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Kiryat Hadassa: el blog de José Ramón Villanueva Herrero

ESPÍA, QUE ALGO QUEDA

ESPÍA, QUE ALGO QUEDA

 

     Vivimos en un mundo que tiene una fe ciega en la tecnología y, sin embargo, nunca como ahora hemos sido tan vulnerables, tal y como ha puesto en evidencia las revelaciones de Edward Snowden, el antiguo miembro de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, (la NSA, sus siglas en inglés) y para quien ésta agencia de espionaje se ha convertido, ciertamente,  en “la peor amenaza para las libertades”.

     Debemos de recordar que los programas de espionaje masivo (en telefonía e Internet) de la NSA fueron aprobados por George W. Bush tras los atentados del 11-S con objeto de combatir al terrorismo yihadista. Ello supuso la puesta en marcha numerosos proyectos de vigilancia tecnológica, entre ellos, los programas Echelon o  PRISM, que permiten monitorizar el ciberespacio y acceder de forma exhaustiva al tráfico de Internet, a las cuentas de correo electrónico, los datos multimedia y a las comunicaciones telefónicas, espionaje que no sólo se ha limitado a Al-Qaeda y sus aliados, sino que se ha extendido a otros países (incluso a los aliados), a organizaciones internacionales y ONGs (entre ellas, Amnistía Internacional o Human Right Watch, HRW). Estas actuaciones, continuadas por Obama, pueden controlar cualquier tipo de comunicación telefónica y de Internet en todo el planeta y en la actualidad desarrollan cerca de 500 programas, tanto operativos como en fase de desarrollo, destinados a la vigilancia y al espionaje tecnológico, entre ellos, el llamado Xkey Store, considerado como la amenaza más grave para las libertades en la era moderna pues permite almacenar informaciones relativas a millones de personas (metadatos) sin ninguna autorización judicial.

     Las actuaciones de la NSA, desde su creación en 1952 por el presidente Harry Truman, en el contexto de la Guerra Fría, y que, con  sus 80.000 empleados llegó a controlar la casi totalidad de las comunicaciones electrónicas procedentes del bloque oriental comunista, siempre ha estado envuelta en la polémica y los escándalos como cuando realizó escuchas a personalidades contrarias a la guerra de Vietman o a los promotores de las campañas a favor de los derechos civiles en los años 60, sin olvidar su imposibilidad para prevenir los atentados del 11-S o las falsedades lanzadas por la NSA sobre la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en el Irak de Saddam Hussein.

     En la actualidad, la cibervigilancia masiva está generando unos riesgos que han sumido al mundo en un grave clima de inseguridad que, cual si de un nuevo y todopoderoso Gran Hermano se tratara,  supone una vulneración de los derechos humanos y las libertades democráticas. En este sentido, el escándalo se agudizó al saberse que empresas como Google, Apple, Facebook o Microsoft, han proporcionado información de sus usuarios a la NSA:

Pero un aspecto que se olvida con frecuencia es que, además de estos riesgos ciertos, la NSA y sus programas de espionaje masivo son también un gran negocio pues, en la actualidad, la Agencia forma parte de un gran entramado económico en el que participan las principales empresas tecnológicas, de Internet y de defensa de los EE.UU, así como diversas universidades, una auténtica simbiosis  de colaboración público-privada que mueve ingentes cantidades de dinero. De este modo, en el Consejo Asesor de la NSA se integran diversas empresas (Bell, IBM, Microsoft o Intel), de entre las más de 260 empresas acreditadas para trabajar en sus programas de espionaje  y que se ubican, sobre todo, en el Nacional Business Park situado en torno a la sede de la NSA en Fort Meade (Maryland). Por otra parte, la Alianza de Inteligencia y Seguridad Nacional (INSA) vinculada a la NSA, resulta una pieza clave del sistema de inteligencia de los EE.UU. en la que se integran numerosas empresas tecnológicas y de defensa entre, ellas, además de las citadas, Boeing, HP o Lockeed Martin. De este modo, la INSA se convierte en la receptora de la casi totalidad del presupuesto de I+D+i norteamericano que, en el 2013, alcanzó la cifra de 40.000 millones de dólares.

