Blogia

Kiryat Hadassa: el blog de José Ramón Villanueva Herrero

LA DECISIÓN DE GARZÓN

        

Mucho se está hablando estos días del Auto del juez Baltasar Garzón del pasado 28 de agosto para elaborar un censo de las víctimas del franquismo, de los republicanos desaparecidos desde el golpe militar del 18 de julio de 1936 hasta el final de la dictadura. Ante esta decisión valiente de Garzón, auténtico agitador de conciencias cívicas, permanente defensor de la causa de los derechos humanos, ha bramado de nuevo con su habitual saña la derecha política, sociológica y mediática con sus manidos argumentos de siempre, lo cual ha obligado a Garzón a pedir amparo al Consejo General del Poder Judicial en demanda de “protección y defensa de la independencia judicial”.

En un brillante artículo de Manuel Rivas titulado “Garzón, Antígona y la memoria histórica” (El País, 7 agosto 2008), aludía a esa “amnesia retrógrada” que caracteriza a la derecha española, cuyos síntomas son su beligerancia contra el proceso de recuperación de la memoria histórica, su oposición a la exhumación de las víctimas de la represión franquista, así como su desinterés hacia el exilio republicano y su absoluta indiferencia a honrar a los luchadores de la resistencia contra la dictadura o a los muertos españoles en los campos de exterminio nazis. Por ello, si la derecha española desea de caminar realmente hacia el centro político, entre otras cosas, debería de dar un paso moral en apoyo de la dignificación de la memoria de las víctimas de la guerra civil y de la dictadura, un paso que todavía no ha tenido la valentía de dar…y que todos esperamos.

        Frente a esta “amnesia retrógrada” de la derecha española, con excesivos lastres de un pasado en su bagaje político, se opone la decisión de Garzón y su Auto judicial en el cual solicita información sobre la “desaparición de personas a partir del 17 de julio de 1936 y que continúan hasta el día de hoy” con objeto de elaborar el referido censo de víctimas del franquismo a diversos organismos y entidades tales como el Archivo General de la Administración, la Abadía Benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, la Delegación del Patrimonio Nacional en San Lorenzo del Escorial, a los alcaldes de Granada, Córdoba, Sevilla y Madrid, así como al Rector de la Universidad de Granada, a los cuales se les solicita el nombre de las personas allí enterradas, las “circunstancias y hechos que concurrieron en estos enterramientos masivos”, la fecha de los mismos, así como si las muertes constan anotadas en algún registro público. Igualmente, Garzón recaba documentación al Centro Documental de la Memoria Histórica, al Ministerio de Defensa, a la Dirección General de los Registros y del Notariado y a la Conferencia Episcopal Española, “para que comunique a todas y cada una de las parroquias de España que deberán permitir el acceso a la Policía Judicial”, así como a las personas responsables de las exhumaciones de víctimas de desapariciones forzadas “a fin de que dichas exhumaciones puedan ser controladas por este Juzgado". Este Auto del juez Garzón supone, sin duda, un paso tan valiente como importante en relación con la forma futura de afrontar esta triste página de nuestra historia colectiva.

Resulta innegable que esta decisión, repito que valiente, del juez Garzón, se hace eco de las demandas presentadas por la Associació per a la Recuperació de la Memòria Històrica de Catalunya, la Asociación “Fòrum per la Memòria del País Valencià”, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón, la Comisión pola Memoria Histórica do 36 de Ponteareas y la Confederación General del Trabajo (CGT) que, ante las carencias y limitaciones de la Ley de la Memoria Histórica, han puesto su confianza en que la justicia les ofrezca, no tanto una depuración de responsabilidades por estos crímenes, que es prácticamente imposible, sino que, se conozca de forma transparente esta tragedia fraticida y, al menos, poder tener el elemental derecho de enterrar dignamente a sus muertos, muchos de ellos yacentes, todavía, en multitud de fosas comunes.

La decisión de Garzón, que tanto ha indignado a la derecha, se halla no obstante amparada por la nueva doctrina jurídica del Tribunal Penal Internacional que permite investigar, perseguir y condenar los crímenes contra la humanidad y, no lo olvidemos, los cometidos por el franquismo insurrecto durante la guerra civil y la posterior dictadura, tienen esta consideración jurídica, pese a que la amnistía de 1977 diese cobertura legal a “todos los actos de intencionalidad política, cualquiera que fuese su resultado”.

 Por ello, una mayor conciencia de la necesidad de ejercer la justicia universal, esto es, la legislación penal internacional (que España asumió en 1985), resulta de capital importancia para evitar la comisión de estos crímenes, los cuales son, por ley, imprescriptibles. Sonados fueron los procesos que, desde esta perspectiva legal, se incoaron contra el dictador chileno Pinochet, impulsado también por el juez Garzón, o los que han juzgado los recientes genocidios cometidos en Rwanda o en la antigua Yugoslavia, sin olvidar los procesos abiertos contra Marruecos por la represión del pueblo saharaui o contra el intocable régimen chino por su absoluto desprecio por los derechos humanos, tal y como se ha puesto de manifiesto en el Tíbet, un país que próximamente cumplirá el triste aniversario de llevar 60 años de ocupación por la dictadura china.

Independientemente del resultado final de estos procesos judiciales, como el que acaba de iniciar el juez Garzón, el sólo hecho de incoarse, ya supone ya una auténtica lección moral, una actitud ejemplarizante por parte de una justicia, valiente y comprometida. Este despertar de la conciencia cívica pretende defender, con profunda convicción, los valores y la dignidad humana, y por ello, combatir frontalmente delitos tan abyectos e imprescriptibles, siempre imprescriptibles, como lo son los crímenes de guerra, de lesa humanidad o el genocidio, se cometan donde se comentan... también en España. Ciertamente, la decisión de Garzón es toda una llamada de atención a las Administraciones Públicas y a la Iglesia ante una cuestión dolorosa, pero de absoluta justicia.

En un mundo globalizado, la justicia y la legislación penal no pueden quedar limitadas por las fronteras, deben ser universales, como lo son el conjunto de valores que conforman toda  sociedad libre y democrática que se precie. Y, como ejemplo, ahí está el caso, también reciente, de la querella presentada en la Audiencia Nacional por parte de varios supervivientes republicanos españoles para procesar a cuatro criminales nazis al amparo de la legislación internacional en materia de derechos humanos, genocidio y crímenes contra la humanidad, tema éste al que nos referiremos en un nuevo artículo.

