia del mensaje evangélico. Por ello, de no reconducirse la involución vaticana, Küng, al igual que el también teólogo crítico Herman Häring, pedían la dimisión del Papa Benedicto XVI como un acto de servicio a la Iglesia. Así de contundente, así de claro.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(La Comarca, 24 de marzo de 2009 , Diario de Teruel, 5 abril 2009)

EL FUTURO DE EUSKADI

EL FUTURO DE EUSKADI

         

 

 

Durante la campaña de las elecciones autonómicas vascas, aunque poco se habla de ello en los mítines, sigue latente la idea del actual Gobierno tripartito vasco (PNV, EA, EB) de consultar a la ciudadanía de Euskadi un proyecto político soberanista, el llamado “Plan Ibarretxe”, también conocido como “Nuevo Estatuto Político de Euskadi”: pese a su frustrado (y jurídicamente ilegal) referéndum que se fijó para el pasado 25 de octubre de 2008, este tema sigue condicionando la agenda política vasca.

Al margen del apasionamiento del debate y de la indudable importancia de las cuestiones que en esta cuestión se dilucidan, lo cierto es que, una vez más se plantea un tema de gran calado político cual es la forma de  articular la relación entre Euskadi y el resto de España, una relación que debe responder a una pregunta crucial: saber si lo vasco y lo español, son conceptos “excluyentes”, tesis de Sabino Arana y los partidos nacionalistas (abertzales),  o “complementarios” tal y como defiende el autonomismo constitucional y los ciudadanos que apostamos por un modelo federal para España. Recordando al gran estadista que fue Manuel Azaña refiriéndose a la cuestión del nacionalismo catalán en el seno de la II República, lo importante ahora es saber si con Euskadi, se “convive” de forma armoniosa o simplemente se “conllevan” ambos proyectos políticos (España y Euskadi), dando lugar por ello a permanentes conflictos entre dos realidades nacionales distintas y con frecuencia enfrentadas.

En este contexto, bueno sería hacer algunas reflexiones sobre esa secular relación (no siempre polémica) entre lo vasco y lo español. Recordemos que, Castilla primero, y España después,  tuvieron un especial respeto por los fueros y demás señas de identidad vascas, lo cual garantizó la fidelidad de éstos a la empresa colectiva de la nación española. Cuando en el s. XIX se produjo el conflicto entre el tradicionalismo carlista, de tan fuerte arraigo en las tierras vasco-navarras, y el liberalismo isabelino, la España moderna se iba abriendo paso, con dificultades, hacia los aires de modernidad política, económica, social y cultural que soplaban en Europa. Pese a la derrota del carlismo insurrecto (y reaccionario), tan reivindicado en ocasiones por el nacionalismo vasco (que incluso dedica calles a Zumalacárregui), lo cierto es que se mantuvo la foralidad vasca por parte del liberalismo español. De hecho, tal y como señalaba mi admirado Mario Onaindía, triste y tempranamente fallecido en el año 2003, el victimismo y la tendenciosidad histórica del nacionalismo vasco gobernante ha ignorado de forma deliberada el que, entre 1839 y 1876, arco cronológico que abarca los finales de las dos contiendas civiles alentadas por el carlismo vasco-navarro, el fuerismo del País Vasco resultó compatible con el funcionamiento del Estado centralista isabelino, lo cual suponía un entendimiento razonable, una convivencia efectiva entre el pueblo vasco y la España liberal (vid.: Mario Onaindía, Guía para orientarse en el laberinto vasco, Madrid, Temas de Hoy, 2000). De este modo, los nacionalistas (abertzales), tanto moderados como radicales, olvidan deliberadamente el respeto del liberalismo español para con la foralidad y las señas de identidad vascas. Incluso,  tras la Ley Derogatoria de los Fueros Vascos de 21 de julio de 1876, el conservador Cánovas quiso compensar al País Vasco con la concesión del privilegio que, todavía a fecha de hoy, suponen los Conciertos Económicos. Y todo ello porque, como señalaba Onaindía, “se comprende que el PNV haya ignorado sistemáticamente esta realidad, porque desde el primer momento han intentado presentar al nacionalismo vasco como la única ideología viable para los vascos, dada la imposibilidad de entendimiento con España, que era desmentida precisamente por esa experiencia histórica basada en el liberalismo”.