     El caso Snowden ha generado un profundo debate sobre los límites del espionaje en aras a la seguridad colectiva y, por ello, el Partido de la Izquierda Socialista de Noruega lo ha nominado para el Premio Nobel de la Paz 2014 puesto que, con sus revelaciones, ha contribuido a un orden mundial “más pacífico y estable” y porque “ha ayudado a difundir el conocimiento crítico sobre los modernos sistemas de vigilancia a Estados e individuos”. Esto último ha puesto en evidencia la necesidad de elaborar una nueva legislación internacional en esta materia y, en este sentido, se han empezado a dar, pese a la oposición de los EE.UU.,  los primeros pasos por parte de la Asamblea de Parlamentarios del Consejo de Europa y del Parlamento Europeo.

     A modo de conclusión, las filtraciones de Snowden han obligado a muchos gobiernos a estimar el valor estratégico del ciberespacio, el cual ha pasado de ser un bien común y abierto, a un lugar donde se puede, ahora, obtener información y ejercer poder. El control del ciberespacio y, por supuesto, del espionaje masivo, marcarán este comienzo del s. XXI y, con ello, nuestra libertad individual y, también, nuestra seguridad colectiva. Todo dependerá de los criterios e intereses que primen  en la conquista y control de esta última frontera que es el ciberespacio. Para ello, deberemos tener presente, como dijo Benjamín Franklin, que “quien esté dispuesto a renunciar a la libertad en aras a la seguridad, no merece ni la una ni la otra”. Ese será el reto para que  nuestra democracia no quede secuestrada por la tecnología impulsada por, como hace la NSA, por medio de ningún Gran Hermano que nos vigile…y nos controle.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en El Periódico de Aragón, 28 julio 2014)

 

 

UN ARAGÓN IRREAL

UN ARAGÓN IRREAL

 

     La presidenta Rudi ha ofrecido su visión de un Aragón que se halla muy lejos de la realidad. Su discurso,  como era previsible, exalta la gestión del gobierno PP-PAR en la misma medida que adolece de la necesaria autocrítica.

     Su empacho de triunfalismo le hace considerar como“un hecho incontestable” el final de la crisis, el inicio de la recuperación económica y la creación de empleo neto en Aragón. Está convencida, como San Jorge, de haber vencido al dragón de la crisis, pero éste sigue echando bocanadas de fuego, produciendo enormes desgarros sociales y que, tras los datos macroeconómicos,  está el sufrimiento real y cotidiano de miles de aragoneses.  Esa visión irreal aparece también en sus políticas en materia de sanidad, servicios sociales o educación, donde el Estado de Bienestar ha sufrido  voraces dentelladas: por mucho que se quieran maquillar los datos,  la realidad es bien tozuda.

 

José Ramón Villanueva

(valoración del discurso de la presidenta del Gobierno de Aragón, Luisa Fernanda Rudi, con motivo del debate del estado de la región publicado en El Periódico de Aragón, 17 julio 2014)

 

REBAJAS SALARIALES Y PRECARIEDAD LABORAL

REBAJAS SALARIALES Y PRECARIEDAD LABORAL

 

     Otra de las consecuencias de la devastación producida por la actual crisis global es el deterioro y desmantelamiento del marco de relaciones laborales lo cual ha socavado los cauces de negociación colectiva y ha reducido el ámbito de aplicación de los convenios. De este modo, estamos sufriendo  un serio retroceso de nuestros derechos sociales y  laborales que tanto tiempo y esfuerzo costó conseguir. En este sentido hay que situar las constantes reducciones salariales que se están imponiendo a los trabajadores, unido a unas condiciones laborales cada vez más precarias.

   El descaro neoliberal llega a extremos surrealistas como cuando la multimillonaria australiana Gina Rinehart, la 16ª  mujer más poderosas del mundo según la lista Forbes, afirmaba que sus compatriotas deberían de aceptar salarios más bajos porque “la gente de África está dispuesta a trabajar por 1,5 euros al día”. Esta misma empresaria, cuya fortuna personal se estima en 16.000 millones de dólares, propuso, igualmente, que cualquier pareja que ganase menos de 100.000 dólares australianos (unos 77.000 euros) debería de ser esterilizada por la fuerza como “única forma de evitar la pobreza e impedir que las clases bajas se multipliquen”.

     De esta peculiar “sensibilidad social” hacia los trabajadores, hacia las clases populares, las que con mayor intensidad están sufriendo los efectos de la crisis económica,  también tenemos ejemplos flagrantes en España: recordemos las pasadas declaraciones de Jorge Garasa, el portavoz de Hacienda del PP en las Cortes de Aragón del pasado mes de febrero en las que sugería que la posibilidad de trabajar, para todo el que quiera…pero sin cobrar, ciertamente, una propuesta fiel reflejo de la mentalidad de la más rancia derecha empresarial, como lo son las recientes propuestas de la FAES demandando la supresión del salario mínimo interprofesional y la reducción de las prestaciones por desempleo.