 

(La Comarca, 9 septiembre 2008)

 

 

 

 

 

 

XENOFOBIA Y RACISMO EN ITALIA

     

     Recientes sucesos de delincuencia común protagonizados en Italia por gitanos procedentes de Rumanía han sido la coartada perfecta para que Silvio Berlusconi haya adoptado una serie de medidas de claro signo xenófobo y racista hacia la comunidad gitana.

     Todo empezó el pasado 16 de mayo cuando en el conflictivo barrio de Ponticelli (Nápoles) fueron incendiados varios asentamientos gitanos, hecho éste alentado por la Camorra, esto es, por la mafia napolitana, y diversos sectores de la derecha posfascista italiana. Desde tiempo atrás, existía una creciente preocupación en la comunidad gitana pues, tras el triunfo electoral de la coalición liderada por Berlusconi y que, no lo olvidemos, integra a grupos de extrema derecha como Alianza Nacional (AN), se estaban produciendo una proliferación de declaraciones y actitudes racistas en el país latino acusando de forma constante a la comunidad gitana de cometer todo tipo de delitos. Este era el caso de Gianfranco Fini, máximo dirigente de la ultraderechista AN y actual Presidente de la Cámara de Diputados italiana, de Ignazio La Rossa (ministro de Defensa) o de Gianni Alemanno, alcalde de Roma y también militante de AN. Por su parte, Umberto Bossi, líder de la Liga Norte (LN), el mismo que años atrás pedía "hundir a cañonazos" las embarcaciones con inmigrantes ilegales que se aproximaban a las costas italianas, advertía recientemente que "debemos cazar a los clandestinos", entre los que incluía al conjunto de los gitanos inmigrantes de los países del Este, especialmente de Rumanía y, con un lenguaje chulesco más propio de un matón de barrio que de un dirigente político democrático, añadía: "Si quieren pelea, los fusiles están calientes". Por su parte, el polémico ministro del Interior Roberto Maroni (LN) suele asociar la "inmigración" con "criminalidad", idea recurrente de la derecha xenófoba en la cual se sitúa ideológicamente su partido.

     Igualmente preocupante resulta la actitud de Berlusconi, líder de Forza Italia y actual presidente del Consejo de Ministros italiano, en un esperpéntico acto ante las juventudes de su partido tras ganar las elecciones pasadas, en el que los jóvenes derechistas saludaron a "Il Cavaliere" al estilo fascista, éste confesó: "Al verlos, he pensado: la nueva falange romana somos nosotros".

     A ello hay que añadir el creciente activismo de los grupos neofascistas como el autodenominado Grupo Armado para la Purificación Etnica (GAPE), responsable de un incendio en el que murieron carbonizados cuatro niños gitanos, el cual envió recientemente una carta a la prensa lanzando un ultimátum a los gitanos de Italia para que abandonaran el país en un plazo de 20 días.

     De forma premonitoria, el pasado 6 de abril, el Comité de la ONU contra la marginación racial (CERD) ya alertó de que Italia estaba viviendo una campaña de discriminación sin precedentes contra los gitanos y de que era necesario "perseguir a los políticos que alientan el odio racial".

     En consecuencia, prejuicios y actitudes hostiles hacia los gitanos heredadas desde hace siglos están volviendo a brotar en Italia como consecuencia de los movimientos migratorios. Ello origina, a su vez, un peligroso resurgir de ideas xenófobas y racistas alentadas por importantes sectores de la derecha política que, en ocasiones, no oculta sus actitudes fascistoides. No debemos olvidar que la comunidad gitana fue objeto de un asesinato sistemático por parte de la barbarie nazi durante la II Guerra Mundial, un "genocidio olvidado" en el que, a diferencia de lo ocurrido con la comunidad judía, aún está pendiente de encontrar una reparación digna y decente para las víctimas del Holocausto gitano.

      Este cúmulo de circunstancias está dando lugar a una creciente tensión motivada tanto por diversos hechos delictivos ocurridos en Italia, siempre imputables a sus autores y no al conjunto del colectivo gitano al que éstos pertenecen, así como al posterior paquete de medidas sobre seguridad y contra la inmigración decretadas por el Gobierno Berlusconi. Éste, identificándose con el sentir de la derecha autoritaria, está demostrando que, con su política inmigratoria, Berlusconi pisotea flagrantemente los valores y principios de la Unión Europea, de la cual Italia es socio fundador. Así lo ponen de manifiesto los decretos que permiten la detención y expulsión arbitraria de inmigrantes, la tipificación como delito en el Código Penal de la condición de "inmigrante clandestino" (castigado con hasta 4 años de cárcel), la implantación del "censo Maroni" que obliga a fichar a todos los menores de edad gitanos tomando sus huellas y otros datos como su etnia o religión, o el empleo del ejército en las calles italianas como apoyo a la policía a la hora de aplicar estas medidas para aquellas personas cuyos únicos "delitos" son los de ser ilegales, pobres y gitanos. De hecho, en la actualidad Italia puede expulsar a ciudadanos de la Unión Europea (UE) (los gitanos rumanos lo son) pese a que forma parte del Espacio Schengen, incumpliendo así y la Directiva 2004/38 relativa al derecho de los ciudadanos de la UE a circular y residir libremente en el territorio de los Estados miembros.

     Por todo ello, en fechas recientes el Consejo de Europa reconocía en relación a la comunidad gitana, la minoría étnica más numerosa de la actualmente existentes en Europa (aproximadamente 8 millones de personas), que "el trato de a los gitanos es en estos momentos uno de los problemas políticos, sociales y de derechos humanos más urgentes a los que se enfrenta Europa". Por su parte, Thomas Hammarberg, Comisario europeo para los Derechos Humanos recordaba al Gobierno italiano que "una política de inmigración ha de basarse siempre en los derechos humanos y no fijarse solamente en las preocupaciones sobre la seguridad pública".