El engarce territorial de Euskadi con la España moderna fue intentado de nuevo durante la II República mediante la aprobación del Estatuto de Autonomía, lamentablemente malogrado por la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista. La ruptura dramática entre lo vasco y lo español, alentada simultáneamente por el franquismo y el nacionalismo (ahí surgió ETA en 1959), parecía definitiva. Recuperadas las libertades democráticas, una vez más la España constitucional manifestó una innegable actitud conciliadora para con el nacionalismo vasco, a quien se quiso integrar en el nuevo tiempo que, tras la muerte del dictador se iniciaba. Ello hizo que se fuese especialmente generoso con el PNV: se aceptaron las peculiaridades vascas y se aprobó el Estatuto de Gernika (25 octubre 1979) que sirvió para, como señalaba Onandía, “desplegar su enorme capacidad de modernización de la sociedad vasca” y que, ahora, cuando va a cumplir 30 años de vigencia, el Plan Ibarretxe considera “superado”. Y sin embargo, el PNV, hay que decirlo, no actuó con la misma generosidad histórica que tuvieron otros partidos como el PCE (que aceptó incluso la monarquía para consolidar la incipiente democracia) puesto que los seguidores de Arana no votaron favorablemente la Constitución de 1978 y propiciaron la ruptura de la gestión eficaz del período de los gobiernos de coalición PNV-PSE (1986-1998) al abandonar el autonomismo del “espíritu de Arriaga” y emprender  la llamada “vía Juan Mari Ollora” defensora de un “marco vasco de decisión”, del cual surgió el Pacto  de Estella (12 septiembre 1998) sobre impulso de la vía soberanista y la territorialidad de Euskalherria.

Así las cosas, con el Plan Ibarretxe un tanto hibernado, pero latente, se vuelve a plantear de nuevo la cuestión del engarce político y territorial de Euskadi. Es innegable que el lastre dramático de la violencia etarra desvirtúa la posibilidad de una plena y libre voluntad de expresión de la ciudadanía vasca que, sin duda, es quien debe decidir su futuro, en el cual la celebración de un referéndum con todas las garantías legales y jurídicas no sería descartable en el momento oportuno. También es cierto, y nos lo recordaba Onaindía, que los partidos constitucionales deberían realizar una valoración crítica del proceso autonómico y asumir algunas medidas “imprescindibles” tales como la conversión efectiva del Senado en una Cámara de representación territorial y la cuestión del desarrollo de un modelo federal pleno para España, fomentando además los cauces de cooperación y colaboración entre los distintos territorios. Por mi parte, considero que habría que abrir también el debate sobre un tema cual es reconocimiento constitucional del derecho de autodeterminación: independientemente de que se ejerza o no y con todas las garantías democráticas exigibles, debería de contemplarse en todas las constituciones progresistas y, por ello, también en la Constitución Española.

Resulta innegable que hay que entender las diferencias entre lo vasco y lo español no como realidades excluyentes, sino complementarias: ambas son culturas completas, con elementos propios, lo cual genera tensiones y contradicciones. Ciertamente, un conflicto político, y este lo es, requiere soluciones políticas inteligentes y valientes. También generosas, como las que el liberalismo español supo ofrecer tras la victoria militar sobre el carlismo en 1839 (Acuerdos de Vergara) y en 1876 (Conciertos económicos). Tal vez, en un futuro próximo, el eterno dilema planteado por Azaña entre convivir o conllevarse, la cuestión de la relación armoniosa (“amable”, diría Ibarretxe) entre Euskadi y el resto de España, encuentre su estabilidad en la libre y voluntaria adhesión vasca a una España federal, a una futura Federación de Naciones Ibéricas, tal y como defendía hace ya muchos años el dirigente socialista eibarrense Toribio Etxebarría o el “pacto entre diferentes” al que alude con frecuencia Patxi López.  Porque el modelo territorial federal para España, como decía en republicano turolense Víctor Pruneda, debería ser “el suave lazo que a todos une y a ninguno ata”. Tal vez esté ahí la solución.