     Al ajuste neoliberal, siempre insaciable, no le basta con la moderación salarial pactada en el II Acuerdo para el empleo y la negociación colectiva firmado en enero de 2012 y vigente para el período 2012-2014: ahí está el intento de  imponer una drástica bajada de salarios del 10 %, tal y como dictó el pasado año el FMI y el Colegio de Comisarios de la UE. Semejante recorte salarial responde   a las políticas de ajuste  que, desde 2010, están aplicando ambos organismos y ante las cuales, ni Zapatero en su momento, ni ahora Rajoy, no sólo carecieron del coraje necesario para  oponerse a estas medidas y contraponer una alternativa económica que no causase los enormes destrozos que, en el tejido social,  han generado las políticas neoliberales, sino que, además,  fueron responsables de la aprobación de  unas  reformas laborales muy lesivas para los trabajadores.

     Las reiteradas bajadas de salarios impuestas han supuesto en España, en el período 2010-2013, una caída salarial del 6,3 %, y no han servido para reactivar el empleo ni la actividad económica (bien al contrario, la retrasan), han perjudicado al consumo interno,  además  de incrementar la pobreza llevando a muchas familias a graves situaciones de sufrimiento.

     En cuanto al Programa de Garantía Juvenil aprobado hace unos días por el Gobierno y financiado con 1.900 millones de euros del Plan de empleo juvenil  de la UE, como señalaba Antón Losada, al margen de la publicidad interesada, supone en realidad un sutil engaño pues, “aunque digan que el dinero sale de Europa, en realidad antes salió de nuestros impuestos”, un dinero con el que “pagaremos para que los empresarios puedan seguir precarizando a placer el mercado laboral y subvencionados por el Gobierno, La Seguridad Social verá caer sus ingresos y continuará el deterioro del sistema público de pensiones hasta que ya no quede más remedio que liquidarlo por derribo”. Todo un “negocio redondo” para los empresarios y en el que nuestros jóvenes tendrán que pagar por trabajar.

     En un artículo reciente publicado en este mismo periódico, Adolfo Barrena nos advertía de “un dato tremendamente significativo” cual era que,  por primera vez en la España democrática, “los empleados con contrato indefinido y a tiempo completo han dejado de ser la mayoría en el mercado laboral. La precariedad avanza deprisa”. Esta es la doble tenaza que oprime a  los trabajadores que todavía mantienen un empleo: precariedad laboral y reducciones salariales, una tenaza que ha servido para aumentar de forma acusada las desigualdades en España como lo pone de manifiesto el hecho de que, en medio de la crisis, los directivos de las empresas y los grandes patrimonios han visto incrementar su riqueza y, con ello, el abismo que los separa de los sectores sociales y laborales más débiles: una auténtica injusticia social…y fiscal.

    Si el PP continúa con estas políticas antisociales, seguirá destrozando el presente y las esperanzas de futuro de multitud de familias, de miles de jóvenes, que no hallan en sus vidas un horizonte laboral digno. Destrozadas así las posibilidades de negociación colectiva, arrinconado el ideal de una democracia industrial, habremos vuelto a un tiempo lejano y oscuro en donde, el amo, el patrón, tenía todo el poder y la legislación de su parte mientras que el trabajador, indefenso y resignado, para conseguir un empleo, precario y mal retribuido, sólo podía decir “Si, mi amo; sí, mi patrón”, tal y como ocurría en siglos pasados. Lamentable.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en El Periódico de Aragón, 13 julio 2014)

 

VÍCTOR PRUNEDA Y SU DESTIERRO EN CANARIAS

VÍCTOR PRUNEDA Y SU DESTIERRO EN CANARIAS

Acaba de editarse mi libro sobre uno de los períodos menos conocidos de la vida del político republicano-federal Víctor Santos Pruneda Soriano (Ferrol, 1809 - Teruel, 1882) cual es su destierro en las Islas Canarias, concretamente en Tenerife, durante los años 1845-1847. Adjunto una breve reseña del mismo.