     Y mientras la derecha italiana alienta desde el poder el peligroso espectro de la xenofobia y el racismo, un hecho conmovedor pasó casi desapercibido. El 18 de julio, se ahogaron mientras se bañaban en las playas de Nápoles dos niñas gitanas de 14 y 16 años: sus cuerpos permanecieron durante horas sin ser retirados de la arena ante la mirada pasiva e indiferente de los bañistas y demás transeúntes. No parece que Violetta y Cristina, que así se llamaban las jóvenes gitanas ahogadas, fueran parte de esa "emergencia gitana", del supuesto peligro social que se atribuye a esta minoría étnica del que tanto habla el posfascista Alfredo Mantovano (AN), exresponsable de Inmigración en anteriores gobiernos de Berlusconi y actual nº 2 del Ministerio del Interior italiano. Y es que, como decía Juan de Dios Ramírez Heredia, antiguo eurodiputado socialista y actual presidente de la Unión Romaní española, "siempre nos toca perder a los mismos: los más pobres, los más indefensos, aquellos para quienes los derechos no pasan, en la mayoría de las ocasiones, de ser letra impresa en papel mojado". Lamentablemente, esta situación es la que sufren, con excesiva frecuencia, la inmensa mayoría de la comunidad gitana, el conjunto del pueblo romaní, en los países de nuestra civilizada y próspera Unión Europea.

 

 José Ramón Villanueva Herrero

(Diario de Teruel, 31 agosto 2008)

 

ESPAÑA Y EL NEGOCIO INTERNACIONAL DE ARMAS

         

Siempre he pensado que el mercado internacional armas entre los distintos Estados, aunque tenga por ello reconocimiento legal, al contrario de lo que ocurre con el llamado “mercado negro” armamentístico, resultaba tan inmoral y denigrante como el narcotráfico, sobre todo si tenemos en cuenta que este negocio enriquece a los países desarrollados y consume importantes recursos de los países del llamado Tercer Mundo que deberían destinarse a mejores fines.

Es por todo ello que me ha parecido de gran interés la lectura del documento El negocio de las armas en España publicado en Papeles “Cristianisme i Justícia” que edita la Fundación Espinal, vinculada a los jesuitas de Cataluña. Su autora, Tica Font, perteneciente al Centro de Estudios por la Paz Delàs y a la Asociación Justicia y Paz, nos ofrece datos y reflexiones ciertamente interesantes sobre el papel que desempeña España en este lucrativo y a la vez inmoral negocio. De entrada, sorprende saber que España ocupa el octavo lugar en el ranking mundial de exportaciones armamentísticas (el 3 % del comercio internacional de armas es español) y que las ventas por este concepto, según datos de 2006, supusieron 845 millones de euros.

En cuanto al destino de la producción  armamentística española, según Tica  Font, el   43 % de la misma es adquirida por países en vías de desarrollo. También resulta importante señalar  que, en algunos casos, nuestros compradores son países con serios conflictos armados como Colombia o Israel, o con situaciones de tensión o inestabilidad interna (Filipinas, Indonesia, Sri Lanka), naciones donde no se respetan los derechos humanos (Kenia, Singapur o Thailandia) o países históricamente enfrentados, como ocurre con India y Pakistán.

Debemos tener en cuenta también que la venta de armas a otro Estado requiere autorización del Gobierno y se  regula por la Ley 53/2007, de 28 de diciembre, sobre el control del comercio exterior de material de defensa y de doble uso. Aunque en el Preámbulo de dicha Ley se contempla por primera vez el compromiso del Gobierno de “presentar al Parlamento una información completa y detallada” sobre este tipo de exportaciones, y que el artículo 16 alude al control parlamentario que se debe ejercer sobre las mismas, en la práctica existe una gran opacidad  dado que este tipo de exportaciones se considera “información clasificada” conforme a la Ley de Secretos Oficiales. Por ello, las actas de las reuniones donde se decide conceder (o no) a una empresa española la autorización para exportar armas son secretas, no se recoge información sobre los tipos concretos de armas a vender ni la finalidad de las mismas. Este secretismo, además de quedar “justificado” mediante la aplicación de la referida Ley, responde al deseo expreso de los compradores que no quieren que sus potenciales adversarios conozcan este tipo de datos.

Por otra parte, debemos recordar que, según el Reglamento nº 1334/2000 de la Unión Europea (UE), se establecen unas normas de conducta obligatorias para todos los estados miembros como que no se deben vender armas a países sancionados, políticamente inestables, en conflicto armado, que vulneren los derechos humanos, que no condenen el terrorismo o que tengan un nivel de bienestar precario, aspectos éstos que, para el caso de España,  se han incorporado a la citada Ley 53/2007 en cuyo Preámbulo se hace una mención expresa a que, siendo coherentes con  los compromisos asumidos por España en materia de Derecho Internacional, se debe garantizar, por ley, “que dichas exportaciones no fomenten la violación de los derechos humanos, no aviven los conflictos armados ni contribuyan de forma significativa a la pobreza”. Pero, al margen de esta declaración ética de intenciones, lo cierto es que España vende armas a países que incumplen los supuestos anteriores tales como Turquía, Arabia Saudí, Marruecos, Ecuador, India, Venezuela, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia, Singapur, Thailandia, Sri Lanka, Angola, Ghana, Pakistán o Kenia.

No cabe duda que la ventas de armas, además del negocio consiguiente, son un instrumento más de la política exterior de los países productores. Resulta evidente que las relaciones entre compradores y vendedores de armas articulan alianzas políticas y sirven también para aumentar la influencia de determinados países en zonas geoestratégicas sensibles, tal y como ocurre en Oriente Medio. Un dato significativo: los 5 países que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (EE.UU., Rusia, Reino Unido, Francia y China) encargados de velar por la paz mundial y evitar los conflictos armados en la esfera internacional, controlan el 76 % del comercio mundial de armas, lo cual es toda una flagrante contradicción con los objetivos y principios por los que se debe esforzar la ONU y su Consejo de Seguridad.

Unas reflexiones finales relacionadas con nuestro país. España ha vendido armas en estos últimos años a algunos de los países más pobres del mundo como Burkina Faso, Angola, Kenia o Mauritania; se ha incumplido el citado Código de Conducta de la UE al vender armas a países que destinan más recursos a gastos militares que al desarrollo humano, esto es, a sanidad y educación, como Turquía, Pakistán, Jordania, Ecuador, Brasil o Angola. Lo sorprendente es que algunos de los países citados reciben de España Ayuda Oficial al Desarrollo por lo que, como señala Tica Font, “primero hacemos negocio y después damos un poco para hacer aquello que el mismo gobierno de estos países no hace por falta de recursos: atender a las necesidades de las personas”.