 

 

 

José Ramón Villanueva Herrero

(La Comarca, 24 febrero 2009 ; Diario de Teruel, 12 marzo 2009).

 

 

LA RESPUESTA SOCIAL A LA CRISIS GLOBAL

LA RESPUESTA SOCIAL A LA CRISIS GLOBAL

         

     El pasado 4 de febrero visitó Zaragoza el prestigioso politólogo francés Sami Naïr, una de las voces más destacadas del pensamiento progresista en Europa. Entrevistado por El Periódico de Aragón, realizó unas interesantes declaraciones en torna a la actual crisis global que estamos padeciendo. Según Naïr, el hecho de que, ante una crisis a escala mundial que cada vez alcanza una magnitud más preocupante, no sólo en cuanto a sus consecuencias económicas, sino en lo relativo a los efectos sociales que de ella se puedan derivar, se constata que, fracasado el neoliberalismo, la izquierda política y social todavía no ha articulado una alternativa y unas acciones coordinadas para hacerle frente. Y es que, como señalaba Naïr, "el problema es el sistema" y…"los bancos no cambian el sistema", razón por lo cual rechazaba los "planes de rescate" y consideraba la opción de nacionalizar la banca.

     Según Naïr, no hay otro camino que cambiar el sistema y, para ello, la movilización social resulta fundamental. Víctimas como somos de los desmanes del capitalismo financiero, la salida de la crisis global pasa por la movilización ciudadana, el impulso de políticas de Estado cimentadas en el entendimiento y la ausencia de intereses partidistas entre los distintos gobiernos y sus respectivos partidos de oposición. La movilización ciudadana debe de servir para abrir paso a otro modelo económico alternativo al ultraliberalismo, lo cual supone tanto como reorganizar el sistema económico internacional, modificar el sistema financiero acabando con su desregulación y opacidad, y rechazar los mitos de la "productividad" y el "consumismo" que sólo sirven para aumentar las desigualdades sociales y para poner el riesgo el futuro medioambiental de nuestro planeta.

     Enlazando con estas reflexiones de Naïr, resulta oportuno traer a colación las movilizaciones sociales ocurridas días atrás en Francia y que desembocaron en la huelga general del pasado 29 de enero contra la política económica del gobierno derechista de Nicolas Sarkozy que ha optado por apoyar sin medida a la industria y a la banca gala en la misma medida en que pretende desmantelar las políticas sociales de empleo, servicios públicos y protección social, tema este especialmente sensible en tiempos de crisis para los trabajadores y los sectores más desfavorecidos de la sociedad francesa.

     Interesante resulta por ello la lectura del manifiesto del Partido Socialista (PS) francés en el que, bajo el título de "Francia nunca ha sido tan rica y la riqueza tan mal repartida", denuncia el que Sarkozy haya entregado 360.000 millones de euros "para que los banqueros continúen jugando a la economía casino". Es por ello, que el PS denuncia las consecuencias de las políticas neoliberales que han supuesto un incremento de las desigualdades en Francia: el salario medio de los 50 mayores empresarios es 310 veces superior al SMIC (Salaire minimum interprofessionnel de croissance), el 10 % de la población posee el 50 % del patrimonio, existen 7 millones de trabajadores que cobran menos de 900 € /mes, hay 4 millones de parados, cifra que se incrementa en 60.000 personas más cada mes y, mientras las rentas de los más ricos siguen aumentando, el SMIC está congelado y corre el riesgo de ser suprimido por las políticas antisociales de Sarkozy.

     En consecuencia, los militantes socialistas franceses proponen a la ciudadanía un "programa de urgencia" articulado en cuatro puntos básicos:

1.- una política democrática de redistribución de la riqueza y una fiscalidad más justa con medidas tales como limitar los dividendos de los accionistas, instaurar una fiscalidad "fuertemente progresiva", armonización fiscal al alza en un marco de una Europa Social reforzada, reducir el IVA, aumentar las ayudas oficiales a la vivienda, congelación de los alquileres y fomentar la Banca Pública, aunque no se alude a la nacionalización de la misma.