 

En la agitada, intensa y apasionante biografía política de Víctor Pruneda (1809-1882), decano del movimiento republicano federal español, una de las páginas menos conocidas era el período de su destierro en las Islas Canarias (1845-1847).

A través de este libro, encontramos información inédita sobre su arbitrario proceso judicial y posterior condena en los duros años de la dictadura del general Narváez. Ellas nos acercan  no sólo al político coherente e íntegro, abnegado ante la adversidad, sino también, al Pruneda más humano e íntimo, sumido en la tristeza y la melancolía en su lejano destierro, agobiado por sus penurias económicas, preocupado por su familia, a su constante añoranza por Teruel y por una misteriosa amante.

Igualmente se analiza con detalle el libro de Pruneda Un viage (sic) a las Islas Canarias, impreso en Teruel en 1848  (cuya edición facsímil se adjunta) que supone un duro y veraz testimonio de la situación padecida durante su confinamiento por el republicano turolense en la convulsa España de mediados del s. XIX y, a la vez,  un emotivo homenaje a las Canarias, a sus, gentes, a su historia y a su legado guanche.

Con todo ello, la presente obra, en la cuidada edición del Instituto de Estudios Turolenses, pretende honrar la memoria de Víctor Pruneda, cuya trayectoria vital y política sigue siendo, además de una relevante página de la historia de Teruel, un referente ético para los ideales de la democracia republicana en España.

 

REDUCIR IMPUESTOS: UN DOGMA NEOLIBERAL

REDUCIR IMPUESTOS: UN DOGMA NEOLIBERAL

 

     La reciente decisión del Gobierno y en particular del ministro Montoro relativa a la bajada de los impuestos para 2015 tiene un doble propósito: electoral en la forma y engañoso en el fondo. No hay más que ver la fecha de su aplicación (previa a los comicios previstos para el próximo año) y, también, los nuevos tipos de tributación que contempla aplicables a las indemnizaciones por despido, al alquiler, a los dividendos o a los planes de pensiones. Nuevamente, el Gobierno de Rajoy intenta ser el alumno más aventajado de la clase en lo que a la aplicación de medidas neoliberales se refiere como es la bajada de impuestos, aunque oculta que esta reducción a quien realmente beneficia, como siempre, es a las rentas más altas que, una vez más, capean airosamente los escollos de la crisis económica en la que tantas vidas, esperanzas y economías domésticas han naufragado.

     La reducción de impuestos, convertida en un auténtico dogma de fe neoliberal desde que fue puesto en marcha por los gobiernos de Reagan y Tatcher a comienzos de los años 80, responde a un momento en que, tras la pérdida de credibilidad de las políticas socialdemócratas y keynesianas, unido al fracaso del modelo de planificación económica de los países del llamado socialismo real del Este, la derecha económica actualizó, desde las ideas de Milton Friedman o Friedrich Hayek, los principios liberales clásicos: es lo que conocemos como neoliberalismo, doctrina contraria al Estado de Bienestar (al cual considera incompatible con el progreso económico) y que propugna la reducción del papel del Estado en beneficio de una economía de mercado desregulada, la misma que nos ha conducido a esta crisis global que padecemos. Esta doctrina económica, como hemos comprobado en estos años, pretende igualmente reducir el gasto público y los impuestos con el pretexto de que ello reactiva la iniciativa privada y la inversión, cuando, en realidad ha producido consecuencias negativas como la eliminación de las políticas sociales, el gradual desmantelamiento del Estado del Bienestar y el abandono del objetivo del pleno empleo.

     La reducción de impuestos fue aplicada por Reagan por primera vez en 1981 con su “teoría de la oferta” puesta en marcha por David Stockman, el director de la Oficina de Presupuesto de los EE.UU. Igual hizo el gobierno de Margaret Tatcher, el cual realizó una política de privatizaciones que desmantelaron el sector público británico y supusieron unos grandes costes sociales. Con ello, el neoliberalismo dinamitó la idea de  la economía capitalista de mercado con el compromiso social de ampliar y mantener un Estado de Bienestar de corte socialdemócrata de tan exitosos resultados desde el final de la II Guerra Mundial.

     El dogma neoliberal tuvo numerosos seguidores que aplicaron seguidamente este tipo de políticas. Así lo hizo en Alemania, desde 1982, la coalición cristianodemócrata-liberal o Francia, donde el conservador Jacques Chirac  impulsó a partir de 1986 una política de privatizaciones, favoreció el despido laboral y, por supuesto, suprimió el impuesto a las grandes fortunas creado por el anterior gobierno socialista de Miterrand, un gobierno que, no obstante, ya había iniciado un giro social-liberal que sería seguido posteriormente por otros partidos socialistas y socialdemócratas europeos como el Nuevo Laborismo de Tony Blair o la Tercera Vía del SPD de Gerhard Schröder.