Todos estos datos y reflexiones nos confirman en que, aunque se ampare en una normativa legal, el negocio mundial de armas resulta tan lucrativo como inmoral, aspectos éstos que cuestionan los principios de la ética, la justicia, la paz y la solidaridad que deben mover las relaciones internacionales, también en el caso de España, para con los países en vías de desarrollo o que sufren conflictos armados.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(Diario de Teruel, 21 agosto 2008)

 

LA MEMORIA HISTÓRICA EN FRANCIA: BUZIET Y GURS

         

Era mediodía y apretaba el sol aquel 17 de julio de 1944 en el pequeño pueblo de Buziet situado en el valle pirenaico de Ossau, en la Francia entonces ocupada por el ejército alemán. Los nazis buscaban a un grupo de guerrilleros republicanos españoles responsables de diversas acciones de guerra y sabotaje contra las tropas hitlerianas: los SS rodearon Buziet, sitiaron la casa en donde se refugiaban los republicanos españoles y, tras más de tres horas de combate, asesinaron a 14 compatriotas nuestros, saquearon el pueblo casa por casa y fusilaron a varios vecinos tanto de Buziet como del pueblo cercano de Buzy.

Estos trágicos hechos nunca se han olvidado en Buziet, pueblo por cierto que limita con Louvie-Juzon, localidad en la que estuvo exiliado el republicano turolense Víctor Pruneda en 1856.  Aunque de los crímenes cometidos en Buziet han pasado 64 años, desde aquel trágico 17 de julio de 1944, todos los años tiene lugar un homenaje cívico a los guerrilleros republicanos españoles y a las víctimas civiles asesinadas allí por los nazis. Este año, dicho acto tuvo lugar el sábado 19 de julio y contó con la presencia de numerosas autoridades civiles, militares, así como con la representación de 22 banderas de la ANACR (Association des Anciens Combattants de la Résistance) de otras tantas localidades bearnesas de la zona.  La jornada se inició con una ofrenda floral en el cementerio de Buzy en las tumbas de las víctimas civiles. Posteriormente, en la pequeña iglesia de Saint-Justin de Buziet, tuvo lugar un oficio religioso, muy emotivo y lleno de solemnidad en recuerdo de los republicanos españoles. Durante toda la ceremonia, las banderas de la ANACR, arropando a una bandera tricolor republicana, ocuparon un lugar preferente en el altar: ciertamente resultaba inimaginable que un acto así, con una bandera republicana presidiendo un altar, pudiera tener lugar en España. Más tarde, el portador de esta última, francés e hijo de un republicano español (de Vélez-Málaga), me habló del orgullo con que portaba aquella tricolor, que él “llevaba en el corazón”, una bandera por la cual fue fusilada su abuela, una bandera que llevó a su padre al exilio.

Acto seguido tuvo lugar una ofrenda floral en el cementerio de Buziet ante la tumba colectiva donde yacen los 14 republicanos españoles asesinados por los nazis. En medio de un emotivo silencio, se fueron pronunciando, uno a uno, los nombres de nuestros compatriotas, que eran los siguientes: Diego Carrión, Francisco Amado, Andrés Piniés, Ángel Andrés, José Ferrando, Francisco Giménez, Gregorio Gil, Antonio Felipe, Antonio Ruenes, Antonio Carmona, Benjamín Zaragoza, Agapito Sotomayor, Antonio Fernández y Adolfo Villanueva. En su tumba colectiva se puede leer “Guerrilleros españoles, brazo armado de Unión Nacional. Muertos por la libertad y la fraternidad franco-española”, tumba que, como cada año, quedó cubierta por una gran bandera republicana, junto a las coronas de flores de las asociaciones Mémoire de l’Espagne Républicaine y de Les Amis de la Résistance-ANACR y de otra con una hermosa dedicatoria: “Ensemble pour la Paix”.

Durante este acto, tuve ocasión de conocer a descendientes de exiliados republicanos vascos, madrileños, andaluces y de otros lugares. Pude saludar a Carmen Villalba que, a sus 96 años y con la insignia tricolor en su vestido, era la más anciana de los asistentes, fiel, año tras año, a la ceremonia de Buziet.

El emotivo homenaje concluyó con otra ofrenda floral ante el Memorial de los Guerrilleros, situado en la aledaña plaza, llamada por ello “du 17 de julliet de 1944”. El “Himno del Partisano” y los briosos sones de “La Marsellesa” resonaron con fuerza en Buziet recordando a estos republicanos españoles, asesinados hace ya 64 años y que, desde entonces, en esta fecha, y con tal motivo, reúne en Buziet con tal motivo familiares, amigos, asociaciones y autoridades para honrar a las víctimas de la lucha contra el nazismo.

Al día siguiente, el 20 de julio, se recordaba en toda Francia el “Día Nacional en memoria de los crímenes racistas y antisemitas del Estado Francés”, esto es, los cometidos por el régimen pro-nazi del general Pétain durante la II Guerra Mundial, algo así como si en España se dedicase un día a la memoria de las víctimas de la dictadura franquista. Con este motivo, asistí al acto organizado en el antiguo campo de concentración de Gurs en homenaje a los judíos franceses perseguidos, deportados y asesinados por el régimen de Vichy y las fuerzas de ocupación alemanas. Destacable fue la intervención de Laurence Mazza-Poutet, representante de la Comunidad Judía de Pau, así como las oraciones recitadas por un rabino en el Cementerio Israelita de Gurs, ante más de un millar de tumbas de hermanos judíos que allí reposan.

Entre la emoción y el recuerdo de la Shoah, del Holocausto, también me volví a encontrar con algunos de los asistentes el día anterior a los actos de Buziet, como Carmen Villalba, que estuvo 27 meses presa en Gurs entre 1941-1943 y que, al salir del campo, a sus 31 años, sólo pesaba 35 kilos. También pude conocer a Virgilio Peña, veterano militante comunista que, con 95 años, mantiene una admirable vitalidad y lucidez. Natural de Espejo (Córdoba), combatiente del Ejército Republicano, miembro de la Resistencia en Francia, fue apresado en 1943 y enviado al campo de exterminio nazi de Buchenwald, al cual sobrevivió: no tuvo tanta suerte su hermano que murió en Mauthausen. Conocí también a Béatrice García, pariente de Adrián García Ramos, un histórico dirigente del PSOE en el exilio,  y responsable de la asociación Mémoire de l’Espagne Républicaine. Las conversaciones con todos ellos giraban siempre en torno a los mismos temas: la necesidad de recuperar el legado del exilio republicano y la aspiración futura al advenimiento de la III República. No faltaron tampoco las críticas a la Ley de la Memoria Histórica por sus evidentes carencias y limitaciones.