2.- recuperación del valor adquisitivo de los salarios (SMIC bruto de 1.600 €, ayudas inmediatas de 500 € a los beneficiarios a ayudas mínimas sociales, subida a 1.200 € de las ayudas mínimas sociales por indemnizaciones por paro, salarios a tiempo parcial y jubilaciones, cláusulas de revisión salarial automática con arreglo al incremento de los precios).

3.- Creación de empleo mediante la reducción del tiempo de trabajo (mantenimiento jornada laboral 35 horas semanales, jubilación a los 60 años con plenos derechos, reducir el número de horas extras autorizadas a cada trabajador, garantizar el descanso semanal de 2 días, restaurar el control administrativo sobre los despidos, mantenimiento de los derechos sindicales y duplicar los efectivos de la Inspección de Trabajo).

4.- Reconstrucción y fortalecimiento de los servicios públicos a escala nacional y europea. En la defensa de la Europa Social, los servicios públicos (educación, sanidad, protección social) resultan básicos. Por ello, los socialistas franceses piden, además del fortalecimiento del sector público estatal y el fin de la reducción de empleos en el mismo, la creación de nuevos derechos sociales como el de un subsidio de autonomía para jóvenes en formación (estudiantes).

     Estos objetivos, y eso es lo importante, pretenden dar "una respuesta política a las exigencias sociales" en tiempos de crisis por lo que se retoma el viejo ideal, hoy revitalizado, de la "Unidad de la izquierda para redistribuir la riqueza". Por todo ello, el PS plantea con valentía el que "la izquierda unida debe proponer un programa de urgencia social" en defensa de las rentas del trabajo que haga frente a la economía especulativa neoliberal. Comparados con los 360.000 millones de euros "regalados a los banqueros", a los que habría que sumar otros 72.000 millones de euros en exenciones fiscales recientemente aprobadas, las medidas propuestas por la izquierda, de profundo contenido social, tendrían un coste estimado de 23.700 millones de euros.

     Si esto ocurre en Francia, con un Gobierno conservador como el de Sarkozy, en el caso español, el Presidente Zapatero ha dejado claro, desde el primer momento, que en tiempos de crisis como los actuales, la defensa de las políticas de protección social, especialmente en caso de desempleo, resultan todavía más prioritarias que nunca para los que defendemos ideas socialdemócratas. El papel del Estado como factor de dinamización de la economía, como garante de las prestaciones sociales y defensor de los servicios públicos, resulta fundamental para remontar la crisis global actual. Sólo dos matizaciones: si en conjunto la respuesta de Zapatero ante la crisis económica resulta razonable, todavía más lo sería si mantuviese una postura más exigente ante la patronal bancaria española la cual, a fecha de hoy, ha recibido 150.000 euros en forma de avales del Gobierno y que, sin embargo, tan reticentes se muestran a la hora de conceder créditos a las familias y a las empresas. Ese dinero, que procede de nuestros impuestos, no debe tener por objeto garantizar los beneficios de una banca siempre insaciable, sino el de dinamizar la economía, tema éste ante el cual la patronal bancaria tiene una responsabilidad moral y social indudable.

     Y hablando de impuestos, es el momento de retomar con fuerza en España el principio de la progresividad fiscal, eje central de las políticas económicas socialdemócratas. Por ello, se debería de mantener y potenciar el Impuesto sobre el Patrimonio, tal y como defendió (en solitario) la Corriente Izquierda Socialista en el pasado 37 Congreso Federal del PSOE. Porque un Estado progresista y socialmente avanzado debe, ante todo, evitar que los costes sociales generados por la actual crisis global los sufran los trabajadores en caso de ver reducidos sus empleos y niveles de renta y los sectores y colectivos más desfavorecidos de nuestra sociedad y, para ello, el factor redistribuidor de una fiscalidad "fuertemente progresiva", como señala el PS, resulta determinante. Es una cuestión de elemental justicia social.

 

José Ramón Villanueva Herrero

Militante de la Corriente de Opinión Izquierda Socialista del PSOE.