     A esta deriva social-liberal no ha estado ajena España: desde la época de los ministros socialistas Boyer y Solchaga, defensores de la ortodoxia liberal y monetaria, a las reducciones de impuestos de los gobiernos de Aznar  y, también de Zapatero, quien cometió el dislate de afirmar que “bajar los impuestos es de izquierdas”, afirmación que dinamitaba la progresividad fiscal, una de las ideas fundamentales de la socialdemocracia. De hecho, los grandes recortes del gasto público en España son consecuencia directa de esas temerarias bajadas de impuestos pues, como señalaba Vicenç Navarro, “la congelación de las pensiones, la reducción de los salarios públicos y del gasto público podrían haberse evitado  si no se hubieran recortado los impuestos del IRPF, llevados a cabo por Rato y después por Solves, ni se hubieran eliminado los impuestos sobre el Patrimonio, ni se hubieran hecho otras reformas fiscales regresivas, que han significado una enorme merma de los ingresos del Estado”.

     En la actualidad, el PP retoma su programa económico inicial que contempla sustanciales recortes de impuestos, algo en lo que, por cierto, coincide plenamente con  el Gobierno de Artur Mas pues, al margen de diferencias políticas, a la derecha española y a la catalana, les une un mismo dogma neoliberal. En esta misma línea hay que entender los denodados intentos de privatizar la Sanidad pública y las incipientes propuestas de, imitando lo hecho en su día por el gobierno de Pinochet en Chile,  que piden la  privatización total de las pensiones públicas.

    Frente a las interesadas bajadas de impuestos, tan demagógicas como ineficaces para reactivar la economía y mantener el Estado de Bienestar, la socialdemocracia debe contraponer con energía y convicción una auténtica política de progresividad fiscal que priorice los impuestos directos. Ante la actual hegemonía neoliberal, la socialdemocracia sólo tendrá futuro si profundiza en una democracia participativa y enarbola de nuevo la lucha contra las desigualdades, tal como recoge la Red por la Justicia Fiscal Global con objeto de potenciar el Estado Social Europeo y, por supuesto, el mantenimiento de los servicios públicos.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 30 junio 2014)

 

ORADOUR-SUR-GLANE, MEMORIA Y CONCIENCIA

ORADOUR-SUR-GLANE, MEMORIA Y CONCIENCIA

 

     Desde la victoria soviética en la batalla de Stalingrado (febrero 1943) y el posterior desembarco aliado en Normandía el 6 de junio de 1944, el histórico “día D”,  nadie tenía dudas sobre que en la II Guerra Mundial el fascismo sería derrotado, como tampoco se tenían sobre que la bestia nazi caería matando hasta el final.

     Tras el desembarco, en la Francia ocupada, la Resistencia multiplicó sus acciones de hostigamiento contra las tropas nazis, especialmente en la región de Lemousin. Las represalias de las fuerzas hitlerianas fueron, como siempre, crueles e implacables. Si 9 de junio la división blindada de las Waffen SS “Das Reich” ahorcó en Tulle a 99 de sus vecinos, al día siguiente, esta unidad de élite nazi, que había destacado en el frente ruso por haber llevado a cabo tareas de exterminio de población civil, se ensañó con Oradour-sur-Glane, un pueblo cercano a Limoges.

     Nadie podía presagiar la tragedia que allí tuvo lugar la tarde del 10 de junio de 1944, hace ahora 70 años. Tras rodear el pueblo, la población fue reunida en la Plaza del Mercado, incluidos los niños que fueron sacados de la escuela con el pretexto de verificar su identidad. Posteriormente, se separó a los hombres, que fueron asesinados en 6 lugares distintos del pueblo, mientras que a las mujeres y los niños se les encerró en la iglesia, la cual fue seguidamente incendiada. El balance de la represalia fue estremecedor: aquel fatídico día fueron asesinados en Oradour 642 personas, de ellas, 240 eran mujeres y 213 niños. Entre las víctimas, hubo 21 refugiados republicanos españoles y sus hijos, entre ellos la familia Gil Espinosa, originaria de Alcañiz, pues allí encontraron la muerte los padres, una pariente y dos hijas, Francisca y Pilar,  gemelas de 14 años, como nos recordaba recientemente el historiador Juan Manuel Calvo Gascón, especialista en el exilio y la deportación republicana. Hoy, una placa erigida en 1945 por el Gobierno de la República Española en el exilio recuerda “A nuestros Mártires de Oradour”, único y sencillo homenaje para con ellos ya que la democracia española nunca los ha honrado de forma institucional.