El encuentro con resistentes franceses, veteranos republicanos españoles y la comunidad judía me reafirmó en la importancia de mantener siempre viva la memoria histórica como garante de los valores civiles y baluarte contra los que, siempre desde la derecha, pretenden silenciar y manipular determinadas páginas de nuestra historia. Por ello, los actos de Buziet y Gurs fueron toda una lección de ejercicio cívico de la memoria histórica, todo un ejemplo para los que creemos que, como decía Sixto Agudo, “hay que olvidar el rencor, pero no la Historia”.

 

(Diario de Teruel, 10 agosto 2008)

(La Comarca, 15 agosto 2008)

 

 

...Y EL CHÉ HUBIERA CUMPLIDO 80 AÑOS

     El recuerdo de la vida rebelde del Ché, su participación en la revolución cubana desde que ingresase en 1955 en el Movimiento « 26 de Julio » liderado por Fidel Castro, sus combates en Sierra Maestra, su época como ministro de Industria en la nueva Cuba castrista, su aspiración a expandir la lucha contra el imperialismo y también contra las dictadures militares que atenazaban a América Latina, su papel como impulsor de las guerrillas de izquierdas en Guatemala, Nicaragua, Perú, Colombia, Venezuela y, sobre todo en su Argentina natal y en Bolivia, han concedido al Ché la aureola de héroe, de mito revolucionario.

     A una vida intensa, le sucedió una muerte heroica : su lucha en Bolivia en las filas del ELN contra la dictadura de René Barrientos, el combate de la Quebrada del Yuro y su posterior asesinato con la colaboración de la CIA en la escuela de la aldea de La Higuera forman parte, ya para siempre, de la épica revolucionaria.

     Todavía recuerdo cuando hace ya unos cuantos años un joven boliviano, un indio aymara, me hablaba con auténtica veneración de los últimos instantes de la vida del Ché, trasnmitidos de boca en boca por los habitantes de su aldea, de cómo su comunidad recordaba a aquel joven idealista argentino-cubano que encontró la muerte en tierras bolivianas luchando contra la dictadura de Barrientos a la cual, sucedieron infinidad de regímenes militares. Uno de ellos, el del general Hugo Bánzer, expoliador de las comunidades indígenas, años más tarde maquillado como « demócrata », se presentó a las elecciones presidenciales y, tal y como señalaba el joven aymara, comprando cada voto... por una barra de pan. Recordando todo esto sentí que el espíritu rebelde del Ché seguía vivo en Bolivia, en América Latina y en cualquier persona o lugar que repudia la injusticia y que sueña con una sociedad mejor.

     Ahora, cuando en este año el Ché hubiera cumplido su 80 cumpleños desde que naciese en 1928 en la ciudad argentina de Rosario, su figura, su vida y su pensamiento son motivo de frecuentes recuerdos y homenajes. Por ello, me gustaría aludir a cómo también el Ché es reivindicado, no sólo desde el ámbito político, sino también desde los sectores cristianos comprometidos con la teología de la liberación. En este sentido, me parecen muy oportunas algunas de las afirmaciones de Carlos Alberto Libanio Christo, más conocido como Frei Betto, dominico brasileño y una de las principales voces de la teología de la liberación en América Latina. Autor de más de 50 libros y con una importante actividad política a sus espaldas (torturado y encarcelado por la dictadura militar brasileña, colaborador de la organización guerrillera Acción Libertadora Nacional) y que, tras su paso por prisión, vivió en las favelas de Sao Paulo, tiempo en el cual conoció a Lula.

     Frei Betto plasma su compromiso social como cristiano en hechos : es el impulsor del Proyecto Hambre Cero, es asesor de movimientos sociales como las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra y ha sido también asesor especial del Presidente Lula.

     Dicho todo esto, Frei Betto dedicó recientemente un emotivo artículo a la figura del ché Guevara en el cual nos recordaba que sus enemigos no consiguieron matarlo puesto que « hoy está más vivo que en sus cuatro décadas de existencia real » (cuando fue asesinado, tenía 39 años). De hecho, Frei Betto señala cómo, excepción hecha de Mao o Fidel, son raros los casos de revolucionarios que envejecen, ya que « muchos derramaron temprano su sangre para contribuir al proyecto de un mundo en libertad, justicia y paz » como el mismo Jesús de Nazaret, que lo hizo a los 33 años, o los casos de los revolucionarios americanos Sandino y Farabundo Martí (38), Zapata (39) o José Martí (42).

     Por ello, frente a quienes quisieron condenar al Ché al olvido, éste resurge cual « Fénix obstinada » pues « las cadenas no aprisionan los símbolos, ni las balas matan los ejemplos ». Y s que, la imagen del Ché, como señala Frei Betto, es un símbolo para quienes « quieren enfatizar que la utopía permanece viva ». Consecuentemente, el dominico brasileño analiza el legado actual del Ché, el cual « nos exige mantener el corazón y los ojos vueltos hacia la preocupante situación de nuestro planeta, donde impera la hegemonía del neoliberalismo » al cual hay que combatir, al igual que a las nefastas consecuencias que genera en las personas : individualismo frente al espíritu comunitario, competitividad frente a solidaridad, o ambición desmedida en lugar de un compromiso firme contra la erradicación de la miseria. Frei Betto es contundente al afirmar que, frente a los que tanto hablan del fracaso cierto del llamado « socialismo real » en el Este de Europa, nunca aluden al « fracaso inevitable del capitalismo para los dos tercior de la humanidad », para los millones de personas que malviven por debajo del umbral de la pobreza.

     Ante un mundo tan complejo, injusto y contradictorio, Frei Betto plantea una pregunta directa : « ¿Cuál será la mejor manera de conmemorar los ochenta años del Ché ? ». La respuesta es igualmente directa y contundente, fruto de su profundo compromiso social y emancipador, de una visión cristiana bien distinta de la que ofrecen las jerarquías eclesiásticas de Occidente : « el mejor regalo sería ver a las nuevas generaciones creyendo y luchando por otro mundo posible, donde la solidaridad sea hábito, no virtud ; la práctica de la justicia, una exigencia ética ; el socialismo el nombre político del amor ».