(La Comarca, 13 febrero 2009 ; Diario de Teruel, 22 febrero 2009)

 

ECOS DE LA GUERRA DE GAZA ( y II)

ECOS DE LA GUERRA DE GAZA ( y II)

       Si en un artículo anterior recordaba el debate moral generado en la sociedad israelí tras la brutalidad del ataque lanzado por las FDI contra Gaza, ahora querría aludir a algunas cuestiones sobre este conflicto que se han producido en el entorno del mundo árabe.

En primer lugar, durante los días de la guerra, ha resultado muy significativa la actitud de diversos países árabes de la zona. Y es que, al margen de la retórica panarabista habitual, no debemos olvidar que existe una pugna abierta entre los grupos y partidos islamistas emergentes (como es Hamas) y los regímenes árabes laicos y moderados afines a Occidente. En consecuencia, se ha puesto de manifiesto que, pese a la dureza del ataque israelí, en general, la reacción de los países árabes, salvo excepciones, ha sido “discreta”,  hecho éste que ha sorprendido negativamente a la dirección política de Hamas. Y es que los islamistas radicales no sólo son un peligro para la existencia de Israel, sino también para la estabilidad de otros países de la zona como Egipto, Jordania, Siria, Turquía e incluso Arabia Saudí. Tal vez por ello, Shimon Peres, Presidente de Israel, declaró días atrás que, “en privado, los árabes nos piden que acabemos con Hamas” como forma de frenar el auge de sus propios movimientos fundamentalistas.

Enlazando con la idea anterior, resulta un ejemplo evidente el caso de Egipto, especialmente interesado en frenar a Hamas para evitar el resurgimiento de los Hermanos Musulmanes, su equivalente político-religioso en el país del Nilo. De hecho, el presidente Hosni Mubarak declaró públicamente que “no se debe permitir a Hamas que gane su guerra con Israel”. Por su parte, Omar Suleiman, jefe de los servicios secretos egipcios, nada más iniciarse el ataque israelí a Gaza, hizo unas declaraciones a la prensa árabe de Londres en las que, significativamente, señalaba que “hay que darle una buena lección a Hamas”. Finalmente, no resulta casual que, en la página web oficial del Ministerio de Defensa de Egipto, se califique a Hamas como “enemigo nacional”.

Algo similar ocurre con Jordania, donde el islamismo integrista está en auge con el riesgo que ello supone para el trono del rey Abdallah II.

Consecuentemente, se percibe un entente tácito entre Israel, Egipto y Jordania, al que habría que unir el papel mediador desempeñado por Turquía en el conflicto de Gaza, para frenar en Oriente Medio la expansión del fundamentalismo islamista el cual, no lo olvidemos, está alentado por un Irán camino de convertirse en potencia nuclear, ya que el régimen de Mahmud Ahmadineyad está respaldando a partidos como Hezbolláh en Líbano, Hamas en Gaza o los Hermanos Musulmanes en Egipto.

El problema de Hamas es que, como otros grupos terroristas, tendrá que optar algún día por priorizar sus posiciones políticas sobre cualquier otro tipo de estrategia violenta para empezar a ser un interlocutor válido no sólo ante Israel (cuya existencia no reconoce y cuya destrucción proclama), sino también con la propia sociedad palestina, aceptando que una parte importante de la misma, rechaza el integrismo y prefiere un modelo social y político de corte nacionalista, laico y democrático.

Mientras tanto, cuando una frágil tregua intenta abrirse paso, Hamas ha iniciado en Gaza una serie de represalias y ejecuciones contra militantes de Al-Fatah, el partido liderado durante décadas por Yasser Arafat y que ahora rige el presidente Mahmud Abbas: se tiene constancia de que 35 de ellos han sido tiroteados en las piernas por los milicianos de Hamas y varios más han sido asesinados. Ciertamente, en el conflicto civil soterrado que desgarra al pueblo palestino, Hamas ha conseguido establecer en Gaza un régimen de terror el cual sufren, también, muchos veteranos e históricos militantes nacionalistas palestinos de Al-Fatah.