     Tras la liberación de Francia, el general De Gaulle decidió que Oradour no fuese reconstruido “para que se convierta en memoria al dolor de Francia durante la ocupación” y, desde entonces,  el lugar es un monumento histórico, un emotivo monumento a la memoria, y en 1999 fue nombrada “Villa Mártir” por el entonces presidente Jacques Chirac.

     Recientemente tuve ocasión de visitar las ruinas de Oradour. Todo se conserva tal y como quedó aquella trágica tarde: las casas incendiadas, al igual que los coches que había por sus calles; allí, una vieja bicicleta, allá, una máquina de coser, las ruinas de la cantina donde se reunían los republicanos españoles, la escuela de donde fueron sacados los niños para asesinarlos poco después. Impresionan los lugares del martirio, especialmente las ruinas de la iglesia, donde perecieron todas las mujeres y los niños y, donde el elevado calor fundió la puerta metálica del templo, la cual aparece ante nuestros ojos como un amasijo informe que nos recuerda la magnitud de la tragedia que allí tuvo lugar.

     Impresiona igualmente el recorrido por el magnífico Centro de la Memoria construido al lado de las ruinas de la villa mártir, una gran instalación permanente que contextualiza y prepara al visitante para una visita en la que la historia trágica de Oradour se hermana con la emoción y el sentimiento que produce el transitar por las calles de lo que fue un hermoso pueblo de la campiña francesa hasta la llegada de las tropas nazis de las SS mandadas por el comandante Adolf Diekmann, responsables de tan bárbaro crimen contra una población civil indefensa, un crimen que sería juzgado por el Tribunal de Burdeos en 1953 y en el que se condenó a algunos de sus responsables. Y, para que tomen nota las autoridades políticas y judiciales españolas reacias a aplicar los principios de la justicia universal, todavía hoy, 70 años después, están siendo investigados y pendientes de juicio por el tribunal alemán de Dortmund  algunos soldados nazis que participaron en la masacre de Oradour.

    En un artículo reciente, Juan Manuel Aragüés destacaba con acierto la importancia y la presencia de la memoria histórica antifascista en Francia. Sin embargo, también allí, en la República Francesa, en el país que alumbró los derechos del hombre y del ciudadano tras su revolución, se está extendiendo la negra sombra que supone el auge de las ideas extremistas de derechas. Lo acabamos de comprobar con  la victoria del Frente Nacional (FN) en los recientes comicios al Parlamento Europeo, todo un cataclismo electoral para la democracia y las instituciones galas. Tras el FN subyace una ideología mimética de los fascismos que asolaron Europa en los años 30 y que condujeron a la II Guerra Mundial. La amenaza es real y, en estos días hemos podido asistir a una sucesión de comentarios xenófobos y antisemitas de mal gusto y peor intención: así, Jean-Marie Le Pen, el histórico dirigente del FN, el que tiempo atrás calificó la existencia de cámaras de gas como “un detalle insignificante” de la guerra mundial, el que confiaba en el mortífero virus del Ébora para poner acabar con la inmigración, ahora ha respondido a las críticas de varios artistas judíos franceses diciéndoles que  habría que hacer “una hornada” con ellos. Y su hija, Marine, la política de moda en Francia, la nueva imagen del neofascismo galo, no dudó en comparar a los inmigrantes con los topos  pues según ella, a ambos hay que darles un mazazo cuando asoman la cabeza: este es  su programa político para “ilusionar” a la sociedad francesa.

     En momentos así resulta obligado el recordar las lecciones de la historia, como lo fue la tragedia de Oradour para que la memoria y la conciencia cívica se conviertan en una barrera infranqueable ante las amenazas totalitarias que están surgiendo en la sociedad europea. Las ruinas de Oradour nos lo advierten y nos lo recuerdan permanentemente.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en El Periódico de Aragón, 18 junio 2014)

 

UNA ABDICACIÓN REAL Y UN REFERÉNDUM NECESARIO

UNA ABDICACIÓN REAL Y UN REFERÉNDUM NECESARIO

 

     Un impetuoso vendaval de  indignada desafección sacude a las instituciones de nuestra democracia representativa: a la vista está el descrédito de los partidos políticos convencionales y, de forma especial, del sistema bipartidista, descrédito extensivo también, a la Corona.