     Esto es lo que, desde el retrato que le hizo Alberto Korda y que inmortalizó para siempre el rostro del Ché, parece pedirnos a todos la apasionada e intensa mirada de aquel joven revolucionario llamado Ernesto « Ché » Guevara.

 

José Ramón Villanueva Herrero.

(Diario de Teruel, 27 julio 2008)

LOS JINETES DE LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL (y II). LA REGRESIÓN DE DERECHOS Y CONDICIONES LABORALES

         

     La ola de pragmatismo impregnado de neoliberalismo económico defendida por la mayoría derechista de la UE ha calado, también, en diversos sectores de la izquierda. Así lo demuestra el caso del nuevo concepto de la "flexiseguridad" que, en síntesis, significa reducir en el mercado laboral los costes patronales para el despido de los trabajadores a cambio de un mayor sistema (público) de protección al desempleo.

     Esta idea, cuando menos inquietante ya que desregula las relaciones laborales, ha generado una cierta polémica en España dado que se alude a la flexiseguridad en la Ponencia Marco a debatir en el próximo 37 Congreso Federal del PSOE. Ante esta cuestión, la Corriente de Opinión Izquierda Socialista del PSOE, no puede permanecer impasible dadas las importantes consecuencias negativas que de ello se pueden derivar para los trabajadores. Recogiendo las reflexiones de Alfonso López, las cuales comparto plenamente, hay que decir que la flexiseguridad que se nos quiere vender como un modelo exitoso en los países nórdicos, debe ser cuestionada desde varios puntos de vista. En primer lugar, parte de una diferencia esencial ya que bajo ningún concepto se puede equiparar el Estado de Bienestar existente en los países nórdicos, consolidado tras décadas de gobiernos socialdemócratas, con el incipiente modelo español, lo cual es un grave error de partida, inconsciente o intencionado por parte de quienes avalan en España la flexiseguridad.

     Es significativo que nada se dice sobre la financiación pública de este modelo que, si bien en los países nórdicos se fundamenta en una fuerte fiscalidad progresiva que lo dota de amplios recursos, no ocurriría lo mismo en España en donde se ha optado por una gradual rebaja de los tipos impositivos, cuyo más claro ejemplo ha sido la reciente supresión del impuesto de patrimonio, algo incomprensible desde posiciones de izquierdas.

     Resulta curioso el que, la aireada flexiseguridad a la que tantas "bondades" se le suponen, excluye en su aplicación a los "contratos blindados", los cuales quedarán al margen de la desregulación y de la movilidad laboral, entiéndase, de los despidos cada vez más baratos para los empresarios. Tampoco se tienen en cuenta los problemas que comportan para los trabajadores la pérdida de la estabilidad en el empleo como son la inseguridad, incertidumbre hacia el futuro, sensación de fracaso, etc. En síntesis, esta medida parece indicar que sólo beneficia a los empresarios que verían reducidos sus costes laborales y, en cambio, el Estado estaría obligado a asumir mayores cargas sociales sin tener la garantía de su plena solvencia económica a medio plazo.

     Otro jinete que amenaza nuestro horizonte laboral es la llamada Directiva del Tiempo de Trabajo aprobada el pasado 10 de junio por los ministros de Economía de la UE. Sólo hubo 5 países que se abstuvieron (España, Bélgica, Chipre, Grecia y Hungría) y dos más que presentaron reservas (Portugal y Malta) lo cual nos indica que, al margen de la tramitación posterior en el Parlamento Europeo, los países más influyentes de la UE, a excepción de España, respaldan esta regresiva norma comunitaria.

     La iniciativa de tal polémica Directiva, tras cuatro años de negociaciones, ha sido aprobada, al sexto intento, por todos los gobiernos de la derecha europea junto con el apoyo del laborismo británico. Esta Directiva va a suponer la ampliación legal de la jornada laboral semanal: como norma general, en la UE será de 48 horas, como máximo. Pero, y he aquí el quiz de la cuestión, se autoriza a que, mediante acuerdos individuales entre el empresario y el trabajador, ésta pueda ser de hasta 60 horas, e incluso de 65 en el caso de las guardias médicas.

     Aunque se contempla que estos acuerdos individuales requieren un consentimiento por escrito del trabajador (renovable y con una validez de un año), también se podrán superar las jornadas de 60-65 horas si hay acuerdo entre los interlocutores sociales o así lo establezca un convenio colectivo. Igualmente grave es el hecho de que los contratos menores a 10 semanas no tendrán ninguna limitación de horas de trabajo o que los trabajadores cedidos por las ETTs no tendrán igualdad de trato ni derechos laborales hasta la 12ª semana de contrato.

     Esta grave regresión en la normativa laboral trunca un proceso de avances sociales y quiere convertir a la UE en un mero espacio económico en el cual se ignoran los derechos y valores que dan razón de ser a al Europa Social en la que creemos. De hecho, no es exagerado afirmar que la Directiva de Tiempo de Trabajo supone retroceder en este tema al s. XIX puesto que deja la jornada laboral al margen de la negociación colectiva, reduciéndola a un acuerdo individual empresario-trabajador en el cual el primero, al ser la parte más fuerte, siempre podrá imponer sus condiciones e intereses sin ninguna limitación legal. Además, esta Directiva hace difícil, por no decir imposible, la conciliación de la vida laboral y familiar y, además, supone una seria desprotección en materia de salud laboral.

     Ante estos jinetes que cabalgan hacia nosotros y amenazan los valores de la Europa Social que tanto ha costado construir, hay que reaccionar con firmeza. La izquierda política y sindical tiene que fijar posiciones claras, coherentes y, por ello, irrenunciables. Estas posiciones debemos defenderlas con tenaz convicción ante la creciente ofensiva de la globalización neoliberal, la cual supone un ataque frontal contra nuestros valores cívicos y contra los logros históricos y avances sociales conseguidos por el movimiento obrero en defensa de la clase trabajadora.

 

José Ramón Villanueva Herrero.