Ante una situación como la descrita, para el problema de Oriente Medio poco valen las soluciones militares, razón por cual la política debe recuperar su protagonismo a la hora de reconducir la situación. En este sentido, resulta prioritario el que la población palestina se libere de lo que se ha dado en llamar “la espiral suicida de Hamas” y, para ello,  es imprescindible reforzar el gobierno de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) del presidente Abbas el cual debería de recuperar el control efectivo sobre Gaza, el cual perdió de forma violenta a manos de Hamas en junio de 2007. Igualmente, habría que establecer mecanismos de supervisión internacional que se hiciesen cargo del control de la frontera de Gaza, especialmente en el caso de la llamada “franja Filadelfia” que separa este territorio de Egipto para evitar el contrabando de armas y el lanzamiento de cohetes Qassam y Grad sobre Israel.

El intelectual israelí Meir Shalev recordaba hace unos días que, en una manifestación celebrada en Tel Aviv contra la guerra en Gaza, se podía leer en una pancarta: “Si queréis acabar con Hamas, dad esperanza a los palestinos y no guerra”. Ciertamente, el único camino de futuro para ambos pueblos pasa por la reapertura de las negociaciones de paz entre una reforzada ANP y un gobierno de Israel que esté dispuesto a hacer concesiones históricas. Para ello, la actitud de la nueva Administración de Barack Obama puede ser determinante. Además, como reclamaba Eytan Bentsur, exdirector general del Ministerio de Relaciones de Exteriores de Israel, en su artículo “Volver a Madrid” (Haaretz, 26 enero 2009), una salida a la actual situación en Oriente Medio sería “reactivar  el Proceso de Madrid de 1991”, esto es, una nueva conferencia de paz que continuase la labor iniciada por la que tuvo lugar en aquel año en la capital de España y que generó la apertura de un diálogo sin precedentes que permitió dar los primeros pasos hacia la construcción de un nuevo Oriente Medio: inicio negociaciones directas palestino-israelíes, firma de la paz entre Jordania e Israel, primeras iniciativas de cooperación regional, etc.

Tal vez, en medio de tanta tragedia y dolor, la esperanza pueda abrirse paso. Tiempo al tiempo.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(Diario de Teruel, 1 de febrero de 2009)

 

 

 

 

 

 

ECOS DE LA GUERRA DE GAZA (I)

ECOS DE LA GUERRA DE GAZA (I)

         Tras la campaña “Plomo fundido” desencadenada por el Tzahal, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI),  y después de 22 días de un ataque de una potencia devastadora, una frágil tregua se mantiene en Gaza.

Todas las guerras, además de una tragedia en sí mismas, suponen un dilema moral. En este caso, el derecho legítimo a la defensa y seguridad de Israel ha quedado en un segundo plano ante la dureza y crueldad de la campaña  militar desencadenada por las FDI, una campaña desproporcionada, con un elevado número de víctimas civiles y contraria al derecho internacional.

De la tragedia de Gaza se pueden extraer algunas reflexiones. La primera de ellas es que al margen del objetivo militar de acabar con Hamas, siglas del Movimiento de Resistencia Islámica, que domina Gaza desde junio de 2007 y que ataca al sur de Israel, la dureza de las imágenes de la guerra ha tenido un efecto indudable en la opinión pública mundial. De hecho, ha supuesto una victoria mediática para Hamas, que tras utilizar a la población civil como escudos humanos, ha instrumentalizado  en beneficio de sus intereses el dolor ocasionado por tantas víctimas inocentes por la brutalidad del ataque israelí.

En contraposición, la guerra ha supuesto para Israel no sólo el descrédito y la reprobación internacional, sino, también, una derrota moral para los sectores de la izquierda pacifista hebrea que siguen trabajando por lograr una solución política para el eterno conflicto palestino-israelí. A ello se une, además, el que la sociedad civil de Israel tiene el deber ético, como descendientes del Holocausto (Shoah) de, en memoria de las víctimas asesinadas por el nazismo,  no cometer jamás sobre otros pueblos los horrores y sufrimientos que ellos, como pueblo judío, sufrieron a lo largo de su atormentada historia. Ello hace todavía más inaceptable la magnitud y la dureza de la campaña militar lanzada contra Gaza a pesar de que sea éste un territorio gobernado por una entidad terrorista como es Hamas, que siempre ha proclamado abiertamente su intención de destruir a Israel.