     La anunciada abdicación de Juan Carlos I, lógica y necesaria habida cuenta del creciente desgaste y errores cometidos por el monarca y diversos miembros de la familia real, sobradamente conocidos, es un intento de apuntalar, en la figura del príncipe Felipe, el cuarteado edificio de la monarquía española.

     En estos días asistiremos a una previsible avalancha apologética de la figura y la labor del abdicado soberano,  magnificando de forma laudatoria el papel del rey durante los años de la Transición o en el frustrado golpe de Estado del 23-F. Sin  embargo, ahora, la cuestión prioritaria no debe de ser el garantizar el futuro de una monarquía, institución ya de por sí anacrónica, sino el de regenerar en profundidad nuestra alicaída democracia, su credibilidad como instrumento útil para salvaguardar los derechos y libertades y, para ello, resulta indispensable abrir los cauces hacia una democracia más participativa en la cual la opinión de la ciudadanía pueda expresarse con mayor plenitud.

     Estoy convencido que este vendaval democrático arrastrará a toda institución, bien sean partidos políticos o bien la misma Corona, que no asuma con coraje estas demandas, este nuevo tiempo político que exige abrir cauces nuevos hacia una sociedad más libre, justa y participativa. En consecuencia, es el momento de plantear la necesidad de celebrar un referéndum para elegir la forma que, mayoritariamente, deseamos los españoles para la Jefatura del Estado. Esta cuestión, estas “elecciones primarias” para optar entre monarquía o República, resulta ya inaplazable, fundamental por motivos de salud democrática, en la agenda política, tal y como  han demandado diversos partidos políticos o la  Corriente Izquierda Socialista del PSOE a la cual estoy adscrito.

     Y, de convocarse, como deseo, el citado referéndum, pienso sinceramente que el futuro pasa por la opción que representa la República federal, tanto en cuanto simboliza una garantía e igualdad plena de derechos y libertades, un modelo de Estado laico y auténticamente solidario para todos los territorios que, libremente, decidan conformar este Estado plurinacional que llamamos España.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en: El Periódico de Aragón, 4 de junio de 2014)

 

LA AMARGA MEMORIA DE DOMINGO FÉLEZ

LA AMARGA MEMORIA DE DOMINGO FÉLEZ

 

     En este año en que se cumple el 75 aniversario del exilio republicano, es  importante fomentar acciones que reivindiquen la memoria histórica democrática y antifascista. En este sentido, pese al evidente rechazo y aversión que este tema produce en los sectores conservadores (recordemos la supresión en Aragón del Programa Amarga Memoria por parte del Gobierno PP-PAR), resulta más necesaria que nunca la labor de investigadores, asociaciones y personas comprometidas en recuperar esta parte de nuestra historia. Es por ello un motivo de alegría la reciente publicación en Venezuela de un libro escrito por la prestigiosa investigadora Laura S. Leret, hija y nieta de republicanos represaliados por el franquismo, titulado Domingo Félez. Veterano de tres guerras (Víctima de los nazis, prisionero de EE.UU.). Dicha obra es un serio y documentado relato de la vida del republicano aragonés Domingo Félez Burriel, actualmente residente en Venezuela, a donde arribó tras haber sobrevivido a los avatares de nuestra contienda civil,  de la II Guerra Mundial y, de forma especial, después de los 5 años que pasó por el campo de concentración  nazi de Mauthausen.

     Laura S. Leret plasma la trayectoria vital de Domingo Félez desde su nacimiento en Alcorisa en 1920, en el seno de una familia de hondas convicciones republicanas, y en donde, iniciada la guerra civil, “como buen militante del Partido Socialista Obrero Español, a los 15 años me fui como voluntario”. De este modo, se convirtió en “el soldado más joven de España” y que, tras integrarse en la columna Carod-Ferrer y más tarde en la Macià-Companys, formó parte de la 30 División del Ejército Republicano, combatiendo en Belchite, Teruel y en la batalla del Ebro, siendo ascendido a sargento por méritos de guerra.