(Diario de Teruel, 17 julio 2008)

 

 

 

LOS JINETES DE LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL (I). LA DESREGULACIÓN DE LOS MERCADOS FINANCIEROS

         

     En estos últimos meses se ha ido extendiendo una sensación (real) de pesimismo sobre la situación económica, cuyas consecuencias parecen ser más agudas de las inicialmente previstas. Al principio de habló de "desaceleración" como consecuencia de varios factores (crisis inmobiliaria, subida alimentos y recursos energéticos, elevación tipos de interés), ahora se alude a la "estanflación" (inflación y estancamiento de la economía), de una crisis de duración y consecuencias todavía no calibradas.

     Asistimos, pues, a un panorama en el cual parecen galopar desaforados los nuevos jinetes de una amenazadora globalización neoliberal, impulsados en su frenética carrera por intereses exclusivamente economicistas y, por ello, carentes de los valores de justicia y solidaridad que conforman (y deben seguir haciéndolo) nuestro actual Estado de Bienestar. Estos jinetes se llaman "desregulación de los mercados financieros", "flexiseguridad" o las Directivas sobre tiempo de trabajo o política inmigratoria, la llamada "Directiva de la Vergüenza", aprobadas recientemente por la mayoría conservadora imperante en la Unión Europea (UE). A todo ello nos referiremos seguidamente.

     Es un hecho que el ciudadano percibe sensibles déficits democráticos en el funcionamiento de la UE ya que se habla mucho de la Europa de los capitales, poco de la Europa de los ciudadanos y casi nada de la Europa Social. El origen de esta situación es la pugna, no sólo económica sino también ideológica, entre dos modelos sociales contrapuestos: el capitalismo neoliberal angloamericano y el modelo europeo de Estado Social. Así, mientras el primero, defendido por la derecha política y económica, se basa en la existencia de mercados desregulados y con baja fiscalidad, paradigma de una liberalización cada vez más agresiva y global, el segundo, es el modelo clásico del Estado de Bienestar socialdemócrata, impulsor de una Europa Social cohesionada, de fuerte progresividad fiscal y con amplias prestaciones sociales.

     Ante esta confrontación, convertida en una auténtica guerra dogmática sobre el modelo económico y social para la Europa del s. XXI, Oskar Lafontaine, exdirigente del SPD y actual líder del nuevo partido alemán Die Linke (La Izquierda), señala en su libro El corazón late a la izquierda (Barcelona, Paidós, 2000), que la socialdemocracia debe dar una respuesta a la globalización neoliberal y, para ello, debe mantener "una voluntad activa de estructuración del Estado Social y de la política económica y no una adaptación pasiva ni la sumisión a los supuestos imperativos y estructuras de la economía liberal de mercado". Además, el socialismo debe mantener sus principios internacionalistas ya que, como señala Lafontaine, "la era socialdemócrata tocará efectivamente a su fin si no adquiere un nuevo fundamento en la lucha por la realización a escala mundial de la idea de Estado social".

     Dado que asistimos a un momento en que la política exterior viene determinada más por los inversores y especuladores internacionales que por los gobiernos elegidos democráticamente, la socialdemocracia debe esforzarse por lograr una regulación más intensa de los mercados financieros y, para ello, la clave es controlar la circulación de capital a corto plazo y evitar caer en el dogmatismo de la ideología monetarista preocupada solamente por la estabilidad de precios. En este sentido, hay que recordar que Lafontaine es un activo miembro de la Asociación por la Tasación sobre Transacciones Financieras para la Ayuda al Ciudadano (ATTAC), destacado grupo antiglobalización que, tomando como ejemplo las teorías de James Tobin, Premio Nobel de Economía en 1981, promueve iniciativas para el control democrático del sistema financiero mundial. En esta línea, es tarea de la socialdemocracia el impulsar una nueva política económica desde el Banco Central Europeo (BCE) que, superando el monetarismo, contribuya decididamente a los objetivos de la UE, tal y como se recogen en el artículo 2 del Tratado de Maastricht y que son: "potenciar un alto nivel de ocupación y un elevado índice de protección social, la igualdad entre hombres y mujeres, un crecimiento constante y no inflacionario, un elevado grado de competitividad y convergencia de las economías, un elevado grado de protección del medio ambiente y la mejora de su calidad, el aumento del nivel y de la calidad de vida, la cohesión económica y social y la solidaridad entre los Estados miembros". Para lograr todos estos objetivos de profundo contenido social, que superan con mucho al dogmatismo monetarista, el BCE no sólo debe implicarse en ello sino que, resulta imprescindible que éste tenga un mayor control democrático por parte de la UE y que tenga la obligación de rendir cuentas de su actuación ante el Parlamento Europeo.

     Preocupante resulta la infiltración de ideas neoliberales en el pensamiento socialista, como es el caso de la Tercera Vía de Blair o los "modernizadores" del SPD, con el riesgo de diluir las ideas y valores de la transformación social marxista en aras a un descafeinado social-liberalismo. Por ello, no me resisto a citar a Friedhelm Hengsbach, el cual nos advierte de esta deriva ideológica pues, "los socialdemócratas europeos se están dejando arrastrar por el delirio de lo nuevo, lo moderno, la adaptación y la flexibilidad. ¿Nuevo? ¿Frente a quién? ¿Moderno? ¿En qué sentido? ¿Adaptado? ¿A qué? ¿Flexible? ¿Por qué?. Estas preguntas reciben invariablemente como respuesta una letanía de referencias al cambio de las condiciones objetivas, a los cambios económicos y sociales, a la evolución económica cada vez más rápida, a las nuevas tecnologías, a la globalización acelerada. Todo esto se registra como fenómenos naturales o golpes del destino. No se les ocurre a los autores que podrían ser consecuencia de una política mal orientada y objeto de una modificación del rumbo político". Ciertamente, de no tener en cuenta las advertencias de Hengsbach, el primer caballo de Troya de la globalización neoliberal habrá entrado en nuestro pensamiento, condicionando nuestra vida, nuestras ideas y nuestro modelo de sociedad….y no es el único caballo de Troya que nos amenaza.

 

José Ramón Villanueva Herrero.

(Diario de Teruel, 16 julio 2008)

CONTRA EL FANATISMO

CONTRA EL FANATISMO

 

Si el texto del Manifiesto Comunista escrito por Marx y Engels en 1848 comenzaba con la conocida frase “Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo”, que tanto alarmaba al orden establecido de la época, hoy en día  se dibujan en el horizonte nuevos espectros, estos bien distintos al anhelo de transformación social marxista, como son el fundamentalismo y los fanatismos emergentes, aquellos  que atacan  nuestros valores de civilidad, respeto y convivencia democrática como a partir del 11-S quedó grabado para siempre en nuestras retinas y en nuestro corazón.