Dicho todo esto, me ha resultado muy interesante la lectura durante los últimos días de la guerra de Gaza de la prensa israelí contraria a la campaña militar desatada por el gobierno de coalición de Ehud Olmert. En este sentido, el prestigioso diario Haaretz, cercano a la izquierda pacifista, publicó diversos artículos en los que manifestaba no sólo su oposición a la campaña de Gaza, sino en los que también incidía en las consecuencias morales que, para la democracia israelí, se derivaban de aquella. Este fue el caso de periodistas como Gideon Levy que, el 15 de enero denunciaba con dureza los ataques de las FDI contra las escuelas de la ONU y el hecho de que un tercio de las víctimas civiles fueran niños y “esto es una proporción demasiado grande para cualquier norma ética y humanitaria”, lo cual era el efecto de “un gran ejército luchando contra una población indefensa y débil”. Al día siguiente, el mismo Gideon Levy titulaba su crónica “Alguien tiene que parar la locura desenfrenada de Israel en Gaza” en el que, junto a la “arrogancia intolerable” del gobierno de Olmert al incumplir las resoluciones de la ONU y no acatar los acuerdos de su Consejo de Seguridad, escribía: “las calles de Gaza parecían campos de muerte”, frase tras la cual parecía subyacer el subconsciente colectivo judío de la Shoah. El balance de Levy sobre la campaña era rotundo y contundente: “No hemos logrado nada en la guerra, sólo la sed de sangre y el ansia de venganza”.

Por su parte, otro periodista tan prestigioso como Ari Shavit escribía en las páginas de Haaretz sobre la derrota moral que esta campaña significaba para Israel: “la operación de Gaza puede ser la destrucción de Hamas, pero es la destrucción del alma de Israel”  (17 enero). Recordando el elevado número de víctimas civiles y que Israel había violado toda la legalidad internacional, no dudaba en afirmar que, “un ataque de este tipo no es más que locura” ya que, “sin una sólida base moral, cualquier victoria de Israel resulta pírrica”.

A modo de balance, tras el inicio de la tregua, el ya citado Gideon Levy, señalaba en Haaretz el 22 de enero que “la guerra terminó con un completo fracaso para Israel” pues, al igual que ya había señalado Ari Shavit, había supuesto un “profundo fracaso moral”  para la democracia israelí. Además, el desprestigio de Israel por los efectos mediáticos de la campaña era evidente ya que como señalaba Levy, “el mundo entero vio las imágenes, que conmovieron a todas las personas que las vieron” ya que “esta guerra, además de cientos de muertos, heridos y mucha destrucción” ha supuesto “el deterioro de la imagen de Israel”. Por si todo ello fuera poco, para Levy la campaña no había logrado ninguno de los objetivos previstos, cuales eran: evitar el lanzamiento de cohetes Qassam y Grad sobre Israel, impedir el contrabando de armas a Gaza, desmantelar a Hamas, restaurar el prestigio de las FDI, debilitar el apoyo popular al fundamentalismo islamista y, finalmente, reforzar a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) del presidente Mahmud Abbas y  a su partido Al-Fatah, de corte nacionalista y laico, como interlocutor político para retomar el estancado proceso de paz.

Por su parte, Aurora, un periódico israelí editado en castellano en Jerusalem, publicó un interesante editorial  el pasado 16 de enero en el que, bajo el título de “El fin y los medios”, recordaba la imperiosa necesidad de no perder la proporcionalidad y la justicia en la lucha contra el terrorismo de Hamas por parte de Israel ya que pese a todo, el Estado hebreo sigue siendo la único país democrático de la zona. De este modo, una vez más, se planteaba el eterno dilema moral entre los fines y los medios necesarios para alcanzarlos, un dilema que sigue abierto hasta la solución justa del conflicto palestino-israelí.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(Diario de Teruel, 31 de enero de 2009)