     El éxodo republicano le llevó a Francia y pasó por los campos de Argèles y Saint-Cyprien hasta que, reclutado por las Compañías Militarizadas de Trabajo francesas, estuvo construyendo las defensas de la Línea Maginot. Tras la derrota del ejército galo (junio 1940), fue capturado por los nazis cerca de Estrasburgo y enviado, al igual que varios miles de compatriotas, al campo de Mauthausen. Era el preso nº 4.779 en aquel lugar donde la vida y la dignidad humana no tenían ningún valor, una “matazón”, como lo define Félez. Allí trabajó en la tristemente célebre cantera, aquel infierno hecho piedra, al igual que Manuel Rifaterra, también de Alcorisa, el maestro de obras que realizó la famosa escalera de los 186 escalones y la construcción del reciento exterior del campo. Más tarde pasaría por el campo auxiliar de Gusen y fue trasladado por los nazis para trabajar como mano de obra esclava en la fábrica de motores de avión de Foche Wolf cercana a Viena, de donde no regresaría a Mauthausen hasta principios de 1945, permaneciendo allí hasta la liberación del campo por los americanos el 5 de mayo de ese año.

    Hasta aquí la historia de Félez sería similar a la de tantos republicanos españoles que sufrieron el cruel zarpazo de la barbarie nazi y lograron sobrevivir a la política de exterminio hitleriana. Pero el caso de Félez es distinto puesto que, tras  la liberación, fue detenido por las fuerzas de los EE.UU.  bajo la acusación, nunca probada, de haber colaborado con los verdugos nazis. Esta grave acusación ha pesado como una losa sobre la memoria de Félez y, uno de los capítulos más interesantes del libro es el que la autora dedica a los llamados Juicios de Dachau donde, junto a 1.672 criminales nazis,  se juzgó a 5 españoles, entre ellos Félez. Las investigaciones de Leret, basadas en la consulta de los Archivos Nacionales de los EE.UU. (NARA) y de los datos ofrecidos por Joseph Harlow, quien fuera transcriptor del Tribunal de Dachau y autor de un libro revelador (Innocent at Dachau, 1993), demuestran que se trató de juicios viciados, plagados de irregularidades (los testigos del fiscal estaban pagados, la defensa  no pudo contar con testigos fiables, se careció de intérpretes y asesores para los republicanos, etc.). Félez, tras 26 meses en prisión, fue juzgado en julio de 1947. El alcorisano alegó que “Todo esto es puro embuste” y, sin embargo, fue condenado a 2 años de prisión. Al conocer la sentencia, declaró: “Quiero decirle al Tribunal que he luchado contra el fascismo por once años y que no soy ningún criminal”. No obstante, fue acto seguido liberado pues su condena era equivalente al tiempo que había estado en la celda de Dachau a la espera de juicio.

     A su salida de la cárcel, un viejo alemán le leyó la mano y le predijo su destino: “Tienes un futuro bueno, un viaje muy largo a un lugar donde te espera una muchacha morena muy bonita”. Y así fue: embarcó en Bremen con destino a Venezuela a donde llegó en octubre de 1947 y allí inició una nueva vida, se casó con Gladis González y tuvo tres hijos (Ilich, Thaelman y Coromoto).

     Otro capítulo interesante de la vida de Félez es el de sus años de participación en la guerrilla revolucionaria procastrista de Venezuela, a la cual se unió en 1962 permaneciendo en la clandestinidad durante 7 años hasta que, como consecuencia de la política de pacificación del presidente Calderón, en 1969 retornó al hogar familiar en La Victoria,  donde hoy sigue residiendo.

     Félez es una de las últimas voces de los republicanos españoles supervivientes del nazismo y hoy, a sus 94 años, casi ciego, en su vivienda ocupa un lugar destacado una fotografía de la puerta de su casa natal en Alcorisa (C/ Mayor, 24), a donde ya nunca regresó, mientras, con sereno estoicismo, señala que “estoy esperando a que llegue la hora de morirme”.

     Esta es la amarga memoria de Domingo Félez, un luchador republicano contra el fascismo en España, superviviente de la barbarie nazi en Mauthausen, guerrillero revolucionario en Venezuela, el cual representa un testimonio emotivo y veraz de un tiempo rasgado por las tragedias y luchas del s. XX y, a la vez, una lección de compromiso político, tenacidad y coraje ante la adversidad.

 

José Ramón Villanueva Herrero

(publicado en El Periódico de Aragón, 26 mayo 2014)