Sobre el tema del fanatismo resultan muy interesantes (y oportunas) las reflexiones de Amos Oz, escritor y relevante intelectual de la izquierda pacifista israelí recogidas en su libro Contra el fanatismo (Madrid, Siruela, 2003),  en el que reúne los textos de tres de sus conferencias (“Sobre la naturaleza del fanatismo”, “Sobre la necesidad de llegar  a un compromiso y su naturaleza” y “Sobre el goce de escribir y el compromiso”).

Amos Oz nos recuerda que “no es lo mismo perseguir a un puñado de fanáticos por las montañas de Afganistán que luchar contra el fanatismo”, razón por la cual intenta ofrecer una reflexión sobre la naturaleza de las distintas formas de este espectro amenazador. Para entender lo que significa la vieja lucha entre la civilidad y el fanatismo, hay que recordar que el germen de este mal no es patrimonio exclusivo de nadie y que puede brotar en cualquier lugar ya que, “el fanatismo es más viejo que el Islam, que el cristianismo, que el judaísmo. Es más viejo que cualquier ideología o credo del mundo”. Ello me recuerda que, Shlomo Ben Ami, historiador, destacado miembro del Partido Laborista de Israel (Avodá) y antiguo embajador de su país en España y actual vicepresidente del Centro Internacional de Toledo por la Paz (CIT), suele decir que toda persona llevamos dentro de nosotros, latente, a “un enano fundamentalista” que, en determinadas circunstancias, puede aflorar y apoderarse de nuestro pensamiento y conducta.

La semilla del fanatismo brota siempre que se adopta una actitud de superioridad sobre los demás, siempre que se exige la total adhesión a unas ideas o creencias determinadas.  De ello se derivan características (bien conocidas) comunes a todos los fanáticos cuales son:  el culto a la personalidad, la idealización de líderes políticos o religiosos y, también, “la adoración de individuos seductores”, los nuevos ídolos de la sociedad actual. Las consecuencias de todo ello resultan nefastas ya que propician, la aparición de “regímenes totalitarios, ideologías mortíferas, chovinismo agresivo, formas violentas de fundamentalismo religioso”  y lo que el escritor israelí llama “la idolatría universal”, la cual rinde culto a los nuevos ídolos musicales, deportivos, etc.

Oz, que se define como “experto en fanatismo comparado” dada su condición de judío nacido en Jerusalem, nos describe sus diversos tipos, que coexisten y se manifiestan diariamente a nuestro alrededor. El fanatismo no sólo son gritos histéricos y actitudes violentas, sino que también adquiere “modales más silenciosos”: con mordaz ironía, alude a algunos no fumadores que nos quemarían vivos, a algunos vegetarianos que nos comerían o a algunos pacifistas que matarían en caso de no aceptar sus posiciones, actitudes y modelos de vida cuando ésta adquiere tintes fundamentalistas.

La esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar sus modos de vida o pensamiento. En este sentido, el ejemplo de Bin Laden resulta revelador. En la mente del líder de Al-Qaeda su fanatismo parte de la idea de que los valores occidentales habían debilitado seriamente al Islam. Por ello, para defenderlo, Bin Laden considera que no sólo es necesario golpear fuerte a Occidente (ahí está la tragedia del 11-S para demostrarlo), sino que hay que “convertir” a nuestra sociedad secularizada y laica. Amos Oz resume con claridad el  objetivo final del islamismo radical: “Sólo prevalecerá la paz cuando el mundo se haya convertido no ya al Islam, sino a la verdad más rígida, feroz y fundamentalista del Islam. Será por nuestro bien, Bin Laden nos ama esencialmente. El 11 de septiembre fue un acto de amor. Lo hizo por nuestro bien, quiere cambiarnos, quiere redimirnos”.

Semejante afirmación no debe sorprendernos si pensamos que el fundamentalismo islámico del s. XXI no difiere en nada respecto al fanatismo cristiano del medievo europeo. La idea de “redención” esgrimida por Al-Qaeda es la misma que  la utilizada por la Inquisición, que, con sus prácticas bárbaras, consideraba que torturando o quemando en la hoguera a infieles y herejes, éstos, en caso de arrepentirse, lograrían la salvación eterna de sus almas.

Frente al espectro del fanatismo irracional, se hacen necesarias actitudes y soluciones sólidas y eficaces. Los conflictos internacionales que fomentan actitudes fanáticas sólo se resuelven con un profundo sentido de la justicia y la solidaridad, lejos de toda dominación económica o paternalismo político. Ciertamente, una forma de combatir el fanatismo es la capacidad para resolver con valentía y visión de futuro conflictos enquistados como el de Oriente Medio. Oz, que lleva defendiendo desde 1967 la existencia de un Estado Palestino, en un tiempo en que los pacifistas israelíes podían celebrar sus mítines y congresos “en una cabina telefónica”, plantea avanzar hacia “zonas de acuerdo”, siquiera sean “de acuerdo parcial”, que permitan llegar a “compromisos dolorosos”, pues supondrán renuncias por ambas partes. No existen fórmulas milagrosas para resolver este conflicto pero el camino es claro: existencia legal e internacionalmente reconocida de “Dos Estados para dos pueblos”, vuelta al mapa anterior a 1967 con la devolución de todos los territorios ocupados por Israel, y disposiciones especiales para los casos de Jerusalem y los Santos Lugares, como se apuntan en los Acuerdos de Ginebra  de 2003. En un futuro, Amos Oz plantea un horizonte de colaboración mutua con la creación de un Mercado Común de Oriente Medio, idea apuntada años atrás por Ben Ami quien defiende una posible Confederación entre Israel-Palestina y Jordania. En este sentido, la ONU, la Unión Europea y la naciente Alianza de Civilizaciones tienen mucho que decir…y que hacer.

Frente al fanatismo religioso, político, étnico o territorial, Amos Oz nos convoca a la imperiosa necesidad de combatir la injusticia, de intentar abrir tenazmente caminos a la esperanza para que la vida, la razón y la justicia prevalezcan frente a todo tipo de fanatismos.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(La Comarca, 20 junio 2008)

(Diario de Teruel, 22 junio 2008)